Alexander Moritz Frey: Solneman, el invisible

(Contiene spoilers esporádicos)

 A. M. Frey (1881-1957) sigue siendo un gran desconocido en Europa. Muy pocas de sus obras se han reeditado en el mercado de lengua alemana, y ninguna se ha traducido al español. Exiliado en Suiza por su abierto rechazo al régimen nacionalsocialista y muerto en la pobreza y el olvido, Frey merece ser recuperado de entre los escombros de la guerra. Es por ello que presentamos aquí una de sus obras fantásticas más emblemáticas: Solneman, der Unsichtbare, la mordaz y sorprendente historia de un hombre elevado a personaje quimérico cuyo único deseo es ser dejado en paz. Y lo hacemos a partir de la recensión que Kurt Tucholsky, parapetado bajo el pseudónimo Peter Panter, publicó en el número 33 de la revista Die Weltbühne, p. 177, del 7 de agosto de 1919. Esta traducción se ha hecho a partir del original alemán publicado digitalmente en http://www.textlog.de/tucholsky-solneman-frey.html.

Solneman, el invisible

El hecho bizarro de que uno quiera de motu proprio estar solo, y de que los malditos vecinos no toleren esto bajo ningún concepto, sirve de base para un libro altamente divertido escrito por A. M. Frey. Se titula Solneman, el invisible y ha aparecido en la editorial Delphin de Munich. Justo antes de la guerra; sí, existe también una edición barata que se produce para el servicio postal militar. Pero sería erróneo pretender que tuvieseis conocimiento de todos los buenos libros que existen. Siempre pienso que nuestros críticos literarios cometen un grave error cuando se quedan únicamente en las novedades del último número del Buchhändler-Börsenblatts[1]. Hay tantas cosas viejas y hermosas que nadie conoce, y cuya existencia transcurre en una primera edición soñando apaciblemente… podríamos alabar una y otra vez lo hermoso que es “Cómo un día fuimos tan afortunados” de Willy Speyer[2]. Este Solneman es de ese tipo de libros que muchos conocen, pero que no a todos interesa.  Todo se centra en saber divertirse con el humor barroco. Nótese que evito el término “grotesco” a propósito; el sentido del humor de este libro también lo es, aunque al mismo tiempo posee un tono que obliga a aguzar el ingenio?, y que no ha nacido del campo de amapolas de E. A. Poe: un tono cortante y helado.

La historia trata básicamente de Hciebel Solneman (¡con una n, por favor!), quien, prudente, llega un día a la pequeña ciudad y se compra el parque comunal. Se legitima con un diamante del tamaño de la cabeza de un niño, paga poniendo 75 (en letra, setenta y cinco) millones sobre la mesa (¿o eran cientocincuenta millones?) y se instala cómodamente en su parque.

Y, según lo estipulado,  construye un gigantesco muro alrededor del parque para que nadie pueda colarse  impúdicamente en él. Y el juego da comienzo.

Toda la ciudad se rompe la cabeza: ¿A qué se dedica este hombre? ¿Y cuál es su apariencia? Pues al mudarse allí mantendrá un disfraz para que nadie repare en él: sombrero de copa, peluca, barba y gafas, puestos delante del muro; de este modo nadie sabrá qué apariencia tiene realmente. Y lleva a cabo las cosas más fantásticas, y toda esas vivarachas gamberradas contrastan de un modo tan divertido con la deliciosamente descrita burguesía de la ciudad, que uno se desternilla. La historia trata de cadáveres, cabaretistas, alcaldes y secretarios de policía. Sí, no se para ni ante la persona más seria e importante, y se vuelve tronchante para poder jugarle a todos una mala pasada. Casi no hay pausas, prácticamente no se toma aliento, queriendo decir de este modo que ya es suficiente: Frey inventa siempre divertidas cabriolas, se saca de la manga una pirueta y otra y otra (en Curlandia[3] a esto se le llama “dar saltos mortales”[4]), hasta que ya no puede parar de reír. Bastante gracioso resulta el uso de un estilo formal intemporal. La influencia del hermano Mann es fácilmente reconocible: en la alegría satánica por mofarse del burgués de tres al cuarto, y en la comicidad templada, bastante abstracta, de la descripción. Los personajes están (re)cortados a cuchillo, el diálogo, de concisión telegráfica, nos hace pensar cuando se vuelve patético, en la opera operata del Maestro Holzbock (quien, a propósito, vive todavía. Cierto actor berlinés, al verlo el otro día, debería haber dicho: “Mmm, ¡buena máscara!”).

Pero sigamos con Solneman. Este inunda toda la ciudad de un modo tal que los ciudadanos se ven obligados a recorrer las calles en armarios de cocina como si de los canales de Venecia se tratase; y al final, la gente logra entrar en el parque. Y se descubre que la víctima se ha convertido en una mistificación infantil, que Hciebel Solnemann es un hombre que, para poder vivir sin ser reconocido, se debe leer al revés [5]. Y la deslumbrante frase final con la que se cierra el libro, el respiro aliviado que da el teniente Eckern-Beckenbruch, quien está desnudo en una jaula de monos, cuando recupera sus pantalones, hacen que merezca la pena que usted, en una tranquila tarde de domingo totalmente solo en el sofá, lea el libro y se ría con él.


[1] “Boletín financiero de los libreros”. A lo largo de su carrera Tucholsky mantuvo relaciones más bien tensas con esta publicación: en 1929 publicaría un artículo en Die Weltbühne (Die Weltbühne, 24.09.1929, Nr. 39, p. 481, disponible en http://www.textlog.de/tucholsky-boersenblatt-1929.html) denunciando la obstaculización  de distribución de su obra “Deutschland, Deutschland über alles”, en la que criticaba las tendencias alemanas hacia el militarismo, la injusticia social y el chauvinismo.

[2] Wie wir einst so glücklich waren, novela de 1909 del escritor y autor teatral Wilhelm Speyer (1887-1952).

[3] Región perteneciente actualmente a Letonia.

[4] Lit. “hacer la Kuckerball” (Kuckerball machen): término estonio germano-báltico.

[5] Hciebel = Ich lebe “yo vivo”; Solneman = Namenlos “sin nombre”. En definitiva, “yo vivo sin nombre”.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Frey, A. M. Solneman, der Unsichtbare. München: Delphin, 1914. 1a edición.

———-. Solneman, der Unsichtbare. Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1984. Reedición*.

———-. Solneman, der Unsichtbare. BoD – Books on Demand, 2010.

*Edición usada en la preparación de esta entrada.

    • signorformica
    • 15/01/12

    ¡Qué buena pinta, mein Gott! Está visto que tengo que tomarme en serio lo de estudiar alemán

    • Pues es una excelente idea! Siempre intentan convencernos de que estudiemos idiomas por los más variopintos motivos (para encontrar trabajo, para ganar proyección internacional, entre muchas otras insensateces), pero nunca intentan convencernos con lo más obvio: el goce personal, el disfrute hedonista que se obtiene accediendo a lo que permanece oculto.

      Le animo a ello, SignorFormica!

    • Pato
    • 16/01/12

    Jo, yo aquí, estudia que te estudia, tratando de licenciarme con el alma en vilo, y tú, monda y lironda, traduces como quién se toma un café. Es duro, pero valiente (creo) reconocer que la traducción NO es lo mío…

    • Pura esaxeración, parrula! É evidente que esta traducción non quedou moi alá, hai algunhas frases e expresións que non se entenden demasiado ben. Paciencia! E gracias polos ánimos!

      E xa verás cando empeces a traducir de modo profesional, ós autores que amas: que sorte teremos nós!!! Xa falta pouco!!!

    • Llosef
    • 30/01/12

    En fin, no me extenderé en mi lamento que es el mismo que el del gran Signor…

    Ya conocía este libro porque usted me había hablado de él. ¡A sufrir de nuevo por no poder leerlo! Porque desde luego pinta espectacular…

    Mil abrazos, y ya retornado prometo ser fiel a la cita de cada viernes.

    • Ángel
    • 19/04/12

    A mi no me importa que haya spoilers esporádicos puesto que va a ser muy difícil que cualquier libro de los que vas a comentar caiga en mis manos,al menos así me entero de que van jejeje.

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