Franz Spunda, Devachan. De la Lemuria perdida a la Austria de entreguerras

Dios puede nacer cada día, ya sea en un pesebre o en la algarabía ruidosa de días feroces. También tú puedes darle a luz, pobre, vencido ser humano.

Franz Spunda (1890-1963), escritor austríaco que ejerció como profesor de instituto casi toda su vida, fue un apasionado de Grecia y del Oriente que escribió no pocas obras de poesía, prosa y ensayo. Pero, aparte de estas generalidades, pocos son los datos biográficos concretos disponibles para el lector curioso. Su legado literario revela, sin embargo, su interés profundo por la historia, la religión y la mística, y el Devachan que nos ocupa esta semana abre una puerta al pensamiento de este desconocido autor.

Devachan, escrita en 1921, es su primera novela y quizás por ello resulte inclasificable. Descrita como una pieza ocultista de trasfondo místico en la línea prosística de Gustav Meyrink, apuesta por la mezcolanza de casi todo lo religiosamente imaginable, del cristianismo a la cábala judía pasando por el budismo y el hinduismo, para acabar desembocando en consideraciones raciales sobre la amenaza que ciertos grupos étnicos suponen para el hombre blanco. La historia da comienzo cuando el monje Irenäus, acuciado por un obsesivo deseo religioso, abandona el monasterio para llevar a cabo la misión que una fuerza superior le ha encomedado. La reflexión y la plegaria le han revelado que ha de actuar como vocero del creador en el proyecto de reunificar a dios. “La unidad de dios hace tiempo que se ha perdido”, declara el monje ante la mirada atónita del abad que lo cree loco herético. Abandonado el monasterio, Irenäus encontrará su destino unido al del escritor Meinrad, quien le revelará información esencial para el desarrollo del gran plan religioso del monje: la hablará de su exposición a la fuerza Rmoahal, de su violento encuentro con Elvers (experimentador inglés, aparentemente el malo de esta historia, que juega con esta fuerza originaria venida de Madagascar), del nombre de una tal Basilissa que se le ha quedado grabado a fuego en la mente, y que muchas páginas después se erigirá como madre del Adam Kadmon[1].

¿Les parece confuso? Esperen a escuchar lo siguiente. Elvers es el descubridor de la fuerza Rmoahal, que se manifiesta especialmente a través de Mpongwu, personaje a menudo referido como “el negro” (der Neger) traído de Madagascar por el inglés para mejor investigación de su naturaleza y propiedades. Elvers (quien, por cierto, resulta ser el marido de Basilissa) estudia y manipula la Rmoahal, provocando con ello, entre otras cosas, la muerte de una joven, y funda un centro (Kamaloka) en el que experimentar con ella impunemente. En Kamaloka se ofrecerá un servicio único a las personas que puedan pagárselo: una cura de lujo y placer que desembocará en Devachan (más información a continuación). Entremedias, ¿qué sucede? Irenäus y Meinrad aúnan fuerzas para oponerse a las malvadas intenciones de Elvers. Tal unión se traduce en bien poco, por cierto. Seraphita (hermana de Basilissa), convertida a la religión a causa de la piedad del monje, los seguirá. Elvers se dedica a sus experimentos, manipula a Rmoahal, y logra convertir el metal en oro. Seraphita muere, Meinrad se traslada a Devachan, no hay rastro del monje. Basilissa está encinta y convive con la fuerza Rmoahal en la misma habitación hasta que da a luz, una misteriosas figuras se llevan al bebé-dios, Rmoahal mata a Elvers y Mpongwu se hace con el poder.

Ah, pero qué curiosa inversión del orden se produce cuando Mpongwu asume la capitanía del mal, puesto que liderará una fuerza humana compuesta por africanos, chinos, indios americanos, aunados en lucha contra el hombre blanco. Spunda pone en boca del infeliz (infeliz, puesto que su destino no es otro que la muerte final) el siguiente discurso:

Mpongwu ser gran señor, poder todo. Hombre blanco deber abandonar el mundo. Sólo hombre negro gobernar en Europa y América. Blanco deber ser servidor de negro. A mí pertenecer todo el oro del mundo. Con el oro yo hacer todo. Tú debes servir o yo hacer bolu-bolu maléfico[2] (F. Spunda, Devachan, p. 175; traducción de Couto).

Todos los opositores blancos que se enfrentarán a esta fuerza humana morirán: es, en palabras del narrador, “la ruina de todos los países europeos”, “la muerte del hombre blanco”.

Hay dos aspectos del Devachan de Spunda que merecen atención. El primero, el ya citado binomio hombre blanco versus resto de la humanidad (o viceversa) en el contexto de la Mitteleuropa del período de entreguerras. El segundo, la fortísima impronta teosófica que trufa cada página de la historia.

En la novela de Spunda se hace evidente la influencia de la antroposofía, ese peculiar maritaje de ciencia y misticismo finisecular que demuestra una fuerte tendencia a combinar elementos y referencias de las más variopintas tradiciones religiosas del oriente y del occidente en un tentativo de sincretismo, y que cae a menudo en una hibridación incomprensible de filosofías y líneas de pensamiento. Devachan es, en la teosofía de Blavatsky[3] que inspira a Spunda:

Literalmente, la ‘tierra de los dioses’; una condición, un estado de beatitud mental. Desde un punto de vista filosófico, un estado mental análogo, pero mucho más vívido y real, que el sueño más vivo. Es el estado post-mortem para la mayoría de los mortales. (H. Petrovna Blavastky, The Key to Teosophy, p. 100; traducción de Couto).

Por otro lado, Franz Spunda maneja la teoría teosófica de las siete razas base (lit. root races), la cual sostiene que estos siete grupos humanos se habrían sucedido y expandido desde la prehistoria, partiendo de los continentes perdidos de Atlántida y Lemuria, hasta llegar a la raza del presente, la quinta en la cadena de sucesión: la ariana. Rmoahal, de hecho, es un término usado en la teosofía para designar la primera de las subrazas de los atlántides o cuarta raza que habría ocupado Madagascar, justamente el lugar de donde procede la fuerza homónima descrita en la novela. Ergo, Mpongwu, el antagonista de la historia, debe ser interpretado como el representante de los atlantes. El mensaje de Devachan, por tanto, parece querer narrar una lucha interracial en la que la cuarta raza se rebela al nuevo eslabón ariano de poder, en el deseo de revertir la “normal” consecución de la evolución de lo creado.

Curiosa novela este Devachan, sin duda, que reincide en ciertas taras (o marcas de estilo, quién sabe) a menudo comunes a la ficción de tintes esotéricos: narración entrecortada, sobrecarga de terminología esotérica, manierismo argumental, abruptos cambios de trama. Es decir, los pilares de lo que podríamos bautizar (sigamos la línea místico-religiosa que marca el libro) como un “pulp ocultista” que, en este caso, se transforma en máquina del tiempo, puesto que nos descubre ideologías, fes, creencias, y posturas intelectuales de una Europa ya desaparecida.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Blavatsky, H.P. The Key to Teosophy. London: The Theosophy Company, 1889. Edición electrónica: http://www.theosophy.org/Blavatsky/Key%20to%20Theosophy/aKEY.htm

Spunda, F. Devachan: magischer Roman.Wien, Prag, Leipzig: Strache, 1921. Ilustrado por Axl Leskoschek.*

Nota biográfica de Franz Spunda en la página “Ostdeutsche Biographie“

*Edición usada en la preparación de esta entrada.


[1] “Hombre primigenio” en el pensamiento cabalístico.

[2] Es digno de mención el hecho de que Spunda intente reproducir lo que él considera el habla imperfecta de un no alemán mediante el uso principalmente de verbos en infinitivo, mientras respeta con escrúpulo desmedido la declinación de los casos y la concordancia entre adjetivo y sustantivo.

[3] El autor sigue claramente su filosofía. El nombre de Helena Petrovna llega a citarse en una de las páginas, en boca del personaje Kornjakow.

    • Pato
    • 10/02/12

    ¡Madre mía! Solo leer esta reseña ya me ha dado dolor de cabeza. ¡Qué cantidad de información, qué cantidad de extrañeza! La próxima vez leeré las reseñas de este blog antes de hacer los deberes de Textos Científicos, sí…

    • Si, parrula, si, entendo o teu estado postlectura! É o efecto Rmoahal!

    • Llosef
    • 10/02/12

    He acabado como Pato o peor, jajaja. Eso sí, la comparación con Meyrink me ha vencido y me encantaría poder leerla. Porque esto de la teosofía mezclada con raruneces de las razas, con dioses de Magadascar y ese lío como de que unos se casan con otros y llega la hermana y etc. suena que su parte divertida también debe tener, ¿no?

    Demonios, Princesa, que te encarguen los de Valdemar una traducción ya. O mejor, una colección a tu cargo. ¡Lo exigimos!

    • La novela resulta extraña, loca y excesiva, por esto hay que leerla! Los señores de Valdemar todavía no se han puesto en contacto conmigo, será porque la lectura de este blog provoca molestos efectos secundarios! Aunque no estoy segura de poder hacerme pasar por traductora, lo mío es pasión, no profesión.

    • signorformica
    • 10/02/12

    Tendremos que acostumbrarnos a que nos pongas los dientes largos con este tipo de material. Parece no obstante que algo de Spunda fue traducido en su día: en la red se puede conseguir “La reencarnada” en edición española de 1925, vía Argentina (120$), anunciada como “novela ocultista”. Carne de Valdemar como bien dice Llosef.

  1. Muchas gracias por esta referencia que desconocía, Signor Formica!!! He conseguido verificar el título de la obra original de Spunda que se esconde tras ese “La Reencarnada”. Se trata de la novela de 1924 “Das ägyptische Totenbuch” (El libro egipcio de los muertos). Esperemos que alguien se haga con ella y nos envíe sus impresiones!

    • Ángel
    • 24/04/12

    “El hombre blanco contra el resto del mundo”.Esas teorías abundaban a principios del XX.Muchas veces me pregunto como habrían evolucionado las mentes de esos “filósofos” de hace cien años si vivieran hoy en día.

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