Encuentros y desencuentros de un destino literario: Alexander Moritz Frey y Adolf Hitler

En “El rebelde fantástico Alexander Moritz Frey, o Hitler dispara dramáticamente al aire” (Der phantastische Rebell Alexander Moritz Frey, oder Hitler schießt dramatisch in die Luft), publicado en 2007, Stefan Ernsting se sumerge y bucea en el legado documental de A. M. Frey conservado principalmente en el Archivo literario alemán de Marbach y en la Academia de las Artes de Berlín con el fin de ofrecernos una imagen única de la Europa de la primera mitad del siglo XX. El destino de Frey, a cuyo “Solneman, el invisible” dedicamos ya una entrada aquí, aparece entrelazado con el de otros muchos nombres y obras, amigos y conocidos, compañeros de miserias y colegas de profesión, sombras beligerantes y presencias de amenaza.

Frey inicia su carrera literaria en 1905, fecha en la que se traslada a Munich y donde residiría hasta 1933. Se integra en los círculos literarios de la ciudad y participa en revistas satíricas y de corte fantástico como Simplicissimus, Licht und Schatten yOrchideengarten. Son años en los que no sólo la literatura especulativa, sino también las corrientes místicas, teosóficas y ocultistas desempeñan un rol esencial en la formación y argumentación de ciertas tendencias nacionalistas durante el imperio y la posterior república de Weimar. Las utopías socialistas se dan la mano con las teorías racistas y  raciales, la energía Vril y la cosmogonía glacial de Hörbiger se alternan con presuntos saberes secretos custodiados en Asia central, junto a un sinfín de leyendas, mitos y mensajes, muchos de ellos cristalizados en publicaciones de extrema derecha como la revista Ostara, encaminadas a ensalzar la grandeza perdida de Alemania. El vilipendiado “poder de las runas”, un desaparecido y oculto saber germánico, se habría perdido a causa de la mezcla racial. No en vano:

“La mezcla de darwinismo social, superstición y racismo fue bien acogida por todo el mundo en Alemania y Austria como un nuevo tipo de fe” (Ernsting, p. 44; traducción de Couto)

El núcleo de este estudio biográfico, sin embargo, se centra en un cierto y cruel determinismo histórico que uniría en paralelo los destinos de Adolf Hitler y del propio Frey. Su primer encuentro se remonta a la I Guerra Mundial, donde Frey presta servicio como miembro del personal sanitario. A través de un excepcional manuscrito inédito titulado “El cabo desconocido” (Der unbekannte Gefreite), de 1946, en el que Frey describe sus impresiones del por entonces cabo raso Adolf, Ernsting proporciona un retrato personal y, en gran medida, cercano, del hombre que marcaría de forma trágica el devenir de la Europa del siglo XX: una figura taciturna de perfil rapaz y rostro rubicundo, poco amistoso y sin sentido del humor que se tomaba la guerra como una afrenta personal, y cuyos camaradas habían apodado “der Spinner” (lit. “el tejedor”, pero también “chiflado”). Pero Hitler no es el único protagonista del recuerdo autobiográfico de Frey: Max Amann, miembro del mismo regimiento de Hitler y Frey, y quien en los años 20 se convertiría en director de propaganda del régimen, se retrata como un ávido buitre interesado principalmente en ganar dinero (de hecho, trabajó en la banca antes de dedicarse a lucir el uniforme nazi). Acabada la guerra y de regreso a Munich, Amann habría ofrecido insistentemente a A. M. Frey la posibilidad de unirse al ascendente poder nazi poniendo su escritura al servicio del periódico Völkischen Beobachter (“El observador del pueblo”), propuesta que Frey siempre rechazaría con contundencia.

Hitler aparecería mutado en el personaje de Severin de la novela compuesta en el exilio Hölle und Himmel (“Cielo e infierno”), así como en otras novelas y escritos antibelicistas de Frey. La experiencia directa de la guerra marcaría profunda e indeleblemente la producción literaria del escritor, comenzando por su Die Pflasterkästen : ein Feldsanitätsroman (lit. “Las cajas de emplastos. Una novela sobre la medicina de guerra”), escrita en 1929, y pasto de las llamas en 1933. Sus obras se incluirían en la lista de “Literatura basura” (“Schund- und Schmutz-Literatur”), y, en consecuencia, copias de sus libros serían devoradas por las piras a las que estudiantes nazistas habrían prendido fuego con incontenible alborozo.

El ascenso del Nacionalsocialismo, de hecho, significa para Frey el aumento de las presiones para que este sostenga al movimiento, y las repetidas negativas del autor no hacen sino desencadenar una persecución que lo llevaría al exilio en 1933, primero en Austria, y más tarde en Suiza. Sus experiencias en el exilio aparecen marcadas por la extrema pobreza, las dificultades para publicar sus obras, y los continuados obstáculos burocráticos. En estos momentos de penuria, Thomas Mann y su familia, amigos personales de Frey, le prestarían ayuda económica y apoyo moral a partes iguales.

En su destierro, A. M. Frey intentará ganarse el respaldo de otro autores en la tarea de denunciar el ascenso del totalitarismo en Centroeuropa. Al término de la II Guerra Mundial, también se esforzará por hacer público el apoyo que muchos intelectuales dieran a Hitler con la firma del llamado Gelöbnis treuester Gefolgschaft (“Juramento de lealtad incondicional”), pero estas ansias de justicia ética no darán fruto alguno. El escritor Stefan Zweig, en una carta enviada a Frey durante el ascenso del nazismo, le confiesa que:

“La evolución [de los hechos] nos da más y más la razón de que un idealismo desorganizado es un poder perdido” (Ernsting, p. 136; traducción de Couto).

El periplo de Frey, quien nunca regresaría a Alemania, probablemente refleja la historia de muchos autores y artistas que abominaron de Hitler y su mensaje. Este libro, que recupera y redimensiona la obra de A. M. Frey, desvela la naturaleza de un régimen de hierro que no sólo pasó factura a sus opositores, sino que, además, igualó en gran medida a partidarios y a detractores en los anales de la historia. A pesar de su magnífico trabajo literario y de su personal lucha contra el totalitarismo y la violencia, Frey sigue siendo una sombra más, un nombre consumido por las llamas y el silencio.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Ernsting, S. Der phantastische Rebell Alexander Moritz Frey, oder Hitler schießt dramatisch in die Luft. Zürich: Atrium Verlag, 2007.*

Noticias de prensa sobre Der phantastische Rebell Alexander Moritz Frey (en inglés)

Recensión publicada el 30 de Abril de 2007 en Spiegel Online International (en inglés)

Gelöbnis treuester Gefolgschaft (“Juramento de lealtad incondicional”) en Wikipedia

Página personal de Stefan Ernsting

*Edición usada en la preparación de esta entrada.

    • Pato
    • 1/04/12

    Parrula, disculpa que cambie de tema, pero estoy furiosa: traté de comprarme el libro de Grabinski en Amazon.uk y no he podido. Tan precioso es que no lo envían al extranjero, ¿puedes creerte semejante desfachatez?…¬¬

    • Llosef
    • 1/04/12

    ¡Fantástico, de verdad fantástico artículo! Un privilegio absoluto poder leerlo. Ahora ya solo faltaría que alguien editara no solo a Frey sino a Ernsting. ¡Sería la doble jugada perfecta!

    • Ojalá, Llosef! La lectura combinada de la biografía escrita por Ernsting y de la obra literaria de A. M. Frey sería lo ideal! Por mi parte, los próximos libros de Frey que espero poder comprar son la colección de relatos “Spuk des Alltags” (Espectro de lo cotidiano) y “Die Pflasterkästen”. Crucemos los dedos!

    • Ángel
    • 23/05/12

    Injustamente tratado y olvidado como tantos otros que vivieron y escribieron en esa época.
    Una reflexión.¿Cómo puede nadie que haya luchado en la primera guerra mundial (o en cualquier otra guerra) querer que haya una segunda?.
    Cada día me resulta más difícil entender a los “humanos”.

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