“No sabe que está muerta”: Las penas del príncipe Sternenhoch, Ladislav Klima

(¡Atención! Se avecinan spoilers)

“Vi a a Helga la primera vez durante cierto baile; yo tenía 33 años y ella, 17. Mi primera impresión fue la de una muchacha realmente fea”.

Así comienza esta extrema, salvaje e inclasificable antinovela que el checo Ladislav Klima (1878-1928) publicaría en 1928 sin mucha fortuna. Pieza que se tambalea borracha de su propio exceso, fue considerada una insensatez de mal gusto por sus contemporáneos y los herederos de estos hasta la cuarta generación. “Las penas del príncipe Sternenhoch” (Utrpení knížete Sternenhocha) tiene gusto  expresionista y decadente, rebosa humor, brutalidad y un pensamiento filosófico en el que emerge la centralidad de la voluntad individual como una ruina que sobresaliese en un horizonte de nihilismo y absurdidad.

Narrado en primera persona por el príncipe a modo de diario, la historia se divide en tres partes:

I. Antecedentes al asesinato de Helga Daemona, esa “muchacha realmente fea” que Sternenhoch, probablemente por capricho del noble descerebrado que es, decide tomar por mujer .

II. El corazón, entraña y casquería del libro. Después de su asesinato, Helga atormenta a su marido buscando descubrir quién ha sido el “perro roñoso” que le ha quitado la vida (evitaremos dar detalles sobre el uxoricidio). Las apariciones del pútrido fantasma de la muerta causan en Sternenhoch reacciones incontrolables, divertidas y grotescas para el lector, contra las que el príncipe lucha a fuerza de lanzar fajos de marcos en las manos de personajes como el psicopatólogo Habebald Wechselbalg (lit. “Changeling, Niño cambiado) y la nigromante Esmeralda Carmen Kuhmist (lit. “Estiércol de vaca”). Las hilarantes situaciones derivadas de los tratamientos que doctores y místicos le proponen son de lo más divertido del libro, especialmente porque ninguno funciona, y el fantasma de Helga Daemon sigue manifestándose ante este miembro de la risible nobleza germánica. El resultado: alucinaciones, comportamientos estrambóticos del noble, camisas de fuerza, junto a una inundación de sangre, vísceras, podredumbre y carcajadas.

III. Breve resolución del misterio: gracias a ello, el lector o lectora podrá respirar tranquilo sabiendo que no se ha vuelto, como el propio Sternenhoch, completamente loco (o lúcido, porque si algo aprendemos de “Las penas” es que la lucidez nace de la más abyecta locura).

Los dos protagonistas bien merecen una nota aparte. Helga Daemon (nomen omen) es Lulú, Genuine, Alraune, encarna a la mujer dormida y cadavérica, que, una vez despierta se convierte en bestia feroz:

“Al poco tiempo partió de improviso y tan solo regresó al cabo de dos años. Dónde estuvo o qué hizo, eso no lo sé con exactitud. Se dice que recorrió todos los recovecos de la tierra y, como si la tierra se le hubiese hecho pequeña, intentó, dice la leyenda, realizar una expedición al fondo del océano, al interior de la tierra a través del cráter de un volcán, y también, qué locura, a Venus. Se decía que fuese la jefa de una banda de salteadores, y que descuartizase como un médico. Lo creo, puesto que sé que tras su retorno a Alemania cometió al menos seis asesinatos. ¡Y perpetró otras muchas atrocidades! Por ejemplo, fundó una sociedad secreta con las mujeres y jovenzuelos más hermosos en la que se practicaba el sadismo, la flagelación, el masoquismo, el lesbianismo, fantásticas masturbaciones, la sodomía, relaciones sexuales con los más variados monstuos metálicos, móviles, con aterradores monigotes de cera, y, parece ser, hasta con verdaderos fantasmas, etc, etc. Pero con hombres nunca yació de manera natural, los despreciaba demasiado” (“I dolori del principe Sternenhoch, p. 21; traducción de Couto).

¿Y qué decir de nuestro príncipe Sternenhoch (“alto en/a las estrellas”)? He aquí su autorretrato:

“Dejando aparte mi linaje y mi riqueza, puedo decir con osadía que soy una belleza, a pesar de algunos de mis defectos, como, por ejemplo, el hecho de que mido sólo 150 cm y peso 45 kg, que estoy prácticamente desdentado, calvo y glabro, también un poco estrábico y fuertemente cojo; pero también el sol tiene sus manchas” (“I dolori del principe Sternenhoch“, pp. 11-12; traducción de Couto).

Las penas del príncipe Sternenhoch” recuerda a los “Cantos de Maldoror”, pero con un humor a menudo atroz, visceral, splatter, y escatológico. En definitiva, un libro y un autor al que aproximarse si se tiene la ocasión. Y recuerden que: “es mejor un final con horror que un horror sin final”. Palabra de Klima.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Klima, L. I dolori del principe Sternenhoch. Traducción de Dania Amici y Sergio Corduas. Roma: Edizioni e/o, 1983.*

Klima, L. The Sufferings of Prince Sternenhoch: A Grotesque Tale of Horror. Traducción de Carleton Bulkin. Praga: Twisted Spoon Press, 2008.

*Edición usada en la preparación de esta entrada.

    • Pato
    • 21/04/12

    Así que no estaba muerta, estaba de parranda!! Pues me caen bien los dos, pero más ella, que es la prota. Princesa, en serio, de dónde c**o sacas semejantes perros verdes???

  1. Jajaja! De parranda infernal!
    De onde saco estes libros, dis? Pois ás veces uns chaman polos outros, están emparentados, forman unha familia (de cans verdes, como dis ti). Ou fozo en outros blogs, nos catálogos de editoriais, ás veces recurro a publicacións especializadas e a artigos académicos que falan deste ou daquel movemento literario, busco recursos dixitais, vou á biblioteca. Non son nada orixinal!

    • Ángel
    • 16/06/12

    En vista de lo estrambótico y delirante argumento se sabe si el autor escribía en pleno uso de sus facultades o bajo la influencia de alguna sustancia alucinógena.

    • Podría ser, Ángel, pero no lo creo. Klíma profesaba un odio atroz a las convenciones, y, dado que la norma sólo puede subvertirse mediante el escándalo, la insurrección y la inmoralidad, el autor condensó su disgusto en estas páginas delirantes. Si te interesa conocer más datos sobre su biografía, puedes consultar: la siguiente página: http://www.twistedspoon.com/klima.html

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