¿Cuántas vidas tiene la muerte? Estudios tanatológicos e investigación

Tanatología: el término posee una fría e inerte poética, y es justo que así sea para una disciplina que se dedica al estudio de la muerte. Inicialmente, la tanatología se inscribía en la medicina forense y legal, y se ocupaba del estudio de los procesos corporales observables en el cadáver tras la muerte. Desde hace algunas décadas, este campo ha extendido su radio de acción para abrazar muchas otras disciplinas que abordan, de un modo u otro, temáticas sobre cómo individiuos, familias y sociedades lidian con la experiencia de la muerte. La tanatología se nutre así de la antropología, la historia de las religiones, la medicina, la sociología, la arqueología, la historia cultural, la filosofía, la literatura, si bien los antropólog@s, hitoriadores/as y filósof@s que se ocupan de las “culturas de la muerte” no se llamen a sí mismos tanatólog@s.

En esta vasto rosario de temas y aproximaciones metodológicas, encontramos investigaciones de toda índole. Se encuadran, pues, en la tanatología estudios sobre la preservación del cuerpo (momificación, desecación, embalsamamiento), las técnicas y sustancias empleadas, y los motivos para tal práctica: recordemos el embalsamamiento de Lenin y la instalación de su cuerpo en el correspondiente mausoleo como parte de un discurso político y propagandístico concreto, sin considerar muchos otros ejemplos de pública exposición de cadáveres de líderes laicos, religiosos, y militares.

Más atractivos resultan los trabajos sobre los modelos de representación del más allá, de la ultratumba y de las realidades post-mortem. ¿Qué sería de nosotros sin Tutankhamon, sin el señor de Sipán, sin las tumbas reales de Ur?  Desde El libro de los muertos hasta El nacimiento del purgatorio, pasando por el arte del buen morir, el culto a los finados, y la amenaza de fantasmas y espectros, la academia (siempre dispuesta a obtener beneficio de lo que el tiempo no ha podido llevarse a la tumba) siega, disecciona y descuartiza los ya de por sí maltrechos cadáveres en busca de respuestas.

Pero en este gran memento mori, también los vivos desempeñan un rol esencial que no es ajeno a la investigación, por ejemplo, a través del análisis de la experiencia del duelo en distintos grupos humanos y períodos históricos: cómo se despide al muerto, quién llora, de qué manera se explica socialmente el momento de tránsito. El estudio de De Martino, cuya referencia encontrarán citada al final de la entrada, así lo demuestra. O la fotografía post-mortem, esa práctica encargada de inmortalizar en papel al recién fallecido en su mortaja sobre la que no pocos libros han aparecido en las últimas décadas. A este respecto, otro fenómeno interesante que siempre me ha llamado la atención es el de las cartas egipcias a los muertos. Se trata de mensajes escritos sobre recipientes cerámicos, fragmentos de tela o papiro, en los que los vivos piden la intercesión de sus muertos en asuntos varios, como la curación de una enfermedad o la resolución de disputas por una herencia, y que son depositados en la tumba. No es mal consuelo: significa que podremos seguir leyendo incluso después de muertos.

Pero desde el año 2005, el mundo académico ya tiene una publicación periódica de título inequívoco que recoge todas estas facetas de la muerte entre sus azules lomos: Studi tanatologici, una revista internacional, editada por Bruno Mondadori, que publica fúnebres estudios en inglés, francés e italiano. Con cinco volúmenes publicados (y llevan retraso, todo sea dicho), cada tomo se compone de cuatro secciones: “Clásicos de la tanatología”, en la que publican o traducen estudios metodológicos relevantes sobre el tema; “Estudios e investigaciones”, donde se recogen artículos de variada temática sobre investigaciones recientes; “Glosario tanatológico”, en la que se discute  un término o concepto clave en el campo de la tanatología (en el primer número: embalsamamiento-momificación); y “Recensiones”.

Sin ser demasiado conscientes de ello, el mundo editorial, las bibliotecas, y nuestras propias estanterías están pobladas de libros sobre tanatología, en volúmenes para egiptomaníacos, guías turísticas, ejemplares de novela negra, y panfletos sobre parapsicología y experiencias cercanas a la muerte. Un extraño e indescriptible mecanismo de “autorregulación interna” consigue, sin embargo, que las momias egipcias resulten interesantes para un público masivo, mientras convierte a la fotografía post-mortem y la arquitectura ósea de las criptas de los capuchinos, por poner dos ejemplos, en algo macabro. La muerte, y no me refiero a aquella que es víctima del violento despliegue informativo, sino a la muerte como “producto cultural”, como elaboración literaria, como objeto de estudio, museizado y encuadernado, forma parte de nuestra lectura cotidiana. La muerte, en definitiva, tiene muchas vidas, y aquí les he ofrecido tan solo algunas de ellas.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Revista Studi tanatologici.

Burns, S. Sleeping Beauty: Memorial Photography in America. Altadena, California: Twelvetrees Press 1990.

Burns, S. Sleeping Beauty II: Grief, Bereavement and The Family In Memorial Photography American & European Traditions. New York : Burns Archive Press, 2002.

De Martino, E. Morte e pianto rituale. Dal lamento funebre antico al pianto di Maria. Milano: Einaudi, 1958.

Gardiner, A. H. Egyptian Letters to the Dead Mainly from the Old and Middle Kingdoms. London: The Egypt Exploration Society, 1928.

Le Goff, J. El nacimiento del purgatorio. Madrid: Taurus, 1989 (1a ed. 1981).

Taylor, J. H. (ed) Ancient Egyptian Book of the Dead. Journey through the Afterlife. London: British Museum Press, 2010.

Fotografía post-mortem y otras curiosidades

Sleeping Beauty

The Burns Archive

The Burns Archive Blog

The Thanatos Archive

    • Pato
    • 4/05/12

    ¡Ah, la temática eterna… de la se ocupan los seres más perecederos! Me encantan los memento mori (mi tía tiene uno de su primer hijo, ahijado de mi madre) y no los encuentro para nada morbosos. Tampoco la muerte, en general. Mira, creo que me he equivocado de carrera…

    • A min a morte si que me produce sentimentos contrastantes, unha loita entre o querer ver e o aparta-la mirada. Será polo que representa o cadáver, que a miúdo se transforma en “obxecto”. Como algo non só animado, vivo, senón tamén dotado de características únicas, se converte tan rapidamente nun algo inerte, coma un cadro, un moble, un boneco? É ese paso entre os dous estados o que me confunde e me aterra.

    • Gregorius
    • 4/05/12

    Si te interesan estos temas y te respalda un “Título”, eres un erudito.
    Si te interesan estos temas y no tienes estudios, eres un puto enfermo.

    Otro término guapo, creado por Rafael Llopis, es Necroeconomía .(Rafael Llopis, El Novísimo Algazife o Libro de las Postrimerías)

    • Gregorius, muchas gracias por tu comentario y bienvenido! Es cierto que títulos y certificados parecen dotar de una pátina de credibilidad a cualquier tema. También es cierto que cada país, región, comunidad, etc suele diferir en su visión y experiencia de la muerte, y que el hecho que un@ sea tachad@ de “put@ enferm@” depende a menudo de esa manera particular y específica de entender la muerte. En las islas británicas, por ejemplo, es muy común ir a hacer deporte, pasear al perro u organizar picnics en los cementerios, mientras que en España y en Italia se llenan las iglesias de trozos de santos y se decoran capillas con los cráneos y las tibias de frailes y mártires.

      No he leído el libro de Llopis que sugieres (lo apunto en mi lista interminable de “Libros a leer”, gracias!), pero me intriga el concepto de necroeconomía.

    • signorformica
    • 7/05/12

    Gregorius tiene razón en su comentario, lo que me sitúa entre los enfermos prácticamente desde que tengo uso de razón e incluso antes. No es algo que me preocupe, una de mis manías es contar historias de horror y muerte a los niños y doy fe de que pasado el primer shock todos vuelven a por más. ¡Sin excepciones!. ¿Cuándo empieza la conciencia de la muerte?

    Un film actual muy recomendable, yo diría que imprescindible: “Enter the Void”, de Gaspar Noé. Funde el Japón y la cultura techno-drogota cosmopolita siglo XXI con El Libro Tibetano de los Muertos en una mezcla indigesta a ratos, como dos peyotes que se te quedaran atravesados en la garganta (bueno, según Castaneda se escupen); pero fascinante. La clase de obra enloquecida que le hace a uno reconciliarse con la cultura de su época.

    • Yo creo que existen distintos niveles de conciencia de la muerte que pueden sintetizarse en dos: la conciencia de la muerte ajena, y la conciencia de la propia muerte. La segunda, diría, suele tardar más en hacer acto de presencia, pero la primera nos coge en brazos desde que somos niños. Será por eso que todos los infantes gustan de los cuentos de miedo y terror (también yo concuerdo en base a mi propia experiencia).

      Recuerdo haber visto el trailer de “Enter the void”, inicialmente temí que la película fuese, como apunta il SignoFormica, indigesta (por momentos o en la totalidad del metraje), pero después de la recomendación explícita, la buscaré. Lo peor que me puede pasar es sufrir un mal viaje de un par de horas.

    • signorformica
    • 10/05/12

    Pues “Enter the void” más o menos es lo que escenifica, un angustioso bad trip; ingenuo, retorcido y sorprendente a la vez. Supongo que a más de uno le parecerá una experiencia detestable o insoportable (entiéndase como una advertencia).

    Que yo sepa entre todas las drogas existentes, sólo hay una clase que pueda ofrecer algo parecido a experimentar la propia muerte, y son las alucinógenas y sólo en determinadas circunstancias, a veces azarosas.

    • Ángel
    • 20/06/12

    Aquí no sólo se descubren libros o temas literarios,también películas,intentaré encontrar la que se comenta “Enter the void”.
    Muchas gracias a todos por tanta información.

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