El nuevo gótico popular, o cómo teorizar sobre la cultura del terror

Dexter, Twilight, Buffy the Vampire Slayer, Lady Gaga, Batman, el burlesque, los espectáculos de feria, o las novelas de Stephen King constituyen para el público agentes de diversión, de ocio mundano, o de insoportable ñoñería. Conocidos y reconocibles por tod@s, son bienes de consumo prescindibles, indispensables, o útiles para llenar los tiempos muertos con seres sobrenaturales y escalofríos, tramas sangrientas y romance adolescente, comedia bizarra y helada sorpresa; bienes, como decíamos, que se consumen o se critican en función de los gustos personales, las necesidades, los intereses, o el nivel de influenciabilidad. Pero, además de ser productos de la industria cultural, también se han convertido en el objeto de estudio de una fertilísima corriente académica de estudios literarios y sociológicos de corte eminentemente anglosajona que explora “lo gótico” en todas sus manifestaciones.

Los 11 capítulos que conforman el volumen que comentamos esta semana da buena cuenta de ello. “Lo gótico en la literatura contemporánea y en la cultura popular. Gótico pop” (The Gothic in Contemporary Literature and Popular Culture. Pop Goth) recoge en sus apenas 200 páginas algunas de las ponencias que se presentaron en el congreso organizado  por la International Gothic Association (IGA), celebrado en Heidelberg en 2011. Supone, por tanto, un recientísimo ejemplo de los caminos que ha tomado la investigación humanística de la última década: cómics, vídeos, cine “mainstream” y páginas web se citan ahora como fuentes indispensables del discurso académico.

¿Qué tiene de diferente el gótico pop (“pop goth”) respecto al gótico a secas? En la introducción, los editores lo dejan claro: el término alude a la popularización y normalización que lo gótico ha experimentado en la sociedad de consumo contemporánea. La proliferación de productos culturales, ropa, complementos,  gadgets, opciones de ocio y diversión publicitados bajo la etiqueta “gótico” ha dado pie a la emergencia de “falsos góticos” quienes, a diferencia de los “góticos reales” que han hecho de ello su filosofía de vida, acabarán por abandonar, cual moda pasajera de spandex y tobilleras, el negro, las puntillas y las calaveras.

¿Pero, específicamente, qué temáticas se abordan en este volumen? Parte de los artículos se centran en las estrategias de comercialización de productos calificados como góticos. McEvoy, por ejemplo, trata la promoción e inclusión de espectáculos y visitas culturales de sabor gótico, bien para toda la familia, bien para el público en general, en distintos festivales británicos (Norfolk y Norwich, Blackpool, Glastonbury). Spooner, por su parte, describe la comercialización de líneas de ropa “gótica” o “goticizada”(y como tal promocionadas) en ciertas archiconocidas cadenas de tiendas de ropa. Ya en el campo concreto de la literatura, Byron revela los mecanismos por los que el bestseller La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón pasó de ser un thriller literario a transformarse en una novela gótica a través de estrategias de marketing. No deja de sorprender que este proceso haya afectado incluso a los grandes clásicos: “Cumbres borrascosas” se publicitó como “la novela favorita de Bella y Edward” (sí, los protagonistas de Twilight). Huelga decir que esto contribuyó a cuadruplicar las ventas de la novela de Emily Brönte en el Reino Unido.

El consumo y la masificación, por tanto, ocupan un lugar preeminente en la articulación del volumen. Botting analiza la invasión zombie que prolifera en las pantallas y en la página impresa como una reflexión sobre el consumismo y el exceso (exceso de deseo, de acumulación, de desecho, etc) que justifica el refuerzo de la violencia.

Van Elferen, por otro lado, interpreta las salidas de góticos en clubs noctunos en clave ritual, con la música y el baile al centro de esa “nueva religiosidad” en la que, según su hipótesis, los fieles-siniestros asumirían un rol liminal, uniendo pasado y futuro en sus ropajes, su consumo de absenta, y sus movimientos etéreos de fantasma en la pista de baile. Se encuadra en esos discursos postmodernos en los que cualquier comportamiento humano puede ser interpretado en clave ritual, desde lavarse los dientes a asistir a una función teatral, y que, además de presentar problemas de método, despierta cierta urticaria si uno se ha criado en el campo de la historia antigua. La autora homogeneiza los comportamientos individuales y generaliza sobre ellos, no tiene en cuenta elementos como la socialización, la identificación, la etiqueta (es decir, ciertas normas y principios de comportamiento que se esperan de cualquier persona que se autoidentifique con el colectivo gótico), la construcción de la identidad individual a través del colectivo, la inserción en un grupo determinado, etc como elementos relevantes en la construcción de las dinámicas sociales. El suyo es, en definitiva, un discurso que suena a mistificación.

Y de la mistificación pasamos a la monstruosidad. Germanà proporciona una definición del monstruo (y, por extensión, del ser humano) en el siglo XXI a través de la serie Being human, revelando que este nuestro siglo viene determinado por la deshumanización, la alienación, y la ruptura de los lazos personales.

Tampoco la popular Lady Gaga se libra de ser tema de estudio. MacFarlane analiza la particular construcción de lo monstruoso que  la artista propone en sus espectáculos y productos audivisuales a través de la mezcla de los más variopintos elementos: de la cultura manifiestamente pop, centrada en el uso y manipulación de referencias icónicas del mundo occidental de la segunda mitad del siglo XX (de Madonna  a “El monstruo de la laguna negra”), al mundo de la moda, del famoseo, y  de la estética drag; de la ambigüedad sexual y la homosexualidad (la autora del artículo dedica, de hecho, varias páginas al análisis de la supuesta androginia sexual de la cantante), a la modificación,  distorsión y transformación del cuerpo (por ejemplo, a través del uso de vendajes o prótesis médicas) y la hibridación. La mezcla, la fusión y la caótica amalgama de elementos dispares tomados de aquí y de allá caracteriza por tanto la originalidad bastarda de la artista, cuyo nombre, por cierto, ya lo deja bien claro (gaga = loco, completamente absorto, excitado, fatuo, enajenado).

Y todavía hay más. Soltysik Monet se ocupa del Batman de Nolan, visto como la recuperación de la figura sombría del caballero oscuro propuesta en los cómics de O’Neil. Ashurst y Powell analizan el Steampunk desde la perspectiva de sus seguidores, presentádolo como la fusión entre la ciencia y la magia. A través de su producción individualizada, y del uso de materiales reciclados, sustancias orgánicas como la madera, o elementos evocadores del pasado, como el latón, las máquinas se dotan de alma. Al contrario que la producción en serie, en el Steampunk cada pieza es creada en una relación comparable al del doctor Frankenstein con su criatura.

El gótico contemporáneo permite, además, reflexionar sobre el oscuro presente. Blake toma el gótico popular como un género que codifica las tensiones sociopolíticas estadounidenses. Tras los ataques del 11-S, y con las continuas amanazas que encarnan el terrorismo, la guerra biológica y el nuclear, lo gótico (a través de series como True Blood, Dexter, Fringe, o Supernatural), se tranforma en un medio efectivo a través del que apelar y representar el “Zeitgeist” nacional de los Estados Unidos, cuyo sentido y razón de ser se basa en la existencia de un enemigo al que combatir. Lo gótico, por tanto, permitiría leer entre líneas, discutir y enfrentarse al sistema, poniendo de relevancia sus inconsistencias, sus errores, sus  grietas.

Valores sociales y mainstream gótico son también el objeto de estudio de McLennan. La hiperpublicitada saga Twilight revela el fortísimo componente ideológico que la permea en lo referente a la reproducción social. Tanto las novelas y como las películas priman los valores “blancos occidentales”, a través de la protagonista femenina que se acoge al níveo y controlado paternalismo del vampiro (europeísmo) frente a la feroz humanidad salvaje del hombre lobo (esfera del nativo americano).

Etiquetar, consumir, cosificar: esta es la esencia del gótico popular contemporáneo, del mundo occidental, del capitalismo. Será difícil volver a disfrutar de una (otra) serie americana sin preguntarse sobre los valores y el mensaje que transmite.

Índice del volumen

Introduction: Pop Goth Now, Justin D Edwards and Agnieszka Soltysik Monnet

1. Love Your Zombie: Horror, Ethics, Excess, Fred Botting

2. Vampires, Mad Scientists, and the Unquiet Dead: Gothic Ubiquity in Post-9/11 US Television, Linnie Blake

3. Being Human?: Twenty-First Century Monsters, Monica Germanà

4. Gothic, Grabbit and Run: Carlos Ruiz Zafón and the Gothic Marketplace, Glennis Byron

5. Bella’s Promises: Adolescence and (Re)capitulation in Stephenie Meyer’s Twilight Series, Rachael McLennan

6. “I’ll Be Wathever Gotham Needs Me to Be”: Batman, the Gothic and Popular Culture, Agnieszka Soltysik Monnet

7. The Monstrous House of Gaga, Karen Macfarlane

8. Spectral Liturgy: Transgression, Ritual and Music in Gothic, Isabella van Elferen

9. Under Their Own Steam: Magic, Science and Steampunk, Gail Ashurst and Anna Powell

10. “‘Boo!’ to Taboo”: Gothic Performance at British Festivals, Emma McEnvoy

11. ‘Forget Nu Rave, We’re Into Nu Grave!’: Styling Gothic in the Twenty-First Century, Catherine Spooner

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Edwards, J. y A. Soltysik Monnet (eds).The Gothic in Contemporary Literature and Popular Culture. Pop Goth. New York: Routledge, 2012.*

IGA

IGA conference 2011

The Gothic Imagination (University of Stirling)

*Edición usada en la preparación de esta entrada.

    • Pato
    • 14/07/12

    Guau. Me fascina. Pero me extraña tu última reflexión: ¿por qué ni íbamos a disfrutar de las series en toda su ñoñez aun sabiendo que ocultan un mensaje diabólico (político, religioso…)? Me acostumbré, no solo por vagancia, sino por falta de miras, a venerar todo lo superficial del ancho mundo, en especial lo macabro, cheap thrills, pulp, basurilla de esa, ya sabes. Creo que (fíjate tú qué conclusión me he sacao de la manga!) se debe a que todo me huele a ese delicioso tufillo maricón que me tiene tan intrigada desde la preadolescencia. Pero es que la homosexualidad es una parte intrínseca de lo gótico, del tabú. Cuando dejen de reivindicar cosas me voy a aficionar a los talibanes. O a los necrófilos. O a los fabricantes de espejos.

    • Patu, de feito é por iso polo que temos que disfrutar aínda máis desas series, ser o colmo do nerdismo! Só nos faltaría facer política desas poucas cousas que nos alegran as horas cotidianas, non si?

    • signorformica
    • 15/07/12

    Respecto a tu última frase, es el problema de entregarse a la racionalización en vez de experimentar directamente (como ese viejo chiste alemán que dice que, ante dos puertas, una con el rótulo de “Paraíso” y, otra, “Conferencia sobre el Paraíso”, un alemán abriría la segunda). Sin duda tienen un gran interés, porque arrojan luz sobre conexiones que a veces te han pasado desapercibidas -es totalmente cierto que Lady Gaga es como una versión freak-pop de… ¡Orlan!- pero a la larga este tipo de lecturas a mí me producen una honda irritación, y no porque aquí estiren el término gótico como un chicle y lo vulgaricen. Seamos sinceros, ¡la sociología apesta! y no precisamente a muerto (más bien, apesta a reunión de vivos). Aparte de esto, no había caído en que la absenta debía ser popular entre las “suicide girls” (?), claro que yo las tenía por más vulgares hasta que vi a muchas de estas muñequitas de Dresde en conciertos de Jim White, y Woven Hand que es el culmen del gótico (además de la banda más esplendorosa y fascinante de todo el orbe conocido). Que es como verlas congregadas frente a un cuadro de Blake o una crucifixión de Grünewald. Sorprende, pero no extraña. En el mundo del gótico hay un promedio de buen gusto y de individualismo mucho más alto que en cualquier otra escena. Incluso la estela patética que arrastran es más larga de lo que un ser humano normal toleraría para sí mismo. Pero verlos en manos de estos carniceros académicos -seguro que la mayoría de esos autores se mueven en ámbitos universitarios y ostentan el título de doctor- resulta excesivo y bastante repugnante.

    • Llosef
    • 17/07/12

    Signorformica, es que lo ha explicado usted estupendamente. Cuando la universidad entra a saco en la literatura de género da una pena tremenda. Es cierto que no se precisa pasión para tener y difundir el conocimiento, pero también lo es que sin pasión ese conocimiento no prende en el lector, lo inflama y lo lleva a buscar y leer por su cuenta, que a fin de cuentas es como todos hemos aprendido a amar la literatura y así pretendemos hacer llegar a los demás lo que leemos.

    Dicho esto, y como uno es dicotómico por naturaleza, si este libro lo encuentro traducido al español me lo leo fijo. Y eso que la moda gótica no me interesa nada, pero de nuevo debo darle la razón: otras “escenas” están mejor vistas y en ellas las poses, la tontería y el autoengaño están a la orden del día.

    • signorformica
    • 17/07/12

    A mí me parece encantador ver a adolescentes de negro paseando meditabundos por los cementerios… vive dios que lo prefiero a una congregación alrededor de un estúpido DJ al que le salen rayos de luz de los ojos! Es la vieja y poderosa atracción por la muerte. Ocasionalmente aparece un film o un libro que parecen ponerla de moda, y enseguida una legión de académicos dispuestos a explicarlo todo -al fin y al cabo, deben justificar su profesión y su misma existencia- pero son poco más que anotaciones a pie de página. Mañana, por cierto, se cumple el 24 aniversario de la muerte en Ibiza de la inolvidable nibelunga Christa Päffgen, a.k.a. Nico… Saludos Llosef!

  1. Ante todo, me alegro de que este libro haya despertado vuestros comentarios.

    No es únicamente una cuestión de justificar sus sueldos por lo que académicos y estudiosos escriben sobre estos temas, sino que hay una razón más profunda, y es que las políticas universitarias y educativas (o “deseducativas”, esto ya es cuestión de gustos) priman el desarrollo de este tipo de temas. Es más, este tipo de líneas de investigación tienen más posibilidades de ser financiadas por entes públicos que otro tipo de proyectos más tradicionales. Son temas que, teóricamente, llegan al público y resultan más vendibles (la transformación de las universidades en multinacionales es otro tema que da mucho de sí). Los tratados de Maimónides serán muy interesantes, pero dudo que puedan ganarle la batalla a Lady Gaga en lo que a popularidad e interés inmediato se refiere (cierto que se da un aire a Orlan, especialmente con esas prótesis alienígenas que se gasta en uno de sus últimos vídeos).

    No deja de resultar chocante que este “gótico popular” como objeto de estudio esté al alcance de cualquier observador / consumidor, y que no haya que poseer una formación o un conocimiento técnico específico para penetrar en él: bastaría tener un cuaderno al lado en el que anotar ideas e impresiones mientras se ve “Dexter” o “Walking Dead” para extraer de ello un artículo. Faltaría, sin embargo, aplicar el sesudo lenguaje conceptual postmodernista para conferirle una pátina académica, científica, presuntamente objetiva, aunque los límites entre objetividad y subjetividad sean polvo y agua en esa tendencia metodológica.

    En fin, se podría añadir más pero, ¿para qué hacerlo, si un@ puede emplear su tiempo leyendo a (y no necesiariamente “sobre”) Storm, Dickens, Ewers, Gaskell, o nuestro nuevo fichaje praguense del que conocerán el nombre en breve?

    • signorformica
    • 18/07/12

    Ah, Praga, uno no se cansa de volver allí –mucho mejor en invierno que en verano desde luego. Permítame tratar de adivinar a quién se dispone a traer desde los muertos, Prinzessin… ¿Leo Perutz? ¿Paul Leppin? ¿o el siempre estimulante Kubin?

    • Pues el único cuya obra todavía no ha sido traducida al español. Lo tiene fácil! Aunque no descarto dedicar alguna que otra entrada a novelas y libros traducidos. Lo ignoto atrae poderosamente, pero sospecho que, a la larga, las dificultades para acceder a los libros que comentamos en el blog, ya sea por cuestiones de idioma, descatalogación, etc, podría hacer que nuestr@s valiosísim@s lectores/as desertaran.

  2. me encantan los goticos..desde q lo vi me gusta todo.. Nose xq me llaman la atencion sera x su vestimenta o xq nole inporta nada a ellos

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