Gerhart Hauptmann, El fantasma

Afirman los entendidos que el síndrome de Stendhal se define como un disturbio transitorio caracterizado por taquicardia, mareos, vértigo y alucinaciones que se manifiestan cuando el individuo se enfrenta a obras de extraordinaria belleza. Si es esta la enfermedad de lo insoportablemente bello, ¿con mayor razón no merecerá entonces el desgraciado Lubota un síndrome que lleve su nombre? Para Loretz Lubota, el protagonista de la obra que comentamos esta semana, su enfermedad resulta anónima y bastarda, pero no así la causa de la misma: su mal último se llama Veronika Harlan.

“Reverendo Padre, yo era un hombre pacífico y he perdido mi tranquilidad; era diligente y trabajador como una hormiga, y ahora me he convertido en un holgazán; como un flaco rocín no tenía pretensiones, y ahora me he convertido en un alcahuete y en un disipador. Quería a mi madre sobre todas las cosas: si ella muriese hoy mismo no vertería ni una sola lágrima. Amaba a Dios y al Cielo, temía al demonio y al infierno; pero dime  hoy dónde se encuentra Veronika Harlan, y si ella morase en los infiernos, renunciaría para siempre a Dios y al Cielo.” (“Il fantasma”,  p. 88; traducción de Couto a partir del texto italiano)

En “El fantasma” (Phantom, 1922) se narran en primera persona, a modo de confesión póstuma, las penalidades fatídicas de un pobre diablo enamorado. Lubota, el escribano de vida sencilla dedicada al trabajo, al estudio, al mantenimiento de la madre viuda, se trastoca completamente cuando, a través de la ventana de su oficina, contempla a la jovencísima Veronika en un coche de caballos. La fantasmal visión lo transforma radicalmente: la belleza lo despierta, y ese despertar resulta monstruoso, puesto que le obliga a enfrentarse a la mediocridad sucia y repugnante de su casa, de su apariencia, y de su mísera condición. Lubota, quien en los tiempos en los que Veronika Harlan no era siquiera espectro, sonreía satisfecho ante su vida y las perspectivas que esta le ofrecía, se espanta de la fealdad de engrudo y pluma que cubre todo lo que hasta entonces le era querido.

El deseo de poseer la belleza de la niña Veronika contagia de una fiebre de locura desmesurada a nuestro protagonista: la obsesión lo  penetra hasta el hueso, lo posee (no en vano Hauptmann recurre a la imagen de la posesión demoníaca para describir su estado), lo imbuye de presunción, lo empuja a la perversión, al engaño, y finalmente al crimen.

Gerhart Hauptmann (1862-1946), prosista y autor teatral galardonado con el premio Nobel de literatura en 1912, construye esta historia a partir de su propia experiencia. Su musa se llama Ida Orloff, joven actriz que conoce en los escenarios cuando esta cuenta tan solo 16 años. Ida, arquetipo de la mujer-niña, inspirará la mayoría de sus personajes femeninos, e incluso protagonizará la versión cinematográfica de otra obra de Hauptmann, Atlantis. No es esta, sin embargo, la única pieza del autor transformada en celuloide: nuestro Phantom será adaptado por Thea von Harbou y dirigido por F. W. Murnau en 1922. Otros dos buenos motivos para aproximarse a esta obra.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Hauptmann, G. Phantom. Novela por entregas publicada originalmente en el Berliner Illustrierte Zeitung en 1922.

Hauptmann, G. Phantom. Berlin: Fischer, 1923.

Hauptmann, G. Il fantasma. Traducción de Giovanni Tateo. Palermo: Sellerio, 2003.

Versión inglesa de Phantom en archive.org

“Phantom” (F. W. Murnau, 1922) en IMDB.

    • patothingys
    • 7/09/12

    ¡Ay, mi tema favorito! ¡La belleza! Entiendo a Hauptmann tan bien… La belleza es lo único que de verdad me hace perder la cabeza. Pero, al contrario que nuestro autor protagonista de la entrada, podría jurar por mis colmillos que no la voy a encontrar en una chavala. En fin, qué bien que en el mundo hay de todo, ¿no?

    • En realidade, Lubota atopa a beleza nun fantasma, nunha proxección: a paixón non chega nunca a consumarse. Iso si, no caso de Hauptmann, a cousa seica non quedou nun simple amor platónico…

    • Ángel
    • 26/11/12

    He visto Atlantis pero no Phantom.
    Tendré que remediarlo.
    En cuanto al post,a mi me seduce la pasión con que se escribe aquí y con que Hauptmann describe ese amor arrebatador.

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