Lucy M. Boston, Los niños de Green Knowe

“El recibidor era un lugar extraño. Mientras entraban, una puerta similar se abrió al otro extremo de la casa y otro hombre y otro niño entraron allí. Toseland comprobó entonces que únicamente se trataba de ellos mismos reflejados en un gran espejo. Las paredes a su alrededor  eran en parte de piedra sin labrar, y en parte de yeso, aunque por todas partes colgaban espejos y cuadros y porcelana. Había tres grandes y viejos espejos que se reflejaban entre sí de tal modo que, al principio, a Toseland le costó distinguir qué era real, y por qué puerta se podía atravesar directamente para dirigirse al lugar que uno quisiese sin irse por un lateral a otra parte. Casi se preguntó cuál de los reflejos fuese él realmente.” (The Children of Green Knowe, p. 6; traducción de Couto).

Un lento tren que traquetea bajo una intensa lluvia que amenaza con tragarse el mundo. Un muchacho de 7 años viaja en un vagón sin más compañía que su rostro flaco y sus grandes ojos curiosos. Próxima parada, Penny Soaky y el magnífico caserón de Green Noah.

Toseland (o Tolly, como le llama su bisabuela), el protagonista de “Los niños de Green Knowe” (The Children of Green Knowe), es otro miembro de esa comunidad de niños solos, abandonados, que pueblan las páginas de la literatura infantil y juvenil anglosajona, desde “El jardín secreto” de Frances Hodgson Burnett hasta la más reciente saga “Una serie de catastróficas desdichas” de Lemony Snikett. “Los niños de Green Knowe” presenta, sin embargo, algunos elementos fascinantes de inusual originalidad. Junto a la presencia inmanente de una naturaleza hecha de tierra, de árboles, de pájaros, se perfila una atmósfera de luz de vela y presencia fantasmal. Pues en la gran casa familiar no sólo viven Tolly y su bisabuela, la anciana señora Oldknow, sino también los niños Linnet, Alexander y Toby. Los niños, o sus espectros. En “Los niños de Green Knowe”, vivos y muertos forman una comunidad estrecha, todos ellos unidos y reunidos en las espesas ramas de un árbol geneaológico especular. En esta historia de historias, el Tolly protagonista encuentra su doble en otros Tolly del pasado.

Lucy M. Boston (1892-1990), la autora de este primer volumen de la serie de Green Knowe, ambientó las historias de la saga en su propia casa de Hemingford Grey (Cambridgeshire), famosa no sólo por su antigüedad, sino también por estar embrujada. Sus estancias, mobiliario, objetos y, quién sabe si sus espirituales presencias, están abiertas al público y pueden visitarse con cita previa.

El libro está hermosamente ilustrado por Peter Boston (1918-1990), hijo de la autora.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Boston, L. M. The Children of Green Knowe. London: Faber & Faber, 2006 (1° ed. 1954).

The Manor, Hemingford Grey.

    • patothingys
    • 22/09/12

    Ay, dónde estaban los libros así en mi niñez…

  1. Pois estaban noutro país, escondidos, ocultos, espreitando. Menos mal que Andersen, os Grimm, Perrault, etc estiveron aí para salvarnos.

    • Pato
    • 25/09/12

    Sí, menos mal. Y con ilustraciones de María Pascual.

    • Ángel
    • 27/11/12

    Otra vuelta de tuerta a los libros de niños abandonados.
    ¿Es un libro para niños o para un poco más adultos?.

    • Gracias por tu comentario, Ángel. Por estilo y tratamiento del tema, diría que es un libro para niños. Pero que eso no te arredre!

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