Mujeres, remo, y ajedrez. Sobre la persona y el personaje de Gustav Meyrink

Hay muchas maneras de disfrutar de un autor como Gustav Meyrink (1868-1932), ya sea leyendo sus novelas (la más obvia de todas, si me lo permiten), consumiendo las adaptaciones cinematográficas de sus relatos, o reevocando la intensidad lúgubre y misteriosa de su imaginación mientras se callejea por la ciudad de Praga. Pero hay otras. EnLaListaNegra tuvo la posibilidad de contarse entre la audiencia de la jornada literaria que se le dedicó al autor el pasado 27 de octubre en el Museo Histórico Nacional del Arte Sanitario de Roma. “Misterio y arcano imaginario en la obra de Gustav Meyrink” (Mistero e arcano immaginario nell’opera di Gustav Meyrink) proponía, a través de varias ponencias de muy distinto perfil y calado, explorar la relevancia que el ocultismo y la iniciación esotérica guardaron en la obra del escritor. Y todo ello en un marco incomparable: una sala de altísimos techos con una escalinata doble al fondo presidida por un busto de Hipócrates; estampas anatómicas de gran formato decorando las paredes amarillentas a ambos lados de la estancia; luces difusas, penumbra, y un frío de iglesia para una tarde de literatura fantástica.

Tachada de broma mística por parte de algunos críticos literarios, o percibida como un destilado alquímico de supremo conocimiento hermético por iniciados y ocultistas, es innegable que novelas como “El golem”, “El dominicano blanco”,  o “El ángel de la ventana de occidente” abundan de referencias, imágenes y reflexiones tomadas o desarrolladas a partir de un contacto directo, personal, con el mundo espiritual. De hecho, la biografía de Meyrink apunta que a los 24 años, pistola en mano y tomada ya la decisión de quitarse la vida, un oportunísimo opúsculo sobre la vida más allá de la muerte lanzado bajo la puerta por la mano del destino le hizo no sólo abandonar su propósito, sino también tomar el camino de los estudios teosóficos, filosóficos y ocultistas. Las ponencias de De Turris, Fusco, y Olzi contribuyeron enormemente a identificar el particular simbolismo y la cultura esotérica del escritor.

La charla que contribuyó a redimensionar la figura de Meyrink en la discusión, sin embargo, fue la impartida por Marino Freschi. Sin desmerecer la relevancia que el contacto con grupos, asociaciones y lecturas místicas tuvo en la vida y obra de G. M., Freschi ofreció una panorámica vivaz, transformando al sesudo escritor-iniciado en un ser de carne y hueso, al personaje en persona. Descubrimos entonces que el motto “mujeres, remo, y ajedrez” presidió su vida hasta mediados del 1890; que fue asiduo duelista por su preferencia por las mujeres casadas; que trabajó como banquero y, acusado de llevar a cabo actividades financieras ilícitas, se declaró en bancarrota y comenzó a escribir para ganarse la vida; que mantuvo una relación de amor-odio con la ciudad de Praga; y que, habiéndole encargado a Alfred Kubin una serie de ilustraciones para una pieza que no llegó a escribir, Kubin las utilizaría para crear su gran novela fantástica, La otra parte.

Gustav Meyer, alias Gustav Meyrink: ochenta años después de su muerte, todavía le recordamos.

Ponencias de la jornada

Presentación , por Pietro Mander.

Gianfranco De Turris, “La verdadera fantasía de Gustav Meyrink”.

Sebastiano Fusco, “Las raíces doctrinales del esoterismo en la obra de Gustav Meyrink”.

Michele Olzi, “El golem: una visión de Gustav Meyrink”.

Marino Freschi, “Gustav Meyrink y Praga”.

Discusión y turno de preguntas, moderado por Giampiero Moretti.

Enlaces de interés

Lista de obras de Gustav Meyrink en Tercera Fundación

Museo Nazionale dell’Arte Sanitaria, Roma

    • Pato
    • 3/11/12

    Leí El Golem para mi clase de Literatura en bachillerato y recuerdo la opresión que sentí durante la parte en la que Pernath visita la habitación por primera vez. Meyrink quiso suicidarse ¿antes o después de haber escrito su obra magna?…

    • Moito antes, parrula: pensa que publicou O Golem con 47 anos! Aínda hai esperanza, parrula.

    • Pato
    • 5/11/12

    Esta es una obra maestra de la que disfrutamos todos, ¿pero vale tanto la pena como para obligar a vivir miserablemente a este hombre?… en otra ocasión yo diría muy teatralmente que sí!! pardiez! Las obras de arte siempre merecen la pena. Pero hoy te digo: no, de ninguna manera. Espero que Meyrink haya sido feliz en algún momento entre su intento de suicidio y la redacción de El Golem. De verdad, lo espero.
    Bicos mil, Princesa xx

    • Ángel
    • 9/01/13

    ¿Es decir,que a los 24 años quiso suicidarse y por algún azar del destino cambió de opinión?.
    Dejando el ocultismo a un lado.¿no sería que en realidad no quería suicidarse porque aún tenía muchas cosas que decir?.

    • Probablemente lo que Meyrink necesitaba en esos momentos era la confirmación de que existía algo más allá de la carne y del mundo de los sentidos. El mensaje del destino llegó a tiempo.

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