Calandra y el demonio: la leyenda de la bella Alda

Es necesario que os diga que en aquellos tiempos aparecían en el cielo maravillosos cometas y bizarras visiones; monstruos extraños y multiformes iban por el mundo provocando a los caballeros, atormentando a los frailes y a las monjas, apaleando a los santos eremitas.

Era esta la época de los pactos con el demonio, época que duró largo tiempo. (La bell’Alda, p. 40; traducción por Couto)

Pintor antes que escritor, Edoardo Calandra (1852-1911) inauguró su carrera en el mundo de las letras con esta reelaboración de la leyenda piamontesa de la bella Alda. Ambientado en el valle de Susa, en el cuento tradicional la joven Alda se refugia en la Sacra de San Michele, junto con muchos de sus conciudadanos, buscando protección de las hordas de soldados y malhechores que abundan en el territorio. Acorralada en lo alto de una torre e implorando misericordia divina, se tira al vacío: he aquí que la bondad todopoderosa de los cielos interviene. Dos ángeles acuden raudos a su llamada, y el cuerpo de Alda es sostenido en el aire, intacto y salvo. Mas como todo milagro que se verificase más de una vez corre el peligro de convertirse en ciencia, cuando Alda, ciega de vanidad, se despeña una segunda vez para mostrar a sus incrédulos vecinos que es capaz de volar, encuentra en el descenso una muerte instantánea.

Si bien la leyenda de la bella Alda se refleja esencialmente en esta reescritura del escritor turinés, la propuesta de Calandra demuestra garra sulfúrea, oscura y satánica. En primer lugar, la dota de un contexto histórico de coloratura veraz, con Carlomagnos, Pipinos, peregrinos de Tierra Santa y santones ermitaños pululando a lo largo de sus páginas. En segundo lugar, en esta nueva versión de la historia la pastorcilla Alda no estará sola en su salto mortal. Para ello Calandra crea el personaje de Corbo, un muchacho nacido el mismísimo día que Alda, que tiene de cruel y maligno lo que ella de pío y modesto. ¿Pues acaso no es Corbo hijo del demonio Bergniffe? Entre conciliábulos infernales, pedidas en matrimonio, luchas señoriales, vuelos nocturnos y brujeriles encuentros, la moraleja de la historia de Calandra resulta más ambigua de lo que muchos quisieran: si el hijo del demonio es capaz de amar, también la favorita de los ángeles sabe pecar. Para desgracia de los moralistas, no hay mal sin bien, ni belleza sin mácula.

Edoardo Calandra ilustró su La bell‘Alda con 73 magníficas estampas de caballeros armados, anacoretas de alma blanquísima, fortalezas medievales, y Aldas despavoridas. Pero, ante todo, se atrevió a dibujar satanes de todo pelaje, murciélagos, sapos y aves nocturnas volcadas en juegos maléficos terribles. Por fuerza Calandra se considera uno de los nuestros, otro ilustre miembro de EnLaListaNegra.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Calandra, E. La bell’Alda. Leggenda. Torino: Casanova, 1884.

Calandra, E. La bell’Alda. Leggenda. Anzio: De Rubeis, 1994.*

Biografía de Edoardo Calandra en L’enciclopedia biografica Treccani.

*Edición utilizada en la preparación de esta entrada. Contiene una selección de las 73 estampas originales.

    • signorformica
    • 16/11/12

    O me estoy volviendo tonto y ya ni siquiera sé buscar imágenes en la red, o esas ilustraciones brillan por su ausencia… Grazie, en cualquier caso

    • Pues no se está volviendo usted tonto: de hecho no se encuentran en la red, y los dos ejemplos que ilustran la entrada han sido escaneadas por la que suscribe.

        • signorformica
        • 16/11/12

        Es usted muy mala con sus admiradores, pues

    • signorformica
    • 16/11/12

    Por cierto, ¿se sabe desde cuándo y por qué la ciudad de Turín es una de las residencias favoritas del diablo?

    • La mía es una maldad de cartón piedra, me temo.

      Sobre la relación de Turín con la magia, el esoterismo y el maligno abundan las páginas webs y los libros. De hecho, la propia página de la ciudad se hace eco de ello: como atractivo turístico no tiene precio, me temo. Atendiendo a su pregunta, Signor Formica, le adelanto que en un futuro próximo comentaremos alguna de las publicaciones al respecto.

    • Pato
    • 19/11/12

    Magnífico. Quisiera leerlo. Y las ilustraciones… puro infierno. No en vano semejan diseñadas con carboncillo.
    Pero no, no ¡no! La belleza sin mácula ha de existir, ¡por piedad!…

    • Parrula, estou en fase pesimista: a pura beleza non existe.

    • Ángel
    • 15/01/13

    Bonita historia la de la bella Alda.No la conocía.

  1. que curioso, me llamo Alda y mi vida y trabajo diario es el mundo de la magia. Ya leeré este trabajo de Calandra del cual desconocía su existencia.
    Gracias

    • Gracias a ti, Alda. Espero que consigas encontrar y leer este libro.

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