Pecados de las ciudades de la llanura; o recuerdos de una Mary-Ann, con breves ensayos sobre la sodomía y el tribadismo

‘¿Ha visto usted alguna vez mejor verga en su vida?’, replicó abriéndose los pantalones y mostrando una polla tremenda que ya se presentaba en estado semierecto. ‘Es mi única fortuna, señor; realmente me proporciona todo lo que quiero y a menudo me presenta a lo mejor de la sociedad, tanto a damas como a caballeros’.

sins_of_the_citiesSi es cierto que no hay nada nuevo bajo el sol, es de suponer que lo nuevo tampoco abundará ni en las alcobas ni en los salones privados ni mucho menos en los burdeles. A saber entonces por qué Sins of the cities of the plain, novela de  autor desconocido publicada en Londres en 1881 bajo el pseudónimo Jack Saul, resulta tan llamativa y sorprendente. Será su modernidad canalla de sexo explícito y lenguaje accesible, cuando no procaz y barriobajero, lo que la hace tan contemporánea, así como su empeño en excitar con sus constantes referencias a coños, vergas y desnudeces varias.

Este breve novela se inicia con un encuentro fortuito que inmediatamente asume la forma de un inflamado encuentro sexual entre Mr. Cambon y Jack Saul.

Vestido con ropas adherentes que sacaban el mayor partido a su figura de Adonis, especialmente en la zona que los snobs llaman la entrepierna de los pantalones, y donde evidentemente la naturaleza lo había favorecido con un desarrollo realmente extraordinario de los atributos masculinos, tenía pies pequeños y elegantes, un rostro imberbe de apariencia fresca, de rasgos casi femeninos; pelo rojizo; y radiantes ojos azules que apelaban directamente a mis sentidos y que me decían que este hermoso joven debía ser uno de los Mary-Ann de Londres, de los cuales había oído podían verse deambulando en los barrios de Regent Street o de Haymarkt en las tardes y noches apacibles.

Mary_Ann

Encadilado por el joven que tan placenteros servicios le ha prestado, Cambon propone a su recién estrenado gigoló que cuente en algunas páginas escritas su iniciación y perfeccionamiento en los amores efébicos: son estas mismas páginas las que connstituyen el núcleo de la novela. Descubrimos entonces que el apetito y la curiosidad sexual de Jack Saul siempre lo han tenido despierto desde la más tierna infancia. Sus primeras experiencias homosexuales suceden en un internado al que la madre lo envía tras la muerte de su padre, pero, lejos de adoptar los tintes de la mera anécdota, de regreso a su casa Mr. Saul continuará ejercitándose con la camarera y más tarde con el palafranero, formando así un trío bien avenido. Finalmente, hará de la Mary-Ann[1] su profesión, prestando sus servicios en fiestas privadas, así como en cierto prostíbulo llamado Inslip en el que suele presentarse travestido como una jovenzuela de nombre Eveline. Dúos, tríos, cuartetos y grupos en rotación, algún que otro incesto, unos buenos azotes con ramas de abedul primorosamente atadas por lazos de tul y terciopelo, sexo oral, anal, algo de humor, y una gran devoción por el pene: he aquí la síntesis mínima de “Pecados de las ciudades de la llanura”.

oscar-wilde-lord-alfred-douglas

Lejos de ser una novela social, permite entrever, sin embargo, aspectos más desagradables de la sexualidad y la moralidad victorianas. Junto a esas orgías inacabables que Jack Saul describe con perverso detalle, caminan en la penumbra otras escenas menos titilantes: la sodomía es un delito, recuerden si no el penoso juicio a Oscar Wilde, o el caso de Boulton y Park[2]) en un reino en el que sires, nobles,  y príncipes no sólo gustan de vestirse de mujer o de ser azotados en sus blancas carnes, sino que también adoran someterse a los viriles miembros de jovenzuelos a los que frecuentan en caros y exclusivos burdeles. También se hace mención  a los niños raptados y/o coaccionados que sufrían violaciones, y a los que a menudo se forzaba a  prostituirse o eran vendidos como carne de placer a los prostíbulos; a casos de extorsión y chantaje; a ciertos juegos crueles y perversos practicados en París que podían conducir a la muerte.

Cierran el libro dos textos: el primero versa sobre la sodomía en la historia, en la que se repasan fundamentalmente los nombres de los grandes sodomitas de la Roma antigua; el segundo, se centra en el práctica del tribadismo, y constituye la única referencia al lesbianismo del libro.

Sins of the cities of the plain, siendo como es una novela pornográfica vendida en la oscuridad de las trastiendas para uso y disfrute homoerótico, revela al mismo tiempo aspectos de la sociedad victoriana oculta que l@s lector@s contemporáne@s apenas tenemos ocasión de conocer. Una novela recomendable, pues, tanto para el/la lector(a) informad@ como para el consumidor de pornografía. Ahí es nada.

Algunas notas editoriales y bibliográficas (actualizadas, 21-05-2015)

Saul, J. The Sins of the Cities of the Plain, or the Recollections of a Mary-Ann, with Short  Essays on Sodomy and Tribadism. London: William Lanzenby, 1881.

Reedición de The Sins of the Cities of the Plain, Valancourt Books.

Traducción al español en la editorial Amistades Particulares (2015).

Las traducciones de los fragmentos citados han sido realizadas por Couto.


[1] Término para designar a los homosexuales utilizado especialmente durante el período victoriano.

[2] Ambos fueron juzgados en 1871 por travestismo y sodomía. Sins of the cities of the plain se demora describiendo los juegos sexuales entre estos dos personajes históricos y nuestro ¿ficticio? Jack Saul.

    • Pato
    • 4/05/13

    Me recuerda a dos novelas: Teleny de ¿Oscar Wilde? (quién sabe) y The Alienist de Caleb Carr. La cara y la cruz de la misma moneda. Pero ahora mismo incluso este libro es demasiada literatura para mí: estoy en fase novela porno-romance de esas que apestan y no puedo parar. Salgo de este blog, ya.

    • Inicialmente tiña intención de comentar conxuntamente Teleny e Sins of the cities of the plain, mais non dei conseguido a primeira. Apúntome a novela de Caleb Carr.
      Novela porno-romance: podías animarte a escribir un post sobre o tema!

    • Pato
    • 7/05/13

    Sí, Teleny es dificililla de encontrar. Yo lo hice en el más inesperado de los lugares: la librería granadina Flash Gordon. Qué recuerdos…

    • Ángel
    • 23/06/13

    Mary-Ann,no lo sabía,curioso nombre para ocultar una realidad.

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