Paul Scheerbart, La gran revolución

Revolution_portadaEn la luna era de noche.

Y el aire espeso, inmóvil.

Y los escarabajos de oro se posaban en los oscuros campos de musgo y brillaban, como brillan las estrellas en el negro cielo.

De le tierra solamente se veía el cuarto de un semicírculo.

Y cinco hombres de la luna planeaban sobre los campos lunares y brillaban también, aunque lo hacían como bolas de fósforo (La gran revolución, p. 5; traducción de Couto).

kokoschka-scheerbartAsí comienza “La gran revolución” (Die große Revolution) del prusiano Paul Scheerbart (1863-1915). Esta novela lunar y lunática escrita en 1902 se inscribe en el fantástico sin ser estrictamente ciencia ficción. Mantiene, por el contrario, un tono de cuento y de fábula en una luna imaginada, brillante y mineral, poblada por selenitas fosforescentes de gran barriga esférica. El argumento se articula en torno a una gran diatriba que divide en dos grandes facciones a los hombres de la luna[1]: ¿deben continuar sembrando de telescopios la cara visible del cuerpo celeste, gracias a los cuales conocen al dedillo las costumbres, vicios y virtudes de las sociedades terráqueas? ¿O deberían, por el contrario, concentrar todos sus esfuerzos y atención en el universo desconocido, y para ello construir un gigantesco telescopio, El-Gran-Telescopio, en la cara oculta de la luna?

Este enfrentamiento dialéctico aparentemente inocente encierra, sin embargo, consideraciones éticas más profundas. Los selenitas, durante eones, se han dedicado a observar, registrar y archivar en grandes bibliotecas las vicisitudes terrícolas, el desarrollo y el avance técnico de los humanos. En este proceso sistemático de largo recorrido han verificado y comprobado repetidamente que los habitantes de la tierra matan, masacran y destruyen sistemáticamente. Ante la enésima evidencia de este comportamiento brutal, el grupo “pro-universo” liderado por Mafikâsu, lanza su propuesta: dejemos de preocuparnos por los humanos, ahí fuera hay un universo infinitamente más subyugante. Abandonémoslos a su merced y exploremos la cara oculta de la luna.

Entre reunión y reunión del consejo de los cien sabios, se acuerda que, si en el plazo de medio siglo el planeta tierra no reduce sus ejércitos, los selenitas le darán definitivamente la espalda. No hará falta decirles cómo termina la historia. Ni en esos cincuenta años iniciales, ni en los 1300 años subsiguientes que los lunáticos emplearán en construir el gran telescopio, cambiarán las pulsiones del ser humano. Ejércitos, uniformes, guerras se prolongarán, se sucederán, se darán el relevo.

Scheerbart3

“La gran revolución” del título, por tanto, alude a ese cambio de perspectiva que lleva a los selenitas de la mezquindad de la tierra a la psicodélica experiencia del espectáculo del universo. La idea del antimilitarismo, más que la recreación sesuda de mundos imaginarios, guía la historia, si bien Scheerbart se saca de la manga algunos pasajes y conceptos verdaderamente memorables.  Por ejemplo, la representación de los selenitas como seres prácticamente inmortales que, una vez sienten el cansancio de la vida, descienden a las “grutas de la muerte” en las profundidades de la luna, no para morir, sino para renacer. Un nuevo tronco nace del viejo, y la cabeza del moribundo le habla a la nueva cabeza, transmitiéndole así todo el conocimiento acumulado. Cada selenita, pues, renace como sí mismo en una versión mejorada.

Conviene destacar también la presencia de 10 dibujos del propio Scheerbart que acompañan el libro, y para los que el autor se inspiró en las primeras fotografías disponibles del espacio cósmico más allá de la órbita del planeta Neptuno. El resultado son estas imágenes de formas gaseosas e ingrávidas a las que Scheerbart dotaría de rostro antropomorfo.

Sólo podremos tener condiciones tolerables en la tierra cuando hagamos añicos el para nuestra cultura vergonzoso militarismo. Esto sólo será posible si organizamos una agitación a gran escala que produzca repugnancia y aversión contra todo lo militar. Esta agitación debe, por todos los medios, y en particular a través de la burla despiadada, motivar la repugnancia de las masas populares contra todo lo militar. Se debe llegar tan lejos como para ver en los soldados la raíz de todo mal. Deberá ser de buen tono hablar de los soldados con la misma indignación con la que antes se hablaba del infame asesino (La gran revolución, p. 108; traducción de Couto).

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Scheerbart, P. Die große Revolution. Ein Mondroman. Leipzig – Weimer: Gustav Kiepenheuer Verlag, 1983 [1a ed. 1902].

Paul Scheerbart profile, por Matthew Jakubowski (en inglés).

Paul Scheerbart en Wikipedia (en español).

Paul Scheerbart en Projekt Gutenberg (minibiografía y obras descargables en alemán).

Página dedicada a la vida y obra del autor (en alemán).


[1] No hay diferencia sexual ni genérica de ningún tipo entre los habitantes de la luna. Paul Scheerbart utiliza el término “Mondmänner” (hombres de la luna) para referirse a la población del satélite.

    • Paco
    • 24/05/13

    Pues sí que parece lunática, sí… Gracias por la reseña. Aunque a primera vista semeja una mezcla de H.G.Wells y el posterior Bradbury, la historia que resumes me recuerda a una fábula de Lem. Era algo así: Ijon Tichy y un “abogado de oficio” alienígena van a una especie de Confederación Galáctica para intentar que no expulsen a la humanidad, por cafre y carnívora; las glorias expuestas por Tichy lo empeoran todo, pero… al final, la asamblea se muestra indulgente cuando se entera de que el origen de la vida en la Tierra, y por ende de la humana especie, fue una gran vomitona de unos extraterrestres ebrios que pasaban por allí.

    En fin, se ve que Scheerbart no tenía tanta mala leche como Lem, pero supongo que el contenido, si no el continente, se da un aire. Se aprende mucho con En La Lista Negra, la verdad.

    • Mucho me temo que somos y seguiremos siendo material de novela. Lo de la vomitona alienígena explicaría tantas cosa…

    • Ángel
    • 8/07/13

    No es de extrañar esta filosofía para un prusiano metido en un momento tormentoso de la historia de su país.
    Y reitero lo dicho por Paco,aunque parece una historia ya vista,no por éso resulta menos grato conocer que existe.
    muchas gracias.

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