Otto Soyka, El señor en el juego

Cuenta Leo Perutz: Cada hombre tiene algún animal al que se parece. Unos se asemejan a musarañas; otros, a rinocerontes. Mi animal es Otto Soyka (Siebauer 1998-2000: 129-130, citado en Ruthner 2004: 224; traducción de Couto).

El tiempo y la historia son sumideros por los que hombres[1], nombres y obras se cuelan y desaparecen tragados por el discurrir de la coyuntura, por el olvido, el desinterés, o el envejecimiento prematuro. El siglo XX, con sus dos grandes guerras, se erige pues como ese agujero negro que creó un vacío de silencio a su alrededor, un vacío que, con su caprichosa política de borrón y cuenta nueva, llenó la boca de la literatura de gusanos y paladas de tierra.

Como saben, en EnLaListaNegra a menudo nos dejamos llevar por estas nostalgias, y cuando se trata de elegir lecturas que presentarles, lo inexplorado o ruinoso nos gana la mano. Pero en aquellos casos en los que el tiempo pasa caprichosamente factura, cuesta miserias separar el grano de la paja.

Der Sturm

Dar con la obra (corrijo: con alguna obra) de Otto Soyka (1882-1955), o localizar apuntes sobre su biografía y su recorrido literario no nos ha resultado sencillo. Hace décadas que sus novelas no se reeditan y, aunque seguramente internet ofrezca alguna que otra a buen precio, uno no sabe muy bien por dónde empezar a tirar del hilo. El ovillo podría enredarse más de la cuenta. No hemos conseguido dar con una fotografía de Soyka, su perfil biográfico se nos antoja un recosido de impresiones de segunda mano, y por si esto no bastase, la novela que comentaremos a Herr im Spielcontinuación (su exordio) quizás no sea la más representativa ni emblemática de su producción. Y aun así, les ofrecemos esta entrada sobre este autor austríaco, judío, exiliado durante la Segunda Guerra Mundial, cultivador del género detectivesco y fantástico, colaborador de las revistas Die Fackel, Der Sturm y Simplicissimus, como si le conociésemos de siempre y su obra campase a sus anchas en los anaqueles de las librerías.

“El señor en el juego” (Herr im Spiel) comienza engañando al lector: Hans Walter, el joven burgués que encontramos sentado en un café al inicio de la historia, no es, como cabría suponer, el protagonista de la narración, aunque sí ilustra los principios de una sociedad biempensante y de moral capitalista que Soyka parece desdeñar. Hans Walter es invitado a participar en un juego de cartas por un viejo compañero de escuela: la suerte del principiante le lleva a ganar 2000 marcos a lo largo de una noche de apuestas. Enfebrecido por la fortuna del primerizo, ese mismo día decide dejar su trabajo de oficina para dedicarse al juego. El arrebato le costará dos cosas: la suma de 6000 marcos, por un lado; y la sociedad de Konrad Wehlen, por otra.

Café central

El Café Central de Viena que Otto Soyka solía frecuentar.

(Quién sabe si también Hans Walter asentó aquí sus burguesas posaderas el día en que la ventolera del juego le nubló las mientes).

Wehlen es el auténtico protagonista, el señor del juego a manos del que Hans Walter deja al descubierto su insipidez de ciudadano respetable. Su personaje se mueve en los límites de esa estructura social, presentándose como marginal en cuanto que se ha forjado una filosofía, una ética y estética propias, fundamentadas en el entrenamiento psicológico y el control de las emociones (“Nervenkraft”):

La gente le decía que en el juego y durante el duelo hipnotizaba al contrincante, que seguramente debía tener  poderes secretos a su disposición para paralizar la voluntad del otro y poner a los hombres a su servicio. En la Edad Media lo habrían acusado de brujería, y probablemente no habría salido con vida de todo ello (El señor en el juego, p. 71; traducción de Couto).

Sus férreos principios, sin embargo, colapsan cuando se enamora de Ella Norman, quien aspira a coronarse respetable miembro de la sociedad burguesa y que, casualmente, cuenta entre sus pretendientes al mismísimo Hans Walter. Casualidades, pocas. Puesto que Ella busca una seguridad previsible y se niega a seguir a Konrad en su mundo nocturno de apuestas, nuestro jugador le promete que reunirá en poco tiempo una gran cantidad de dinero que le permita asegurarle un estatus confortable. Pero someter la libertad del jugador a los decretos de la clase media no puede sino augurar la peor de las consecuencias…

Por si la novela llegase a traducirse al español, o por si algun@ de ustedes se animase a leerla en alemán, nos ahorraremos algunos eventos significativos de la historia, que incluyen el diseño de un dispositivo eléctrico-mecánico[2] capaz de abrir cajas fuertes; un robo; y un final trágico.

Lo más destacable de la novela es, sin duda, la reflexión que Otto Soyka ofrece alrededor de la voluntad individual en la forja de carácter, en contraposición con la hipocresía burguesa y el apego al dinero, a las formas y al qué dirán. “¡El juego corrompe el carácter! (…) ¡La administración lo es todo!”, predica el burgués Maximilian Bernauer en la novela. Konrad Wehlen, en calidad de jugador que ama el juego y respeta al contrincante, pero desprecia el dinero en sí, pone en tela de juicio todo eso. Y haciéndolo, me temo, también pagará las consecuencias.

Notas editoriales y bibliográficas

Ruthner, C. Am Rande: Kanon, Peripherie und die Intertextualität des Marginalen am Beispiel der (österreichischen) Phantastik im 20. Jahrhundert. Tübingen: Francke, 2003.

Siebauer, U. Leo Perutz. Ich kenne alles. Alles nur nicht mich: eine Biografie. Gerlingen: Bleicher Verlag, 2000.

Soyka, O. Herr im Spiel. München: Hyperion-Verlag, 1910.


[1] Al igual que mujeres y géneros varios.

[2] La electricidad será elemento protagonista en otra de las novelas de Soyka, Die Traumpeitsche (El flagelo del sueño).

  1. Me lo imaginaba más del tipo bigote manillar de bicicleta, pero bueno …
    http://www.granger.com/results.asp?inline=true&image=0208716&wwwflag=1&imagepos=1&screenwidth=1280

    • ¡Ay, Gregorius, el destino ha querido poner en mi camino un fatal “The item 0208716 was not found”! Más tarde probaré de nuevo el enlace.

      Y muchas gracias por haberse tomado la molestia: no sabe la ilusión que me hace la idea de poder ver la cara de Soyka.

    • Gregorius
    • 10/06/13

    Pues es un doble de Bulgakov !! . Esa boca, esa barbilla !!.

    • Ángel
    • 17/09/13

    También podría pasar por Kafka perfectamente.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: