Marjorie Bowen, El obispo del infierno y otros relatos

Nací en Hayling Island, en la casa de campo de una anciana señora llamada Mrs. Cole de la que nada sabía a excepción de que había destilado y reservado cierta cantidad de ginebra de ciruela para que fuese consumida el día de su funeral. El momento de mi nacimiento tuvo lugar entre el Día de Todos los Santos y el Día de Difuntos; se supone que esto proporciona el don de la clarividencia. No recibí ningún otro reconocimiento durante mi primerísima aparición en aquella casa de campo de la costa, mas heredé una doble desgracia: la infelicidad de mis padres, y su pobreza (M. Bowen, The debate continues; traducción de Couto).

NPG x3428; Marjorie Bowen (Mrs Gabrielle Margaret Vere Long) by Howard Coster

Marjorie Bowen, fotografía de Howard Coster. National Portrait Gallery, Londres.

Una fuerza arrolladora que no reniega de la miseria heredada la que demuestra tanto en su autobiografía como en sus escritos Marjorie Bowen (1885-1952), pseudónimo literario de Gabrielle Margaret Campbell. Esta autora inglesa que escribió para ganarse el pan y mantener a gandules, llegó a tejer unas 150 obras, generosamente repartidas entre la novela histórica, la biografía, la historia, y sí, el relato de terror.

Bishop of hellEn “El obispo del infierno y otras historias” (The Bishop of Hell and Other Stories, 1949)[1], Bowen despliega una capacidad cortante y precisa para representar la vileza moral y las debilidades de las que peca el ser humano. Sus descripciones amargamente sinceras parecen nacer de la experiencia directa de las durezas de una vida de privaciones y maltrato (lean a este respecto el perfil biográfico de la autora que Víctor Jiménez dibujara en la revista Gigamesh). Los personajes de estas ocho historias se mueven por la avaricia, por el miedo a la soledad, por la lujuria. No sorprende, pues, que la aplastante mayoría narren matrimonios infelices y sofocantes, en los que el destino se lleva por delante a las mujeres y ejerce una cruel venganza sobre los hombres. Feroz y violenta, Bowen no ahorra puñaladas ni violencia carnal, mucho menos abusos verbales y vejaciones. No es simplemente terror de candelabro y cadena rechinante el que practicó Marjorie Bowen, sino que hundió la pluma en lo psicológico, lo físico, lo sobrenatural, lo monstruoso.

Pues él la había desposado porque era un hombre arruinado y expulsado de Londres por los acreedores; y también un borracho que temía las horas solitarias y que necesitaba un compañero inseparable que le garantizase un vaso tras otro, un hombre de deseos ordinarios que había comprado con el matrimonio aquello que, por no ser lo suficientemente rico, no podía comprar con dinero. Y ella se había casado con él porque había pasado ya su momento de apogeo y frente a sí ya no despuntaban más conquistas, y se había enamorado además de la idea de ser una dama y gobernar una grandiosa y magnífica casa junto al mar, que es como se había imaginado Shute Manor (Florence Flannery; traducción de Couto)

KecksiesEn las ambientaciones históricas en las que sitúa la mayoría de los relatos del volumen (y que van de los ecos medievalizantes a la Revolución Francesa pasando por el victorianismo de provincias), luce su maestría en la recreación de atmósferas oscuras, cerúleas y plomizas, capaz de invocar lo húmedo y decadente únicamente con la palabra (es más, con unas pocas palabras). Bowen enlaza cada escena, una detrás de otras, con precisión. Y en ese vagabundeo de penumbras  cada detalle es significativo: una peluca empolvada o una mueca de los labios revelan más del personaje y su situación que cualquier retahíla de sonoros epítetos. Su estilo punzante evoca, en el fondo, los terrores de nuestra existencia individual.

Sobre la mesa había dos gruesas velas de cera. ‘¿Para qué son, buena mujer?’, preguntó Crediton. ‘Para el muerto, señor’. ‘¿Tienes muertos en la casa?’ exclamó Sir Nicolas, quien se había inclinado sobre el fuego y se calentaba las manos. ‘¿Qué te traes entre manos teniendo muertos en la casa, maldita?’ ‘No es muerto de mi familia, mi señor’, respondió la mujer con maligna cortesía, ‘sino uno que se refugió aquí y murió’ (Cicuta; traducción de Couto).

No pierdan la oportunidad de leer a Bowen. Si bien podrán encontrar algún que otro cuento de Marjorie Bowen traducido al español, no les costará hacerse con una versión electrónica de muchas de sus obras emblemáticas en inglés (The Viper of Milan, Black Magic, o Curious Happenings, por ejemplo).

En el fondo, dejando a un lado guillotinas, carruajes y castillos medievales, leer a Bowen es leerse a uno mismo. Y eso sí que resulta aterrador.

Bah, estás pensando en mi cargo de obispo. ¡El infierno! Como si yo creyese en el infierno. No hay nada, ni siquiera el infierno, Jack. Uno se va como una vela se apaga; sólo oscuridad, oscuridad, la nada, la nada (El obispo del infierno; traducción de Couto).

Índice de relatos

Florence Flannery

Cicuta (Kecksies)

La vindicación de Ann Leete (The avenging of Ann Leete)

El obispo del infierno (The bishop of hell)

El plato Crown Derby[2] (The Crown Derby plate)

El pelo rubio de Ambrosine (The fair hair of Ambrosine)

La habitación gris (The grey chamber)

El ama de llaves (The housekeeper)

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Bowen, M. The Bishop of Hell and other stories. London: John Lane, The Bodley Head; 1949.

Artículo sobre la vida y obra de Marjorie Bowen por Víctor Jiménez, publicado en la revista Gigamesh, septiembre 2002.

Apuntes biográficos por Jessica Amanda Salmonson en Violet Books.

Biografía y enlaces a algunos de sus textos en litgothic.

Obra descargable a través de Project Gutenberg Australia.

Autobiografía The debate continues.


[1] Recoge cuentos publicados previamente entre 1919 y 1933, a los que se añaden algunos nuevos como el propio “El obispo del infierno” que da título al volumen.

[2] (Royal) Crown Derby alude a la homónima compañía inglesa, dedicada desde mediados del siglo XVIII a la producción de porcelana de alta calidad.

  1. No sé qué me parece más atractivo, los cuentos o la biografía de la escritora. No consigo que se abran los relatos traducidos.

    • Una lectura combinada de su producción literaria y su autobiografía quizás sería la mejor solución. Si hay que elegir entre las dos opciones, sugiero empezar por su ficción.
      En cuanto al link de “relatos traducidos”, enlaza la ficha de la autora en la web Tercera Fundación, donde se citan tres relatos que se han incluido en distintas recopilaciones y revistas. Copio y pego el enlace a continuación:
      http://www.tercerafundacion.net/biblioteca/ver/persona/2863?info=colaboraciones
      Por otro lado, me he topado con el dato de que Ediciones Mensajero tradujo La víbora de Milán en 1972. Quizás se pueda localizar todavía en alguna librería de viejo o biblioteca de barrio.

    • Anabelee
    • 17/07/13

    Me ha intrigado y atraído a partes iguales, así que ya he accedido a la página australiana para leerme The Bishop of Hell.
    Gracias

    • Ángel
    • 20/09/13

    No conozca nada de la autora ni de su obra pero me ha dado la sensación de que ha debido de tener una vida tristísima.

    • Su vida fue azarosa desde la cuna, sí, con un padre alcoholizado, una madre narcisista que la despreciaba, y un primer marido propenso a la gresca, entre otras cosas.

  1. 16/01/15

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