Mirabilia en traducción I: Álvaro Cunqueiro

Cunqueiro con cuncaParece ser, contaba el señor Manuel Suárez de Soutomaior, que el canónigo conocía las lenguas de los demonios, y tenía un oído tan fino que los escuchaba hablar dentro del cuerpo del endemoniado cuando este dormía. Una vez tuvo a su cargo una endemoniada muy rica, una solterona, hija de unos condes, en la que habían entrado cuatro demonios, los cuales, de vez en cuando, dejaban de martirizar a la mujer y se ponían a jugar al tute, alrededor de una mesa que le habían puesto a aquella en los riñones, dispensando. Los demonios se hacían trampas entre ellos, y peleaban entre sí, y tiraban los naipes al suelo, es decir, a cualquier suelo que hubiese en aquellas partes de la mujer. Un día, uno de los demonios tiró las cartas con tanta fuerza, que la endemoniada echó, al mear, el siete de oros y el as de bastos, y como sin esas dos cartas los demonios no podían seguir jugando al subastado, estos salieron del cuerpo de la solterona y fueron a Coímbra a comprar otros naipes, y otro cuerpo humano que estuviese más a mano para seguir jugando (fragmento de “Manuel Suárez”, en Os outros feirantes; traducción de Couto)[1].

os-outros-feirantes-galaxia-1979-galicia-Habrá quien lo compare con Borges por su gusto por los motivos clásicos, literarios y mitológicos, que despliega y refunde en buena parte de sus obras de ficción (Merlín e familia, Si o vello Sinbad volvese ás illas). Pero Cunqueiro (1911-1981) habla sobre todo de lo que ve, de lo que conoce, de lo que sucede por los caminos, en las ferias de ganado, los bosques y las tabernas. El suyo es un fantástico a menudo tremendamente real: quien se haya criado en una aldea del rural gallego reconocerá en los personajes y en las historias narradas por don Álvaro escenas cotidianas, contextos y espacios, actitudes vitales, si no a muchos de sus propios convecinos.

Déjenme ponerles un ejemplo de la veracidad fabulosa a la que recurre Cunqueiro. Cuentan donde me crie que un tal Pedreiro de Calrota, insigne fanfarrón, afirmaba que una vez lo habían destripado y hasta habían colgado sus venerandas entrañas en una de las vigas de su casa mientras él las observaba impasible, rojas y palpitantes, con desapego y hasta con socarrona burla. Cunqueiro, por supuesto, no habla de él, y aun así Pedreiro encaja perfectamente en los casos humanos que el autor retrata con concisión magistral en Escola de menciñeiros, Xente de aquí e de acolá, y Os outros feirantes (volumen que preside mis lecturas presentes, por cierto). De menciñeiros, componedores, santas compañas y muertos que retornan conozco más de una y de dos historias, algunas incluso sucedidas en mi propia familia, pero no será necesario contarlas para que crean lo que les digo: mucho me temo que lo que se ha dado en calificar “realismo mágico” resulta en el caso de Álvaro Cunqueiro simple y cotidiana maravilla que, al ser hábilmente servida en las páginas de un libro, se antoja ficción, especulación, y hecho improbable. Pues no. Resulta que en Galicia suceden estas cosas (cada vez menos, todo hay que decirlo), hay monedas encantadas que se vuelven falsas cada vez que alguien intenta gastarlas, y muertos que vuelan por los aires, y endemoniadas y maldiciones de gitana, y animales que hablan, y gatipedros y tardos y mouras y embrujados de amor. Y también hay retranca, que, más allá de ser humor con flema, se convierte en la forma mínima y en la expresión máxima de un sistema de reflexión filosófica.

Por estas y muchas otras razones, y entre ellas, por ser obra traducida al español, les recomendamos la narrativa breve de Cunqueiro. Hagan de su agosto un paraje de mirabilia.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Cunqueiro, Á. Os outros feirantes. Vigo: Galaxia; 1979.

Cunqueiro, Á. Obras literarias en castellano (2 volúmenes). Madrid: Biblioteca Castro; 2011.

Perfil biográfico de Álvaro Cunqueiro, Instituto Cervantes.

Documentos RNE – El realismo mágico de Álvaro Cunqueiro (13/07/2013).


[1] Texto original: “Parece ser – contaba o señor Manuel Suárez en Soutomaior-, que o cóengo sabía as falas dos demos, e tiña o ouvido tan fino, que os escoitaba falar dentro do corpo do endemoñado, cando este durmía. Unha vez tivo ao seu cárrego unha endemoñada mui rica, unha solteirona, filla duns condes, nas que entraran catro demos, os caes de vez en cando deixaban de martirizar á muller e poñíanse a xogar ao tute, arredor dunha mesa que lle puxeran a aquela nos cadrís, dispensando. Os demos facíanse trampas os uns aos outros, e pelexaban entre si, e tiraban os naipes ao chan, é decir, ao chan que houbese naquelas partes da muller. Un día un dos demos tirou as cartas con tanta forza, que a endemoñada botou, mexando, o sete de ouros e mailo as de bastos, e como sin esas dúas cartas os demos non podían seguir xogando ao subastado, saíron do corpo da solteirona, e foron a Coímbra a mercar outros naipes, e outro corpo humán que estivera máis a man, para seguir xogando”.

    • Paco
    • 10/08/13

    Suscribo todo. Hablar de estas tres colecciones de Cunqueiro me conduciría a una especie de éxtasis hagiográfico…

    Baste logo engadir, coma o raposo de Meira: quén manda en Francia? (sic, “Barcas e o golpe”, Xente de aquí e de acolá)

  1. Cunqueiro e o éxtase: ese tamén podería ser un bo título para esta entrada.

    Gracias, Paco, e boa (re)lectura.

    • Paco
    • 14/08/13

    Si por casualidad no lo conoces, uno de los primeros libros que me fascinó de Cunqueiro fue “Un hombre que se parecía a Orestes”, escrito originalmente en castellano (creo recordar) para algún premio de Destino. Una Hélade poblada de carballos, castiñeiras, suspicacias humanas, pero no demasiado humanas, y por supuesto retranca. Mi ejemplar pereció en algún traslado, pero queda a pegada.

    Gracias a ti por lo mucho que aprendo en este blog.

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