Bernardino Zapponi, Gobal

Aconsejé al editor Mario Monti la publicación de estos relatos de Bernardino Zapponi porque no están ‘a la moda’. El autor es desconocido, no frecuenta literatos, no usa tácticas de política cultural; en resumen, con una típica expresión de la jerga literaria mundana, se podría decir que ‘es un don nadie’ (Prefacio de Goffredo Parise a Gobal; traducción de Couto)

Gobal3El también escritor Goffredo Parise exagera, incluso diciendo la verdad, cuando se refiere a Zapponi como un “don nadie”. Y lo hace, creo entender, para elogiarlo por ese desinterés suyo que lo mantenía alejado de la ansiada dolce vita italiana de los 50 y los 60. Las pocas fotos que retratan a Bernardino nos descubren a un señor serio, que no severo, que bien podría pasar por un tío o un viejo profesor de matemáticas. Y sin embargo, Bernardino Zapponi (1927-2000) fue responsable de los guiones y escenografías de películas como “Il Casanova di Federico Fellini”  o “La città delle donne” (donde, por cierto, también participó en la escenografía Brunello Rondi, el director de “Il demonio”, de la que les hablamos aquí); de “Profondo rosso” de Dario Argento; o de la comedia “La moglie del prete” con la fabulosa pareja formada por la Loren y Mastroianni.

Fellini-mastroianni-loren

Gobal representa una de las escasísimas incursiones del autor en la ficción literaria, y es a día de hoy un libro raro (rarísimo, me atrevería a decir) que lleva descatalogado 40 años en Italia. Es este el mismo libro que cautivó a Fellini, y que contribuiría a cimentar una longeva colaboración entre director y escritor. Y es también la obra de un “don nadie” de imaginación prodigiosa.

Los relatos recogidos en este volumen poseen una evidente cualidad cinematográfica, como si desde su misma génesis estuviesen pensados para ser recreados en la pantalla, aunque esta apreciación, lo admito, puede deberse a cierta sugestión por mi parte. Temáticas recurrentes son los teatros y el mundo del espectáculo, el amor, las relaciones, los recuerdos, siempre tratados desde la perspectiva de lo insólito y lo fantástico.

Teatro

Se alza el telón con “Sander, el actor”, una pieza de ese triste y melancólico humor grandilocuente que uno asocia con Fellini. La historia narra el adiós final de un anciano intérprete que, al remate de su mediocre carrera y habitando en un teatro abandonado – su teatro-, no logra sacudirse de encima la fea costumbre de sobreactuar incluso cuando sólo debe interpretarse a sí mismo. También son historias ambientadas entre bambalinas y pistas de circo “El hermoso cartel del teatro” y “Farkas, el ventrílocuo”, terrorífica la primera, tierna y macabra la segunda. Hay espacio para los muertos que regresan (“Pasando por la avenida Garibaldi”, “En el ambulatorio”); y para los destinos a los que nunca se llega (“Morla”). ¿Y qué decirles de “Gobal”, la isla misteriosa que se materializa en un extraño mapa (y créanme, es un mapa en toda regla con su Gran Bretaña, su Turquía y su China) dibujado por los intricados diseños de las baldosas de casa del Lorenzo protagonista? ¿Qué habrían hecho ustedes sino preparar la maleta y enrolarse en un barco para intentar dar con esa perla oceánica? También hay historias menos redondas (“Tengo la lepra, amor” o “Los chinos”),  pero que no desmerecen el libro, sino que lo refuerzan en su originalidad.

Y ya para poner punto y final a esta reseña que no hace justicia a Zapponi, una nota sobre mi relato favorito: “Hay una voz en mi vida”. Inspirado en el poema homónimo de Giovanni Pascoli, cuenta en primera persona el encuentro de un neurótico con una misteriosa voz que escapa del auricular mutilado de un teléfono inservible. Una voz de mujer que ya no le reconoce…

Hay una voz en mi vida,

Que advierto en el punto que muere;

Voz cansada, voz perdida,

Con el temblor de la palpitación:

Voz de una que acude anhelante,

Que al pobre pecho se aferra

Para decir tantas y tantas cosas,

Pero llena tiene la boca de tierra[1] (fragmento de “Hay una voz en mi vida” de Giovanni Pascoli; traducción de Couto).

Relatos incluidos en el volumen

Sander, el actor (Sander, l’attore)

El tablero de ajedrez (La scacchiera)

Gobal

La carabina

“Hay una voz en mi vida…” (“C’è una voce nella mia vita…”)

Fabrizio

Pasando por la avenida Garbaldi (Passando per corso Garibaldi)

Morla

Los zuecos (Gli zoccoletti)

Reyes y guerreros (Re e guerrieri)

“Tengo la lepra, amor” (“Ho la lebbra, amore”)

Los chinos (I cinesi)

El partido (Il partito)

En el aeropuerto (Nell’aeroporto)

En El ambulatorio (Nell’ambulatorio)

El hermoso cartel del teatro (La bella insegna del teatro)

Farkas, el ventrílocuo (Farkas, il ventriloquo)

El chófer (L’autista)

Algunas notas editoriales y bio-bibliográficas

Zapponi, B. Gobal. Milano: Longanesi; 1967.

Semblanza de Bernardino Zapponi (en italiano).

Bernardino Zapponi en IMDB.


[1] C’è una voce nella mia vita,
che avverto nel punto che muore;
voce stanca, voce smarrita,
col tremito del batticuore:
voce d’una accorsa anelante,
che al povero petto s’afferra
per dir tante cose e poi tante,
ma piena ha la bocca di terra
.

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