Kingsley Amis, El hombre verde

MascaronEscuché un ruido, aunque distante pude reconocerlo: sonaba como el crujido de follaje y de pequeñas ramas hecho por un hombre o un animal grande que se moviese a través de bosques espesos. Al mismo tiempo, un cambio en la iluminación empezó a revelar la parte alta de un pecho, una garganta y un cuello, el extremo de una barbilla leñosa (El hombre verde; traducción de Couto).

The Green Man (1969) es la historia de Maurice Allington, “un hombre con una nueva segunda esposa, una hija adolescente de un primer matrimonio y un padre viejo y decrépito (sin contar una plantilla de nueve personas) con los que tenía que lidiar de muy diversos modos”. Novela sobrenatural de Kingsley Amis (1922-1995), autor inglés presente en el mercado editorial contemporáneo en español con dos de sus novelas humorísticas, “Los viejos demonios” (Lumen, 2011) y “La suerte de Jim” (Destino, 2007), se tradujo en 1971 (o 1972, según la página Tercera Fundación) en la serie Grandes Novelas de la editorial Aymá de Barcelona. Huelga decir, pues, que “El hombre verde” lleva décadas fuera de catálogo.

greenman1Maurice Allington, decíamos. Un hombre de mediana edad, hipocondríaco y alcoholizado, que gestiona una fonda de su propiedad (El Hombre Verde, justamente)  en un frenesí cotidiano incontrolable. Maurice es incapaz de comunicarse, de convivir y compartir cualquier cosa que sea veraz o sincera con su familia. Su percepción de la realidad y sus necesidades predominan sobre las de los restantes personajes. Entre sus pulsiones sexuales y sensuales y el mundo media una barrera insalvable, y siendo ésta como es una novela narrada en primera persona, la voz de Maurice enfatiza la distancia que existe entre él y Todo Lo Demás.

Pero, además, la fonda The Green Man está encantada, dicen, por el fantasma de un tal Thomas Underhill, estudioso, brujo y estuprador que en el siglo XVII ocupó sus estancias llenándolas de espejismos y fantasmagorías. Cuando el padre de Maurice muere repentinamente durante una cena, los fantasmas hasta entonces sólo intuidos, vislumbrados en los salones y junto a las escaleras de la hostería, se vuelven peligrosamente físicos. Maurice, empujado por los vapores del alcohol y por su propia cerrazón, empezará a tirar del hilo. ¿Quién fue Underhill realmente, y qué sucedió en aquella casa tres siglos atrás? El nudo de la novela gira sobre sí mismo un tornado devorador (el propio Maurice, diría, que con la boca abierta engulle a su paso todo lo que encuentra). Encontrarán en sus tripas, pues, libros de magia, notas manuscritas, visitas a la biblioteca de la universidad de Oxford, cementerios, Maurice reconvertido en ladrón de tumbas, el tiempo que se para, cornificaciones y entierros, conversaciones con dios (un dios físico, presente, con la apariencia de un joven apuesto y casi imberbe), y el hombre verde que da título a la novela, criatura fabulosa de follaje y corteza que se aparece en momentos imprevistos (especialmente después de que nuestro protagonista haya ingerido grandes cantidades de alcohol):

Una figura alta e inmensamente ancha avanzaba trastabillando torpemente a lo largo del camino, piernas enormes aparentemente de larguezas distintas que golpeaban con el vigor implacable de una máquina, largos brazos que bombeaban en un imperfecto ritmo sincronizado. Si hubiese sido humano, habría pesado al menos 150 quilos, pero no era humano: estaba hecho de bloques de madera, algunos gruesamente ribeteados de corteza, otros cubiertos con una fina y brillante piel; de fajos de ramas y de cuerdas y masas comprimidas de broza y de hojas secas y podridas (El hombre verde; traducción de Couto).

El núcleo central de la historia en la que, entre vaso y vaso (o jarra y jarra) de whisky, Maurice se lanza a su particular investigación sobrenatural, es de lo mejor de la novela. Tampoco faltan momentos de una cierta patética hilaridad. Tras su charla metafísica, dios le regala un crucifijo renacentista de factura italiana en perfectas condiciones que a Maurice se le escapa de las manos, colándose entre las tablas del suelo. Esto hará que nuestro borrachuzo se remangue la camisa y se ponga manos a la obra para levantar el pavimento del salón y recuperar el valioso tesoro. ¿Ve Maurice lo que ve, o son los delirios de un pobre borracho demasiado alterado por la muerte imprevista de su padre?

AmisAmis y la botella: amigos inseparables.

“El hombre verde” se ha descrito como una novela “intragenérica”, puesto que combina costumbrismo, humorismo y género fantástico, cuando no terror, pero quizás sea eso, la amalgama de tonos narrativos, lo que ha impedido el disfrute pleno que esta obra prometía. Ojo, es impresión personal y otros lectores y lectoras les confirmarán lo contrario. Ese núcleo de la novela, centrado en la investigación histórico-ocultista del personaje de Underhill, aparece incrustado entre un inicio del libro de plena normalidad (un negocio que atender, un divorcio a las espaldas, una hija adolescente alienada, un entierro), y un final de ruptura (con la segunda mujer) y reconciliación (con la progenie). Quién sabe, quizás los finales redondos resulten imposibles; quizás en la vida real la aventura y el misterio se reduzcan al final a eso, a un caldo de emoción, alcohol, y deseo frustrado.

The Green Man fue adaptada para la televisión británica en 1990.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Amis, Kingsley. The Green Man. London: Vintage Classics; 2004 [1ª ed. 1969].

Perfil biográfico de Kingsley Amis en Wikipedia.

Amis, el gran bebedor.

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