El lugar en que nació el gótico: Strawberry Hill House

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Sería lógico atribuir el nacimiento de la literatura gótica a la primera novela publicada bajo las premisas estilísticas y de contenido del movimiento, ya sabes, misterios, ruinas de antaño, eventos truculentos y maldiciones familiares que se combinan sobre la página en un marco tejido entre la fantasía medieval y la novela moderna. Pero ¿te sorprendería descubrir que los cimientos de la literatura gótica se asientan sobre la arquitectura y, más concretamente, sobre las ventanas apuntadas y los pináculos de una casa muy especial que todavía hoy puede admirarse en la localidad londinense de Twickenham?

Estoy hablando de Strawberry Hill, la casa que Horace Walpole compró y remodeló por completo a lo largo de los años hasta convertirla en el palacete gótico de sus sueños, la mansión que inspiró la novela El castillo de Otranto (1764), y que hoy se considera la piedra fundacional de la literatura gótica. Pero antes de meterme en harina, permíteme que desvaríe como la anciana que soy, y te cuente con pelos y señales mi aventura particular.

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Horace Walpole, un señor antiguo y singular.

Cómo conocí Strawberry Hill

En el verano de 2013 se dieron varias circunstancias coincidentes que me llevarían al lugar exacto en el que todo empezó. Por entonces me encontraba en Londres y mi amiga Janet, que conoce mi gusto por el terror y lo macabro, me invitó a una pequeña excursión. Me dijo que su amiga Katie trabajaba como voluntaria en Strawberry Hill House, la que había sido casa de Horace Walpole, y que podíamos aprovechar el día para visitar el lugar. No tardé nada en aceptar la propuesta. Nos montamos en su coche (no recuerdo si Janet aún conducía su Honda azul), que salió disparado cortando el tráfico de Londres a todo trapo.

Llegados a este punto me veo en la obligación de hacer un inciso: mi amiga Janet supera ya los 70 años, y es una viajera empedernida que lo mismo atraviesa los Estados Unidos en coche como se va a esquiar a las montañas suizas. Teje alfombras con un telar manual que ha instalado en su casa y arregla relojes antiguos. También la podéis encontrar de vez en cuando en la sala de estudio del Museo Británico leyendo tablillas sumerias. La reconoceréis por su andar estrambótico y por arrastrar tras de sí una maleta con ruedas en la que lleva el portátil. Ojalá cuando sea anciana (y me falta poco) tenga tanta energía como ella.

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Come inside, little one.

Retomo el hilo. Recuerda, volvemos a estar en Londres. Después de conducir su coche como la protagonista de una peli de acción americana, llegamos a nuestro destino. Janet aparcó el bólido y yo, lo admito, suspiré aliviada, contenta de haber sobrevivido a la aventura. Allí estaba Strawberry Hill, un falso castillo muy blanco con sus torretas, sus pináculos y sus ventanas apuntadas en medio de un prado esmeralda.

El Támesis discurría muy cerca. Era un día soleado y Katie nos esperaba fuera, lista para hacernos de cicerone durante la visita. Nos recibió la entrada y la escalera principal, cuajada de ojivas pintadas y arcos apuntados, de rosetas y blasones que florecían bajo la mirada taciturna de una enorme lámpara de hierro que, en origen, debía recibir a los visitantes de Strawberry Hill con sombras y la sospecha de un fantasma acechando.

Seguimos saltando de sala en sala.  El refectorio, con sus cuadrículas de vidrio pintado. La galería damascada en rojo sangre con esa abundancia de pan de oro en los techos palmeados, y los retratos de muertos venerables puestos sobre dorado bajo los yesos picudos que sintetizan de golpe todo lo gótico. Me pareció bello, original y emocionante, pero los espacios se presentaban demasiado desnudos. ¿Dónde estaban los muebles, los bustos, el escritorio del anfitrión, todos esos pequeños objetos que hacen de la vida cotidiana un rosario hilado de tintineos?

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Ah, por ahí, dispersos entre el Victoria & Albert Museum y colecciones privadas y quién sabe dónde más. Porque, con la muerte de Walpole y el cambio de manos de su patrimonio, inicia la dispersión de la colección y el desmantelamiento de los elementos de revival neogótico, un proceso de disolución que culminará con la mega subasta de 1842. Pero no todo está perdido: todavía podemos avalarnos de otros instrumentos para evocar con el ojo de la imaginación el fantasma de la casa original. ¿Cómo? Pues con una máquina del tiempo en forma de libro que encontré en un mercadillo durante el difunto 2018.

No tienes ni idea de lo que es el gótico. Has vivido demasiado tiempo en Italia, en medio del verdadero buen gusto, para poder entender un barbarismo venerable (fragmento de una carta que Horace Walpole escribió a Horace Mann).

Strawberry Hill: la guía a la colección de Horace Walpole escrita por él mismo

Mi máquina del tiempo es un libro que se titula Strawberry Hill[1], y que la editorial Sellerio publicó en traducción italiana en 1990. Se trata de un volumen que el propio Walpole escribió en 1774 a modo de guía para los visitantes selectos que visitaban las estancias de la casa. En él, nuestro querido Horacio describe los orígenes de la casa para pasar a continuación a elaborar largas listas descriptivas con los objetos que pueblan cada rincón.

First things first, como diría nuestro anfitrión. Walpole compró la propiedad en 1748, cuando todavía era una casa modesta que, hasta entonces, había operado como pensión. En ella pensaba crear un lugar que respondiese a sus propias fantasías historicistas y fantásticas así que, bebiendo directamente del pasado y sus objetos, Horace Walpole materializa en Strawberry Hill su propia ensoñación estética.

El proceso de “goticización” de la casa dio comienzo en 1749 y se dilató en el tiempo (¡40 años de obras!). Hay mucho que reconstruir, ampliar y modificar para que el resultado final responda a las fantasías fantasmagóricas de su propietario. Era, además, una casa que crecía y se transformaba con la adquisición fortuita de nuevas piezas: en el prefacio que escribe para la edición italiana, Giovanni Franci supone que Walpole habría incorporado elementos constructivos y ornamentales a su palacete a medida que los hubiese descubierto, dejándose inspirar por ellos así, a lo loco.

¿Cuál es el resultado de semejante acto de creación imaginativa? Pues una hibridación que permite mezclar objetos históricos y materiales arqueológicos con el cartón-piedra y el yeso pintado. Un bajorrelieve llegado directamente de Italia puede compartir ambiente con un candelabro decorado con escritura gótica procedente de un altar de iglesia y unas sillas falsamente medievales diseñadas por Richard Bentley, amigo de Walpole y responsable de muchas de sus creaciones.

El motto de Walpole era que la copia mejora el original y es que, copiando, puede obtenerse el falso perfecto. Todo vale en este juego creativo. ¿El programa decorativo de Westminster Abbey? ¿La tumba de cierto rey fallecido siglos atrás? ¡Estupendo! Nos servirá para crear las estanterías de la librería, para decorar las jambas de la chimenea o para diseñar un marco de espejo.

Pero la colección de Strawberry Hill, ahora dispersa, guarda a mi parecer una relación con la literatura gótica que va más allá de lo estético. Y esto no solo por el hecho de que la mansión albergase la sede de la también walpoliana Strawberry Hill Press que editaría The Castle of Otranto, sino también por el papel que los objetos de colección y las piezas históricas dispuestas entre los muros de la casa pudieron tener en la forja del género y su imaginario.

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El papel de los objetos en el nacimiento de la literatura gótica

Vaya por delante que lo que sigue es pura especulación, y que lo que ahora expondré es un amasijo de ideas surgidas a raíz de la lectura de Strawberry Hill. Aquí no hay ninguna investigación sesuda, al contrario, solo soy yo hablando de ocurrencias lectoras mientras me tomo un café.

Lo cierto es que, mientras leía las listas de objetos de porcelana, retratos, miniaturas y vidrios pintados de cada una de las habitaciones de la casa, alguna minucia, un dato o una referencia de pasada me arrastraba hacia los tópicos fundamentales del género gótico. Cierto, todo en los elementos arquitectónicos y decorativos de Strawberry Hill nos remiten al pasado medieval (o moderno temprano) que serán adoptados para ambientar los eventos trágicos de las novelas, pero los objetos, las pequeñas cosas, parecían guardar en sí mismos la esencia de todo lo gótico. Pongo ejemplos.

  • La telaraña de retratos de nobles difuntos y de antepasados que, desde el interior de los marcos polvorientos observan y siguen influenciando con su presencia las vidas de sus vástagos en Strawberry Hill, ¿eso no es gótico?
  • El peso que tienen la genealogía y el reconocimiento de pertenencia a un grupo social y familiar tanto en Strawberry Hill como en los argumentos tópicos del género (¿cuántos secretos y pecados cometidos en el seno familiar constituyen el pistoletazo de salida de la novela gótica? ¿Cuántas tramas se basan en la desaparición y aparición repentina, varios capítulos más allá, de un primogénito, un marido o un tío que se creía muerto?), ¿eso no es gótico?
  • En ocasiones, Walpole dedica algunas líneas a ciertos objetos que disparan en su recuerdo hechos luctuosos, dramáticos o simplemente curiosos. Hechos que en algunas ocasiones se acercan peligrosamente a los eventos clave de novelas como El monje, Zofloya o Los misterios de Udolpho. Es el caso de la señorita Trevor, damisela de la reina Catalina Enriqueta de Portugal, que:

Habiendo descubierto al duque de Monmouth en la cama con otra dama, y habiendo divulgado la noticia, fue seducida por el señor Thynne por mandato del duque. Pero el señor Thynne fue asesinado antes de conseguir llevarse a la cama a lady Ogle.

¿Acaso no hay una conexión directa entre estas anécdotas y las historias góticas?

  • Walpole cita también un retrato de Cristina de Suecia presente en su colección, haciendo mención expresa de que la reina se vestía unas veces de hombre y otras de mujer. ¿No es el disfraz y el cambio de identidad el as en la manga del folletín y lo gótico?
  • La presencia de objetos traídos del continente y el gusto especial que sienten por el arte italiano y mediterráneo en general. Ay, el Mediterráneo, lugar de belleza, lujuria y transgresión: que se lo digan a todas las Antonias, Victorias y Ambrosios del mundo, a esos personajes que sufren en sus carnes dramas sin fin en las iglesias y los castillos de Nápoles, Venecia y Madrid. ¿No son el exotismo y la figura del Otro dos elementos frecuentes en la literatura gótica.

En fin, me parece que estos objetos que un día poblaron los ángulos de Strawberry Hill encierran en sus límites muchos de los elementos constituyentes de la literatura gótica. Todos ellos, los reales y los imaginados, al tener que compartir espacio con el ingenio creativo de Walpole acabaron por forjar algo nuevo. Que no digo que no existan razones de mayor peso que expliquen el nacimiento y desarrollo del género (las hay, seguro), pero me gusta pensar en las historias que cada objeto lleva consigo arrejuntándose en la oscuridad de la estancia para luego infectar con su aura híbrida las elucubraciones de Horace.

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Strawberry Hill está abierta al público y en camino de ser restaurada en su totalidad. Si, además, estás planeando un viaje a Londres durante las próximas semanas, te recomiendo que no dejes escapar el evento: hasta el 24 de febrero de 2019 puede visitarse la exposición “Lost treasures of Strawberry Hill, que recoge bajo el techo original del que surgió el “gothic revival” muchos de los objetos de la colección de Horace Walpole. Yo, me temo, tendré que conformarme con lo que la guía Strawberry Hill cuenta.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Walpole, H. A Description of the Villa of Horace Walpole. Strawberry Hill: Thomas Kirgate, 1774. Editada en italiano en 1990 bajo el título de Strawberry Hill.

Página oficial de Strawberry Hill House.

En este vídeo puedes ver cómo luce actualmente la casa de Strawberry Hill.

Catálogo de la subasta en la que se vendió el grueso de la colección de Horace Walpole (1842).

Para saber más sobre la literatura gótica, puedes escuchar el programa nº 18 de Todo Tranquilo en Dunwich, “Heroínas góticas y científicos locos”.


[1] El título original de la obra es A description of the villa of Horace Walpole, youngest son of Sir Robert Walpole earl of Orford, at Strawberry-hill, near Twickenham. With an inventory of the furniture, pictures, curiosities, etc.


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6 comentarios

  1. La reconstrucción de la casa al estilo personalísimo de su propietario me ha recordado al libro A contrapelo de Huysmans en cuanto al resto,me quedo sin palabras,la pasión que transmiten las tuyas me impide decir nada.

    • Mil gracias por tu comentario, Angeluco22. Aunque tengo la novela “A contrapelo”, todavía no la he leído. Eso sí, he ido corriendo a la estantería, he rescatado el volumen y ya me he encargado de añadirlo a la pila.

  2. Gracias por el artículo. El tempo no me ha sido propicio y la descubierta de la casa de mr. Walpole por tu artículo me ha llegado justo un par de semanas después de volver de Londres, porque si no, hubiese hecho todo lo posible por visitarla.

    • ¡Ay, qué pena, Maese! Con lo maravilloso que hubiese sido ver in situ algunas de las piezas emblemáticas de la colección. En fin, paciencia y ojalá puedas pasarte por Strawberry Hill la próxima vez que visites la ciudad. ¡Un saludo!

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