Cristina Cattaneo y los muertos sin nombre en la ciencia forense

Cattaneo Morti

El proceso del morir sigue siendo una fuente de misterio, y no, no me refiero a lo que sucede más allá de las puertas de la muerte ni en la boca del infierno. A este lado de la aventura el deceso trágico es una constante, tan habitual como los días de lluvia. La muerte, sin embargo, es doblemente trágica cuando desconocemos la identidad del muerto. Son esas historias de los difuntos anónimos las que la forense italiana Cristina Cattaneo explora en Muertos sin nombre, un libro de divulgación condensado y triste que me ha dejado temblando.

El drama del muerto anónimo

Recuerda (…), siempre hay que hacer el inventario de lo que le falta al muerto. Un fragmento no puede haber simplemente desaparecido: tiene que estar en alguna parte.

Cuenta Cattaneo que, de los muertos que llegan al departamento forense sin identificar, al menos un 30% será enterrado en el anonimato. Y esto no es un fenómeno exclusivamente italiano: la tendencia europea parece apuntar a cifras similares. Esto significa que muchos muertos no serán devueltos a sus familias ni a sus amigos, no habrá despedida ni ritos fúnebres más allá de aquellos que los técnicos del instituto forense y las instituciones puedan (o quieran) dispensarles.

Contra ese olvido se enfrenta cotidianamente el LABANOF, el Laboratorio di Antropologia e Odontologia Forense de la Universidad de Milán que la propia Cattaneo dirige. Con sus investigaciones desarrolladas mano a mano con la policía criminal y la administración pública, el LABANOF busca restituir a los muertos su identidad. Y esto no solo por la importancia que tiene dar un nombre al difunto en la resolución de casos de la crónica negra, sino por la exigencia moral de poder cerrar el círculo de la vida: sin nombre, dice Cattaneo, es como si esas personas nunca hubieran existido.

En esa lucha contra el olvido, Cristina Cattaneo comparte sus experiencias de campo en este Muertos sin nombre que, asumiendo casi la forma de un diario, combina, como todos hacemos en nuestras vidas, la dureza violenta con la ligereza de una sonrisa.

Sklokev B. murió carbonizado muy lejos de su Bulgaria natal. Restos humanos sin nombre, repuestos y guardados en cajas como viejos recuerdos de familia, fueron indagados una y otra vez a la búsqueda de la clave oculta que permitiese resolver el misterio. A Viola la enterraron en un bosque en el que permaneció oculta durante años sin que nadie la reclamase. Las 118 víctimas del desastre aéreo de Linate esperaron a que les fuese devuelta la identidad. Y así, capítulo a capítulo y entre el interés y la angustia, aprendemos un poco más sobre las ciencias de la muerte y la necesaria humanidad que las acompaña.

Desconocida Senna
La desconocida del Sena.

Resulta especialmente duro enfrentarse a aquellos casos en los que los muertos son bebés tirados a la basura o asesinados en ajustes de cuentas y violencias no escritas. Los forenses consiguen en estos casos reconstruir con fidelidad el proceso de agonía y muerte, pero su ciencia les sirve únicamente para eso, para ahondar la brecha que separa el buen morir del morir inmundo. Ningún avance científico del mundo podrá conseguir girar la manivela del tiempo para devolver al muerto a la vida, ni mucho menos para evitar las circunstancias fatales que lo llevaron a una muerte terrible.

Triste, desasosegante y, por fortuna, con un punto de luz al final del túnel, Muertos sin nombre testimonia una violencia cotidiana de la que solemos permanecer ignaros. Por fortuna, si hay quien dispara, acuchilla, asfixia y mutila, quien oculta a los muertos y los priva de nombre, también hay quien busca, excava e investiga para devolverles, al menos, el recuerdo póstumo de una vida.

LABANOF: muerte y esperanza

No me gustaría cerrar el texto sin hablar un poco más del LABANOF, el centro en el que Cristina Cattaneo lleva décadas trabajando como antropóloga forense. Haciendo gala del “arte di arrangiarsi”, que es el medio de supervivencia básico para cualquier persona que viva en Italia, este instituto forense trabaja para mitigar los efectos desastrosos de la muerte y la crueldad. Imagino que hace falta estómago, paciencia y una cierta distancia que seguramente se consigue solo con los años. Y, al tiempo, se debe disponer de empatía, voluntad colaborativa y camaradería. Ser antropólogo o biólogo o técnico en el LABANOF no puede ser fácil.

Emile Friant La Douleur 1898 Cuerpos sin nombre
Emile Friant, “El dolor” (1898).

¿Qué ha conseguido el centro en estos años? A través del proyecto “Cadáveres sin nombre”, que permite la publicación en abierto de información de cuerpos sin identificar, el LABANOF ha logrado superar las barreras impuestas por la administración territorial. Por el modo en el que funciona la burocracia, con frecuencia resulta imposible cruzar y contrastar datos almacenados en los archivos de ciudades y provincias distintas, y lo que en ocasiones podría ser resuelto en poco tiempo, termina sin solución. Con la creación de una base de datos pública y nacional han logrado solventar casos que parecían abocados al fracaso.

El LABANOF también ha jugado un papel clave en el adiestramiento de perros en la búsqueda de cadáveres, algo que, en su momento, era ajeno a las prácticas de investigación policial en Italia. Los especialistas del centro han ayudado, además, en la identificación de criminales (esta vez, vivos) a partir de imágenes de cámaras de vigilancia y fotografías; han colaborado en la recuperación e identificación de los migrantes muertos en el mar, así como en el reconocimiento de maltratadores.

No creo que haya manera de ponerle remedio a lo que el género humano es ni mucho menos a lo que hace, pero sí creo (tonta que es una) que las pequeñas luchas pueden arrojar algo de luz a esta existencia oscura.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

CATTANEO, C. Morti senza nome. Una patologa forense racconta. Milán: Mondadori, 2005.

Página oficial del LABANOF.


Cuerpos_cover¿Te ha gustado esta entrada? Entonces quizás te interese mi libro Cuerpos. Las otras vidas del cadáver, en el que hablo de formas del morir, de vampiros, verdugos y cultura funeraria.


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6 comentarios

  1. It seems a sad reminder that our time here is brief, and we are indeed no more than pebbles on the beach…I think it is why we are so driven to create art and writing and architecture…. we want to leave a mark so that someone will know we once were here…

  2. Mimá… tal e como me atopo agora dubido moito que puidese cunha lectura semellante. Pero apunto este título, vaia que sí!

  3. Aunque la dama oscura, con su afilada guadaña, inexorablemente nos conduce a todos a la misma morada, no nos iguala sin embargo en la forma de llegar a su mansión. Y es que el horror remite en muchos casos no a la muerte, sino al Hades de la propia existencia, cómo se ha vivido y cómo abandonamos estos lares. Por eso, más allá del misterio biológico y metafísico que supone el desaparecer, está la desazón de esas vidas desconocidas, esos cuerpos descompuestos y anónimos, en los que se sospechan extrañas -únicas- historias que se han perdido para siempre… Un tema inquietante, que siempre me retrae a un impresionante documental emitido por TV2 en el año 1991, premio especial del jurado Ondas-1991 y nominado a los Premios Emmy. “El caso 112”, historia de una mendiga sin identidad hallada muerta en el metro de Madrid… adjunto el enlace.

    http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-caso-112/645093/

  4. ¡Qué necesario es poder poner el cartel de “fin” a nuestra historia, Adparnasum! Muchas gracias por compartir el enlace al documental “El caso 112”, no lo conocía. Lo veré en breve. ¡Un abrazo!

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