Monstruos en mi cabeza: ideas para escribir historias de terror

Confiésalo: alguna vez te has preguntado de dónde ha sacado tal o cual escritor esa idea tan retorcida para su cuento o su novela de terror. Al pobre Stephen King se lo preguntan cada día desde hace 40 años.

Cuenta Jack Ketchum que el argumento de su novela La chica de al lado le llegó durante la lectura del ensayo sobre criminales y asesinos en serie Bloodletters and Badmen de Jay Robert Nash. El perfil y crueldad inaudita de Gertrude Baniszewski le inspirarían a crear el personaje de Ruth.

Stephen King, por su parte, usó su propia experiencia como padre de familia (y ser humano sin más) para crear la célebre Cementerio de animales. Esa carretera peligrosa de la novela por la que circulan vehículos pesados a gran velocidad es la misma carretera que se encontró King cuando se trasladó con su familia para pasar un año como residente en la Universidad de Maine. Y no solo eso. La pequeña Ellie y su gato Church están construidos sobre los mimbres de la hija de King y el felino familiar.

Las historias nacen siempre de los lugares y las vivencias más inesperadas. Y, aunque yo no sea ni Ketchum ni King, también tengo mi pozo, más modesto y menos profundo, del que voy sacando temas para mis desvaríos ensayísticos y de ficción.

Así que este artículo va justamente de eso. Husmearemos en los secretos propios y ajenos de los que nacen las historias de miedo. ¿Te vienes conmigo?

Magia y antigüedad, piedras mágicas, úteros y animales, historias de terror
Gema mágica con representación uterina. BM 1986,0501.31 (Museo Británico, Londres).

Todo nació en Twitter

Hace poco hablaba en un hilo de twitter[1] sobre la génesis de mi cuento “El animal”, en el que intenté crear un clima desasosegante sin llegar a entrar de pleno en los terrenos del terror puro.

Esto es lo que conté.

  • El relato “El animal” nació a partir de un congreso sobre la construcción cultural del útero que coorganicé en 2013. Me pasé varios meses con lecturas intensivas sobre el tema (fueron muchas).
  • La idea para el cuento procede de una teoría fisiológica hipocrática que sostiene que el útero es como un animal que se mueve dentro del cuerpo de la mujer.
  • La matriz precisa de humedad, la busca. Su ausencia podía hacer que se trasladase desde las regiones inferiores del cuerpo hasta las partes altas del mismo, llegando incluso a presionar los pulmones y a provocar sofocación. La histeria se relaciona directamente con esto.
  • Los galenos de la antigüedad prescribían el matrimonio como remedio infalible para tratar los casos de histeria. El matrimonio aseguraba la práctica del sexo; el sexo, la irrigación del útero; y la humedad placaba las ansias vagantes de la matriz. Por eso “El animal” comienza con esta cita:
  • Algunas veces, el útero se ahoga; otras, se mueve claramente hacia arriba, lo que provoca trastornos en el estómago y la disminución del apetito por el debilitamiento del corazón. De vez en cuando, las mujeres sufren de síncope y el pulso se debilita hasta casi dejar de percibirse. Por el mismo motivo, otras veces la mujer se encoje hasta que la cabeza se le une con las rodillas y queda privada tanto de la vista como de la palabra, la nariz se tuerce los labios se contraen, rechina los dientes y el pecho se alza hacia arriba más de lo normal (…). Esto sucede a las mujeres porque en ellas abunda un esperma demasiado alterado que se transforma en sustancia venenosa”.
  • Así que “El animal” intenta explorar desde la ficción esta teoría. ¿Y si el útero fuese en verdad un animal? ¿Y si ese animal pudiese desplazarse tanto dentro como fuera del cuerpo?

Aquí hay algo que no cuadra. La idea surgió en el 2013, pero el relato no se publicó hasta el 2019. ¿6 años para escribir un relato? Pues no. En aquel lejano 2013 apunté el fragmento de texto con el que se abre “El animal” y ya. Solo en el 2018 retomé la idea y me puse a trabajar en ella.

Y esto me lleva al siguiente punto, que es…

H. P. Lovecraft, notas para historias de terror
El cuaderno de H. P.

Apunta tus ideas terroríficas, o de cómo un cuaderno puede ser tu mejor amigo

Lo llamaremos “cuaderno”, aunque solo fuese un amasijo de papeles doblados lo que H. P. Lovecraft llevaba en el bolsillo. En esas cuartillas sueltas ahora conservadas en la John Hay Library de Providence, y que un jovencísimo Barlow se habría encargado de pasar a máquina, el maestro de Providence anotó sus ideas para historias entre 1919 y 1934. Más de 200 entradas entre las que se encuentra, por ejemplo, el germen de “La llamada de Cthulhu”.

Hombre visita museo de la antigüedad, pregunta si aceptarían un bajorrelieve que realizó hace poco; el curador, viejo y sabio, sonríe y dice que no puede aceptar nada tan moderno. El hombre le dice que “los sueños son más antiguos que el caviloso Egipto, la Esfinge contemplativa o la Babilonia rodeada de jardines”, y que ha ejecutado su escultura mientras soñaba. El curador le pide que le enseñe su creación y cuando el escultor lo hace, el curador se espanta y le pregunta de quién se trata. El hombre le dice su nombre moderno. “No, antes de eso”, dice el curador. El hombre solo lo recuerda en sus sueños. Entonces el curador le ofrece una cifra altísima, pero el hombre teme que el curador quiera destruir la escultura. Pide una cantidad fabulosa, el curador preguntará a sus superiores. Añade un buen desarrollo y describe la naturaleza del bajorrelieve. [Cthulhu]

(Claro que otras anotaciones de Lovecraft son de una brevedad desarmante, como el apunte 14: “Ruido horrible en la oscuridad”. ¡Pero si su producción narrativa está repleta de ruidos horribles en la más profunda de las tinieblas!).

H. P. Lovecraft, notas de terror
Las notas de Lovecraft para “En las montañas de la locura”.

Yo también tengo un cuaderno en el que anoto las cosas que se me ocurren. En alternativa, creo documentos de Word con las ideas o pasajes que me parecen interesantes. Mi cuaderno de ideas es discreto, con pastas verdes y del tamaño de un pasaporte.

Luego están el cuaderno de Todo Tranquilo en Dunwich, el cuaderno con ideas para artículos y posts, las libretas multiuso en las que lo mismo hago la lista de la compra que garabateo el título de un libro para que no se me olvide… Lo importante es poner esa idea por escrito. No te fíes solo de tu memoria: ten por seguro que esta, tarde o temprano, fallará.

¿A qué le tienes miedo? Tus temores están de tu parte

“Escribe sobre lo que conoces”, te aseguran los escritores, literatos y expertos en escritura creativa, y tú tiemblas porque consideras que en una vida aparentemente común y corriente encontrarás poco material para tus historias.

¿Qué quieres que te diga? El género humano no tiene nada de común y corriente. A mí me basta bajar las escaleras del edificio en el que vivo para empezar a darme de morros con situaciones peculiares y personajes de lo más extraño.

Puede ser una frase escuchada de pasada, una señora que barre el portal en bata y pantuflas, un juguete olvidado en el banco del parque. Puede bastar mirarme en un espejo (y deberías saber ya que no me gustan los espejos).

Lo importante es que anotes todo lo que te llame la atención, te horrorice o maraville. Quizás ese material no te sirva de nada o quizás en medio de ese amasijo de anotaciones pintorescas acabes por encontrar justo lo que necesitas. Además, las ideas, cuando comparten página, acaban amalgamándose y creando híbridos de lo más interesante.

Una selección de mis cuadernos.

Hace un par de años gané un concurso organizado por la librería Aira das Letras. Presenté un texto hiperbreve en gallego titulado “Monstros pequenos”. Está basado en una conversación que mantuve con mi hijo y que despertó un miedo compartido por padres y madres, latente la mayoría del tiempo y muy activo en ocasiones puntuales: el miedo a la muerte del propio hijo, a ese segundo estúpido en el que miras hacia otro lado y ¡puf!, se lo lleva la ventana abierta, o la lejía, o esa estantería que hoy mismo juraste fijarías a la pared.

Es el mismo miedo del que nació la novela Arañas de Marte de Guillem López (claro que Guillem le sacó a la historia más partido y encima publicó con Valdemar), según reconocía en este vídeo de presentación.

¿Qué te da miedo? ¿Los insectos? ¿Las personas que conducen borrachas? ¿O quizás perder la memoria? Tirar del hilo de tus inquietudes siempre es una estrategia que da buenos resultados.

Acabamos, que hay que acabar

Lovecraft echaba mano a menudo de sus sueños para empezar a trabajar sus historias, como también lo hacía la propia Tanith Lee. Lee afirmó en esta entrevista que solía empezar a escribir sus novelas a partir de una atmósfera, una sensación o un personaje que se le presentaba con claridad de carne y hueso. Los sueños y los vaticinios lanzados por una médium también están detrás de algunas de sus obras.

Así que, ya sabes, en tu cabeza habitan todos los monstruos posibles. Solo tienes que dejarles salir.


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[1] En twitter soy @enlalistanegra.

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4 comentarios

  1. Es muy curioso éso que comentas “Los galenos de la antigüedad prescribían el matrimonio como remedio infalible para tratar los casos de histeria”,si no estuviera razonado pensaría que es pura especulación o forma de dominación o superstición prehistórica.
    A mi lo que me da miedo es dejar las cosas empezadas.Nuestra vida es un cúmulo de cosas,un libro que nos han prestado,un curso que estamos haciendo,un ciclo de cine que estamos siguiendo,un libro que estamos leyendo,un plan que tenemos pensado hacer el año que viene o el siguiente o el siguiente………mi único miedo es no poder terminar lo que está empezado,no poder devolver ese libro prestado,no poder terminar ese curso,ni ése ciclo de cine,ni ese libro,ni poder realizar ese plan previsto para el año que viene o el siguiente o el siguiente……..

    • Creo que, en general, terminar los que se empieza es una buena filosofía, angeluco22. A mí me pasa, sobre todo, con proyectos de trabajo o tinglados como este blog. A medida que pasan los años, sin embargo, estoy aprendiendo a dejar algunas cosas a medias, como libros que no me motivan o pelis que me parecen espantosas o, peor, mediocres. Unas veces me reconcome el remordimiento, lo reconozco, pero otras me siento de lo más liberada.

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