Introducción al ensayo bizarro

¿Ensayo bizarro? ¿Y eso qué es? Me acabo de inventar la etiqueta y no estoy segura de que defina con precisión esto que me ronda la cabeza desde hace meses. O años, si he de ser sincera, porque me he dado cuenta de que llevo lustros leyendo y escribiendo “ensayo de lo extraño” sin (casi) ser consciente de ello.

Pero, oye, no te vayas. Quédate conmigo hasta el final y te explicaré de qué va esta aventura.

Empecemos por…

El bizarro

Si sigues el mundillo de la literatura de terror, la ciencia-ficción y el fantástico en general, es muy probable que sepas de la existencia del llamado género bizarro. Editoriales como Orciny Press en España y Bizarro Central, Bizarro Pulp Press, Eraserhead y otras en Estados Unidos llevan años publicando obras de ficción que se encuadran dentro de esta etiqueta.

Dice Rosa O’Keefe que:

El bizarro no es realmente un género nuevo. Durante décadas, la gente ha ido a librerías y videoclubs buscando el rollo raro. Para ellos, el “rollo raro” es un género, como el terror o la ciencia-ficción, pero nunca se le quiso dar un nombre oficial. Hasta ahora (Rosa O’Keefe, 2 de octubre de 2005 en Bizarro FAQs de Mondo Bizarro).

El bizarro como género de ficción nace a modo de reconocimiento consciente e intencional de la categoría de lo raro, lo sorprendente y lo provocador. Es absurdo e hilarante y, a menudo, también crítico. Eh, y cuenta hasta con un artículo de Wikipedia que puedes leer aquí.

 Ensayo bizarro domadora de serpientes

De bizarría y extrañeza ya estaban dotadas multitud de obras del decadentismo europeo e incluso anteriores. Piensa en novelas como Rabia carnal, de Jean-François Elslander o El forastero misterioso, de Mark Twain; Corazón de perro, de Mikhail Bulgakov o incluso “La nariz”, de Nikolai Gogol.

Y si nos movemos hacia el presente contemporáneo, antes de la aparición de la primera editorial de bizarro, las novelas de quiosco de la segunda mitad del siglo XX nos regalaron tramas de evidente bizarría como The Little People, de John Christopher, en la que los Gestapochauns (duendecillos irlandeses nazis y psicópatas a los que les va el sadomasoquismo) se apropian de la pensión recién abierta por una joven empresaria a la que le hacen la vida imposible.

(Y no, no me lo estoy inventando: The Little People existe y puedes leer más detalles sobre ella y el encuentro proverbial que Grady Hendrix tuvo con ella en el fantabuloso Paperbacks from Hell).

“Pero el ensayo no es ficción, ¿no?”, me dirás. ¿Puede funcionar la etiqueta del bizarro en campos como la historia cultural o la filosofía? Y, además, ¿por qué “bizarro” en lugar de “raro” o “chungo” o…?

¿Por qué lo llamo bizarro?

Con “ensayo bizarro” me refiero a aquellas obras de investigación, divulgación y, en general, no ficción que ahondan en temáticas inusuales y sorprendentes, y que producen maravilla y estupor en quien las lee. A mayores, el ensayo bizarro tiene un valor subjetivo independiente del formato elegido para su expresión. Puede aplicarse a una crónica de crimen real escrita en primera persona, un estudio académico sobre la creencia en las maldiciones egipcias durante la época victoriana o una exploración del vampirismo.

Todos ellos son textos que nos adentran en las regiones de lo extraño.

Cuando Mark Fisher habla de la noción de extraño (“weird”) en su libro The Weird and the Eerie, lo define como un espacio externo, fuera de la experiencia cotidiana y ajeno a las convenciones del espacio y el tiempo, que existe al margen de la percepción, la cognición y la experiencia común. Aunque para mí la extrañeza que el ensayo bizarro transmite es bien palpable y real, creo entender lo que Fisher sugiere.

La perplejidad que producen estos temas y su naturaleza inusual dejan entrever algo de una hondura negrísima: una sensación de desplazamiento, de tierra que se derrite bajos nuestros pies, de pérdida de contacto con esta supuesta realidad única y monolítica en la que solemos movernos.

Cuestiones de etimología y semántica

¿Por qué usar, entonces, el término “bizarro” en lugar de “extraño”, “raro” o “inusual”? “Extraño” expresa la contraposición a propio, entendiendo por “propio” aquello que define al individuo y lo identifica. Es lo otro, lo ajeno y marginal, así que “ensayo extraño” también habría sido una opción perfecta.

¿Qué tiene de especial el vocablo “bizarro”? “Bizarro” proviene del italiano bizzarro (“iracundo”), aunque el diccionario Zingarelli establece su origen etimológico en el vasco bizarr (“barba”). Vaya, que estamos ante un género barbado, mostachudo, algo bárbaro e indómito. Según la RAE, lo bizarro es valiente, generoso y espléndido; es ingenioso, fantástico y vivaz a decir del Zingarelli[1]. Hasta aquí, todo encaja. Pero hay más.

Ensayo bizarro
Bizarrrrr

¿Te acuerdas de cuando la RAE dijo no al bizarro?

El diccionario panhispánico de dudas decía, en su edición digital de 2005, que debíamos huir de los usos de “bizarro” con el sentido de “raro, extravagante” como de la peste. Que eso era cosa de ingleses y franceses, que a ver si el español no tenía vocablos más que suficientes para expresar ese mismo valor semántico que el bizarro parecía encarnar divinamente.

La popularización del término bizarro para aludir a lo extravagante ha acabado por imponerse y la RAE se ha visto obligada a dar su brazo a torcer. Pero no solo de la Real Academia vive el idioma: María Moliner, más atenta a los usos lingüísticos que a los tentativos de plastinar la lengua cual Gunther von Hagens de las letras, ya había recogido en su diccionario esta definición de lo bizarro como cosa estrambótica. Fundéu nos lo explica muy bien en este articulito.

Pero, sobre todo, las obras que se acomunan bajo el epígrafe de ensayo bizarro creado para la ocasión demuestran que lo “raro” y lo “extravagante” son pan cotidiano. Si sumásemos todas las obras, artículos y escritos que tratan aspectos presuntamente estrafalarios e inusuales, obtendríamos un número ingente ya no de palabras, sino de hechos, construcciones y fenómenos que echan por tierra la idea de un mundo normal, ordenado, aprehensible, sin misterios.

Vives en un mundo grotesco y sorprendente, y lo sabes.

Las bases del ensayo

Hasta aquí, he hablado mucho de bizarro y muy poco de ensayo, así que me remango y me pongo a ello.

El ensayo es un texto didáctico que mira a enseñar o divulgar aspectos de un tema determinado. Lo hace no tanto a través de la exposición descriptiva, que es necesaria para la comprensión y el seguimiento lector de la obra, sino, sobre todo, recurriendo al análisis ponderado, la evaluación y la interpretación de los datos. Y las preguntas, por supuesto. La pregunta es la espina dorsal que articula el texto ensayístico.

De una pregunta del tipo “¿cómo pudo suceder el holocausto nazi y por qué buena parte de la población alemana contribuyó a que se perpetrase?” nace La banalidad del mal, de Hanna Arendt. De “¿por qué y de qué manera se producen los cambios de paradigma en la ciencia (aquello que, antaño, se llamaron ‘revoluciones científicas’)” surge La estructura de las revoluciones científicas, de Thomas Kuhn. De “¿qué sucede, social y culturalmente, a nuestros cuerpos cuando morimos?” surgió Cuerpos. Las otras vidas del cadáver, de… bueno, de la aquí presente.

Así, hasta el infinito.

Pero, con toda sinceridad, creo que el término “ensayo” se queda corto para lo que entiendo aquí. ¿Dónde colocaríamos las memorias del verdugo James Berry? ¿Y Las enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda? ¿Y las entrevistas realizadas a asesinos en serie que Christopher Berry-Dee recoge en Talking with Serial Killers?

Considero que hay que incluir los demás campos (o subgéneros o tipologías textuales) de la no ficción: la autobiografía y las colecciones de casos, la correspondencia y los manuales, los tratados y libros de viaje. Todos esos textos que se basan en eventos, personajes y datos reales o presuntamente tales.

Viajes más allá de la normalidad.

Por tanto, “ensayo bizarro” es, en este blog, una convención para reunir bajo un epígrafe breve todas esas obras de no ficción que exploran temáticas a menudo tocadas por lo hórrido y el sentido de la maravilla, que despiertan en el lector sentimientos profundos y que ponen en jaque sus valores y opiniones y creencias. Obras que rompen con la idea de la existencia controlada, con los principios de la racionalidad iluminista y que cuestionan la noción de normalidad.

Es, lo repito, una categoría basada en lo subjetivo, la experiencia y la percepción individual.

Ejemplos concretos de lo que entiendo por ensayo extraño

Ahí van unos cuantos títulos que considero ejemplos de ensayo bizarro.

  • El libro de los malditos (1919), de Charles Fort. ¿Quiénes son “los malditos” del título? Según Fort, aquellos fenómenos que la ciencia ha decidido no explorar en sus pesquisas. A lo largo de sus 28 capítulos, el autor se vale de noticias y testimonios para crear, según sus propias palabras, una “procesión de datos” donde se dan cita cadáveres, esqueletos y momias, gigantes, sombras y supersticiones, “lo ingenuo y lo pedante y lo bizarro y lo grotesco y lo sincero y lo falso, lo profundo y lo pueril”. Claro como el agua. Aunque El libro de los malditos no fue la primera colección que recogió fenómenos de este tipo, sí resultó la más influyente y fue responsable de la creación del concepto “forteano”. Por cierto, Reediciones Anómalas ha anunciado ya la reedición del libro con nueva traducción e introducción de Grace Morales.
Ensayo bizarro, arte de los enfermos mentales
Visiones de Louis Umgelter conservadas en la colección Prinzhorn.
  • El arte de los enfermos mentales (1922). En este ensayo escrito por el psiquiatra alemán Hans Prinzhorn se exploran, por primera vez y de manera sistemática, las cualidades estéticas del arte producido por los enfermos mentales. Las obras que Prinzhorn recoge, las reproducciones que incluye en el volumen y las notas relativas a cada paciente-artista no solo marcarían un hito en los estudios psicológicos y terapéuticos, sino que también ejercerían un fuerte influjo en las vanguardias europeas.
  • Liber aneguemis o Liber vaccae. Este texto latino, compuesto entre los siglos XII y XIII a partir de un original árabe, recoge experimentos de magia práctica para crear ilusiones ópticas y, sí, también para crear artificialmente humanoides. Si no crees que semejante cosa pueda existir, te invito a leer esta entrada que escribí sobre él en el blog.

Muestras de no ficción bizarra se encuentran por todas partes. Hay editoriales académicas de prestigio, como Routledge y Oxford University Press, que publican regularmente sobre estos temas (véanse, por ejemplo, Mummies, Cannibals and Vampires, de Richard Sugg y The Mummy’s Curse. The True History of a Dark Fantasy, de Roger Luckhurst). Otras, como Feral House, la editorial norteamericana creada por Adam Parfrey, enarbolan la bandera de lo extraño. Feral House se pronuncia con claridad sobre este punto: se presenta como un proyecto votado a la publicación de “libros de alta calidad sobre temas prohibidos”.

A un nivel mucho más modesto, este blog también publica comentarios y reseñas que encajarían dentro de ese batiburrillo de asombros que es el ensayo bizarro. En En la lista negra puedes leer sobre usos funerarios, petrificación de cadáveres y colecciones fotográficas de prodigios humanos, entre otros temas.

El etcétera aquí es inagotable.

Catacumbras de París, Nadar, ensayo bizarro
Guardián del bizarro en acción.

En definitiva

¿Por qué denominar “bizarro” a esta amalgama de textos de no ficción? Porque es valiente (y, a menudo, suicida) escribirlos y publicarlos. Porque toca temáticas extrañas, inusuales, atractivas y repulsivas. Porque, lejos de ser un (sub)género, funciona como etiqueta flexible y, desde luego, no aspira a convertirse en una sección fija en grandes superficies y cadenas de librerías. Es una categoría amplia y heterogénea aplicable a los estudios de no ficción, que abarca tanto la divulgación como el academicismo sesudo (aunque se dé preferencia a lo primero) y que despierta un sentido de la fascinación alimentado por lo hórrido, lo maravilloso y lo inusual.

“Bizarro”, “raro” y “extraño” funcionan porque demuestran que la normalidad y el término medio no existen.

La normalidad es un horizonte estrecho, una línea blanca pintada con tiza que parte en dos el gran cielo tormentoso de la existencia. Tú, como yo, habrás pasado años enteros con los ojos fijos en el horizonte, teniendo como referente esa línea blanca inalcanzable. Habrás sentido los primeros truenos en la lejanía, la vibración culebreante de los rayos que atacan esa línea blanca y, tras unos momentos de duda, te habrás mantenido firme en tu posición. La línea es lo real, lo normal impera y pone orden sobre todas las cosas.

Entonces, se descarga el diluvio. Entonces, la tiza se disuelve. Ya no hay realidad, solo horizonte infinito.

Bienvenido, mundo extraño.


[1] Si la derivación y la semántica son tus drogas favoritas (un poco como me pasa a mí), te recomiendo este artículo, publicado en la página De Chile, que desvela algunos misterios de la etimología de esta palabra.


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8 comentarios

  1. Hola, Couto. Sólo quería comentarte que The Little People se publicó hace un porrón de años en Bruguera bolsillo como “Gente pequeña”. Me fascinó, aunque la verdad no recordaba que fueran nazis (algo psicópatas sí). Junto con “La muerte de la hierba” convirtieron a Cristopher en uno de mis autores de culto… luego ha hecho un poco de todo.
    Por cierto, buenísimos tus artículos asiriólogos. Pura Mesopotamia bizarra.

    • ¿No me digas que se publicó en traducción, Paco? ¡Menuda sorpresa! Yo no lo he leído, así que mis apreciaciones se basan en los comentarios que Hendrix hace en Paperbacks from Hell. Pues nada, tendré que buscar material de John Christopher por estos lares. ¡Un abrazo!

  2. Estupenda disertación. Ya es todavía marginal la literatura de género, aunque vamos saliendo del baúl de los horrores, y las nuevas etiquetas, que no son tan nuevas allende fronteras, creo que intimidan.
    Pero es bueno definir a qué lecturas o ensayos nos enfrentamos. Y he aprendido conceptos leyendo el artículo.
    Me queda una duda, entre Weird y Bizarro, primos hermanos?
    Saludo.

  3. Agardo impaciente todos os teus ensaios bizarros. Impaciente, miña. E grazas polo descubremento dese libro sobre libros de peto cutre-guais!

    • Ando niso, parrula. En novembre teño unha data de entrega, así que máis me vale traballar como se debe.
      Paperbacks from Hell é unha chulada de libro, creo que che vai encantar.
      Bicasos!

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