¡Qué demonios! Introducción a la demonología mesopotámica

A raíz de la publicación de Infierno. El más allá en la Mesopotamia antigua (un librito que podéis comprar aquí, ejem), algunas personas habéis mostrado un interés especial por saber más sobre los demonios. ¿Cómo eran? ¿Qué hacían? ¿Cómo se organizaban?

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¡Vamos a ello!

¡Este Infierno es de bolsillo!

Términos problemáticos

Parca y sobria como la misma muerte, la RAE define la demonología como el «estudio sobre la naturaleza y cualidades de los demonios». Como parte de la disciplina teológica, prosperó en el ámbito de las religiones monoteístas que, preocupadas por reforzar las jerarquías de poder que combatían al Maligno en todas sus formas, reconocieron en ese Mal supremo las mismas estructuras que gobernaban los poderes de este mundo: una miríada de grados, de rangos y escalafones que vinculaban a los demonios entre sí con relaciones de dependencia.

La cosa cambia en las religiones politeístas y, en general, en las manifestaciones populares de lo espiritual y lo sobrehumano. Ese conjunto de fuerzas hostiles al ser humano que se acomunan bajo la etiqueta de «lo demoníaco» se vuelve más dinámico y ambiguo, operando a veces desde lo particular y concreto, y otras, desde el caos y la confusión inasible.

El caso mesopotámico, por supuesto, se encuadra en este segundo grupo y entraña algunas dificultades de base que siguen siendo materia de debate en el presente.

Asmodeo tal y como aparece en el Diccionario infernal de J. Collins de Plancy.

¿Qué es un demonio?

Bajo la categoría difusa de «demonio» se reúne una serie de figuras variadas que a duras penas encajan en el concepto del diablo cristiano tradicional. El uso del término «demonio» en el contexto de las culturas de la antigüedad mesopotámica, por tanto, responde a una traducción cultural realizada por la academia occidental contemporánea para referirse de un modo bastante laxo a una serie de entidades no humanas (sobrenaturales, si se quiere, aunque este término me convence poco) que, en los textos cuneiformes, atacan y hacen enfermar a los humanos. Es un término de conveniencia tomado del concepto judeocristano equivalente.

Dice la señora RAE que un demonio es un diablo, el «príncipe de los ángeles rebelados contra Dios, que representa el espíritu del mal» y, por extensión, igualmente son diablos «cada uno de los ángeles rebelados contra Dios». Los llamados demonios mesopotámicos nada tienen que ver con esto: ni ángeles, ni rebeldes ni caídos, las entidades calificadas como demonios actúan al servicio de las divinidades, que no son moralmente buenas ni malas, o que únicamente lo son en virtud de la perspectiva humana: buenas si favorecen y malas si perjudican.

Estos usos ambiguos de la terminología sugieren que, conceptualmente, estas figuras mesopotámicas se aproximarían al griego daimon, que califica, en general, a una notable variedad de entidades extrahumanas: emisarios entre dioses y humanos, divinidades, fantasmas de difuntos, espíritus de índole diversa, etc. Estudios en torno al caso del Egipto antiguo revelan una situación próxima a la mesopotámica (recomiendo al respecto el artículo introductorio de Rita Lucarelli «Towards a ComparativeApproach to Demonology in Antiquity: The Case of Ancient Egypt and Mesopotamia»).

Dibujo hecho a partir de un relieve asirio en el templo de Ninurta de Nimrud. El dios Ninurta se da de leches con una criatura monstruosa (asakku según algunos, anzû a decir de la mayoría).

Su nombre es Legión

«Bueno», me dirás, «pues si estos demonios no son exactamente demonios, ¿cómo demonios (valga la redundancia) se les llamaba? ¿Había o no había demonios en la Mesopotamia antigua?».

Empecemos por lo fácil. Partamos de que un demonio es:

  • una entidad extrahumana
  • que procura penas y dolores a la persona
  • que habita en los infiernos (entendiendo por infierno el lugar único al que van a parar todos los difuntos, sin distinción, de la Mesopotamia antigua).

Siendo así, ¡habemus daemones! En los textos sumerios del ciclo de Inanna y Dumuzi (publicidad nada subliminal: hablo de ello en Infierno), por ejemplo, se utiliza el término galla (gal5-la2), un vocablo que también denomina a una suerte de alguacil o policía, un funcionario encargado de vigilar y llevar a cabo ordenanzas judiciales. En los textos mitológicos, los galla son servidores de Ereškigal, señora del inframundo, y operan en grupo para ejecutar sus órdenes. En los mitos de Inanna y Dumuzi, son los responsables de capturar a Dumuzi y arrastrarlo a la infernal demora.

(En otros textos aparecen términos como a-la2 y a2-sag3 para aludir a otras figuras extrahumanas violentas, similares a los galla, que se ensañan con los mortales. Simplemente lo apunto, pero no entraré en detalles).

Otro término común es udug (acadio utukku) y aquí sí que empiezan a despuntar los problemas. En los diccionarios y glosarios lo encontraréis traducido por “demonio”, “espíritu”, incluso por “fantasma”. PERO. En ocasiones, en los textos sumerios, aparece modificado por el determinativo dingir, que marca los nombres de divinidades.

El signo dingir luce tal que así:

Dingir que te quiero dingir…

En la composición sumeria Inanna y Bilulu (cuya traducción inglesa podéis leer aquí), por ejemplo, el udug de la estepa aparece marcado con el determinativo de divinidad: dudug-edin-na. Otros textos hablan del buen udug (dudug-sag9), el que protege y vela, lo que implica la existencia (y los textos lo ratifican) de un udug maléfico (el udug-ḫul y, cuando se le menciona, puede aparecer acompañado del signo dingir). El udug, por tanto, puede ser bueno o malo: sus acciones lo definen.

El vocablo udug, además, da título a una de las series[1] rituales cuneiformes más importantes en lo que atañe a la remoción del mal. Se trata de Udug-ḫul (Utukkū lemnūtu si el acadio es your language of choice), popularmente conocida como «Los malos espíritus», un compendio de procedimientos, invocaciones y conjuros utilizados por el āšipu para expulsar a los agentes malignos y restaurar la salud en el paciente.

Aunque los udug-ḫul se reconocen en los textos como un grupo de criaturas infernales engendradas por el dios Anu, esta composición ritual trata (y exorciza) muchas otras figuras. Udug-ul es, de hecho, un compendio con vocación de recoger todos los males posibles, un auténtico catálogo de figuras sobrehumanas malignas, insidiosas y perjudiciales para la humanidad. Aparecen seres muy cercanos a nuestra idea de demonio, como los ya citados galla / gallû, y también el maškim / rābiṣu, especie de alguacil u oficial del palacio que demuestra hasta qué punto las figuras de autoridad se percibían como perpetradores de mil violencias y desmanes.

El relieve Burney, también conocido como La Reina de la Noche, podría representar a Inanna, a Ereškigal o a ninguna de las dos. © The Trustees of the British Museum
.

Pero también están los espectros de los difuntos fallecidos de muerte acerva (como lilû y lilītu), los fantasmas inquietos, un sinfín de males y enfermedades que se personifican (fiebre, epilepsia, ictericia), brujos y brujas que insidian para que los dioses desprotejan a los fieles y otras tantas divinidades, como Namtar, figura polivalente que designa por igual a una divinidad infernal al servicio de Ereškigal, al dios que siembra la plaga en el Poema de Atra-ḫasīs y a la fatalidad del destino.

En resumen, lo que los estudiosos aúnan bajo la categoría «demonio» incluye una serie de agentes no humanos que tienen en común, fundamentalmente, un carácter dañino, cuando no una abierta hostilidad, hacia la humanidad. El calificativo ḫul (malo, adverso) tiene la clave: un dios puede favorecer a sus fieles y un fantasma puede estarse tranquilito en la oscuridad infernal, pero un dios también puede enviar castigos y un espectro desatendido dispone de la capacidad de incordiar. Sus actos dañosos los vuelven ḫul, esto es, malignos, perversos. Desde una perspectiva humana dominada por el afán de supervivencia, por tanto, un demonio al servicio de Ereškigal, una bruja que opere mediante medios ilícitos y un dios que abandone a los devotos a su suerte son equivalentes en fiereza y peligrosidad.

Amuleto para protegerse de Lamaštu. © Metropolitan Museum.

Demonios pintones: cómo reconocerlos

En la Mesopotamia antigua, los udug, los galla y los ala se caracterizan por su apariencia confusa e indeterminada. Más que ser descritos somáticamente, se prefiere delinear su perfil a través de comparaciones con rasgos y comportamientos animales («es un león de fauces abiertas que no se deja domar», «puede volar en la oscuridad como un murciélago en una hendidura», «es el búho que ulula en la ciudad») o mediante la atribución de características propias de agentes atmosféricos virulentos («son la gigantesca tormenta liberada desde el cielo»), por ejemplo.  

Envueltos en una confusión desdibujada, los demonios no poseen rasgos individuales distintivos que diferencien unos de otros. Por ello, resultan irreconocibles para los humanos. Rara vez reciben un nombre propio que les otorgue un carácter propio e individual.

Eres un ala malvado que no tiene boca, eres un ala malvado que no tiene forma, eres un ala malvado que no oye, eres un ala malvado que no tiene cara.

De ellos se dice que vagan en espacios vacíos, solitarios y desolados, a los que se les relega cuando son exorcizados. No reciben ofrendas ni se les honra en modo alguno, como sí se hace con las divinidades y los muertos y, por ello, los rituales de exorcismo suelen prescribir que se les obsequie con harina para que se apacigüen. Su única función en el orden de lo creado es ejecutar las órdenes divinas que, en muchos casos, lejos de ser benéficas (recordemos que los dioses mesopotámicos no son ontológicamente buenos), siembran la muerte y la destrucción.

El udug-ḫul tiene una apariencia extraña. Es alto de estatura, no es un dios, su voz es potente, su brillo es amplio, su sombra es oscura y tenebrosa, no hay luz en su cuerpo. Repta en los lugares escondidos, no se muestra abiertamente, la bilis gotea incesante de sus garras, su pisada es veneno dañoso.

Lamaštu representa uno de los pocos ejemplos que rompen esta tendencia de indeterminación somática. Tenemos constancia de varios centenares de amuletos y placas que nos la muestran felina, desnuda y feroz. Y Pazuzu, por supuesto, el alado y rugiente señor de los vientos. Su inclusión en esa categoría-contenedor de los demonios deriva, por un lado, de su apariencia monstruosa y, por otro, de las fechorías (notables en el caso de la Lamaštu) que perpetran. Ambos nombres (¿lo dudabais?) aparecen marcados por el determinativo divino dingir.

Pazuzito de mi vida… Pieza conservada en el Musée du Louvre

«Por sus hechos los conoceréis»: así actúan los demonios

Estas entidades hostiles se dedican a tomar por la fuerza a sus víctimas, las apresan y neutralizan como se haría con un enemigo en la batalla: las agarran y las atan para inmovilizarlas, las golpean, las envuelven, las anulan. Todas sus acciones se definen por un carácter marcadamente físico y belicoso hasta el punto de que llegan a cubrirse con el cuerpo del enfermo: «el alû se ha vestido con mi cuerpo como si de una vestidura se tratase», se lamenta Šubši-mešre-šakan, el protagonista del Poema del sufridor justo.

Nuestros demonios-que-no-son-exactamente-demonios despliegan, además, un marcado gusto por subvertir el orden de las cosas humanas, por desgarrar el tejido familiar y sembrar miserias.

El udug vaga por la tierra, el udug pasa sobre la gente (…), el udug maligno se lanza sobre las criaturas del país, el udug maligno camina a zancadas con toda su fuerza, el udug maligno no perdona a nadie, el udug maligno atrapa a quien suplica, el udug maligno es indiferente al llanto.

Y también:

La anciana, la joven, el hermano, la hermana, el anciano, el joven: aquellos que no tienen un dios, los han llevado a la fuerza, la madre con la hija y el padre con el hijo, los llevaron a los infiernos. Lanzaron la vaca en medio de los toros salvajes, redujeron sus crías. Desnudaron el pecho de la esposa velada, arrancaron el bebé del pecho de la nodriza y de la cuidadora, ataron y mataron al joven hermoso. Trajeron la destrucción, desgarraron el magnífico nudo, la unión del cielo y la tierra y eliminaron por la fuerza los habitantes del país.

Placa de la Lamaštu conservada en el Musée du Louvre.

Quiero invocar un demonio mesopotámico. ¿Cómo lo hago?

Habéis solicitado información precisa sobre rituales de adoración o invocación. Bueno, que sepamos, no se adoraba a los demonios en Mesopotamia. Tampoco se invocaban para que se apareciesen ante el mago y le garantizasen riquezas y sabiduría (esta es una imagen que se populariza de forma tardía, diría, en mi ignorancia, que en el Renacimiento), aunque ahora matizaré esto que digo.

Lo que se hacía era expulsarlos de la casa o los espacios habitados o echarlos fuera del cuerpo que hacían enfermar. El āšipu los mandaba con viento fresco al infierno o al desierto mediante rituales, principalmente. Eso sí, para poder expulsarlos y exhortarlos a abandonar a su víctima, había que llamarlos, así que esto puede considerarse técnicamente una invocación: se los invocaba para que se largaran, no para que se quedasen. Se les interpelaba en los encantamientos para que regresasen a la morada oscura del inframundo con jaculatorias del tipo:

Te llamo para que tomes tu ofrenda de harina. Recibe tu ofrenda de harina, vete tras tu ofrenda de harina. Te conjuro por los grandes dioses del cielo y de la tierra, por los Anunna que están arriba y los Anunna que están abajo.

Yo, de todos modos, no lo intentaría en casa.

En resumen

  • «Demonio» es un término de conveniencia para referirse a una serie de entidades extrahumanas variopintas que ejercen una influencia maligna sobre el ser humano.
  • Algunos términos sumeroacadios que solemos traducir por «demonio» son udug / utukku, gal5-la2 / gallû y a-la2 / alû.
  • Textos cuneiformes como la serie ritual Udug-hul reúnen bajo la categoría «entidades malignas» a dioses hostiles, enfermedades personificadas, brujos y brujas, espectros furiosos y criaturas al servicio del reino infernal.

[1] No, no hablo de series de televisión. En asiriología, se le llama «serie» a una composición textual que organiza sus contenidos, más o menos fijos y cerrados, en varias tablillas.  


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6 comentarios

  1. Un artículo interesantísimo y con toda la sensatez del mundo,una idea lógica de los demonios muy lejos de lo que creemos en,llamémoslo,occidente.

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