Secretos de dos matrimonios: Vera contra Rebeca

Alfred Hitchock Rebeca

«Moglie e buoi dei paesi tuoi» es un dicho italiano (bastante misógino y cosificador, por cierto) que, equiparando las prometidas a los bueyes, lanza un mensaje equivalente a nuestro «mejor malo conocido que bueno por conocer». Elige esposa entre las mujeres de tu entorno y, si eres muchacha en edad casadera, concede tu mano a un señor que conozcas bien, porque el apuesto forastero que te pone ojitos podría no ser lo que parece.

De eso, de escritoras y Barbazules contemporáneos va este artículo.

Aunque las separan más de quince años, Vera y Rebeca son dos novelas sobre secretos matrimoniales que tienen muchos puntos en común. El primero y más evidente pasa por los nombres propios femeninos que sus respectivas autoras, Elizabeth von Arnim y Dame du Maurier, eligieron para darles título. El segundo, que los artífices de ambas novelas fueron mujeres (pero esto ya lo he dicho, ¿no?). ¿Y los otros?

Los otros ya vienen de camino, pero antes hablemos de…

Dos autoras, dos novelas y una perspectiva común

Elizabeth von Arnim (1866-1941) heredó del primer marido el título de condesa de von Arnim-Schlagenthin y del segundo, un cúmulo de sinsabores. A este último bellaco le debe el material humano sobre el que se asienta una de sus novelas más logradas.

Elizabeth von Arnim Vera
Portada de la edición de Vera publicada por Dover.

Publicada en 1921, Vera actualiza el mito de Barbazul y lo traslada al contexto realista de la Inglaterra de inicios del siglo XX. Narra la historia de Lucy, una joven inexperta en las cosas de la vida, y su lenta caída en un matrimonio asfixiante con Wemyss, viudo cuarentón que con su rigidez ignorante es capaz de apagar la llama de la juventud.

Se considera que von Arnim se inspiró en sus desastrosas experiencias matrimoniales para pergeñar esta novela sobre el maltrato psicológico, el sometimiento femenino y la anulación del yo a manos de un cónyuge cegato, rígido y hedonista.

Con Rebeca, por otro lado, nos enfrentamos a la novela más famosa de Daphne du Maurier (1907-1989), otra escritora de vida peculiar y ánimo resuelto. Publicada en 1938 y adaptada al cine por Alfred Hitchcock dos años después (y por Ben Wheatley en 2020 para la plataforma Netflix), se la acusó de plagiar La sucesora (1934) de la escritora brasileña Carolina Nabuco[1].

Sin haber leído todavía la novela infamada de Nabuco, lo que sí parece evidente es que Vera y Rebeca parten de un mismo planteamiento narrativo: la revelación de la naturaleza íntima de las dos primeras esposas a través de sus reemplazos segundones. Siendo Vera la novela que inicia este rosario de segundas mujeres literarias, no hay que descartar que fuese esta la inspiración principal, quizás, de la historia de du Maurier.

Ella, Elizabeth von Arnim.

Las novelas de Vera y Rebeca: puntos en común

Ambientación en Cornualles

Esto resulta tangencial en Vera (Lucy y Weymess se conocen en una localidad de Cornualles), pero es central en Rebeca, donde la desgarrada costa occidental británica, tan amada por Daphne du Maurier, enmarca la fuerza devoradora de los afectos.

El fantasma de la primera mujer

El contraste entre la primera y la segunda esposa es esencial en la construcción de Vera y Rebeca. En ambas novelas, los espectros de las difuntas primeras mujeres se manifiestan a través de la presencia de los objetos que les pertenecieron, de los testimonios de quienes las conocieron y de las impresiones personales, reales o imaginarias, que las sucesoras se forman de sus predecesoras.

Como lectores, penetramos en la psicología del personaje de la primera esposa a través de las vivencias de la segunda. En Vera, Lucy se ve obligada a ocupar la habitación de la difunta (la reluctancia inicial se convertirá poco a poco en comunión y comprensión profunda). En Rebeca, el ala oeste en la que se sitúan los aposentos de la esposa muerta permanece vacía e intocada como un mausoleo, lo que incrementa el aura de sacralidad que parece rodear a la primera señora de Winter. Rebeca no está presente, pero su ausencia lo devora todo, narradora incluida.

Portadón realizado por Diane y Leo Dillon para la edición de Reader’s Digest Books.

En el caso de Rebeca resulta especialmente interesante el hecho de que el nombre de la segunda señora de Winter no se revele nunca. Este recurso funciona de manera excelente en la novela, pues da pie a equívocos de identidad cuando en Manderley se utiliza la expresión «señora de Winter», título que se adapta tanto a Rebeca como a nuestra narradora anónima. Hay algo fantasmal en ese uso indiscriminado del título para referirse tanto a una persona viva como a una difunta, algo que acaba por diluir todavía más la personalidad de la narradora hasta empujarla en un rincón. Porque tanto en Vera como en Rebeca, encontramos representada…

La segunda esposa como objeto

Wemyss trata a Lucy como una mascota, un pajarillo enjaulado que aviva la atmósfera del salón o un animal de compañía bello de ver cuya presencia es más apreciada cuanto mayor es su silencio. Y el señor de Winter tampoco se guarda de acallar de manera abrupta los miedos o las dudas de su recién estrenada esposa ni de proseguir con las costumbres adquiridas durante una vida de aristocráticos placeres. La personalidades de nuestras respectivas protagonistas se anulan a la sombra de las necesidades del marido, se arrinconan sus opiniones e inclinaciones, y se infantilizan sus reacciones y comportamientos.

Du Maurier, con pose malota y pendenciera.

En la novela de Dahpne du Maurier, el ninguneo se aligera en parte cuando Maxim revela su culpabilidad en la desaparición de Rebeca, entre otras cosas, porque Mr. de Winter necesita una aliada que le ayude a solventar el tremendo tinglado homicida en el que se ha metido. PERO. A pesar de que la segunda señora de Winter obtiene una pizca de poder agentivo, tendrá que seguir ejerciendo de cuidadora, acompañante y ángel de la guarda.

Esto se relaciona con…

El síndrome de Barbazul

Wemyss y Max de Winter son dos hombres maduros e inflexibles, responsables de las muertes de sus respectivas primeras esposas cuyos fantasmas todavía merodean en la casa (etéreo e invisibilizado el de la pobre Vera, terrible y voraz el de la exuberante Rebeca). Cada uno representa una clase social diferenciada. Si Wemyss encarna al nuevo rico, Maxim personifica al heredero de una familia de abolengo. Lo curioso de todo ello es que comparten una actitud similar en el fondo, aunque quizás no en las formas, hacia sus segundas esposas.

Manderley según Hitchcock.

¿Inspiración, plagio o casualidad?

Aunque los paralelismos entre Vera y Rebeca resultan evidentes, Daphne du Maurier no dejó constancia expresa de haberse servido del punto de vista de la novela de von Arnim para forjar su propia versión literaria. «Quiero construir la personalidad de la primera [esposa] a través de la imaginación de la segunda, hasta que la segunda mujer acabe por obsesionarse día y noche. Una tragedia se aproxima con rapidez y ¡CATAPÚN! ¡PUM! Algo pasa»[2], anotó du Maurier en su cuaderno de notas cuando su historia sobre la inolvidable Manderley no era más que un boceto informe.

¿Pudo Daphne du Maurier haber leído Vera? Por supuesto que sí, especialmente si tenemos en cuenta la cronología de publicación, el idioma y hasta las reseñas de la obra de von Arnim que aparecieron en la prensa británica de la época. ¿Le sirvió de punto de partida para Rebeca? Quizás.

De todas maneras, también son evidentes las diferencias que separan las dos novelas. Si en la relación conyugal de Vera se prefigura la tragedia (lo que le ocurrió a Vera volverá a suceder con Lucy), en Rebeca  se aboga por un «la unión hace la fuerza», especialmente en la segunda parte de la historia, cuando, transformada ya la narración en un relato negro, el matrimonio de Winter se alía para evitar que la realidad de los hechos salga a la luz.

Daphne du Maurier junto a sus churumbeles en Menabilly, la casa que inspiró Manderley.

Las primeras esposas detentan roles opuestos dentro de la unión matrimonial. Donde Vera fue víctima, Rebeca ejerció de verdugo.

Y si en Rebeca domina un tono más gótico, especialmente en la primera parte, antes de que el terrible descubrimiento del barco desaparecido que fuese propiedad de Rebeca transforme la historia en un noir, en Vera nos damos de bruces con un drama de proporciones horríficas.

Hermanadas en sus diferencias, Vera y Rebeca constituyen dos novelones apasionantes sobre el matrimonio, los fantasmas del pasado, el patriarcado, las trampas del amor y la sumisión (y sobre la violencia, los crímenes pasionales y la ilusión de felicidad). ¡Creo que no podría elegir solo una de las dos!


¿Has leído alguna de estas novelas? ¿Te quedas con la novela original de du Maurier o prefieres las versión cinematográfica de Rebeca pergeñada por Hitchcock? ¿Eres tan fan del cuento de Barbazul como lo soy yo?

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[1] A este respecto, véase el ensayo de Nina Auerbach Daphne du Maurier, Haunted Heiress. Aparentemente, du Maurier podría haber tenido acceso a una traducción en inglés de la novela de Nabuco, ya que la autora brasileña había enviado el manuscrito a un editor británico que resultó ser el mismo que publicaba las novelas de du Maurier.

[2] Este fragmento aparece citado en las páginas 132-133 de la biografía Daphne du Maurier (1994), escrita por Margaret Foster.

5 comentarios

  1. Buenas tardes, Erica.

    Soy Paco, amigo y antiguo profe de Pato, bueno y suscriptor de En la Lista Negra, claro.

    No sé si este correo admite respuestas… Quería comentarte que en diciembre saqué un libro de poemas/relatos, *Beula*, con Ediciones Libertarias, y me gustaría mucho mandártelo, dada mi estima por tus escritos y por los infiernos mesopotámicos. Si quieres pasarme tu dirección (creo que italiana), a este correo, te lo envío.

    Uso este correo para no soltar esta parrafada autopublicitaria por el blog… Si te llega, ya me dirás.

    Un saludo, Paco

    Libre de virus. http://www.avg.com

    • Hola, Paco. ¿Cómo estás?
      En primer lugar, me gustaría felicitarte por la reciente publicación de Beula. ¡Me alegro muchísimo! Y muchas gracias por acordarte de mí, será un honor poder leer tu obra. Por algún motivo, tu direción de correo electrónico no ha quedado registrada en el sistema (podría deberse a las nuevas políticas de privacidad, aunque no lo sé). Si te parece, contáctame en la siguiente dirección: batcaver_blog@yahoo.es
      ìUn abrazo enorme!

  2. ¡Cuánto me gustaría ayudarte con opiniones sobre estos dos libros pero no puedo!.
    Aún no he leído ninguno de los dos y éso que Rebeca,al menos,lo tengo por casa pero ya sabes que tengo tantas lecturas pendientes que ójala pudiera leerlos todos a la vez.

  3. Ah,por cierto,el cuento de Barba Azul,habla de un hombre que mata a sus mujeres,el tiempo lo ha convertido en un hombre que se casa muchas veces,no necesariamente por viudedad,suavizando mucho el concepto clásico de Barba Azul y en estos dos libros,al menos en Rebeca,no mata a su primera mujer y se augura un futuro prometedor con la segunda.
    ¿Se puede considerar a estos maridos Barba Azules?.
    ¿Tanto se ha desvirtuado el concepto?

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