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Agosto en llamas IV: Pilar Pedraza, Lucifer circus

Lucifer Circus, la ultimísima novela de Pilar Pedraza, nos llega de la mano de la imprescindible editorial Valdemar. En sus páginas se evoca la Europa del fin de siècle en una historia-catálogo narrada en primera persona por Gemma Montbrió “Chinita”, amazona circense e hija del Gran Dinápoli. Y digo “catálogo” porque se citan repetidamente personajes históricos del sepia como Madame Blavatsky, P. T. Barnum, Julia Prastana o Gustav Moreau, quienes con su presencia, real o evocada, buscan dotar de carne y sangre a esta historia de ficción.

A mi parecer menos memorable que otras obras de la autora, esta amalgama luciferina de sectarios, artistas, ocultistas y criaturas exóticas guarda, sin embargo, un cierto interés para los nostálgicos, para los habituales del género de terror y del fantástico, victorianos frustrados, viajeros del tiempo y prestidigitadores varios.

Termina nuestro agosto en llamas. Pronto se acabará el verano: prepárense al cambio de estación con Pilar Pedraza.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Pedraza, P. Lucifer Circus. Madrid: Valdemar, 2012.

Más sobre P. T. Barnum y el circo, aquí.

Más sobre ocultismo y Madame Blavatsky, aquí.

Freaks. La colección Akimitsu Naruyama

El volumen “Freaks. La collezione Akimitsu Naruyama” es, ni más ni menos, un catálogo fotográfico, y como tal debe tomarse y entenderse. Pese a su subtítulo “La explotación de las anomalías físicas en los circos y espectáculos itinerantes”, este volumen ya descatalogado ofrece pocas pistas históricas sobre la dimensión sociocultural del fenómeno “freak”, probablemente porque su intención es bien distinta. El historiador del arte Toshiharu Ito, responsable de la introducción de la obra, ofrece datos dispersos y reflexiones a menudo superficiales, sentencias de bar, sobre los sideshows americanos y los artistas que a causa de sus deformidades o peculiaridades físicas se exhibían en ellos. Pero vaya la verdad por delante: quien se decida a abrir este libro en concreto, lo hará por su material gráfico y no por su contenido escrito.

Los “fragmentos magníficos y hórridos” que, en palabras de Ito, componen este libro proceden de la colección que el marchante de arte Akimitsu Naruyama compró a Earl Jenkins, mago en espectáculos circenses que había acumulado estas piezas durante sus años en activo y quien, probablemente, compartió escenario con buena parte de estos portentos. Pueblan las reproducciones sepia de este libro personas extremadamente obesas y esqueletos vivientes; siameses e individuos aquejados de elefantiasis, polidactilia y polimastiasis; torsos, hirsutos y hermafroditas; hombres lagarto, de piel de elefante o de leopardo; pinheads o “niños aztecas”, y un variopinto etcétera sobre los que empresarios del mundo del espectáculo como P. T. Barnum inventaron historias increíbles para vender su producto: fantásticas leyendas que presentaban a los artistas en cuestión como los últimos supervivientes de razas extintas, salvajes capturados en selvas sin nombre, o criaturas de abismos desconocidos. No olvidemos, sin embargo, que muchos otros “entertainers” que no aparecen retratados en este “Freaks” plagaban carpas, arenas y “dime museums”, en espectáculos que desplegaban un concepto amplio de lo maravilloso: encantadoras de serpientes, lanzadores de cuchillos, acróbatas, saltimbanquis y bailarinas exóticas formaban parte del mismo ambiente y de la misma realidad.

Las imágenes resultan fascinantes por dos motivos fundamentales: el primero, porque como cualquier otro objeto o imagen que nos llegue del pasado, resucitan tiempos y circunstancias lejanas, en gran medida inaprensibles. El segundo, porque agitan nuestra condición de observadores. La pública exposición del ser humano, del cuerpo humano, ya sea en patíbulos y cruces de caminos, o en iglesias y plazas como parte de un espectáculo de ocio, didáctico, o moralista, y sobre todo, el consumo de dicha exposición, nos lleva acompañando desde hace siglos: “Mientras hoy en día pocos fenómenos aparecen en la televisión, en aquellos tiempos muchos decidían exhibirse en circos y espectáculos itinerantes”, reza la introducción. Al contrario. La apariencia formal del objeto-cuerpo observado ha cambiado, pero la mirada sigue siendo la misma: el hambre del otro expuesto, la curiosidad y el voyeurismo continúa, y fenómenos de pelaje distinto pululan en la televisión actual para solaz y consumo de las masas.

“We accept her! One of us! Gooble gobble!”, coreaban las siamesas Violet y Daisey Hilton, la Venus de Milo viviente Frances O’Connor, y Koo Koo la mujer-pájaro (todas ellas, por cierto, presentes en la colección Naruyama) junto al resto de emplumados, barbudos y portentosos artistas en la memorable escena de “Freaks”. Y es que incluso en su ochenta aniversario, la película de Browning sigue sin envejecer. “Uno de nosotros”, sin duda.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

El fondo Naruyama

Toshiharu, I. (texto) Freaks. La collezione Akimitsu Naruyama. Modena: Logos, 2000 (1° ed. 1999)*.

Página de la galería Naruyama

Circo, sideshows y espectáculos insólitos en los Estados Unidos, s. XIX-XX

Adams, R. Sideshow U.S.A: Freaks and the American Cultural Imagination. Chicago:University of Chicago Press, 2001.

Bogdan, R. Freak Show: Presenting Human Oddities for Amusement and Profit. Chicago: University of Chicago Press, 1990 (1a ed. 1988).

Dennet, A. S. Weird and Wonderful: The Dime Museum in America. New York: NYU Press, 1997.

Hartzman, M. American Sideshow: An Encyclopedia of History’s Most Wondrous and Curiously Strange Performers. New York: Penguin Group USA, 2006.

Thomson, R. G. Freakery: Cultural Spectacles of the Extraordinary Body. New York: NYU Press, 1996.

*Edición usada en la preparación de esta entrada.