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Dario Argento, Miedo

argento_pauraQuería hacer una película donde todo fuese un sueño, en la que una chica, perseguida por el asesino, se escapase por las escaleras de su edificio y, por culpa de un interruptor temporizador, fuese tragada por la oscuridad. Ella grita pero (como en las pesadillas y los miedos infantiles) nadie la oye. Quería esto. Quería una película que nadie hubiese hecho antes (Paura, p. 97; sobre L’uccello dalle piume di cristallo; traducción por Couto).

El buen giallo no exige perfección, repudia el academicismo, aborrece la linealidad. Oh, sí, no es infrecuente descubrir un monigote inerte cayendo de un décimo piso en lugar de la desafortunada víctima humana, como tampoco lo es reírse con la sangre rojo charol que mana espesa azulejo abajo. Pensar que las limitaciones técnicas del giallo de los 70 puedan invalidar su capacidad de aterrorizar, sin embargo, es incurrir en un error. Un error muy grave. Piensen en Profondo rosso, en cómo muestra la perspectiva del asesino, en el modo en el que sus ojos se convierten en nuestros ojos, en cómo nosotros, meros espectadores, nos transmutamos en carniceros. Cuarenta años después del estreno de este gran clásico del género, dedicamos esta entrada a Dario Argento y a su reciente autobiografía para la editorial Einaudi titulada “Miedo” (Paura).

Vaya por delante una confesión: esta autobiografía me ha parecido algo tibia, incluso desapasionada, en algunos momentos. Si es cierto que “el demonio está en los detalles”, entonces le falta presencia demoníaca. Quién sabe, quizás se deba a mi obsesión personal por Suspiria por lo que esperaba encontrar más: más reflexiones sobre el cine, sobre el miedo, sobre las obsesiones personales. Y sí, lo reconozco: también más detalles escabrosos y oscuros. Cabe pensar si esta biografía no esté diseñada para llegar a un público amplio, más allá de los viciosos del género. Si bien es cierto que los seguidores acérrimos del director romano probablemente no encuentren en este libro revelaciones que Argento no haya hecho ya en entrevistas previas, no deja de ser una buena guía para moverse entre su producción cinematográfica. Eso sí, recomendamos encarecidamente que visionen las películas primero, y lean la autobiografía después para evitar que les estropeen algunas deliciosas (y macabras) sorpresas.

set_suspiriaCómo hacer un nudo corredizo bien

Tras una introducción que nos sitúa en la época en la que las brujerías de Suspiria se estaban cocinando, Argento recurre a una narración linear para contar su vida. Desde sus primeros contactos con las grandes estrellas del cine en los estudios fotográficos Luxardo, propiedad de la familia materna, el “secco” Argento recuerda sus inicios como redactor, su trabajo como guionista (recordemos que es él el responsable, junto a Bertolucci, de Hasta que llegó su hora de Leone), y su exordio como director, casi casual, con L’uccello delle piume di cristallo (guión, por cierto, que nace del matrimonio entre la novela de Fredric Brown The Screaming Mimi,[1] y una indigestión de cuscús). Tampoco se guarda de reconocer la ayuda que su padre, Salvatore Argento, le prestó en materia de financiación (no en vano era productor cinematográfico). A partir de este punto, el libro gana interés, se desgranan detalles de cada una de sus películas, desde la génesis del argumento a las dificultades técnicas impuestas por las exigencias del director.

Alquilamos una enorme nave climatizada en los estudios De Paolis, y lo sellamos completamente para que ningún ejemplar, una vez crecido, pudiese escaparse. En poco tiempo, las larvas comenzaron a medrar cada vez más, y cuando la nave empezó a poblarse de enjambres y enjambres de moscas, fue Garrone quien se tomó la molestia de llevar grandes trozos de carne en putrefacción para que los insectos pudiese depositar sus huevos sin contratiempos. A pesar del olor nauseabundo, era emocionante tener acceso a aquella nave: me cubría de la cabeza a los pies con un traje de buzo y visitaba a mis moscas, minúsculas actrices impacientes por entrar en acción (Paura, p. 247; sobre Phenomena; traducción por Couto).

También yo, me temo, soy de esas personas que adoran al “primer Argento” de los 70 y 80 (incluyendo alguna que otra película de los 90), pero se niegan a ver los últimos resultados de su filmografía. Mi experiencia con alguna de sus últimas obras ha sido, muy a mi pesar, nefasta. Por ello agradezco que cintas como Il cartaio, Giallo, o La terza madre aparezcan sumariamente representadas en el libro.

Paura

Si su retoño dibuja esto, sospeche

Paura no es una mala lectura para el apasionado, puesto que invita a visionar (de nuevo o por primera vez) clásicos y no tan clásicos del género. Porque el giallo es una gran escuela. El giallo, como el terror, nos enseña que la vida humana no vale nada. Que absolutamente todos nosotros tenemos miedos y, por ello, somos fatalmente vulnerables. Que la violencia puede ser hermosa si se filtra a través de la ficción.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Argento, D. Paura. Torino: Einaudi; 2014.

[1] Publicada como “La caza del asesino” en España.

Amelia B. Edwards, Una noche en los límites de la Selva Negra

“Creo, mi adorada” dijo el caballero mientras miraba la querida cabeza que se apoyaba en su mano, “creo que, en una hora como esta, contigo junto a mí, me encantaría morir” (La víspera de Todos los Santos; traducción de Couto).

Amelia B EdwardsHace tan solo una semana se cumplían 183 años del nacimiento de Amelia B. Edwards (1831-1892), exploradora del Nilo, conversa a la Egiptología, y gran dama de la literatura victoriana de corte gótico y ambientación funesta. Poco conocida en traducción al español a pesar de que su “The phantom coach” se haya incluido en diversas antologías de relatos de fantasmas, hemos decidido dedicarle espacio y atención a “Una noche en los límites de la Selva Negra” (A Night on the Borders of the Black Forest, 1874), colección de estampas fantasmagóricas que prepara el camino a las lecturas veraniegas.

Abre el volumen el relato que da título al volumen. “Una noche en los límites de la Selva Negra” está ambientado en el sur de Alemania (Heidelberg y alrededores, para más señas, primera señal de peligro). Dos gayos muchachos, el uno inglés decimonónico que recorre a pie las Europas del Grand Tour, el otro, alemán enamorado que va a visitar a su novieta, se encuentran en los caminos boscosos y deciden hacer parte del recorrido en compañía. Llegada la noche y encontrando únicamente para su reposo una solitaria granja en medio de la nada, deciden pernoctar en ella, para lo que pedirán asilo a los campesinos que la habitan. Pero ¡ay! esos labriegos malvados y avariciosos les tienen preparada una buena sorpresa. Esta primera historia provoca escasos escalofríos, me temo, pero afortunadamente Edwards nos proporciona un crescendo de fantasmales presencias en los relatos sucesivos.

HeidelbergHeidelberg = peligro.

“La historia de Salomé” despliega una potencia atmosférica digna de su tiempo. En Venecia, durante un viaje, Coventry Turnour confiesa estar enamorado de la hija de un comerciante de objetos orientales judío a su amigo Harcourt Blunt. Esa infatuación dura bien poco, y pasado un año, y encontrándose Bluntde nuevo en Venecia, decide regresar a la tienda del judío para, una vez más, arañar con la mirada los encantos de Salomé. Pero su búsqueda resulta infructuosa: el negocio ya no existe, por lo que no le queda más remedio que pasar los días de solaz recorriendo los canales de Venecia en una góndola. Cierto día el gondoliere propone llevarlo al cementerio judío. Recorriendo las bellezas melancólicas de la ciudad de los muertos, se encuentra con ella, con Salomé, quien, pálida y hermosa en su traje negro, permanece erguida junto a una tumba en la que figura una inscripción hebrea. Blunt regresará al lugar en días sucesivos hasta que la exangüe muchacha se decida a hablarle y le pida, oh misterio, rezar una plegaria cristiana y poner una cruz en la misteriosa tumba.

“¡Depositado en la tierra sin una plegaria cristiana, con ritos hebreos, en un santuario hebreo!” (La historia de Salomé; traducción de Couto)

“En el confesionario” despliega toques sensacionalistas nada despreciables. En Rheinfelden (Suiza), un (otro) viajero fisgón merodea por el pueblo y decide entrar en la iglesia. Curioseando, abre la puerta de un antiguo confesionario que cree vacío, y se da de bruces con un cura, pálido, animalesco, perturbado, que lo mira fijamente sin mediar palabra. Balbuceando una disculpa, sale corriendo como perro apaleado (¿y quién no lo haría ante semejante visión?). A continuación busca alojamiento, el dueño de la fonda le recomienda la casa del cura, pero el sacerdote con el que se encuentra no es el joven del confesionario, sino un anciano amable que le desvelará extraños sucesos acaecidos 30 años atrás que incluyen cornificaciones, suplantación de persona y crímenes de sangre (¿no lo sospechan?) en el confesionario.

“La tragedia en el Palazzo Badello” nos traslada a la Roma papal de mediados del siglo XIX: Edwards demuestra, una vez más, su gusto apasionado por la Italia de ruinas y misterios. Hugh Girdlestone se encuentra de luna de miel con su esposa, con la que ocupa las estancias del cuarto piso del Palazzo Bardello. La muerte inesperada y en extrañas circunstancia de su consorte, sin embargo, hace que Girdlestone inicie una investigación personal para descubrir a su asesino (pues se trata de homicidio).

Dio!” balbuceó. “¿Qué es esto?”

Había tirado hacia atrás el cuello del camisón, dejando al descubierto el bello pecho blanco; y allí, justo sobre la región del corazón, como una simple mancha sobre la superficie de mármol puro, se hizo visible un pinchazo minúsculo, un punto tan pequeño, tan insignificante, que si no hubiese sido por la decoloración de un violeta pálido que se extendía alrededor como un halo, probablemente habría pasado desapercibido al ojo.

“¿Qué es esto?” repitió. “¿Qué significa?”

Hugh Girdlestone no medió palabra, sino que, en un pétreo silencio, permaneció con la mirada fija en el punto fatal. Se agachó, lo examinó con más detenimiento, se estremeció, se levantó de nuevo en toda su altura, y más con el movimiento de sus labios que con su aliento, pronunció una única palabra:

“Asesinada”. (La tragedia en el Palazzo Bardello; traducción de Couto)

Foro romanoRoma, ciudad criminal.

“El tren exprés de las cuatro y cuarto” narra otra historia protagonizada por aparecidos. En un vagón de tren, William Langford se topa con John Dwerrihouse, familiar de la casa de los Jelfs a la que curiosamente se dirige el tal William para celebrar la fiesta de Navidad. Dwerrihouse, dirigente de la compañía ferroviaria East Anglia, le informa con detalle sobre sus negocios, proyectos y transacciones. Cuando Langford llega al manor de los Jelfs y cuenta despreocupadamente su encuentro con Dwerrihouse, observa el desconcierto en los presentes: Dwerrihouse lleva meses desaparecido, y se le acusa de haber robado 75000 libras de la compañía ferroviaria.

Las dos historias que cierran el volumen retoman el tema de los amores traicionados. En “La historia de la hermana Johanna”, la narradora, Johanna cuenta en primera persona el compromiso de su hermana Katrina con Ulrich, y la infidelidad que se produce cuanto el hermano de éste, Alois, pintor de profesión, regresa al pueblo y propone a su cuñada que pose para un cuadro religioso. El último relato, “La víspera de Todos los Santos”, echa mano de la ambientación gótica. 1710, región de Auvernia. La joven condesa Marguerite se vio obligada a contraer matrimonio con el decrépito conde de Peyrelade, abandonando para ello a su amor y prometido Chevalier de Fontane, que desapareció poco después y se cree despeñado y muerto. Ahora, con 25 años y ya viuda, Marguerite comparte castillo con su hermano, el Monsieur de Pradines, jugador, calavera y mal tipo que espera poder hacerse con los bienes de su hermana. Un día, un forastero que se ha caído del caballo en una noche de tormenta es trasladado al castillo: oh, destino, el jinete no es sino el Chevalier de Fontane. Monsieur de Pradines, ante la amenaza que este reencuentro supone para su ambicioso proyecto, y habiendo hecho jurar a su hermana de que esta nunca se casaría una segunda vez, hará lo posible por poner trabas a ese posible futuro matrimonio.

Resumiendo: “Una noche en los límites de la Selva Negra” recoge historias marcadas por la noción de viaje, la extrañeza del otro, el paisaje, los encuentros fortuitos, los fantasmas, las traiciones, los amores truncados, los asesinatos, los crímenes. Las narraciones echan mano mayormente de la primera persona, lo que dota de un halo de veracidad a lo contado y a menudo crea una atmósfera de intimidad con el lector. En definitiva, puro siglo XIX victoriano para el degustador de licores y venenos de áspera confección.

Relatos contenidos en el volumen

“Una noche en los límites de la Selva Negra” (A Night on the Borders of the Black Forest)

“La historia de Salomé” (The Story of Salome)

“En el confesionario” (In the Confessional)

“La tragedia en el Palazzo Bordello” (The Tragedy in the Palazzo Bordello)

“El tren exprés de las cuatro y cuarto” (The Four-Fifteen Express)

“La historia de la hermana Johanna” (Sister Johanna’s Story)

“La víspera de Todos los Santos” (All-Saint’s Eve)

Algunos datos editoriales y bibliográficos

Perfil biográfico de Amelia B. Edwards en Wikipedia.

Amelia B. Edwards en Tercera Fundación.

Edwards, A. B. A Night on the Borders of the Black Forest. New York: Frederick A. Stokes Company; 1890 [1a ed. 1874].

En píldora: Mayte Alvarado, Miss Marjorie

Miss MarjorieCuando crecemos, en un momento que nadie acierta a recordar, dejan de contarnos cuentos. ¿O somos nosotrxs lxs que ya no prestamos atención? Se crece, y si los cuentos son para niños, habrá que enterrarlos bien profundos si queremos participar en los juegos que hacen de los adultos lo que son. Llega el tiempo de las convicciones, las consignas, las patrañas, autoengaños y altos objetivos, historias que nos contamos y que sustituyen eficazmente a esa verdad múltiple, a menudo dolorosa y plena, siempre cargada de maravilla y estupor, que todo cuento lleva aparejada.

Por eso cuando alguien escribe un cuento (un cuento trágico en cuatro actos, para más señas) de amor y muerte, y lo relata en un lenguaje sencillo y frío como el filo de una navaja, y además lo ilustra bellamente en silente blanco y negro, sucede que todas esas convicciones vanas, y las consignas y las patrañas se revientan contra el suelo. Mayte Alvarado es ese alguien que ha resucitado la verdad lacerante del cuento en “Miss Marjorie”, historia de amor desmembrado, crimen y pasión homicida. De suspiros y estertores. De belleza y rojo sangre.

EnLaListaNegra recomienda que regalen “Miss Marjorie” a alguien que amen o que quieran amar mucho y dolorosamente. Háganlo todo a lo grande.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Alvarado, M. Miss Marjorie. Badajoz: El Verano del Cohete; 2013.

Jun’ichirō Tanizaki, El drama embrujado

INOUE: No, leerlo así no sería interesante. Si no te lo leo en este mismo momento, en el lugar mismo del asesinato, no sentirás terror. No te preocupes, el sol todavía no está en el ocaso. Escucha, te leeré el principio. (El drama embrujado; traducción del italiano al español por Couto).

Tanizaki

Al autor que comentamos esta semana lo conocerán bien, ya que Jun’ichirō Tanizaki (1886-1965) está bien representado en el panorama editorial en español. Siruela, DeBolsillo, Bid&Co, Alfabia, Seix Barral, Rey Lear han publicado recientemente traducciones de sus novelas y de muchos de sus cuentos. Il dramma stregato que les presentamos aquí, sin embargo, contiene material que, por cuanto hemos podido verificar (y corríjannos si nos equivocamos), permanece inédito en español.

Esta edición italiana, que da fe de los primerizos pasos literarios del autor japonés en su Tōkyō natal, recoge tres historias de sus inicios: “El demonio” (1912-1913), “El asesinato de O-tsuya” (1915), y “El drama embrujado” (1919). Las tres historias comparten una triangularidad dramática: entre un hombre y una mujer que dicen amarse, se interpone siempre un tercer elemento discordante (otro hombre, otra mujer, la indolencia, la enfermedad, la casualidad). Los hombres, pusilánimes, débiles, y siempre protagonistas en estas tres historias, se dejan conquistar por el atractivo de la carnalidad. No se oponen a los deseos que les subyugan; muy al contrario, los cultivan hasta que estos florecen, fecundos y con morbosidad purulenta. Y las mujeres, que no siempre se muestran audaces ni libertinas, funcionan como carnaza para esas pulsiones connaturales al hombre. Ellas las despiertan, las potencian, las agitan, pero no las crean ni las inoculan. Tales historias feroces de sensualidad contagiosa no podrán sino culminar en el necesario, inevitable final trágico.

Drinking

La primera de las historias, “El demonio”, narra cómo Saeki, estudiante enfermo por los excesos de una vida disoluta, se muda de Nagoya  a Tokyo para agonizar y morir en casa de su tía. La fascinación creciente que los blancos y desbordantes atractivos de su prima Teruko ejercen sobre él, así como la presencia funesta del enloquecido y enamorado Suzuki, harán que Saeki, siempre febril y coronado por la amenaza de la muerte, precipite en un abismo dominado por los apetitos.

Tomó entre las manos aquel frío tejido arrugado, empapado de moco; intentó alisar su resbaladiza superficie, y al final comenzó a lamerlo ávidamente como un perro.

‘… ¡Así que este es el sabor del moco!’. Le parecía lamer un algo de olor selvático y penetrante, y sobre la punta de la lengua permanecía sólo un leve sabor salado. ‘¡Qué sensación extrañamente áspera, indecentemente placentera! Tras el mundo de los placeres comunes de los seres humanos se esconde semejante paraíso, secreto y extraño…’ (El demonio; traducción del italiano al español por Couto).

“El asesinato de O-tsuya” explora más claramente el tropo de la femme-fatale. Shinsuke, sirviente de una próspera familia, se deja convencer por O-tsuya, hija de la estirpe, para huir juntos. Esa aparente fuga romántica se convierte inmediatamente en un rápido e imparable descenso en el vicio, la corrupción, y el crimen. O-tsuya es vil y maligna, retorcida y embustera, y responde en cada uno de sus pasos al prototipo de mujer fatal; mientras Shinsuke, en su lucha por poner orden a los crímenes y fechorías que pesan sobre sus espaldas, no hace sino enredarse con creciente ansia en una telaraña de carne muerta y sexo.

El relato que da título al libro, “El drama embrujado”, constituye la pieza más redonda de la tríada. El autor teatral Sasaki desea deshacerse de su esposa Tamako para poder casarse con su amante. Ah, pero Tamako, en su simpleza y mansedumbre, es demasiado dulce y comprensiva para que el marido acierte a matarla a sangre fría. Sasaki tejerá entonces su plan criminal a través de la escritura de un drama en un acto, “El bien y el mal”. Será a través de este ejercicio redondo de metalitetura como el lector conocerá los pormenores del inmerecido asesinato.

Deseo, carnalidad, muerte, y la extática enfermedad del deseo. Tanizaki se los sirve en bandeja de barro y sangre.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Tanizaki, J. Il dramma stregato. Traducción de Lydia Origlia. Milano: SE; 2009.

Helen Grant, La desaparición de Katharina Linden

‘¿Señor Schiller? ¿Realmente existe algo parecido a los fantasmas?’ El anciano ni siquiera mostró sorpresa alguna ante la pregunta. Lanzó un suspiro. ‘Sí, Pia, existen, pero nunca son como te los esperas’.

Grant_Katharina_LindenPia Kolvenbach tiene 10 años y el dudoso privilegio de ser conocida en todo Bad Münstereifel como la niña cuya abuela explotó el día de Navidad. Su historia personal, que se narra en primera persona, refleja las dificultades comunes de vivir en familia, de ir al colegio y ser parte, por minúscula que esta resulte, de la maquinaria del mundo. Cuando Katharina Linden desaparece sin dejar rastro durante el desfile de carnaval, sin embargo, Pia comenzará junto a su amigo Stefan “el maloliente” una pesquisa para averiguar qué o quién se esconde tras la desaparición.

Probablemente l@s lector@s adult@s encontrarán la resolución final del misterio algo superficial, a menos que esa explicación que le dan a Pia no se interprete como el encubrimiento típicamente paternalista del que desea proteger a los infantes de las crueles verdades del mundo. The Vanishing of Katharina Linden (“La desaparición de Katharina Linden” o “El imperturbable Hans” según la traducción de Emecé ) no es una novela de terror ni un “thriller” al uso, aunque haga reverencias a ambos géneros; se inscribe en la novela juvenil, pero seguramente muchos preadolescentes se sentirán turbados ante algunas escenas deliciosamente macabras en su tipificación. He de admitir que esta primera novela de Helen Grant evoca, sin embargo, un fantasma distinto pero igualmente tenebroso: el de los largos inviernos germanos, en los que la nieve silencia los pasos y oculta cualquier trazo de actividad humana; inviernos de calles invisibles, borradas por la oscuridad, de solitarias farolas que penden, cerúleas, como las testas de los ahorcados. Es este un terror cotidiano, que anida en los pequeños pueblos, tras los visillos, y que se transmite a través de la mirada, del gesto. En definitiva, el horror de lo imperceptible.

Aun reconociendo que “La desaparición de Katharina Linden” funciona sólo a medias, este primer tanteo literario abre el apetito e invita a husmear entre las obras posteriores de la autora londinense: The Glass Demon (2010), Wish Me Dead (2011), y el volumen de cuentos de inmediata publicación The Sea Change & Other Stories. Y si la simple lectura no les proporciona el escalofrío que necesitan, váyanse a Bad Münstereifel, caminen sobre las aceras heladas, piérdanse en la oscuridad.

Algunas notas bibliográficas y editoriales

Grant, H. 2010. The Vanishing of Katharina Linden. New York: Random House (1° ed 2009).

Traducción disponible en la editorial Emecé/Planeta de Libros: Grant, H. El imperturbable Hans. Traducción de Diego de los Santos. Barcelona: Emecé/Paneta de Libros; 2010.

Blog personal de Helen Grant.

Página de la municipalidad de Bad Münstereifel.

Bad Münstereifel en Wikipedia.

Brian J. Showers: The Bleeding Horse y Old Albert

Rathmines

“Tomen mi palabra, no existe pueblo antiguo alguno, especialmente si ha visto días mejores, que no pueda ser explicado a través de sus leyendas de terror. Sería lo mismo que esperar que un queso podrido no tuviese insectos, ni ratas una vieja casa, o un pueblo antiguo y ruinoso sin una auténtica población de duendes.”

Estas primeras líneas con las que Sheridan Le Fanu abre su “Historias de fantasmas de Chapelizod” (Ghost Stories of Chapelizod) bien podrían aplicarse a los dos libros que les traemos esta semana; dos libros, por otro lado, estrechamente relacionados entre sí que habrían de leerse como uno solo: “El caballo que sangra y otras historias de fantasmas” (The Bleeding Horse and Other Ghost Stories, 2008) y “El viejo Albert. Un epílogo” (Old Albert. An Epilogue, 2011) del autor Brian J. Showers. Una lectura contemporánea pero con sabor añejo perfecta para tardes de lluvia, noches de tormenta y contextos invernales en general.

Showers Bleeding Horse“El caballo que sangra y otras historias de fantasmas” (The Bleeding Horse and Other Ghost Stories) ofrece la fascinación de un paseo a través de un lugar desconocido para quien, como yo, nunca haya visitado Dublín ni el suburbio de Rathmines donde transcurren todas las historias que, aun así, resultan terriblemente veraces. Las historias, que parten de lo anecdótico, lo concreto y lo inmediato (el pub The Bleeding Horse, el Gran canal, la calle Portobello, el mercado bautizado como Blackberry Fair) terminan por evocar e invocar espectros, crímenes y escalofríos. Resulta una lectura física llena de espacios y de nombres propios, donde se alternan evocaciones históricas y ecos de sucesos militares con la presencia de artistas, estudiosos, párrocos e imprescindible gente común que pueblan y pululan por calles, sanatorios, casas e iglesias, envueltas en los sudarios de lo extraño, lo legendario, lo pintoresco, lo terrible. Las ilustraciones de calles y edificios vacíos que completan el volumen y que son obra de Duane Spurlock, se pueblan de fantasmas a medida que la madeja de historias se desmadeja.

Showers Old Albert“El viejo Albert. Un epílogo” (Old Albert. An Epilogue) prosigue la estela de The Bleeding Horse. Sin abandonar Rathmines, las historias de Old Albert se centran en el terreno de Larkhill y en la magnífica construcción allí erigida por el ornitólogo Ellis Grimwood a mediados del siglo XIX. Si en verdad no hay casa que se precie que no esté habitada por un fantasma, ni armario que no esconda esqueletos, este libro lo prueba. Las propiedades pueden cambiar de manos a lo largo de los siglos, pero las presencias que las pueblan suelen preferir quedarse en ellas.

Las historias de Showers nacen, pues, del territorio, de ese área dublinesa de Rathmines que el autor conoce de primera mano, como habitante y vecino de la misma, y no necesariamente como escritor. Es por ello que la narración se ve constantemente enriquecida con otras historias y testimonios de personas y personajes del barrio, escuchadas por casualidad, contadas frente a una pinta de cerveza, o leídas en viejos recortes de prensa, en diarios, o en oscuros libros que Brian Showers no evita citar. Para nuestra fortuna, tanto Old Albert como The Bleeding Horse se completan con una invitante y a menuda oscura e ilocalizable bibliografía final, en la que se incluye, por ejemplo, el raro volumen Aufsätze der Metaphysischer Medizin escrito por el doctor Martin Hesselius, el protagonista del relato “Té verde” de Sheridan Le Fanu. La conexión entre Showers y Le Fanu no termina aquí, sino que se extiende a la propia biografía personal del primero: vive en Dublín desde hace una década; edita y colabora en la revista Le Fanu Studies, además de haber coeditado el volumen Reflections in a Glass Darkly: Essays on J. Sheridan Le Fanu; y en The Bleeding Horse homenajea abiertamente al creador de “Carmilla” en uno de sus mejores y más impactantes relatos, “El diario de padre Corrigan” (Father Corrigan’s Diary).

Bleeding_horse_pubLa historia se convierte en medio espiritista, en canal mediúmnico a través del que evocar los espíritus de los muertos y las fuerzas sobrenaturales de las calles que poblamos, las casas en las que vivimos, y los bares en los que bebemos: recordar y relatar para revivir y resucitar. Un hilo invisible atraviesa cada historia, uniéndolas en un cruce de caminos que hierve de personajes del pasado y del presente. Después de leer The Bleeding Albert y Old Albert, se termina deseando que fuesen ciertos los macabros relatos narrados, los horrendos crímenes, los inexplicables hallazgos, las sombras en la penumbra.

Índice

The Bleeding Horse and Other Ghost Stories

Introduction

A Note to the Reader

  1. The Road to Rathmines

The Bleeding Horse

Oil on Canvas

Favourite No. 7 Omnibus

  1. Rathmines Road Lower

Meone’s Beast

Quis Separabit

Lavender and White Clover

Father Corrigan’s Diary

Epilogue

Bibliography

Old Albert. An Epilogue

A Note to the Reader

  1. Prologue
  2. Ellis Grimwood of Larkhill
  3. This Terrible, This Unnatural Crime
  4. An Exaltation of Skylarks
  5. Thin and Brittle Bone
  6. Come Like Shadows, So Depart

An Afterword

Notes

Bibliography

Acknowledgments

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Showers, B. J. The Bleeding Horse and Other Ghost Stories. Cork: Mercier Press, 2008.

Showers, B. J. Old Albert. An Epilogue. Dublin: The Swan River Press, 2012 (1a ed. Ex Occidente Press, 2011).

Crawford; G. M.; J. Rockhill; B. J. Showers(eds). Reflections in a Glass Darkly: Essays on J. Sheridan Le Fanu. New York: Hippocampus Press, 2011.

Le Fanu Studies.

Gerhart Hauptmann, El fantasma

Afirman los entendidos que el síndrome de Stendhal se define como un disturbio transitorio caracterizado por taquicardia, mareos, vértigo y alucinaciones que se manifiestan cuando el individuo se enfrenta a obras de extraordinaria belleza. Si es esta la enfermedad de lo insoportablemente bello, ¿con mayor razón no merecerá entonces el desgraciado Lubota un síndrome que lleve su nombre? Para Loretz Lubota, el protagonista de la obra que comentamos esta semana, su enfermedad resulta anónima y bastarda, pero no así la causa de la misma: su mal último se llama Veronika Harlan.

“Reverendo Padre, yo era un hombre pacífico y he perdido mi tranquilidad; era diligente y trabajador como una hormiga, y ahora me he convertido en un holgazán; como un flaco rocín no tenía pretensiones, y ahora me he convertido en un alcahuete y en un disipador. Quería a mi madre sobre todas las cosas: si ella muriese hoy mismo no vertería ni una sola lágrima. Amaba a Dios y al Cielo, temía al demonio y al infierno; pero dime  hoy dónde se encuentra Veronika Harlan, y si ella morase en los infiernos, renunciaría para siempre a Dios y al Cielo.” (“Il fantasma”,  p. 88; traducción de Couto a partir del texto italiano)

En “El fantasma” (Phantom, 1922) se narran en primera persona, a modo de confesión póstuma, las penalidades fatídicas de un pobre diablo enamorado. Lubota, el escribano de vida sencilla dedicada al trabajo, al estudio, al mantenimiento de la madre viuda, se trastoca completamente cuando, a través de la ventana de su oficina, contempla a la jovencísima Veronika en un coche de caballos. La fantasmal visión lo transforma radicalmente: la belleza lo despierta, y ese despertar resulta monstruoso, puesto que le obliga a enfrentarse a la mediocridad sucia y repugnante de su casa, de su apariencia, y de su mísera condición. Lubota, quien en los tiempos en los que Veronika Harlan no era siquiera espectro, sonreía satisfecho ante su vida y las perspectivas que esta le ofrecía, se espanta de la fealdad de engrudo y pluma que cubre todo lo que hasta entonces le era querido.

El deseo de poseer la belleza de la niña Veronika contagia de una fiebre de locura desmesurada a nuestro protagonista: la obsesión lo  penetra hasta el hueso, lo posee (no en vano Hauptmann recurre a la imagen de la posesión demoníaca para describir su estado), lo imbuye de presunción, lo empuja a la perversión, al engaño, y finalmente al crimen.

Gerhart Hauptmann (1862-1946), prosista y autor teatral galardonado con el premio Nobel de literatura en 1912, construye esta historia a partir de su propia experiencia. Su musa se llama Ida Orloff, joven actriz que conoce en los escenarios cuando esta cuenta tan solo 16 años. Ida, arquetipo de la mujer-niña, inspirará la mayoría de sus personajes femeninos, e incluso protagonizará la versión cinematográfica de otra obra de Hauptmann, Atlantis. No es esta, sin embargo, la única pieza del autor transformada en celuloide: nuestro Phantom será adaptado por Thea von Harbou y dirigido por F. W. Murnau en 1922. Otros dos buenos motivos para aproximarse a esta obra.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Hauptmann, G. Phantom. Novela por entregas publicada originalmente en el Berliner Illustrierte Zeitung en 1922.

Hauptmann, G. Phantom. Berlin: Fischer, 1923.

Hauptmann, G. Il fantasma. Traducción de Giovanni Tateo. Palermo: Sellerio, 2003.

Versión inglesa de Phantom en archive.org

“Phantom” (F. W. Murnau, 1922) en IMDB.