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Vampiros, sexo y dybbuks: últimas novedades en ELLN

Que no cunda el pánico. Aunque pueda parecer lo contrario, no, no he quedado atrapada bajo una montaña de tomos enciclopédicos, ni me ha devorado la Bestia de Polvo y Pelusa (aunque más de una vez me haya mordido y arañado con espantosa violencia), y tampoco me he colado por un agujero de gusano. En La Lista Negra vive (“it’s alive!”), aunque sea en la sombra y el silencio, acumulando libros, y escribiendo, escribiendo, escribiendo.

“¿Que escribe? ¿Pero qué escribe?”

Ya saben, lo de siempre. Escribe/escribo/escribimos sobre los benditos muertos que le/me/nos dan de comer, sobre sus cuerpos monstruosos, sensuales, fecundos, enfermos. Algo más de 100 páginas, y más de cincuenta mil palabras, de artículos académicos en los últimos cuatro meses y medio. Artículos, les advierto, que, siendo optimistas, casi nadie leerá, pero que me han reportado en la mayoría de los casos horas y horas de pecaminoso disfrute (entiéndanme, el trabajo debería ser sufrimiento y no gozosa actividad), y otras tantas de quebraderos de cabeza.

Dicho lo dicho, les comunico que el ritmo de publicaciones en el blog seguirá siendo irregular y totalmente impredecible. Les informo, además, de que muy pronto tendré que empezar a buscar trabajo. Un trabajo serio, de persona adulta y responsable. Si tienen una propuesta laboral interesante para una parada con mucho amor por los libros, experiencia en el manejo de herramientas bibliográficas, cierto conocimiento de idiomas et cetera et cetera, no duden en ponerse en contacto conmigo.

Y ahora, al tema: un repaso visual a algunos de los libros que circulan o han circulado por nuestra biblioteca en estas últimas semanas.

Vamp1Primera sección: una de vampiros.

El libro Alla ricerca di Dracula (In Search of Dracula: The History of Dracula and Vampires, 1972) de Raymond T. McNarlly y Radu Florescu (caballero este último cuyo linaje, por cierto, se remonta a los tiempos en los que Vlad Tepes sembraba Rumanía de campos de estacas) es, en gran medida, responsable de haber puesto en el mapa histórico al Drácula literario. Entre libro de viajes, crónica histórica e informe detectivesco, repasa algunos aspectos de la biografía del Empalador a través de los lugares por los que transitó durante su mortal existencia. En la expedición rumana que McNally y Florescu llevaron a cabo a finales de la década de los 60 también figuraba originalmente Matei Cazacu, quien algunos años después cambiaría Bucarest por París. El propio Cazacu evoca el viaje en el prólogo de su libro Dracula, y recuerda, quién sabe si con cierto oculto resquemor, que algunas de las ideas vertidas en Alla ricerca eran tesis propias.

En cuanto a Dracula. La vera storia di Vlad III l’Impalatore (Dracula, 2004), es un estudio histórico de Tepes como hombre político que se centra en las campañas militares que protagonizó, y en el inestable juego de equilibrios entre los poderes dominantes de la Europa central y oriental, con Hungría a un lado y Turquía al otro. El estudio dedica siete de sus nueve capítulos a reconstruir el perfil biográfico de Vlad Tepes a partir de documentos originales. Los capítulos ocho y nueve, por el contrario, exploran, por un lado, las fuentes que pudieron inspirar a Bram Stoker en la creación del inmortal conde, y, por otro, la figura del vampiro como fenómeno cultural. Como dato más que curioso, les diré que Cazacu, basándose a su vez en el trabajo de Radu Florescu, sostiene que Stoker tomó para su Dracula elementos de la novela Le capitaine vampire (El capitán vampiro), publicada por la belga Marie Nizet en 1879.

Con Prima di Dracula. Archeologia del vampiro, el clasicista Tommaso Braccini explora el poco conocido universo de cadáveres, muertos redivivos y chupadores de sangre del mundo antiguo y medieval mediterráneo oriental, permitiéndose alguna que otra incursión en las fuentes modernas. Resulta de interés la combinación de fuentes teológicas y eclesiásticas con narraciones folclóricas y apuntes arqueológicos. Tanto ensayo sólo puede digerirse con una buena selección ladrillesca de relatos de vampiros, como el Storie di vampiri que cierra esta upírica minisección. Este tipo de antologías suele hacer uso de portadas horribles, así como juntar relatos de desigual calidad, pero precisamente por eso (entre otras cosas) resultan tan atractivas, entretenidas y útiles para edificar el espíritu. En sus mil páginas cabe casi todo, vijs, vurdalaks, horlas y carmillas, Stokers, Bensons, Quinns y Smiths, notas históricas y reflexiones literarias, y sobre todo y ante todo, terror y escalofrío, aventura y esperpento.

Estos cuatro libros, si se leen contemporáneamente, producen un extraño efecto. Las informaciones, reflexiones y apuntes de unos y otros se sobreponen, se cruzan, se funden y complementan, se ratifican y refuerzan entre sí, aportando veracidad a todas y cada una de las narraciones, ya sean estas históricas o literarias. Se crea una mitología viva en en la que el vampiro y sus múltiples manifestaciones existen todavía, una mitología que nos da la esperanza de que una segunda existencia, desde la sombra y la frialdad de la tumba, aún es posible.

Vamp2Segunda sección: cosas del amor, del sexo y de la procreación.

Esta selección procede directamente de uno de uno de esos artículos académicos que he mencionado al principio. El libro de Yitschak Sefati “Canciones de amor de la literatura sumeria” (Love Songs in Sumerian Literature) presenta la edición, traducción y comentario de las composiciones sumerias que narran los amores, encuentros sexuales, cortejos y esponsalicios varios entre la diosa Inanna y su novio de toda la vida Dumuzi. El diccionario de Boggione y Casalegno Dizionario del lessico erotico (libro iluminante y divertido como pocos), por su parte, ofrece un abecedario de la terminología sexual y de las cosas del fornicio empleada en la literatura italiana moderna y contemporánea, mientras el estudio de Adams sobre el vocabulario sexual latino Il vocabolario del sesso a Roma (The Latin Sexual Vocabulary, 1990) resulta más rígido y académico en su tratamiento del tema.

Vamp3Tercera sección: varia.

*Rapidito, que ya es viernes.*

Leer a Piero Camporesi es siempre una delicia, sus libros muestran un equilibrio envidiable entre dato histórico y estilo literario, y sería capaz de conseguir que le interesasen a usted las materias más abstrusas e incomprensibles. En este I balsami di Venere, Camporesi repasa las sustancias utilizadas principalmente en la Europa moderna de los siglos XVI y XVII para rejuvenecer, vivificar, y estimular los apetitos de la carne (cosas que a todos ustedes, como a mí, les interesan). Los otros dos libros que aparecen en la fotografía tocan esas viejas filias nuestras, la ilustración anatómica (Human Anatomy), por un lado, y las experiencias de poseídos y endemoniados (ojo, en este caso en el mundo hebreo de los siglos XVI y XVII), por otro.

Y ahora que ya han echado una ojeada a este pequeño universo nuestro contenido entre cuatro paredes y sepulto en el polvo, ya podrán dormir tranquilos. ¿O no?

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Adams, J. N. Il vocabolario del sesso a Roma. Traducción de Maria Laetitia Riccio Coletti y Enrico Riccio. Lecce: Argo; 1996 (1ª ed. 1990).

Boggione, V.; Casalegno. G. Dizionario del lessico erotico. Torino: UTET; 2004.

Braccini, T. Prima di Dracula. Archeologia del vampiro. Bologna: Il Mulino; 2011

Camporesi, P. I balsami di Venere. Milano: Garzanti; 1989.

Cazacu, M. Dracula. La vera storia di Vlad III l’Impalatore. Traducción de M. Basile. Milano: Mondadori; 2006 (1ª ed. 2004).

Chayes, J. H. Posseduti ed esorcisti nel mondo ebraico. Traducción de Laura Rescio. Torino: Bollati Boringhieri; 2010 (1ª ed. 2003)

McNarlly, R. T.; Florescu, R. Alla ricerca di Dracula. Milano: Sugar; 1973 (1ª ed. 1972)

Pueden ojear la versión inglesa revisada de 1994, con portada de Edward Gorey, aquí.

Pilo, G.; Fusco, S. (eds) Storie di vampiri. Roma: Newton Compton; 1994.

Sefati, Y. Love Songs in Sumerian Literature. Rāmat-Gan: Bar-Ilan University Press; 1998.

Richard Marsh, El escarabajo: Un misterio

(Contiene spoilers. Las traducciones de fragmentos espeluznantes se ha reducido al mínimo para evitar malograr los momentos de goce del lector/a interesad@)

Esta novela de 1897, contemporánea de Drácula y a la que desbancó en éxito y ventas en la época, es una joyita injustamente olvidada en el panorama editorial en español (esperemos que por poco tiempo). La mezcla de géneros de las que echa mano su autor, Richard Marsh (1857–1915)[1], la habrían convertido en un clásico cinematográfico de haberse rodado una versión fílmica en los años 30[2]: terror, comedia romántica y de enredo, y misterio, con pinceladas de aventura de regusto oriental y exótico en el Londres victoriano.

“El escarabajo” (The Beetle) se divide en cuatro partes que, a su vez, son narradas en primera persona por cuatro personajes distintos:

Libro uno: La casa con la ventana abierta. La sorprendente naracción de Robert Holt.

Libro dos: El hombre perseguido . Los hechos según Sydney Atherton, el galán.

Libro tres: El terror durante la noche y el terror durante el día. La señorita Marjorie Lindon cuenta la historia.

Libro cuatro: En la búsqueda. La conclusión de los hechos está tomada del libro de casos del honorable Augustus Champnell, agente secreto.

Los acontecimientos transcurren en apenas tres días. La sombra monstruosa de un suceso acaecido 20 atrás en la vida de Paul Lessingham, político protagonista de esta historia, durante su estancia en el Cairo desencadenan el horrendo-divertido-alocado drama sobre el que se focaliza la novela. Un ser ancestral que no es ni dios ni demonio, sino que se define como “progenie de Isis” y que asume alternativamente la forma de un escarabajo (Scarabeus sacer o aegyptorum, se tiene a precisar), por una parte, y los rasgos ajados de un ser vagamente humano decrépito y macilento, por otra, lo persigue y hostiga cruelmente.

Mientras respondía a mi burla sobre el escarabajo repitiendo mis propias palabras, se desvaneció; o, más bien, vi cómo ante mis ojos adoptaba una forma distinta. Se cayeron todos sus holgados ropajes y, en el mismo momento en el que se caían, de entre ellos surgió, o, de alguna manera, de entre ellos pareció surgir, una criatura monstruosa, un tipo de escarabajo. El hombre había desaparecido. (The Beetle, p. 109; traducción de Couto).

Utilizando sus poderes mesméricos, la criatura venida del Oriente manipula, primero, al vagabundo Robert Holt para que robe ciertas cartas del sécretaire del político; y, más tarde, a Marjorie Lindon, la prometida de Lessingham. La primera parte de la novela en la que Robert Holt relata su versión de los hechos y su terrible experiencia personal a merced de las capacidades magnéticas de la criatura presenta, sin duda, las atmósferas más espeluznantes de este El escarabajo:

No sabía en qué dirección estaba andando. Me sentía como un hombre que volase a través de los acontecimientos fantasmagóricos de un sueño, sin saber cómo ni dónde. Me precipité por lo que supuse fuese un ancho pasillo, cruzando una puerta al final de la cual, imagino, había un salón. Me lancé a través de la habitación, atropelladamente, tirando en la oscuridad invisibles objetos del mobiliario, a veces conmigo encima, a veces debajo de ellos. Cada vez que caía, rápidamente me ponía otra vez de pie, hasta que choqué contra una ventana que estaba oculta por cortinas. No habría resultado extraño si la hubiese atravesado de un golpe, pero me salvé de esta. Apartando las cortinas, busqué el pestillo de la ventana. Era un alto ventanal francés que se extendía, por lo que pude juzgar, desde el suelo hasta el techo. Cuando conseguí abrirla salí a través de ella a la galería en el exterior, sólo para descubrir que me encontraba encima del pórtico que, sin éxito, había intentado trepar desde el suelo. (The Beetle, p. 45; traducción de Couto).

El trío formado por escarabajo, prometida, y servidor mesmerizado desencadenará el final turbulento de la novela. Perseguidos por otro trío, en este caso compuesto por el propio Lessingham, el histriónico inventor Atherton, y el investigador privado Champbell, emprenderán una loca carrera por medio Londres y alrededores, llena de escenas “costumbristas”, que culminará, previo accidente de ferrocarril, en la salvación de la hipnotizada Miss Lindon.

“El escarabajo” no está exento de sorpresas que hemos preferido no desvelar, y que han sido objeto de estudios de crítica literaria reciente. Ofrece, además, numerosos puntos sobre los que reflexionar, especialmente en lo que se refiere a los discursos colonialistas sobre el concepto del Otro (en este caso, encarnado en el Oriente), la amenaza que supone la mujer sexualmente activa para el hombre blanco británico, y, de nuevo, los discursos raciales en el contexto europeo finisecular. Una delicia para los gourmets del género.


[1] Bautizado con el nombre de Richard Bernard Helman, su nombre se cita mayormente por el hecho (involuntario, conviene añadir) de haber sido el abuelo de Robert Aickman.

[2] En 1919, no obstante, se rodaría un cortometraje del mismo título bajo la dirección de Alexander Butler.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Marsh, R. The Beetle: A Mystery. Hertfordshire: Wordsworth Editions, 2007 (1a ed. 1897)*.

Marsh, R. The Beetle. Edición electrónica en gutenberg.org.

*Edición usada en la preparación de esta entrada.