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Desiderata: El maestro del sueño eterno, de Dario Piombino-Mascali

Sonno

En las catacumbas de los capuchinos, en Palermo, reposa un ataúd que cela, desde hace casi un siglo, el cuerpo de una niña. A través de la tapa de cristal su carita luce tranquila. La bella parece dormir, cansada tras el juego y la carrera.

La niña se llama Rosalia Lombardo, y el artífice de su embalsamamiento, Alfredo Salafia. Muerta a causa de una pulmonía, quiso su padre robarle el cuerpo a la tierra y hacerla dormir para siempre. Il maestro del sonno eterno, escrito por el antropólogo y especialista en la historia de la momificación Dario Piombino-Mascali, cuenta esta historia de luto y ciencia.

Un libro que desde ya incluimos en nuestra carta de deseos para estas Navidades.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Piombino-Mascali, D. Il maestro del sonno eterno. Palermo: La Zisa, 2009.

El cuerpo inmortal: craneólogos y petrificadores del siglo XIX

nadar_catacombesSomos porque nuestros cuerpos existen. Cualquier acción, reacción, pensamiento y sentimiento nace y muere en el cuerpo, se manifiesta y reprime en él, por él. Lo sublime y lo banal. Todo. No se extrañen entonces si el cuerpo se ha convertido ya en el tema recurrente por excelencia de este blog. Posee la rara cualidad de manifestarse cercano y reconocible, y extraño y alienante al mismo tiempo. El universo que ustedes conocen pasa a través del cuerpo, que es como un filtro por el que penetrasen hacia el interior y se excretasen todas las experiencias imaginables. Es el monstruo más fascinante que haya existido jamás, y cada un@ de nosotros habita dentro de uno.

Pero, además, cuando abandonemos nuestra casa de carne y hueso – es decir, cuando perdamos la consciencia de habitar un cuerpo – , éste seguirá viviendo, a su manera. Experimentará una segunda existencia, quizás incluso una tercera y una cuarta. Si credos, religiones y filosofías del cuño más diverso apuestan por la inmortalidad del alma sin que sus acólitos hayan disfrutado efectivamente de los beneficios de tal longevidad post-mortem, ¿no será en los tiempos que corren más modesto y realista meditar sobre la inmortalidad del cuerpo? En la entrada de esta semana les presentamos un reciente volumen sobre esto, sobre huesos que sobreviven a sus ocupantes y que experimentan inesperadas juventudes. Se trata de un número monográfico de la revista Nuncius. Journal of the Material and Visual History of Science editado por Francesco Paolo de Ceglia e Irina Podgorny como resultado del seminario “Inmortal bodies” celebrado en Berlín en 2011. Los distintos artículos, cuyos títulos encontrarán listados al final de esta entrada, versan a grandes líneas sobre la incorruptibilidad del cuerpo, las prácticas funerarias, y la gestión y exhibición de los cadáveres preservados. Pero para darles una idea, hablaremos en concreto de dos ensayos de esta colección, por lo que tienen de representativo de los contenidos del volumen.

MariniEn su artículo sobre las “artes gorgóneas”, Irina Podgorny contextualiza las prácticas del italiano  Efisio Marini (1835-1900) en el campo de la petrificación artificial de la materia orgánica. En un siglo XIX concernido con la experimentación química, con la exploración de la naturaleza, el estudio del ser humano y la preservación de cadáveres, Marini “il pietrificatore” consiguió desarrollar fórmulas efectivas para dotar de apariencia marmórea  a la carne inerte. De hecho, las aplicó con éxito sobre manos, pies, y antebrazos que, retratados en lánguidas fotografías, parecen arrancados de estatuas renacentistas; logró conservar el cuerpo del historiador Pietro Martini durante meses; y perpetuó en pétrea forma el cuerpo difunto de una niñita para consuelo de su madre. Llegó incluso a construir una mesita a partir de una mezcla de sangre y restos de distintos órganos humanos convenientemente tratados y petrificados, macabra pieza de mobiliario que actualmente se conserva en el Museo Anatomico di Napoli.

Marini_tavoloMesa poco convencional, obra de Marini.

A la muerte de Marini, acaecida en 1900, su hija heredaría las fórmulas y resultados de sus experimentos. Pero el coste de la petrificación funeraria en comparación con otras prácticas más asequibles de preservación del cadáver, unido a ciertas cuestiones sobre la viabilidad de aplicar esta técnica a gran escala, terminarían por avocar al olvido los logros del petrificador. Thomas A. Trollope, hermano del famoso novelista, expresaría así en sus memorias su inquietud ante la perspectiva de transformar en estatuas a los muertos:

¿Cuál sería el resultado de transformar en mármol a todas las futuras generaciones de hombres? ¿Cómo podríamos vivir en un mundo poblado por estatuas de mármol cuyo número excediese infinitamente a sus habitantes vivientes? (Thomas A. Trollope, What I Remember, vol. 3, 1887, p. 106; citado en Podgony, p. 306; traducción de Couto.

Mano

Efisio Marini, “Mano de joven mujer”, Museo della Scienza e della Tecnica de la Università degli Studi di Sassari.

Paul_BrocaEl segundo artículo, “Colecciones francesas de calaveras del siglo XIX y el culto de los huesos” de Néli Dias, versa sobre la constitución de la colección de calaveras  y restos humanos de la Société d’Anthropologie de Paris, fundada en 1857 en París por Paul Broca, y su incidencia en el desarrollo de la antropología física en el país galo. En sus inicios, la antropología se presenta como el estudio de los “tipos humanos” que se sirve del cráneo como pieza interpretativa fundamental para testimoniar las diferencias entre las distintas razas. Para realizar tal tarea sin desviarse de los principios de la recién adquirida cientificidad se hace imprescindible conseguir calaveras, muchas, y de todos los tipos posibles. Y a partir de ahí, catalogarlas, medirlas, ordenarlas en series que permitiesen individuar los rasgos de cada tipo o grupo, compararlas entre sí y posicionarlas además en la cadena evolutiva humana. Los cráneos, pues, dotan de fisicidad, de empirismo, de “mensurabilidad”, a los discursos y teorías científicas decimonónicas que defienden la existencia de razas humanas superiores e inferiores, evolucionadas y primitivas.

Este tipo de estudios antropológicos, unidos a la profusión de fondos museísticos óseos, dieron pie a la publicación de auténticos atlas craneológicos, informativos volúmenes ilustrados como Crania Americana (1839) o Crania Britannica (1865). Como Dias expone en su artículo, el hueso, además de ser objeto de estudio científico, mantiene y expande sus cualidades estéticas al transformarse en motivo de representación artística.  Dispuestos ordenadamente en anaqueles y convenientemente etiquetados, los cráneos de Broca existen también para ser contemplados como repetitivas obras de arte humano, como patrones de un tejido duro, blanco, perpetuamente sonriente.

Broca_cerebroCerebros ilustres: la morada final de Broca.

Cuántos fantásticos elementos se encuentran en estas historias veraces, y cuánto dicen de nosotros. No hemos sobrevivido a esa voluntad de reproducir e imitar los procesos de la naturaleza en el laboratorio. Al contrario, la hemos elevado a credo, filosofía y esencia. Exponer; registrar; observar. Preservar el cuerpo. En definitiva, sobrevivir a la muerte.

Índice del volumen

Francesco Paolo de Ceglia; Irina Podgorny: “Introducción” (Introduction).

Francesco Paolo de Ceglia: “La ciencia de Santa Claus: Discusiones sobre el maná de Nicolás de Myra en la época moderna” (The Science of Santa Claus: Discussions on the Manna of Nicholas of Myra in the Modern Age).

Glyn Redworth: “¿El don de Dios? Reliquias sagradas, concesión de dones, y la preparación del sacro de Luisa de Carvajal durante la Reforma” (God’s Gift? Sacred Relics, Gift Giving, and Luisa de Carvajal’s Preparation of the Holy During the Long Reformation).

Irina Podgorny: “Transformando a los muertos en estatuas de piedra: La síntesis de fósiles, la petrificación, la fotografía y la química de las artes gorgóneas” (Changing the Dead to Statues of Stone: The Synthesis of Fossils, Petrifaction, Photography, and the Chemistry of the Gorgonean Arts).

Silvia Marinozzi “El arte del embalsamamiento en época moderna: Las momias de Carolina, Letizia y Joachim-Napoleon Agar como ejemplos de ritos funerarios durante el imperio napoleónico” (The Embalming Art in the Modern Age: The Mummies of Caroline, Letizia and Joachim-Napoleon Agar as Examples of Funerary Rites in the Napoleonic Empire).

Nélia Dias: “Colecciones francesas de calaveras del siglo XIX y el culto de los huesos” (Nineteenth-Century French Collections of Skulls and the Cult of Bones).

María Eugenia Constantino; Antonio Lafuente: “Las logísticas ocultas del gabinete novohispano de Longinos” (The Hidden Logistics of Longinos’s Novohispanic Cabinet).

Gerlind Rüve: “Centrándose por un momento en la excepción a la regla: Sobre la frontera entre la vida y la muerte en el caso de Scheintod[1] en 1833” (Focusing on the Exception to the Rule for a Time: On the Border Between Life and Death in a Case of Scheintod in 1833).

Hubert Knoblauch, “El declive de las disecciones clínicas y la ‘cultura de la muerte’” (The Decline of Clinical Dissections and the “Culture of Death”).

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Dias, N. Nineteenth-Century French Collections of Skulls and the Cult of Bones. Nuncius 27 (2012), pp. 330–347.

Podgorny, I. Changing the Dead to Statues of Stone: The Synthesis of Fossils, Petrifaction, Photography, and the Chemistry of the Gorgonean Arts. Nuncius 27 (2012), pp. 289–308.

Página de la revista Nuncius.

Página de la Société d’Anthropologie de Paris (SAP).


[1] Animación suspendida.

¿Cuántas vidas tiene la muerte? Estudios tanatológicos e investigación

Tanatología: el término posee una fría e inerte poética, y es justo que así sea para una disciplina que se dedica al estudio de la muerte. Inicialmente, la tanatología se inscribía en la medicina forense y legal, y se ocupaba del estudio de los procesos corporales observables en el cadáver tras la muerte. Desde hace algunas décadas, este campo ha extendido su radio de acción para abrazar muchas otras disciplinas que abordan, de un modo u otro, temáticas sobre cómo individiuos, familias y sociedades lidian con la experiencia de la muerte. La tanatología se nutre así de la antropología, la historia de las religiones, la medicina, la sociología, la arqueología, la historia cultural, la filosofía, la literatura, si bien los antropólog@s, hitoriadores/as y filósof@s que se ocupan de las “culturas de la muerte” no se llamen a sí mismos tanatólog@s.

En esta vasto rosario de temas y aproximaciones metodológicas, encontramos investigaciones de toda índole. Se encuadran, pues, en la tanatología estudios sobre la preservación del cuerpo (momificación, desecación, embalsamamiento), las técnicas y sustancias empleadas, y los motivos para tal práctica: recordemos el embalsamamiento de Lenin y la instalación de su cuerpo en el correspondiente mausoleo como parte de un discurso político y propagandístico concreto, sin considerar muchos otros ejemplos de pública exposición de cadáveres de líderes laicos, religiosos, y militares.

Más atractivos resultan los trabajos sobre los modelos de representación del más allá, de la ultratumba y de las realidades post-mortem. ¿Qué sería de nosotros sin Tutankhamon, sin el señor de Sipán, sin las tumbas reales de Ur?  Desde El libro de los muertos hasta El nacimiento del purgatorio, pasando por el arte del buen morir, el culto a los finados, y la amenaza de fantasmas y espectros, la academia (siempre dispuesta a obtener beneficio de lo que el tiempo no ha podido llevarse a la tumba) siega, disecciona y descuartiza los ya de por sí maltrechos cadáveres en busca de respuestas.

Pero en este gran memento mori, también los vivos desempeñan un rol esencial que no es ajeno a la investigación, por ejemplo, a través del análisis de la experiencia del duelo en distintos grupos humanos y períodos históricos: cómo se despide al muerto, quién llora, de qué manera se explica socialmente el momento de tránsito. El estudio de De Martino, cuya referencia encontrarán citada al final de la entrada, así lo demuestra. O la fotografía post-mortem, esa práctica encargada de inmortalizar en papel al recién fallecido en su mortaja sobre la que no pocos libros han aparecido en las últimas décadas. A este respecto, otro fenómeno interesante que siempre me ha llamado la atención es el de las cartas egipcias a los muertos. Se trata de mensajes escritos sobre recipientes cerámicos, fragmentos de tela o papiro, en los que los vivos piden la intercesión de sus muertos en asuntos varios, como la curación de una enfermedad o la resolución de disputas por una herencia, y que son depositados en la tumba. No es mal consuelo: significa que podremos seguir leyendo incluso después de muertos.

Pero desde el año 2005, el mundo académico ya tiene una publicación periódica de título inequívoco que recoge todas estas facetas de la muerte entre sus azules lomos: Studi tanatologici, una revista internacional, editada por Bruno Mondadori, que publica fúnebres estudios en inglés, francés e italiano. Con cinco volúmenes publicados (y llevan retraso, todo sea dicho), cada tomo se compone de cuatro secciones: “Clásicos de la tanatología”, en la que publican o traducen estudios metodológicos relevantes sobre el tema; “Estudios e investigaciones”, donde se recogen artículos de variada temática sobre investigaciones recientes; “Glosario tanatológico”, en la que se discute  un término o concepto clave en el campo de la tanatología (en el primer número: embalsamamiento-momificación); y “Recensiones”.

Sin ser demasiado conscientes de ello, el mundo editorial, las bibliotecas, y nuestras propias estanterías están pobladas de libros sobre tanatología, en volúmenes para egiptomaníacos, guías turísticas, ejemplares de novela negra, y panfletos sobre parapsicología y experiencias cercanas a la muerte. Un extraño e indescriptible mecanismo de “autorregulación interna” consigue, sin embargo, que las momias egipcias resulten interesantes para un público masivo, mientras convierte a la fotografía post-mortem y la arquitectura ósea de las criptas de los capuchinos, por poner dos ejemplos, en algo macabro. La muerte, y no me refiero a aquella que es víctima del violento despliegue informativo, sino a la muerte como “producto cultural”, como elaboración literaria, como objeto de estudio, museizado y encuadernado, forma parte de nuestra lectura cotidiana. La muerte, en definitiva, tiene muchas vidas, y aquí les he ofrecido tan solo algunas de ellas.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Revista Studi tanatologici.

Burns, S. Sleeping Beauty: Memorial Photography in America. Altadena, California: Twelvetrees Press 1990.

Burns, S. Sleeping Beauty II: Grief, Bereavement and The Family In Memorial Photography American & European Traditions. New York : Burns Archive Press, 2002.

De Martino, E. Morte e pianto rituale. Dal lamento funebre antico al pianto di Maria. Milano: Einaudi, 1958.

Gardiner, A. H. Egyptian Letters to the Dead Mainly from the Old and Middle Kingdoms. London: The Egypt Exploration Society, 1928.

Le Goff, J. El nacimiento del purgatorio. Madrid: Taurus, 1989 (1a ed. 1981).

Taylor, J. H. (ed) Ancient Egyptian Book of the Dead. Journey through the Afterlife. London: British Museum Press, 2010.

Fotografía post-mortem y otras curiosidades

Sleeping Beauty

The Burns Archive

The Burns Archive Blog

The Thanatos Archive