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Sangre en lo profundo: breve venografía bibliófila

Oppenheimer Der BlutendeMax Oppenheimer, El hombre que sangra (Der Blutende, 1911). Spencer Museum of Art, The University of Kansas.

Esta sangre es un vino que embriaga el alma, del cual cuanto más se bebe, más se querría beber; y uno no se sacia nunca (…) (Carta 208 de Caterina de Siena a Fray Bartolomeo Dominici de la Orden de los Predicadores en Asciano).

No lo duden: también la sangre tiene su historia, una historia rica, compleja, y embriagadora. De la sangre les hablamos en el post dedicado a Piero Camporesi y su Il sugo della vita. Simbolismo e magia del sangue, y ha salpicado muchas otras entradas de este blog, tan predispuesto a flirtear con vampiros, caníbales y petrificadores. En esta ocasión, y como ya hiciésemos en aquel Viaje in utero, en el que EnLaListaNegra ejerció de maltrecho e improvisado cicerone por los misterios de esta oculta pieza de anatomía femenina, les proponemos un recorrido bibliófilo por corrientes purpúreas, calientes y ferrosas.

Blut Kunst Macht Politik PathologieCoinciden autores, artistas y estudiosos en enfatizar la naturaleza maleable de la sangre, la riqueza de valores y significados que transporta, y su capacidad de aunar vida, muerte y resurrección, sublimación y fisicidad, crimen, castigo y redención. “Sangre. Arte, poder, política, patología” (Blut. Kunst, Macht, Politik, Pathologie), catálogo de la exposición homónima celebrada en el Schirn Kunsthalle Frankfurt entre 2001 y 2002, explora a través de textos e imágenes las múltiples valencias de este zumo vital. Un vagabundeo que toca las asociaciones herméticas, el simbolismo, el mundo bíblico (“la sangre es la vida”), el sacrificio (Maya), el arte (crear usando la sangre como materia prima), la guerra, la venesección, la medicina (apuntes históricos sobre las técnicas de transfusión), las teorías fisiológicas (Harvey y la circulación), la política, la raza, los humores, la religión (la sangre de Cristo como instrumento de salvación), los perturbadores efectos de la pureza de sangre sobre los rasgos físicos de los miembros de la realeza, la infección (SIDA, hepatitis), la genética, la clonación.

Y qué decir del cristianismo, religión cuyos basamentos se establecen sobre el canibalismo (no en vano la comunión de la sangre y el cuerpo de Cristo constituye su sacramento principal) y la visceralidad. ¿Qué sería del panteón cristiano sin el glorioso martirio? ¿Y las místicas, que, como Caterina da Siena, saboreaban la sangre del Cristo en cada hostia consagrada y sentían sus bocas inundadas del sabor ferroso de tan precioso don? ¿No se asemejan ellas a las novias del vampiro, amantes de un placer que, por elevado, se presenta sólo en apariencia menos lujurioso y obsceno que aquel perseguido por las criaturas de la noche? Deseos de un baño de sangre…

Bellegambe tryptique bain detalleDetalle del Tryptique du bain mystique, Jean Bellegambe, Palais des beaux-arts de Lille.

Uno de los muchos tratamientos académicos del fenómeno del culto a la sangre de Cristo lo proporciona el volumen “Sangre maravillosa. Teología y práctica en Alemania del Norte tardomedieval y más allá” (Wonderful Blood. Theology and Practice in Late Medieval Northern Germany and Beyond, 2007) de Catherine Bynum. En este estudio, que se centra en material histórico procedente del norte germánico, la medievalista explora los poderes salvíficos atribuidos a la sangre de Cristo, el culto y la devoción a las heridas del mesías, y las rutas de peregrinación creadas alrededor de los lugares que albergaban reliquias y objetos asociados al martirio y a la lluvia púrpura.

Códice Tudela 21Página del Códice Tudela, siglo XVI. Museo de América, Madrid.

Otro libro rubí, colección de artículos sobre el hemático líquido, es “Sangre en la historia e historias de sangre” (Blood in History and Blood Histories, 2005). Entre las contribuciones más interesantes figuran “El uso terapéutico de la sangre en el occidente medieval” (Der therapeutische Gebrauch von Blut im mittelalterlichen Abendland), de Hartmut Bettin; “Las virtudes magnéticas de la sangre en la tradición médica de Paracelso” (Les Vertus Magnétiques du Sang dans la Tradition Médicale Paracelsienne), de Roberto Poma; “La sangre del vampiro” (Das Blut der Vampire), de Anja Lauper; y “Sangre tóxica: menstruación y menotoxina en los años 20” (Giftiges Blut: Menstruation und Menotoxin in den 1920er Jahren), de Myriam Spörri, autora del también sanguíneo “Sangre pura y sangre mixta. Para una historia cultural de la investigación de los grupos sanguíneos, 1900-1933” (Reines und gemischtes Blut. Zur Kulturgeschichte der Blutgruppenforschung, 1900-1933). El tema expuesto por Spörri merece un brevísimo comentario. Las teorías médicas sobre las menotoxinas sostienen la existencia de una toxina en la sangre menstrual que habría producido efectos de corruptibilidad en las plantas y flores, en la fermentación del vino y del pan, en la preparación de conservas y salmueras. Este constructo científico, pues, habría dotado de un discurso teórico-científico y, por tanto, justificado, muchas de esas ideas y actitudes sociales y religiosas hacia las mujeres, sus cuerpos, y el supuesto peligro que suponía la menstruación para el desarrollo de la vida cotidiana.

Carpignano_Sesia_Immagine_Chiesa_Caterina_da_SienaSanta Caterina da Siena, fresco del siglo XV, iglesia de San Pietro en Carpignano Sesia.

A este respecto (mujeres, cuerpos, menstruación), el volumen Blood Magic: The Anthropology of Menstruation, a pesar de haber sido publicado hace casi tres décadas, todavía mantiene vigencia. En su introducción, Buckley y Gottlieb ofrecen un repaso crítico a todas esas visiones unificadoras que han entendido, explicado e incluso justificado la percepción de la sangre menstrual como fluido sometido a tabúes generalizados y universales. Los casos presentados en Blood Magic desmitifican muchas de esas consideraciones y demuestran, una vez más, que toda generalización es limitativa, parcial e inexacta.

Y los títulos siguen y se multiplican. Cuántos libros de sangre en las bibliotecas propias y ajenas, y cuántas historias que circulan en la nuestra propia. Cuéntennos la suya, si la tienen o si la recuerdan, y si prefieren el silencio, limítense a dibujar un mapa venoso y maravíllense.

Henry Darger y los reinos de lo irreal

La obra que comentamos esta semana, épica en dimensiones y contenido, no se escribió para ser leída. No se encuentra en las vitrinas de ninguna librería del mundo, dado que nunca fue ni será publicada, y no resulta descabellado suponer que, entre los pocos individuos que la habrán tenido entre las manos, ninguno la haya leído en su totalidad. Este mundo de ficción debía haber muerto junto con su artífice, que fue a su vez creador y protagonista, y en lugar de eso, acabó convirtiéndose en ejemplo de post-modernidad.

La inusual obra se titula “La historia de las muchachas Vivian, en lo que se conoce como los reinos de lo irreal, de la tormenta de la guerra glandeco-angelinia provocada por la rebelión de los niños esclavos (The Story of the Vivian Girls, in What is Known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm Caused by the Child Slave Rebellion), y fue escrita por Henry Darger (1892-1973), solitario, profundamente creyente, y conserje de profesión (trabajaría en un hospital católico casi toda su vida). Compuso esta monumental obra de más de 15000 páginas a lo largo de 4 décadas, y a pesar de su grandiosa extensión, aseguran los que sí han tenido acceso a los volúmenes que están perfectamente organizadas en partes y subdivididas en múltiples capítulos de gran complejidad y detalle.

La historia de las jovencitas Vivian se ambienta en Abbieannia, reino católico situado en un planeta alrededor del cual orbita la tierra. En ese mundo, los niños son sometidos a esclavitud y obligados a realizar trabajos forzados; mas, bajo la égida de las Vivian Girls y con la ayuda de unas criaturas llamadas blengins, se rebelarán contra sus opresores los glandelinios (adultos con toga y birrete que se dedican a la explotación y al maltrato infantil). La rebelión llevará a una cruenta guerra entre los dos bandos, un enfrentamiento que algo tiene de guerra santa, puesto que los infantes luchan en la esperanza de que venza el cristianismo. Y no sólo eso, sino que serán sometidos a terrible torturas, persecuciones, masacres y crudelísimos martirios que emulan aquellos de los santos paleocristianos: regueros de figuras evisceradas, crucifixiones y ahorcamientos pueblan las páginas de The Story of the Vivian Girls . Eso sí, sin medias tintas: en esta guerra los niños también luchan, disparan y cercenan.

Pero Darger no se limitó a describir este mundo mediante la palabra, sino que lo recreó en imágenes fantásticas. A través de collages y de dibujos a lápiz, carboncillo y acuarela sobre papel de estraza, inspirados en recortes extraídos de revistas, anuncios publicitarios e imágenes religiosas, Darger puso cara a las niñas Vivian, a los soldados de ambos bandos, a sus generales y oficiales, a los niños salvajemente torturados, dio forma a jardines, ríos y campos de batalla. En definitiva, trazó físicamente el mundo de Abbieannia.

El documental “The realms of the unreal”, dirigido por Jessica Yu en 2004, ofrece fragmentos de su obra escrita, de su producción pictórica, testimonios de sus vecinos, de su autobiografía (The History of my Life). Un hombre silencioso que revolvía en la basura en busca de material gráfico (revistas, periódicos, tebeos): “nadie sabía que hacía arte con eso”, declara una vecina, como si eso elevase su estatus ante el público y ante la ciudadanía. “En misa siempre se sentaba en la primera fila”, “Se sentaba en el último banco para no ser molestado por nadie”, “Se sentaba en el medio”, testimonian aquellos que lo veían ir a misa cada día.

Personalmente me resulta extraño escribir sobre un libro que no podré leer jamás, hurgar en la vida de Darger y sus criaturas, aunque la curiosidad siempre puede más que el escrúpulo, me temo. Sólo espero tener acceso algún día al volumen editado por Bonesteel que, aunque únicamente recoja fragmentos, porporciona acceso de primera mano al material original, y no a las elaboraciones póstumas de segunda, tercera y cuarta generación. 

Dudo incluso sobre cómo referirme a ella: es una obra, “una cosa hecha o producida por un agente”, como lo es un acueducto, una clepsidra, el motor de una batidora, los engranajes de un reloj, una alfombra persa; pero también es la biografía de Darger (no en vano se incluyó en la historia como el General Darger, defensor de la causa de los niños), un desvarío, una fantasía mastodóntica, un diario inventado, una reinterpretación del mundo. Y es también un algo del que desconozco el nombre, un invento venido del país de Cucaña, de Mu, de Lemuria, de la luna o del fondo del mar.

Muchos académicos tratan a Darger y su trabajo como la obra de un discapacitado psíquico (“mentally ill”), cuya producción se inscribiría en la llamada “outsider art”, también conocido como art brut o art naïve, dependiendo del analista en cuestión; maravilloso contrasentido este, por cierto, que siendo un outsider, la propia creación se pueda encasillar en una etiqueta que acomuna1. The Story of the Vivian Girls, in What is Known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm Caused by the Child Slave Rebellion: uno de los pocos ejemplos en los que el título casi supera a la historia en extensión. 

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Bonesteel, Michael (ed.). Henry Darger: Art and Selected Writings. New York: Rizzoli, 2000.

MacGregor, John M. Henry Darger: In the Realms of the Unreal. New York: Delano Greenridge Editions, 2002.

Morrison, C. L. The Old Man in the Polka-Dotted Dress: Looking for Henry Darger. New York: Farrar Straus and Giroux, 2005.

Henry Darger Room en Intuit, Chicago.

Darger Study Center en el American Folk Art Museum,New York.