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Paul Leppin, El viaje de Severin en la oscuridad

“Para algunos, el esplendor de la vida sólo era el brillo de la desilusión”.

En “El viaje de Severin en la oscuridad. Una novela de fantasmas praguense” (Severins Gang in die Finsternis. Ein prager Genspensterroman) Praga emerge hecha de vagabundeos por callejuelas, parques, plazas, oscurecidas fachadas, escenarios unidos por hilos de luz balbuceantes y deseo truncado. A sus 24 años, Severin desea, desea intensamente. Atrapado en una vida de convención que le es extraña (un trabajo de oficina, un amor apagado el suyo que no logra corresponder la pasión de Zdenka, de Susanna, de Karla), anhela una intensidad que no puede aplacar con ninguna de las infatuadas mujeres que le declaran amor eterno. Porque Severin busca la intensidad lacerante, la busca en los cafés, en el bullicio, en las oscuras y sugerentes calles de Praga. Nada de lo que encuentra lo llena ni lo satisface: desea alcanzar la cumbre prescidiendo de las penosidades del ascenso y de la humillación de la bajada. Incluso Lazarus Kain, el viejo librero judío que a la luz de una inextinguible lámpara de gas ojea libros eróticos, lo introduce al círculo licencioso del doctor Konrad creyendo haber reconocido en él los propios apetitos. Nada más lejos de la realidad. Lazarus, quien, como su homónimo bíblico se siente revivir en la presencia de las rosáceas mujeres que frecuentan el salón, Severin encuentra el espectáculo chabacano y despreciable. Porque su ideal aspira a la sublimación más pura, sin preámbulos ni epílogos.

En esta breve novela publicada en 1914, el praguense Paul Leppin (1878-1945) eleva a protagonistas tres figuras: el propio Severin, la ciudad de Praga, y el inevitable sucederse de las estaciones. La ciudad se convierte en una tela de araña, en un laberinto cerrado sobre sí mismo que expresa, a través de sus callejuelas, sus edificios, plazas y locales públicos, el lento y continuo girar sobre sí mismo de Severin y de su trágico destino. El joven cae en una controlada desesperación, salta de los brazos de una mujer a los de otra en perpetuo desasosiego, mientras recuerda momentos de su infancia y adolescencia en los que la intensidad era el pan diario. La nada cotidiana, las expectativas incumplidas y los sueños ahogados flotan hinchados y descompuestos en el lento fluir de una vida fútil y gris. ¿Pero qué sucederá, entonces, cuando la libertina Mylada responda a su deseo con una lujuria desmedida, intensa y complaciente?

Esta reedición recién salida del horno de la traducción inglesa se la debemos a la editorial independiente Twisted Spoon Press. Afincada en Praga, y con casi 20 años de trabajo dedicado a la recuperación de autores olvidados, principalmente checos, han publicado ya las traducciones de tres novelas de Leppin. Su página web ofrece, además, excelentes perfiles biográficos de todos sus autores, y el de Paul Leppin no es una excepción. Viajen con Severin, piérdanse en Praga, deseen intensamente.

 Algunas notas editoriales y bibliográficas

Leppin, P. Severins Gang in die Finsternis. Müchen: Delphin-Verlag, 1914.

Leppin, P. Severin’s Journey into the Dark. Traducción de Kevin Blahut. Prague: Twisted Spoon Press, 2012 [1993].*

Biografía de Paul Leppin en Twisted Spoon Press

*Edición usada en la preparación de esta entrada.

“No sabe que está muerta”: Las penas del príncipe Sternenhoch, Ladislav Klima

(¡Atención! Se avecinan spoilers)

“Vi a a Helga la primera vez durante cierto baile; yo tenía 33 años y ella, 17. Mi primera impresión fue la de una muchacha realmente fea”.

Así comienza esta extrema, salvaje e inclasificable antinovela que el checo Ladislav Klima (1878-1928) publicaría en 1928 sin mucha fortuna. Pieza que se tambalea borracha de su propio exceso, fue considerada una insensatez de mal gusto por sus contemporáneos y los herederos de estos hasta la cuarta generación. “Las penas del príncipe Sternenhoch” (Utrpení knížete Sternenhocha) tiene gusto  expresionista y decadente, rebosa humor, brutalidad y un pensamiento filosófico en el que emerge la centralidad de la voluntad individual como una ruina que sobresaliese en un horizonte de nihilismo y absurdidad.

Narrado en primera persona por el príncipe a modo de diario, la historia se divide en tres partes:

I. Antecedentes al asesinato de Helga Daemona, esa “muchacha realmente fea” que Sternenhoch, probablemente por capricho del noble descerebrado que es, decide tomar por mujer .

II. El corazón, entraña y casquería del libro. Después de su asesinato, Helga atormenta a su marido buscando descubrir quién ha sido el “perro roñoso” que le ha quitado la vida (evitaremos dar detalles sobre el uxoricidio). Las apariciones del pútrido fantasma de la muerta causan en Sternenhoch reacciones incontrolables, divertidas y grotescas para el lector, contra las que el príncipe lucha a fuerza de lanzar fajos de marcos en las manos de personajes como el psicopatólogo Habebald Wechselbalg (lit. “Changeling, Niño cambiado) y la nigromante Esmeralda Carmen Kuhmist (lit. “Estiércol de vaca”). Las hilarantes situaciones derivadas de los tratamientos que doctores y místicos le proponen son de lo más divertido del libro, especialmente porque ninguno funciona, y el fantasma de Helga Daemon sigue manifestándose ante este miembro de la risible nobleza germánica. El resultado: alucinaciones, comportamientos estrambóticos del noble, camisas de fuerza, junto a una inundación de sangre, vísceras, podredumbre y carcajadas.

III. Breve resolución del misterio: gracias a ello, el lector o lectora podrá respirar tranquilo sabiendo que no se ha vuelto, como el propio Sternenhoch, completamente loco (o lúcido, porque si algo aprendemos de “Las penas” es que la lucidez nace de la más abyecta locura).

Los dos protagonistas bien merecen una nota aparte. Helga Daemon (nomen omen) es Lulú, Genuine, Alraune, encarna a la mujer dormida y cadavérica, que, una vez despierta se convierte en bestia feroz:

“Al poco tiempo partió de improviso y tan solo regresó al cabo de dos años. Dónde estuvo o qué hizo, eso no lo sé con exactitud. Se dice que recorrió todos los recovecos de la tierra y, como si la tierra se le hubiese hecho pequeña, intentó, dice la leyenda, realizar una expedición al fondo del océano, al interior de la tierra a través del cráter de un volcán, y también, qué locura, a Venus. Se decía que fuese la jefa de una banda de salteadores, y que descuartizase como un médico. Lo creo, puesto que sé que tras su retorno a Alemania cometió al menos seis asesinatos. ¡Y perpetró otras muchas atrocidades! Por ejemplo, fundó una sociedad secreta con las mujeres y jovenzuelos más hermosos en la que se practicaba el sadismo, la flagelación, el masoquismo, el lesbianismo, fantásticas masturbaciones, la sodomía, relaciones sexuales con los más variados monstuos metálicos, móviles, con aterradores monigotes de cera, y, parece ser, hasta con verdaderos fantasmas, etc, etc. Pero con hombres nunca yació de manera natural, los despreciaba demasiado” (“I dolori del principe Sternenhoch, p. 21; traducción de Couto).

¿Y qué decir de nuestro príncipe Sternenhoch (“alto en/a las estrellas”)? He aquí su autorretrato:

“Dejando aparte mi linaje y mi riqueza, puedo decir con osadía que soy una belleza, a pesar de algunos de mis defectos, como, por ejemplo, el hecho de que mido sólo 150 cm y peso 45 kg, que estoy prácticamente desdentado, calvo y glabro, también un poco estrábico y fuertemente cojo; pero también el sol tiene sus manchas” (“I dolori del principe Sternenhoch“, pp. 11-12; traducción de Couto).

Las penas del príncipe Sternenhoch” recuerda a los “Cantos de Maldoror”, pero con un humor a menudo atroz, visceral, splatter, y escatológico. En definitiva, un libro y un autor al que aproximarse si se tiene la ocasión. Y recuerden que: “es mejor un final con horror que un horror sin final”. Palabra de Klima.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Klima, L. I dolori del principe Sternenhoch. Traducción de Dania Amici y Sergio Corduas. Roma: Edizioni e/o, 1983.*

Klima, L. The Sufferings of Prince Sternenhoch: A Grotesque Tale of Horror. Traducción de Carleton Bulkin. Praga: Twisted Spoon Press, 2008.

*Edición usada en la preparación de esta entrada.