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Deuxième séance noire: respondemos

SedutaReunión de espectros

El velo que separa EnLaListaNegra del mundo de los mortales se vuelve cada vez más espeso. Nos ha llevado tres días atravesarlo para traerles las respuestas a sus preguntas. Gracias a todxs lxs que unieron sus manos en estrecho círculo para comunicarse mediúmnicamente con nosotros.

Y, después de esto, volvemos al secreto roer de nuestra tumba.

[1] Me gustaría saber cuál o cuáles son los pasajes literarios que más escalofríos le han producido, o si ha habido un relato tan terrible que le haya dado pesadillas.

Suelo sufrir más las consecuencias de una película especialmente perturbadora que de una narración terrorífica. Aun así, guardo algunos recuerdos de lecturas que en su día me resultaron espeluznantes.

“Las ratas de las paredes”, de H. P. Lovecraft,

And, most vivid of all, there was the dramatic epic of the rats — the scampering army of obscene vermin which had burst forth from the castle three months after the tragedy that doomed it to desertion — the lean, filthy, ravenous army which had swept all before it and devoured fowl, cats, dogs, hogs, sheep, and even two hapless human beings before its fury was spent.” (The Rats in the Walls)

“Los sauces”, de Algernon Blackwood. El paisaje es el monstruo.

Barbazul y el caldero de sangre en el que flotan los cadáveres descuartizados de sus esposas.

Un pasaje del Libro de San Cipriano en el que se daban directrices, creo recordar, para invocar demonios (¿o quizás para obtener un espíritu familiar?), enterrando un gato muerto cuyos ojos debían sustituirse con dos habas.Suspiria

ELLN, posando en el salón de su mansión

[2] ¿Ha visto alguna vez un fantasma? De los que dan miedo, digo. Vamos, de los que están muertos.

A pesar de haber crecido en un contexto en el que las premoniciones de muertes inminentes, los espíritus y los fantasmas inquietos formaban parte de la cotidianidad, yo, personalmente, no me he encontrado nunca con un espectro.

VernonLeeVernon Lee y la crueldad

[3] A mí me gustaría saber qué libro sería el más recomendable (sin venenos de por medio) para regalarle a un enemigo a muerte.

Un gran enemigo que merezca tal título debe honrarse con un libro igualmente grande, intenso y punzante como el propio odio que los mantiene unidos a ustedes dos. Los odios desmesurados se parecen demasiado a la pasión amorosa, y por ello exigen gran dedicación y respeto. Yo recomendaría un par de clásicos; alguna bonita edición de los cuentos de E. A. Poe que contenga “El barril de amontillado” y “El corazón delator”; y “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde. Si es usted de las personas que osan y no se conforman con los clásicos de manual, entonces recomendaría los cuentos macabros de Vernon Lee (recientemente editados, por otros lado, por Valdemar: El príncipe Alberico y la dama Serpiente. 13 historias fantásticas y macabras); o un Apocalipsis iluminado medieval como éste.

Die Zärtlichkeit der WölfeTernura

[4] ¿Cuáles son tus películas favoritas? ¿Por qué?

Vaya por delante que me gusta el terror, MUCHO. También siento debilidad por los dramones, las películas experimentales, inclasificables y perturbadoras, el giallo, el cine mudo (que, aunque no sea un género en sí, lo parece), la comedia bien hecha (es decir, la comedia que hace reír), el cine adolescente americano de los 80. Algunas de mis películas favoritas de todos los tiempos incluyen “El ángel exterminador” de Luis Buñuel, “I soliti ignoti” de Mario Monicelli, “Todos nos llamamos” Alí de Fassbinder, “Le notti di Cabiria” de Fellini, “Halloween” y “La niebla” de John Carpenter, “El teniente seductor” de Ernst Lubitsch, “Repulsión” de Roman Polansky, “El fantasma de la ópera” de Rupert Julian, “He who gets slapped” de Victor Sjöström, “El hombre que ríe” de Paul Leni, “Alien” de Ridley Scott, “El bueno, el feo y el malo” de Sergio Leone, “La tumba de Ligeia” de Roger Corman, “El abominable Dr. Phibes” de Robert Fuest…

Ciñéndome en lo posible a su pregunta, destacaría estas tres películas que, a día de hoy, figuran entre mis favoritas:

“El apartamento” (1960), Billy Wilder. Porque cuenta una historia triste, con dos pobres diablos como protagonistas (una ascensorista y un oficinista), y es divertida y agridulce a la vez. Pocas películas saben combinar con acierto dos géneros tan distintos como el dramón y la comedia. Y porque me gusta Jack Lemmon.

“Suspiria” (1977), Dario Argento. Porque me da miedo y me inquieta, por su arquitectura enferma y su abundancia de rojo brillante. Y por la banda sonora de The Goblins.

“La ternura de los lobos” (1973), Ulli Lommel. Porque es cruda y teatral en su factura. Por inspirarse en la historia real y espantosa de Fritz Haarmann. Porque Kurt Raab recuerda sospechosamente al Peter Lorre de “Las manos de Orlac”.

Max Beerbohm, Siete hombres, o de cómo los dandis no llevan impermeable

Pero en los años 90 las apariciones extrañas eran más habituales, creo, de lo que son ahora. Los escritores jóvenes de aquel período – y yo estaba seguro de que este hombre fuese un escritor – se esforzaban sinceramente por distinguirse en el aspecto. Este hombre se había esforzado sin éxito. Llevaba puesto un sombrero de fieltro negro, de estilo clerical pero de intención bohemia, y una capa gris impermeable que, quizás porque era impermeable, no conseguía ser romántica (Enoch Soames; traducción de Couto)

beerbohm2Si leen Seven men (1919), obra del caricaturista y, al menos en su vejez, mostachudo escritor Max Beernohm (1872-1956),  tendrán la fortuna de disfrutar de varios géneros condensados en un único volumen. Si son ustedes propensos a apuntarse a esos retos de lectura que ordenan zamparse diez novelas negras, quince ladrillos históricos, o veinte libros de autoayuda, no dejen escapar esta pieza que les ofrece la posibilidad de acercarse a su meta /acortar las distancias a esa deseada meta. “Siete hombres” es una obra pseudobiográfica que combina elementos del género fantástico con el humorismo, el misterio, el estudio sociológico y la caricatura humana. Y al contrario que la gran mayoría de libros que solemos presentarles en este blog, Seven men sí ha conocido una traducción al español en época muy reciente. En 2007 publicaba Alfaguara “Siete hombres”[1], aunque, inexplicablemente, el título se encuentra agotado a día de hoy.

(c) BRIDGEMAN; Supplied by The Public Catalogue FoundationEl volumen recoge varias historias narradas en primera persona por el propio Beerbohm, quien coprotagoniza cada uno de los relatos. De hecho, Max recrea el mundo de artistas y literatos de los que él mismo formaba parte, y en sus piezas abundan las referencias a los creadores finiseculares entonces contemporáneos, se ilustran rencillas, diatribas, los grandes deseos y, sobre todo, las pequeñas miserias que mueven al artista,  los círculos selectos de patrocinadores y grandes damas que hacen del artista el broche en la pechera, la pluma en el sombrero, el animal exótico en el jardín de la gran casa de campo. La necesidad de figurar, lucir, mostrar.

Desde la perspectiva del dandi, Beerbohm asume el rol de ser testimonio del tiempo, de su tiempo. Menciona así lugares verdaderamente emblemáticos, como la sala de lectura del British Museum, tan frecuentada por estudiosos, artistas y ocultistas de la época;  o publicaciones como The Yellow Book; o artistas y escritores de dentro y fuera de la frontera británica (Beardsley, Wilde, Mendès, Mallarme, John Lane); pero también tienen cabida desconocidos frecuentadores de las carreras de caballos y anónimos huéspedes de hotel. Por toda esa pátina de realismo y de ironía, resulta imposible pensar que Beernbohm hubiese renunciado al delicioso placer de inspirarse en personajes de carne y hueso.

SoamesDe los siete hombres-relato de Beerbohm, “Enoch Soames” es, sin duda, el que más ha trascendido desde el punto de vista literario por haber sido presentado como el “cuento perfecto” (véase la antología del cuento fantástico realizada por Borges, Bioy Casares, y Ocampo). Combina con la perfección del círculo el decadentismo británico finisecular, los viajes en el tiempo, los pactos demoníacos, y el deseo de trascender del pobre Soames, el católico diabolista repelido por el éxito que tanto ansía. Es magnífico a todos los efectos, pero ese deslumbramiento que produce en el lector, unido a la tendencia editorial de publicar este relato como una pieza independiente desgajada de Siete hombres , no ha hecho sino eclipsar a los restantes señores protagonistas.

Rescatemos pues a alguno de estos tipos, por ejemplo, a “Hilary Maltby y Stephen Braxton”. Maltby es el tipo guapo, rubio y delicado; Braxton, el gigante moreno, brusco y huraño; ambos, autores primerizos que con sus respectivos exordios (Ariel in Mayfair de Maltby; A Faun in the Costwolds, de Braxton) comparten un discreto éxito y una cierta velada rivalidad que terminará decayendo junto con su efímera fama. Diecisiete años después de ese culmen de fama transitoria, el Beerbohm narrador se encontrará por tierras italianas con Maltby, quien le contará cómo sufrió una extraña e inexplicable persecución fantasmal de manos de un espectral Braxton:

Caminando pesadamente, pero sin el sonido de botas sobre la acera, llegó a nuestro banco. Allí, imponente y furioso, se paró, como exigiendo que le hiciésemos sitio. Un momento más tarde se aproximó con aire sombrío al banco. Instintivamente, me eché hacia atrás, y aparté las rodillas hacia un lado con un escalofrío de repulsión ante la idea del contacto. Pero Braxton no me empujó. Lo que hizo fue sentarse lenta y completamente sobre mí.

No, no SOBRE mí. Se sentó A TRAVÉS de mí, y alrededor de mí. Lo que me sucedió no fue un mero contacto espantoso con lo intangible. Fue inclusión, envolvimiento, eclipse (Hilary Maltby y Stephen Braxton; traducción de Couto)

(c) DACS; Supplied by The Public Catalogue Foundation“A. V. Laider” se acerca peligrosamente a la redondez narrativa de “Enoch Soames”. Imagínese que usted, como cada año, visita una tal localidad balnearia en la que suele refugiarse por motivos de salud. En ese hotel que tan bien conoce y en el que siempre se hospeda, descubre usted una carta perfectamente sellada que envió un año atrás a otro huésped y que, ahora tiene la prueba, nunca llegó a su destino último. Usted y ese huésped se conocieron hace un año, entablaron conversación, y el hospedado le contó un suceso que le había acontecido tiempo atrás, una desgracia en torno a la quiromancia y las fatalidades del destino cuyo tono y profusión de detalles le convencieron ciegamente (sí, a usted) de la veracidad de todo cuanto el desconocido le fue diciendo. Ahora, un año después, descubre la carta, y acto seguido el destino le hace reencontrarse con la persona en cuestión a la que iba dirigida la misiva. El señor Laider, como usted,  acaba de llegar a la mencionada localidad balnearia. Y esta vez también tiene algo que contarle.

Me apresuré a mitigar aquel momento embarazoso diciendo que, si yo pudiese leer la mano, no lo haría, por miedo a las cosas horribles que podría ver en ella.

‘Cosas horribles, sí’, murmuró mientras asentía mirando al fuego.

‘No es’ dije en defensa propia, ‘que exista nada demasiado horrible que, por lo que sé, pueda ser leído en mis manos’.

Apartó la mirada del fuego hacia mí.

‘¿No es usted un asesino, por ejemplo?`

‘¡Oh, no!’, repliqué con una risa nerviosa.

‘Yo sí’ (A. V. Laider; traducción de Couto)

Únicamente restan dos hombres alrededor de la mesa: “James Pethel”, el jugador empedernido que siente la necesidad de arriesgar siempre y en toda circunstancia; y “Savonarola Brown”, el autor teatral que es casi poseído por la historia que escribe (o, más bien, por una historia que se escribe a sí misma). Dos personajes y dos circunstancias interesantes y no exentas de cierta profundidad, sí, pero que he disfrutado (lo reconozco) menos que las restantes. Eso sí, ustedes léanselas igualmente, que para eso Beerbohm las ha escrito.

Beerbohm es también autor de la aplaudida novela satírica Zuleika Dobson, y de la recientemente traducida “El farsante feliz” (Acantilado, 2012).

En 1950 “Siete hombres” se reeditaría bajo el título “Siete hombres y otros dos” (Seven men and two others) con un relato añadido titulado “Felix Argallo and Walter Ledgett”.

Los siete hombres son…

Enoch Soames

Hilary Maltby and Stephen Braxton

James Pethel

A. V. Laider

Savonarola Brown

(Y el séptimo, a la vista está, es Max Beerbohm)

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Beerbohm, M. Seven Men. London: Heinemann; 1919.

Información, textos y recursos de y sobre Max Beerbohm.

Traducción de la editorial Alfaguara.


[1] Esta edición es una trasposición de la versión publicada por New York Review Books: misma portada, misma introducción de John Updike.

Pecados de las ciudades de la llanura; o recuerdos de una Mary-Ann, con breves ensayos sobre la sodomía y el tribadismo

‘¿Ha visto usted alguna vez mejor verga en su vida?’, replicó abriéndose los pantalones y mostrando una polla tremenda que ya se presentaba en estado semierecto. ‘Es mi única fortuna, señor; realmente me proporciona todo lo que quiero y a menudo me presenta a lo mejor de la sociedad, tanto a damas como a caballeros’.

sins_of_the_citiesSi es cierto que no hay nada nuevo bajo el sol, es de suponer que lo nuevo tampoco abundará ni en las alcobas ni en los salones privados ni mucho menos en los burdeles. A saber entonces por qué Sins of the cities of the plain, novela de  autor desconocido publicada en Londres en 1881 bajo el pseudónimo Jack Saul, resulta tan llamativa y sorprendente. Será su modernidad canalla de sexo explícito y lenguaje accesible, cuando no procaz y barriobajero, lo que la hace tan contemporánea, así como su empeño en excitar con sus constantes referencias a coños, vergas y desnudeces varias.

Este breve novela se inicia con un encuentro fortuito que inmediatamente asume la forma de un inflamado encuentro sexual entre Mr. Cambon y Jack Saul.

Vestido con ropas adherentes que sacaban el mayor partido a su figura de Adonis, especialmente en la zona que los snobs llaman la entrepierna de los pantalones, y donde evidentemente la naturaleza lo había favorecido con un desarrollo realmente extraordinario de los atributos masculinos, tenía pies pequeños y elegantes, un rostro imberbe de apariencia fresca, de rasgos casi femeninos; pelo rojizo; y radiantes ojos azules que apelaban directamente a mis sentidos y que me decían que este hermoso joven debía ser uno de los Mary-Ann de Londres, de los cuales había oído podían verse deambulando en los barrios de Regent Street o de Haymarkt en las tardes y noches apacibles.

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Encadilado por el joven que tan placenteros servicios le ha prestado, Cambon propone a su recién estrenado gigoló que cuente en algunas páginas escritas su iniciación y perfeccionamiento en los amores efébicos: son estas mismas páginas las que connstituyen el núcleo de la novela. Descubrimos entonces que el apetito y la curiosidad sexual de Jack Saul siempre lo han tenido despierto desde la más tierna infancia. Sus primeras experiencias homosexuales suceden en un internado al que la madre lo envía tras la muerte de su padre, pero, lejos de adoptar los tintes de la mera anécdota, de regreso a su casa Mr. Saul continuará ejercitándose con la camarera y más tarde con el palafranero, formando así un trío bien avenido. Finalmente, hará de la Mary-Ann[1] su profesión, prestando sus servicios en fiestas privadas, así como en cierto prostíbulo llamado Inslip en el que suele presentarse travestido como una jovenzuela de nombre Eveline. Dúos, tríos, cuartetos y grupos en rotación, algún que otro incesto, unos buenos azotes con ramas de abedul primorosamente atadas por lazos de tul y terciopelo, sexo oral, anal, algo de humor, y una gran devoción por el pene: he aquí la síntesis mínima de “Pecados de las ciudades de la llanura”.

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Lejos de ser una novela social, permite entrever, sin embargo, aspectos más desagradables de la sexualidad y la moralidad victorianas. Junto a esas orgías inacabables que Jack Saul describe con perverso detalle, caminan en la penumbra otras escenas menos titilantes: la sodomía es un delito, recuerden si no el penoso juicio a Oscar Wilde, o el caso de Boulton y Park[2]) en un reino en el que sires, nobles,  y príncipes no sólo gustan de vestirse de mujer o de ser azotados en sus blancas carnes, sino que también adoran someterse a los viriles miembros de jovenzuelos a los que frecuentan en caros y exclusivos burdeles. También se hace mención  a los niños raptados y/o coaccionados que sufrían violaciones, y a los que a menudo se forzaba a  prostituirse o eran vendidos como carne de placer a los prostíbulos; a casos de extorsión y chantaje; a ciertos juegos crueles y perversos practicados en París que podían conducir a la muerte.

Cierran el libro dos textos: el primero versa sobre la sodomía en la historia, en la que se repasan fundamentalmente los nombres de los grandes sodomitas de la Roma antigua; el segundo, se centra en el práctica del tribadismo, y constituye la única referencia al lesbianismo del libro.

Sins of the cities of the plain, siendo como es una novela pornográfica vendida en la oscuridad de las trastiendas para uso y disfrute homoerótico, revela al mismo tiempo aspectos de la sociedad victoriana oculta que l@s lector@s contemporáne@s apenas tenemos ocasión de conocer. Una novela recomendable, pues, tanto para el/la lector(a) informad@ como para el consumidor de pornografía. Ahí es nada.

Algunas notas editoriales y bibliográficas (actualizadas, 21-05-2015)

Saul, J. The Sins of the Cities of the Plain, or the Recollections of a Mary-Ann, with Short  Essays on Sodomy and Tribadism. London: William Lanzenby, 1881.

Reedición de The Sins of the Cities of the Plain, Valancourt Books.

Traducción al español en la editorial Amistades Particulares (2015).

Las traducciones de los fragmentos citados han sido realizadas por Couto.


[1] Término para designar a los homosexuales utilizado especialmente durante el período victoriano.

[2] Ambos fueron juzgados en 1871 por travestismo y sodomía. Sins of the cities of the plain se demora describiendo los juegos sexuales entre estos dos personajes históricos y nuestro ¿ficticio? Jack Saul.

Hanns Heinz Ewers. I cuori dei re e altri racconti

(Contiene spoilers esporádicos)

El volumen I cuori dei re e altri racconti recoge cinco cuentos que Ewers escribió durante sus estancias en la isla de Capri, donde vivió con su mujer Ilna entre otoño de 1902 y verano de 1904, y a la que regresaría en visitas posteriores. La editorial La Conchiglia que lo edita se distingue, de hecho, por publicar material estrictamente relacionado con la isla, ya sea por temática, ambientación o contexto de composición. Esta peculiar editorial italiana lo deja bien claro  en su página web: “El hilo conductor que caracteriza las decisiones de la editorial responden a una idea precisa del viaje, de la isla, del sur y del Mediterráneo, así como a la convicción de que Capri deba convertirse en un extraordinario laboratorio internacional de arte y cultura al aire libre, y en meta de un turismo culto y de calidad”.

Este personal criterio de selección, por tanto, nos da la posibilidad de hincarle el diente a los siguientes Grotesken de Ewers: “Los corazones de los reyes”, “La sonrisa irónica”, “El fin de John Hamilton Llewelyn”, “La novia tophar”, “La doncella blanca”.

“Los corazones de los reyes” (Die Herzen der Könige, trad. it.  I cuori dei re), ambientada en  septiembre de 1841, relata la historia del pintor Martin Droling quien, ya anciano, decide vender una peculiar colección (y con ella, un insospechado secreto) a uno de los descendientes de la familia real francesa, el duque Fernando de Orleans. El sorprendente ensemble de cuadros que Droling ofrece a tan ilustre invitado muestran una llamativa característica: todos ellos han sido pintados utilizando como pigmento el corazón de los reyes de Francia; y junto con el corazón, se traslada al lienzo el espíritu y carácter de cada uno de los monarcas de los que el rojo fruto procede.

Curiosamente, el  “Interior de una cocina” que se presenta en el relato como el primer cuadro que Droling pinta utilizando tan singular material encuentra correspondencia con  “L’intérieur d’une cuisine” que otro Michel Martin Drolling pintó 25 años antes. ¿Se inspiró Ewers en personajes y hechos reales para urdir su historia?  ¿Y sirvió el suceso real del corazón robado del delfín Luis XVII como material para este capricho literario?

De hecho, otros relatos incluidos en el volumen parecen tomar personajes y hechos reales como punto de referencia.  “La sonrisa irónica” (C.C.3, trad. it. Il ghigno) describe un encuentro entre Hanns Heinz Ewers y Oscar Wilde en Capri. El relato, de tono onírico y reflexivo, muestra el destino como si se tratase del sueño de un ser desconocido, enlazando consideraciones filosóficas con referencias al proceso judicial que llevara a Wilde al presidio.

¿Y qué decir de “El fin de John Hamilton Llewelyn” (trad. it. La fine di John Hamilton Llewelyn )? Narra la historia de una bella joven confinada en el hielo siberiano durante miles de años que, descubierta durante una expedición paleontológica,  se convertirá en el objeto de un amor necrófilo: locura y besos robados en los sótanos del British Museum.

Ewers parece tomar noticias de la época como inspiración para sus obras, y en este caso concreto, se diría que el mamut de Beresovka, descubierto en 1901 en una expedición organizada por el Dr. Otto Herz y Eugen Pfizenmayer sirvió a Ewers para articular su historia.

Los dos últimos cuentos del alemán muestran otras facetas de su escritura. “La novia tophar”  (Die Topharbraut, trad. it. La mummia) es una historia de terror más clásico, lo que para el caso particular de Ewers se traduce en un tono ligeramente menos grotesco y crudo. La historia gira en torno a dos hombres que se ven abocados a compartir apartamento y a la misteriosa desaparición de la amiguita de uno de ellos. “La doncella blanca” (Das weiße Mädchen, trad. it. La fanciulla bianca), por su parte, bascula entre lo estético, lo místico y lo grotesco: se nos presenta un curioso ritual, el de la doncella blanca y su público silencioso, que tendrá lugar entre las lujosas paredes de un palacete napolitano.

I cuori dei re e altri racconti contribuye a hacer accesible la obra de Hanns Heinz Ewers al público de hablas romances. El intento, sin embargo, se queda a medio camino: extrapolados de su contexto de composición (nótese que la mayoría de relatos se publicaron el volumen Das Grauen), resultan insuficientes para l@s lectores/as amantes de Ewers. Aun así, más vale esto que nada.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Ewers, H.H. I cuori dei re e altri racconti. Capri, La Conchiglia, 2005.

Ewers, H. H. Das Grauen. Seltsame Geschichten. München, Georg Müller ,1907.

Ilustraciones de Stefan Eggeler para “Los corazones de los reyes“.