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Sir Henry Wellcome: el hombre medicina y su colección de maravillas

El volumen que rescatamos esta semana, y cuyo comentario ha debido postergarse por causas ajenas a EnLaListaNegra, ocupa un lugar especial en mi biografía personal (nótese el uso de la primera personal del singular, tan infrecuente en este blog). No es el libro en sí, sino sus contenidos y, más aún, el encuentro fortuito con el legado de Henry Wellcome en el año del señor de 2003, lo que determinó en gran medida mi profesión.

Medicine Man. The Forgotten Museum of Henry Wellcome (“El hombre medicina. El museo olvidado de Henry Wellcome”) ofrece una panorámica de los laberínticos mecanismos que llevaron a la constitución de la colección Wellcome, y es una macrosíntesis de todo lo que EnLaListaNegra aspira a ser y representar, una caldera en la que, entre los humeantes jugos que desprenden el horror, la fascinación y la curiosidad, se cuecen suculentos cortes de historia y de historias. En este catálogo comentado, que se publicó en 2003 (el mismo 2003 de mi iniciación en los vericuetos de la historia de la medicina) con motivo de la exposición homónima[1], se celebra la  figura de Sir Henry Wellcome a través de los artefactos que acumuló a lo largo de su vida.

Henry Solomon Wellcome (1853-1936) nació en el Midwest americano, y en su adolescencia emprendería ya la carrera farmacéutica en la empresa familiar de su tío Jacob Wellcome, para luego proseguir sus estudios de farmacia en Chicago y Philadelphia. Se cuenta en Medicine Man que su primera patente fue una tinta invisible, la “Wellcome’s magic ink”. Años después fundaría, junto con su compañero de estudios Silas Mainville Burroughs, la empresa farmacéutica londinense Burroughs Wellcome & Co., de la que tomaría las riendas tras la muerte prematura de su socio.

Incansable viajero enfrascado en la búsqueda de fuentes de aprovisionamiento para su industria, Henry Wellcome comenzaría su variopinta y extraordinaria colección de objetos y documentos de interés médico en Sudamérica y África. De hecho, gran parte de su colección está constituida por objetos de relevancia etnográfica (máscaras, ídolos, lanzas, estatuillas de divinidades, demonios, antepasados, etc). Su voluntad de acumular, sin embargo, parece no tener fin, y a los objetos tribales pronto se suman manuscritos y legajos de todo tipo, cuadros y piezas arqueológicas, momias y restos humanos. En esta caza y captura de objetos históricos, etnográficos, artísticos y curiosos, Wellcome contaba con la ayuda de representantes y mediadores responsables de identificar obras de interés para la colección.

Este magnífico caos se transformaría en museo en el año 1913 con motivo del 17 Congreso Internacional de Medicina, que se celebraría en Londres. El principio que articulaba sus salas expositivas, y que explica en gran medida el desordenado proceder en la adquisición de objetos para engrosar la colección, se basaba en las teorías darwinistas. Largas y completas secuencias de objetos del mismo tipo (fórceps, escalpelos, dispensarios), ordenados y posicionados en las coordenadas del evolucionismo, desde lo primitivo hasta lo moderno, permitirían no sólo apreciar ese recorrido de lo simple a lo complejo, sino también colocar nuevos e inclasificados objetos en la secuencia. El conocimiento se produciría, por tanto, por acumulación.

Obviamente, este procedimiento acumulativo acarrearía sus consecuencias: en 1930, cuenta G. Lawrence en el capítulo “Wellcome´s Museum for the Science of History”, la colección de Henry Wellcome quintuplicaba los fondos museográficos del Louvre. Artefactos atestaban almacenes, salas y habitaciones a la espera de ser debidamente catalogados, pero la velocidad de compra superaba con creces el celo con el que personal del museo procedía a etiquetar y clasificar las numerosas adquisiciones.

Y como muestra del heterodoxo proceder de Sir Henry, un botón. En este volumen encontrarán imágenes de: el “tobacco resuscitator kit” (“usado para revivir a las personas ‘aparentemente muertas’, insuflándoles humo de tabaco a través del recto, de la  nariz o de la boca”); gran cantidad de máscaras de Camerún, de Nueva Caledonia, de la isla del Príncipe de Gales, de Sri Lanka, usadas en muy diferentes contextos (iniciación, celebraciones fúnebres, curación, etc); un libro encuadernado en piel humana; fotografías de hombres-medicina, chamanes, brujos, curanderos; modelos anatómicos en marfil con los órganos internos extraíbles; juguetes eróticos y objetos destinados al control de la sexualidad; grabados y pinturas que representan escenas de parto; mementos mori en la forma de esqueletos en pequeños ataúdes decorativos; amuletos usados por los soldados de los ejércitos británico, ruso, japonés, que lucharon en la primera guerra mundial; cráneos trepanados; “clappers” usados por los leprosos; una copia del Compendium rarissimum totius Artis Magicae sistematisatae per celeberrimos Artis hujus Magistros (1775); ilustraciones de medicina patológica; exvotos en tabla representando milagros; iconos religiosos; la radiografía de bebés siameses; fragmentos de piel humana tatuada; multitid de prótesis; el bastón de Charles Darwin.

Mecenas, filántropo, y fundador del primer laboratorio nacional de fisiología y farmacología en Gran Bretaña, la relevancia y el impacto de Henry Wellcome en la investigación histórica y médica llega hasta nuestros días. The Wellcome Collection es un museo londinense gratuito de visita obligada para el turista curioso que, junto con el fondo expositivo permanente, ofrece inigualables exposiciones temporales. En el segundo piso de su sede en Euston Road encontrarán, además, su magnífica biblioteca, abierta al público y también gratuita. Sólo necesitarán solicitar su carnet de lector (unos minutos y listo, consulten las bases en la página web correspondiente), y las puertas de este templo les serán abiertas.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Arnold, K. y D. Olsen (eds) Medicine Man: The Forgotten Museum of Henry Wellcome. Londres: British Museum Press, 2003.*

Wellcome Collection

Wellcome Library

* Edición usada en la preparación de esta entrada.

** Todas las fotografías son propiedad de la Wellcome Collection.


[1] La exposición tuvo lugar en el British Museum del 26 de junio al 16 de noviembre de 2003. Actualmente conforma la exposición permanente de la Wellcome Collection.

Stefan Grabinski, El dominio oscuro

La editorial británica Dedalus recupera a este desconocido autor polaco del fantástico, de la mano de las traducciones de Miroslaw Lipinski. Gracias a esta apuesta bibliográfica, Stefan Grabinski (1887-1936) y su legado han sido recuperados, si bien parcialmente, para el mundo anglófono. Su nombre, sin embargo, ya había sido incorporado en los anales germanos de la literatura fantástica y de terror en los años 80 y 90 a través de un discreto número de traducciones de sus volúmenes. Una vez más, la traducción juega un papel fundamental en la recuperación y difusión de la obra de un autor que las convenciones literarias denostaron en su época, y que ahora, se nos presenta contemporáneo en su lóbrega lucidez.

“El dominio oscuro” (The Dark Domain) se compone de once relatos tomados de las distintas colecciones de cuentos publicados en vida del autor, entre ellos, En la colina de las rosas (1918), El demonio del movimiento (1919), El peregrino loco (1920), y El libro del fuego (1922). Conviene recalcar que estos no son relatos corales, sino que prima la enfermedad del individualismo. Los protagonistas de Grabinski siempre son hombres solos, que caminan o se desplazan, perdidos, a través de la nieve o sobre los raíles del tren; que buscan y que, cuando encuentran, sufren las terribles consecuencias de ver su deseo cumplido. En “El dominio oscuro” camina la muerte de la mano de la avaricia (“El cuento del enterrador”), del  deseo sexual y de la lujuria (“La amante de Szamota”, “En el compartimento”); respira el fantasma del progreso, y lo impredecible penetra en un mundo perfectamente ordenado. En este negro espacio de pesadilla, la naturaleza se rebela contra el control desmedido, contra las constricciones de los porcentajes, las estadísticas y el deseo de dominio del ser humano sobre los elementos (“La venganza de los espíritus elementales”); y el ser humano se duplica en un otro monstruoso (“Estrabismo”).

Los relatos de Grabinski evocan frecuentemente el mundo de los sueños, narrando historias sin principio ni final, fragmentos oníricos donde se suceden hechos inverosímiles en contextos cotidianos. Se representa a los seres humanos como criaturas clavadas a la tierra, condenadas a girar alrededor del sol, a atravesar galaxias en un universo infinito sin poder despegar jamás los pies del suelo. El hombre, confinado en un planeta anónimo, se ve obligado a conformarse con su quimera de tecnología y artificio.

“El ferrocarril, mi querido señor, es una gran cosa. Merece la pena pasar la vida a su servicio. ¡Un elemento civilizador! ¡Un rápido intermediario entre las naciones, un intercambio de culturas! ¡La velocidad, mi querido señor, la velocidad y el movimiento”! (“El demonio del movimiento”, p. 33; traducción del inglés por Couto)

El peso de ser, de desear, de proseguir en el engaño, de progresar: aquí radica el verdadero dominio oscuro.

Relatos que componen The Dark Domain

Fumes

The Motion Demon

The Area

A Tale of the Gravedigger

Szamota’s Mistress

The Wandering Train

Strabismus

Vengeance of the Elementals

In the Compartment

Saturnin Sektor

The Glance

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Grabinski, S. The Dark Domain. Traducción de Miroslaw Lipinski. Cambridge: Dedalus, 1993 (reed. 2005)*.

Cuentos de Stefan Grabinski, disponibles en wikisource (en polaco)

The Dark Domain en Dedalus Books

*Edición usada en la preparación de esta entrada.