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Dario Argento, Miedo

argento_pauraQuería hacer una película donde todo fuese un sueño, en la que una chica, perseguida por el asesino, se escapase por las escaleras de su edificio y, por culpa de un interruptor temporizador, fuese tragada por la oscuridad. Ella grita pero (como en las pesadillas y los miedos infantiles) nadie la oye. Quería esto. Quería una película que nadie hubiese hecho antes (Paura, p. 97; sobre L’uccello dalle piume di cristallo; traducción por Couto).

El buen giallo no exige perfección, repudia el academicismo, aborrece la linealidad. Oh, sí, no es infrecuente descubrir un monigote inerte cayendo de un décimo piso en lugar de la desafortunada víctima humana, como tampoco lo es reírse con la sangre rojo charol que mana espesa azulejo abajo. Pensar que las limitaciones técnicas del giallo de los 70 puedan invalidar su capacidad de aterrorizar, sin embargo, es incurrir en un error. Un error muy grave. Piensen en Profondo rosso, en cómo muestra la perspectiva del asesino, en el modo en el que sus ojos se convierten en nuestros ojos, en cómo nosotros, meros espectadores, nos transmutamos en carniceros. Cuarenta años después del estreno de este gran clásico del género, dedicamos esta entrada a Dario Argento y a su reciente autobiografía para la editorial Einaudi titulada “Miedo” (Paura).

Vaya por delante una confesión: esta autobiografía me ha parecido algo tibia, incluso desapasionada, en algunos momentos. Si es cierto que “el demonio está en los detalles”, entonces le falta presencia demoníaca. Quién sabe, quizás se deba a mi obsesión personal por Suspiria por lo que esperaba encontrar más: más reflexiones sobre el cine, sobre el miedo, sobre las obsesiones personales. Y sí, lo reconozco: también más detalles escabrosos y oscuros. Cabe pensar si esta biografía no esté diseñada para llegar a un público amplio, más allá de los viciosos del género. Si bien es cierto que los seguidores acérrimos del director romano probablemente no encuentren en este libro revelaciones que Argento no haya hecho ya en entrevistas previas, no deja de ser una buena guía para moverse entre su producción cinematográfica. Eso sí, recomendamos encarecidamente que visionen las películas primero, y lean la autobiografía después para evitar que les estropeen algunas deliciosas (y macabras) sorpresas.

set_suspiriaCómo hacer un nudo corredizo bien

Tras una introducción que nos sitúa en la época en la que las brujerías de Suspiria se estaban cocinando, Argento recurre a una narración linear para contar su vida. Desde sus primeros contactos con las grandes estrellas del cine en los estudios fotográficos Luxardo, propiedad de la familia materna, el “secco” Argento recuerda sus inicios como redactor, su trabajo como guionista (recordemos que es él el responsable, junto a Bertolucci, de Hasta que llegó su hora de Leone), y su exordio como director, casi casual, con L’uccello delle piume di cristallo (guión, por cierto, que nace del matrimonio entre la novela de Fredric Brown The Screaming Mimi,[1] y una indigestión de cuscús). Tampoco se guarda de reconocer la ayuda que su padre, Salvatore Argento, le prestó en materia de financiación (no en vano era productor cinematográfico). A partir de este punto, el libro gana interés, se desgranan detalles de cada una de sus películas, desde la génesis del argumento a las dificultades técnicas impuestas por las exigencias del director.

Alquilamos una enorme nave climatizada en los estudios De Paolis, y lo sellamos completamente para que ningún ejemplar, una vez crecido, pudiese escaparse. En poco tiempo, las larvas comenzaron a medrar cada vez más, y cuando la nave empezó a poblarse de enjambres y enjambres de moscas, fue Garrone quien se tomó la molestia de llevar grandes trozos de carne en putrefacción para que los insectos pudiese depositar sus huevos sin contratiempos. A pesar del olor nauseabundo, era emocionante tener acceso a aquella nave: me cubría de la cabeza a los pies con un traje de buzo y visitaba a mis moscas, minúsculas actrices impacientes por entrar en acción (Paura, p. 247; sobre Phenomena; traducción por Couto).

También yo, me temo, soy de esas personas que adoran al “primer Argento” de los 70 y 80 (incluyendo alguna que otra película de los 90), pero se niegan a ver los últimos resultados de su filmografía. Mi experiencia con alguna de sus últimas obras ha sido, muy a mi pesar, nefasta. Por ello agradezco que cintas como Il cartaio, Giallo, o La terza madre aparezcan sumariamente representadas en el libro.

Paura

Si su retoño dibuja esto, sospeche

Paura no es una mala lectura para el apasionado, puesto que invita a visionar (de nuevo o por primera vez) clásicos y no tan clásicos del género. Porque el giallo es una gran escuela. El giallo, como el terror, nos enseña que la vida humana no vale nada. Que absolutamente todos nosotros tenemos miedos y, por ello, somos fatalmente vulnerables. Que la violencia puede ser hermosa si se filtra a través de la ficción.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Argento, D. Paura. Torino: Einaudi; 2014.

[1] Publicada como “La caza del asesino” en España.

Deuxième séance noire: respondemos

SedutaReunión de espectros

El velo que separa EnLaListaNegra del mundo de los mortales se vuelve cada vez más espeso. Nos ha llevado tres días atravesarlo para traerles las respuestas a sus preguntas. Gracias a todxs lxs que unieron sus manos en estrecho círculo para comunicarse mediúmnicamente con nosotros.

Y, después de esto, volvemos al secreto roer de nuestra tumba.

[1] Me gustaría saber cuál o cuáles son los pasajes literarios que más escalofríos le han producido, o si ha habido un relato tan terrible que le haya dado pesadillas.

Suelo sufrir más las consecuencias de una película especialmente perturbadora que de una narración terrorífica. Aun así, guardo algunos recuerdos de lecturas que en su día me resultaron espeluznantes.

“Las ratas de las paredes”, de H. P. Lovecraft,

And, most vivid of all, there was the dramatic epic of the rats — the scampering army of obscene vermin which had burst forth from the castle three months after the tragedy that doomed it to desertion — the lean, filthy, ravenous army which had swept all before it and devoured fowl, cats, dogs, hogs, sheep, and even two hapless human beings before its fury was spent.” (The Rats in the Walls)

“Los sauces”, de Algernon Blackwood. El paisaje es el monstruo.

Barbazul y el caldero de sangre en el que flotan los cadáveres descuartizados de sus esposas.

Un pasaje del Libro de San Cipriano en el que se daban directrices, creo recordar, para invocar demonios (¿o quizás para obtener un espíritu familiar?), enterrando un gato muerto cuyos ojos debían sustituirse con dos habas.Suspiria

ELLN, posando en el salón de su mansión

[2] ¿Ha visto alguna vez un fantasma? De los que dan miedo, digo. Vamos, de los que están muertos.

A pesar de haber crecido en un contexto en el que las premoniciones de muertes inminentes, los espíritus y los fantasmas inquietos formaban parte de la cotidianidad, yo, personalmente, no me he encontrado nunca con un espectro.

VernonLeeVernon Lee y la crueldad

[3] A mí me gustaría saber qué libro sería el más recomendable (sin venenos de por medio) para regalarle a un enemigo a muerte.

Un gran enemigo que merezca tal título debe honrarse con un libro igualmente grande, intenso y punzante como el propio odio que los mantiene unidos a ustedes dos. Los odios desmesurados se parecen demasiado a la pasión amorosa, y por ello exigen gran dedicación y respeto. Yo recomendaría un par de clásicos; alguna bonita edición de los cuentos de E. A. Poe que contenga “El barril de amontillado” y “El corazón delator”; y “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde. Si es usted de las personas que osan y no se conforman con los clásicos de manual, entonces recomendaría los cuentos macabros de Vernon Lee (recientemente editados, por otros lado, por Valdemar: El príncipe Alberico y la dama Serpiente. 13 historias fantásticas y macabras); o un Apocalipsis iluminado medieval como éste.

Die Zärtlichkeit der WölfeTernura

[4] ¿Cuáles son tus películas favoritas? ¿Por qué?

Vaya por delante que me gusta el terror, MUCHO. También siento debilidad por los dramones, las películas experimentales, inclasificables y perturbadoras, el giallo, el cine mudo (que, aunque no sea un género en sí, lo parece), la comedia bien hecha (es decir, la comedia que hace reír), el cine adolescente americano de los 80. Algunas de mis películas favoritas de todos los tiempos incluyen “El ángel exterminador” de Luis Buñuel, “I soliti ignoti” de Mario Monicelli, “Todos nos llamamos” Alí de Fassbinder, “Le notti di Cabiria” de Fellini, “Halloween” y “La niebla” de John Carpenter, “El teniente seductor” de Ernst Lubitsch, “Repulsión” de Roman Polansky, “El fantasma de la ópera” de Rupert Julian, “He who gets slapped” de Victor Sjöström, “El hombre que ríe” de Paul Leni, “Alien” de Ridley Scott, “El bueno, el feo y el malo” de Sergio Leone, “La tumba de Ligeia” de Roger Corman, “El abominable Dr. Phibes” de Robert Fuest…

Ciñéndome en lo posible a su pregunta, destacaría estas tres películas que, a día de hoy, figuran entre mis favoritas:

“El apartamento” (1960), Billy Wilder. Porque cuenta una historia triste, con dos pobres diablos como protagonistas (una ascensorista y un oficinista), y es divertida y agridulce a la vez. Pocas películas saben combinar con acierto dos géneros tan distintos como el dramón y la comedia. Y porque me gusta Jack Lemmon.

“Suspiria” (1977), Dario Argento. Porque me da miedo y me inquieta, por su arquitectura enferma y su abundancia de rojo brillante. Y por la banda sonora de The Goblins.

“La ternura de los lobos” (1973), Ulli Lommel. Porque es cruda y teatral en su factura. Por inspirarse en la historia real y espantosa de Fritz Haarmann. Porque Kurt Raab recuerda sospechosamente al Peter Lorre de “Las manos de Orlac”.

¡Viva el pulp!: John Blackburn, Sólo la noche

Era una niña inocente y encantadora, pero tenía sueños horribles llenos de fuego y terror (mensaje publicitario de portada, edición italiana de “Solo la notte”)

nothing_but_the_night_book“Sólo la noche” o “Nada excepto la noche” (Nothing but the night, 1968) es un híbrido mutante de lo más granado de las corrientes pulp y la literatura popular que le debemos al británico John Blackburn (1923-1993). Juzguen ustedes mismos su estrambótica trama argumental.

Un autobús que transporta a un grupo de niños de un orfelinato sufre un accidente: Mary Valley, de siete años, es ingresada en el hospital con tan solo algunos rasguños y contusiones. El psiquiatra Peter Haynes, sin embargo, sospecha que la tierna infante sufra un grave trastorno psicológico, por lo que, utilizando medios poco éticos, hace lo posible por retenerla en el hospital y así poder continuar sus pesquisas. Una serie de maniobras mal ensambladas de las que nos guardamos los detalles, sin embargo, lo llevarán a una muerte prematura y violenta, lo que desencadenará una feroz persecución de su asesino.

Todo un rosario de personajes, desde un premio nobel a un coronel retirado de los servicios secretos, entran y salen de escena a placer. Y qué selección de escenas, escenarios y elementos humanos: una madre enloquecida y feroz homicida que pone en jaque a todo un ejército, asesinatos múltiples de los ancianos filántropos del orfelinato, incipientes armas biológicas, periodistas metomentodos, superordenadores capaces de determinar cuándo sucederá la próxima catástrofe, explosiones en el mar, torturas a niños, muertes rituales en una remota isla escocesa, y (el ingrediente imprescindible) ocultismo y poderes extrasensoriales. Y si es justo reconocer que muchas de estas historias probablemente envejecen pronto y mal, no es menos justo admitir que suele ser ese envejecimiento prematuro, junto a una mal disimulada nostalgia por aquellos tiempos en los que el telón de acero dividía al mundo en dos mitades, lo que lleva a un selecto público lector a degustar este tipo de obras.

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Parte de la producción novelística de John Blackburn se tradujo al español en la década de los 70, durante el apogeo (o uno de tantos) del bolsilibro, el pulp, la ciencia ficción y el terror, con títulos como “Vientos de medianoche” o “Una guirnalda de rosas”. El éxito de estas temáticas vino acompañada de la explosión del satanismo y el neopaganismo dentro y fuera de las pantallas de cine, a la que contribuyeron películas de los 60 y los 70 como The Wicker Man o The Blood on Satan’s Claw, sin olvidar las aspiraciones luciferinas de Rosemary’s Baby, o el secretismo de ignominiosos cónclaves de tantas películas del giallo italiano, desde Suspiria a La corta notte delle bambole di vetro. No en vano, Nothing But the Night fue adaptada al cine en 1973, con los imprescindibles Christopher Lee y Peter Cushing como protagonistas.

Tengan en cuenta que la editorial estadounidense Valancourt Books reedita en este 2013 varias de las novelas de Blackburn. No les cambiará la vida, pero probablemente la hará más amena.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Blackburn, J. Nothing But the Night. Kansas: Valancourt Books, 2012 (1a ed. 1968).

Tráiler cinematográfico de Nothing But the Night (1973).

Blackburn, J. Octavo en azul. Barcelona: Picazo, 1971.

Blackburn, J. Una guirnalda de rosas. Barcelona: Picazo, 1972.

Blackburn, J. Vientos de medianoche. Barcelona: Picazo, 1975.