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El cuerpo inmortal: craneólogos y petrificadores del siglo XIX

nadar_catacombesSomos porque nuestros cuerpos existen. Cualquier acción, reacción, pensamiento y sentimiento nace y muere en el cuerpo, se manifiesta y reprime en él, por él. Lo sublime y lo banal. Todo. No se extrañen entonces si el cuerpo se ha convertido ya en el tema recurrente por excelencia de este blog. Posee la rara cualidad de manifestarse cercano y reconocible, y extraño y alienante al mismo tiempo. El universo que ustedes conocen pasa a través del cuerpo, que es como un filtro por el que penetrasen hacia el interior y se excretasen todas las experiencias imaginables. Es el monstruo más fascinante que haya existido jamás, y cada un@ de nosotros habita dentro de uno.

Pero, además, cuando abandonemos nuestra casa de carne y hueso – es decir, cuando perdamos la consciencia de habitar un cuerpo – , éste seguirá viviendo, a su manera. Experimentará una segunda existencia, quizás incluso una tercera y una cuarta. Si credos, religiones y filosofías del cuño más diverso apuestan por la inmortalidad del alma sin que sus acólitos hayan disfrutado efectivamente de los beneficios de tal longevidad post-mortem, ¿no será en los tiempos que corren más modesto y realista meditar sobre la inmortalidad del cuerpo? En la entrada de esta semana les presentamos un reciente volumen sobre esto, sobre huesos que sobreviven a sus ocupantes y que experimentan inesperadas juventudes. Se trata de un número monográfico de la revista Nuncius. Journal of the Material and Visual History of Science editado por Francesco Paolo de Ceglia e Irina Podgorny como resultado del seminario “Inmortal bodies” celebrado en Berlín en 2011. Los distintos artículos, cuyos títulos encontrarán listados al final de esta entrada, versan a grandes líneas sobre la incorruptibilidad del cuerpo, las prácticas funerarias, y la gestión y exhibición de los cadáveres preservados. Pero para darles una idea, hablaremos en concreto de dos ensayos de esta colección, por lo que tienen de representativo de los contenidos del volumen.

MariniEn su artículo sobre las “artes gorgóneas”, Irina Podgorny contextualiza las prácticas del italiano  Efisio Marini (1835-1900) en el campo de la petrificación artificial de la materia orgánica. En un siglo XIX concernido con la experimentación química, con la exploración de la naturaleza, el estudio del ser humano y la preservación de cadáveres, Marini “il pietrificatore” consiguió desarrollar fórmulas efectivas para dotar de apariencia marmórea  a la carne inerte. De hecho, las aplicó con éxito sobre manos, pies, y antebrazos que, retratados en lánguidas fotografías, parecen arrancados de estatuas renacentistas; logró conservar el cuerpo del historiador Pietro Martini durante meses; y perpetuó en pétrea forma el cuerpo difunto de una niñita para consuelo de su madre. Llegó incluso a construir una mesita a partir de una mezcla de sangre y restos de distintos órganos humanos convenientemente tratados y petrificados, macabra pieza de mobiliario que actualmente se conserva en el Museo Anatomico di Napoli.

Marini_tavoloMesa poco convencional, obra de Marini.

A la muerte de Marini, acaecida en 1900, su hija heredaría las fórmulas y resultados de sus experimentos. Pero el coste de la petrificación funeraria en comparación con otras prácticas más asequibles de preservación del cadáver, unido a ciertas cuestiones sobre la viabilidad de aplicar esta técnica a gran escala, terminarían por avocar al olvido los logros del petrificador. Thomas A. Trollope, hermano del famoso novelista, expresaría así en sus memorias su inquietud ante la perspectiva de transformar en estatuas a los muertos:

¿Cuál sería el resultado de transformar en mármol a todas las futuras generaciones de hombres? ¿Cómo podríamos vivir en un mundo poblado por estatuas de mármol cuyo número excediese infinitamente a sus habitantes vivientes? (Thomas A. Trollope, What I Remember, vol. 3, 1887, p. 106; citado en Podgony, p. 306; traducción de Couto.

Mano

Efisio Marini, “Mano de joven mujer”, Museo della Scienza e della Tecnica de la Università degli Studi di Sassari.

Paul_BrocaEl segundo artículo, “Colecciones francesas de calaveras del siglo XIX y el culto de los huesos” de Néli Dias, versa sobre la constitución de la colección de calaveras  y restos humanos de la Société d’Anthropologie de Paris, fundada en 1857 en París por Paul Broca, y su incidencia en el desarrollo de la antropología física en el país galo. En sus inicios, la antropología se presenta como el estudio de los “tipos humanos” que se sirve del cráneo como pieza interpretativa fundamental para testimoniar las diferencias entre las distintas razas. Para realizar tal tarea sin desviarse de los principios de la recién adquirida cientificidad se hace imprescindible conseguir calaveras, muchas, y de todos los tipos posibles. Y a partir de ahí, catalogarlas, medirlas, ordenarlas en series que permitiesen individuar los rasgos de cada tipo o grupo, compararlas entre sí y posicionarlas además en la cadena evolutiva humana. Los cráneos, pues, dotan de fisicidad, de empirismo, de “mensurabilidad”, a los discursos y teorías científicas decimonónicas que defienden la existencia de razas humanas superiores e inferiores, evolucionadas y primitivas.

Este tipo de estudios antropológicos, unidos a la profusión de fondos museísticos óseos, dieron pie a la publicación de auténticos atlas craneológicos, informativos volúmenes ilustrados como Crania Americana (1839) o Crania Britannica (1865). Como Dias expone en su artículo, el hueso, además de ser objeto de estudio científico, mantiene y expande sus cualidades estéticas al transformarse en motivo de representación artística.  Dispuestos ordenadamente en anaqueles y convenientemente etiquetados, los cráneos de Broca existen también para ser contemplados como repetitivas obras de arte humano, como patrones de un tejido duro, blanco, perpetuamente sonriente.

Broca_cerebroCerebros ilustres: la morada final de Broca.

Cuántos fantásticos elementos se encuentran en estas historias veraces, y cuánto dicen de nosotros. No hemos sobrevivido a esa voluntad de reproducir e imitar los procesos de la naturaleza en el laboratorio. Al contrario, la hemos elevado a credo, filosofía y esencia. Exponer; registrar; observar. Preservar el cuerpo. En definitiva, sobrevivir a la muerte.

Índice del volumen

Francesco Paolo de Ceglia; Irina Podgorny: “Introducción” (Introduction).

Francesco Paolo de Ceglia: “La ciencia de Santa Claus: Discusiones sobre el maná de Nicolás de Myra en la época moderna” (The Science of Santa Claus: Discussions on the Manna of Nicholas of Myra in the Modern Age).

Glyn Redworth: “¿El don de Dios? Reliquias sagradas, concesión de dones, y la preparación del sacro de Luisa de Carvajal durante la Reforma” (God’s Gift? Sacred Relics, Gift Giving, and Luisa de Carvajal’s Preparation of the Holy During the Long Reformation).

Irina Podgorny: “Transformando a los muertos en estatuas de piedra: La síntesis de fósiles, la petrificación, la fotografía y la química de las artes gorgóneas” (Changing the Dead to Statues of Stone: The Synthesis of Fossils, Petrifaction, Photography, and the Chemistry of the Gorgonean Arts).

Silvia Marinozzi “El arte del embalsamamiento en época moderna: Las momias de Carolina, Letizia y Joachim-Napoleon Agar como ejemplos de ritos funerarios durante el imperio napoleónico” (The Embalming Art in the Modern Age: The Mummies of Caroline, Letizia and Joachim-Napoleon Agar as Examples of Funerary Rites in the Napoleonic Empire).

Nélia Dias: “Colecciones francesas de calaveras del siglo XIX y el culto de los huesos” (Nineteenth-Century French Collections of Skulls and the Cult of Bones).

María Eugenia Constantino; Antonio Lafuente: “Las logísticas ocultas del gabinete novohispano de Longinos” (The Hidden Logistics of Longinos’s Novohispanic Cabinet).

Gerlind Rüve: “Centrándose por un momento en la excepción a la regla: Sobre la frontera entre la vida y la muerte en el caso de Scheintod[1] en 1833” (Focusing on the Exception to the Rule for a Time: On the Border Between Life and Death in a Case of Scheintod in 1833).

Hubert Knoblauch, “El declive de las disecciones clínicas y la ‘cultura de la muerte’” (The Decline of Clinical Dissections and the “Culture of Death”).

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Dias, N. Nineteenth-Century French Collections of Skulls and the Cult of Bones. Nuncius 27 (2012), pp. 330–347.

Podgorny, I. Changing the Dead to Statues of Stone: The Synthesis of Fossils, Petrifaction, Photography, and the Chemistry of the Gorgonean Arts. Nuncius 27 (2012), pp. 289–308.

Página de la revista Nuncius.

Página de la Société d’Anthropologie de Paris (SAP).


[1] Animación suspendida.

De maníacos y chanson francesa: instantáneas de EnLaListaNegra

ELLN booksHace un mes que EnLaListaNegra no vemos la luz del sol. En estos casi 30 días de lluvia y oscuridad, días de viaje in utero y carreras hacia ninguna parte, los libros se han convertido en fiel compañía. En este otro viernes de invierno tardío, les proponemos una lista de lecturas variopintas: nuestras lecturas, las vidas impresas de nuestros compañeros de fatigas, los libros que hemos encontrado, comprado por casualidad, recibido, tomado en préstamo, o heredado.

[1] The Collector (1963) de John Fawles nos lo encontramos en un servicio gratuito que ofrece la biblioteca pública de esta ciudad, y que pone al servicio de l@s viandantes una gran estantería repleta de libros, estratégicamente situada en una callejuela perpendicular la vía principal, en la que cualquiera puede tomar prestados o depositar libros a discreción sin importar la hora del día o de la noche. “El coleccionista” está considerada la primera novela en cultivar el thriller psicológico, y fue llevada al cine por William Wyler en 1965 (ciertamente recomendable).

The collectorTerence Stamp admirando su pieza de colección favorita.

[2] Conozco cierto puesto de libros en las que (casi) cualquier cosa es posible por sólo dos míseros euros.

Es posible “Franz Kafka y Praga” (Franz Kafka und Praga, 1996), de Harald Salfellner, una biografía urbana del escritor concebida como un callejeo por la ciudad que alimentaría su vida y su obra. Contiene muchas fotografías en blanco y negro de ruinas, rincones mal iluminados, fachadas de edificios, portadas de primeras ediciones, y señores de espesos mostachos o imponentes barbas.

O este otro, “El fantástico en la literatura y el arte” (Phantastik in Literatur und Kunst, 1980), editado por Christian W. Thomsen y Jens Malte Fisher, que recoge algo más de dos docenas de artículos sobre autores del género: Poe, Maupassant, LeFanu, Lovecraft; pero también Schulz, Kubin, o Scheerbart, del que les hablamos en este blog hace tan solo un par de semanas. De este volumen sacaremos ideas para futuras entradas, pueden estar segur@s.

O también Wege zu einem neuen Baustil (“Vías para un nuevo estilo constructivo”) del fundador de la antroposofía Rudolf Steiner, en una edición de tapa dura bien vistosa.

Chevalier_LubitschVaya par.

Chevalier_Ma route[3] De París nos han traído la autobiografía abreviada (la versión completa consta de 10 volúmenes) de Maurice Chevalier: Ma route et mes chansons. Petite edition illustrée (“Mi carrera y mis canciones. Pequeña edición ilustrada”). Sí, amo a Chevalier y amo especialmente las películas musicales que protagonizó bajo la dirección de otro grande, Ernst Lubitsch. Quien nos lo regaló prácticamente se disculpó por el estado de esta edición de 1950 que, nos confesó, había encontrado de saldo en alguna librería de segunda mano en el corazón de la Île de France. ¡Pero a quién le importa eso! ¿Pues qué dirán que descubrimos en el interior del libro? En efecto, el autógrafo del gran chansonnier.

[4] Otro libro que ha cruzado varios miles de quilómetros para llegar hasta aquí ha sido Los turistas, el exordio de la editorial de veneno ilustrado El verano del cohete. Esta novela escrita por Rui Díaz e ilustrada por Ana Sender produce el efecto tiro-de-guijarro-al-fondo-de-un-lago: al igual que las ondas se expanden y permanecen sobre la superficie tiempo después de que la piedra haya desaparecido, así continúa vibrando la historia dentro de un@ días después de haberla leída.

niños_lobo

Los niños aulladores de Ana Sender.

[5] Y esos templos de polvo y sorpresa que son las bibliotecas, nos han proveído de otros tantos títulos, demasiado largos y sonoros para listarlos aquí en su totalidad. Mencionaré, pues, únicamente un par de títulos. El primero, la edición inglesa de Les rites de passage (1909), de Arnold van Gennep, el etnólogo que fundó el concepto y el modelo interpretativo del rito de paso. El segundo, un libro colectivo de esos que tanto nos gustan: The Body in Parts. Fantasies of Corporeality in Early Modern Europe (“El cuerpo en partes. Fantasías de la corporeidad en la Europa Moderna”), editado por David Hillman y Carla Mazzio en 1997, con un artículo dedicado al redescubrimiento del clítoris en Francia en el período entre 1570 y 1620. Redescubrimiento, sí, porque a lo largo de la historia a menudo se pierden o se recuperan partes o sustancias del cuerpo, del pneuma a las trompas de falopio, y el clítoris no iba a ser menos.

Heimsuchung_KremsmuensterMilagros marianos y generación espontánea.

[6] Otras historias del cuerpo las hemos leído en el número de esta semana de Der Spiegel. El semanario publica un artículo sobre el nacimiento de la investigación sobre los grupos sanguíneos, impulsada a principios de siglo por la maraña de teorías raciales que hervían entonces en Europa. El estudio de Myriam Spörri, Reines und gemischtes Blut. Zur Kulturgeschichte der Blutgruppenforschung, 1900-1933 (“Sangre pura y sangre mixta. Para una historia cultural de la investigación de los grupos sanguíneos, 1900-1933”) en el que se basa el artículo promete ser una lectura interesante.

[7] Y para aligerar e intentar mejorar mis nociones de francés, por ahí se pasea orgulloso y patafísico como ninguno el primer volumen de las obras completas de Alfred Jarry.

ubu_roi

[8] Dicen que la fotocopia mata el libro, pero las nuestras parecen felices de estar en nuestra Lista, a salvo de la lluvia y envueltas en los humos del café. No se alarmen, se trata de poca cosa. Unas páginas de le edición de Litke de la lista de los nombres de divinidades asirobabilonias; y dos artículos de Silke Tammen sobre Cristos, vaginas y heridas en el costado, por un lado; y milagros marianos, con embarazo espontáneo incluido, por otro.

[9] Y también tenemos dos libros que esperamos comentar muy pronto en el blog. De uno ya conocen el inicio:

Hans Walter entró en aquel lujoso café por primera vez. No era amigo de la ociosidad, como a menudo se preocupaba de recalcar. Tenía un objetivo vital y un camino preestablecido. El objetivo vital era justamente aquel grado de bienestar gracias al que podía permitirse todas las comodidades que deseaba. Y de estas había muchas, desde las comidas en buenos restaurantes hasta la villa a las afueras de la ciudad.

Y del otro… del otro, si suelen seguir EnLaListaNegra, conocerán ya el nombre de su autora.

La guerra del futuro contada en imágenes. Un vuelo en zeppelin por la cultura popular en Alemania (ca. 1870-1933)

La cultura popular es diversivo y actividad ociosa, pero también reflejo del clima social y político, de los intereses y expectativas, y de los deseos y tensiones del individuo diluido en la comunidad. Esta semana os ofrecemos una veloz panorámica a vista de pájaro de publicaciones de ciencia ficción, misterio y aventuras que ocuparon vitrinas, escaparates y mostradores de las librerías y quioscos de la Alemania de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. A través de algunas portadas, elegidas en gran medida al azar y presentadas sin orden ni concierto, pondremos el punto y aparte a la entrada que publicamos en este mismo blog la semana pasada (pinche aquí para saber más).

Der Luftpirat und sein lenkbares Luftschiff (“El pirata del aire y su dirigible”) se cuenta entre las primeras series de ciencia-ficción de la historia, si no la primera.  Un total de 165 novelas (novelitas, más bien) fueron publicadas entre 1908 y 1916, año en el que la serie se vería interrumpida por la censura. “El pirata del aire y su dirigible” narra las aventuras del capitán Mors en su denodada lucha contra criminales, explotadores y especuladores. Tras el cruel asesinato de su mujer y de su hijo, este peculiar marinero de las alturas decide combatir el crimen, ayudándose de un potente dirigible que le permite trasladarse rápidamente allá donde los criminales cometen sus fechorías; y no sólo en la tierra, sino también en la luna y en otros planetas del sistema solar. Recientemente, la editorial alemana Villa Gallactica Editionen ha reeditado la colección.

Pero no sólo de dirigibles vive el hombre. Otras ambientaciones recurrentes en la época trasladan al lector al Oeste americano, al Medio Oriente, o a China. Este es el caso del popular Karl May (1842-1912), escritor de aventuras de quien se dice fue autor fetiche de Hitler.  Probablemente su trabajo más conocido sea el ciclo de Winnetou, el apache. Curiosamente, muchas de sus novelas fueron traducidas al español, especialmente entre las décadas de los 20 y los 60.

También conviene recordar que buena parte de la producción literaria de entretenimiento de la época procede de la pluma de ingenieros y científicos. Volcados en el mundo de las letras, recurren a sus conocimientos técnicos para recrear mundos futuros, utopías marcianas, conquistas naturales, y guerras planetarias, interplanetarias o raciales. Como muestra, dos botones.

Paul Scheerbart (1863–1915), además de dedicarse al dibujo y a la arquitectura, compuso un buen número de novelas, fantasías lunares,  vuelos entre las estrellas y sueños del harén, así como estudios más sesudos sobre las arquitecturas del cristal y el desarrollo del militarismo aéreo. Die große Revolution (“La gran revolución”) quizás sea su novela más emblemática.

Hans Dominik (1872-1945), por su parte, se dedicó a dar forma a novelas futuristas y de anticipación impregnadas de teorías raciales que enfatizaban la amenaza de ciertas culturas para la Europa blanca. Como ingeniero que era, Dominik utilizó la tecnología para recrear sus ficciones. Algunos de sus libros fueron incluso traducidos al español entre los años 20 y 40.

Y por último, una revista. Das neue Universum (“El nuevo universo”, aparecida entre 1880-1943, y 1945-1947) fue una publicación con periocidad anual en la que se imprimían artículos, noticias y relatos relacionados con la ciencia, la técnica, la automoción, las ciencias naturales, la astronomía, los viajes exóticos, la aventura, y donde la aplicación de avances técnicos al arte de la guerra jugaba un papel importante en sus contenidos. En pocas palabras, “El nuevo universo” sintetizó en sus páginas las inquietudes de una época a través de distintos formatos escritos, del ensayo a la creación literaria.

¿Ganas de más? Consulta nuestra sección bibliográfica a continuación.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Der Luftpirat en Villa Gallactica

Obras de Karl May (en alemán)

Obras de Paul Scheerbart (en alemán)

Das neue Universum (índices disponibles)

Elmar Podlasly, German Science Fiction Up to 1945 (publicado online)

Traducción del artículo de Podlasly, disponible en español en el blog Zothique

Encuentros y desencuentros de un destino literario: Alexander Moritz Frey y Adolf Hitler

En “El rebelde fantástico Alexander Moritz Frey, o Hitler dispara dramáticamente al aire” (Der phantastische Rebell Alexander Moritz Frey, oder Hitler schießt dramatisch in die Luft), publicado en 2007, Stefan Ernsting se sumerge y bucea en el legado documental de A. M. Frey conservado principalmente en el Archivo literario alemán de Marbach y en la Academia de las Artes de Berlín con el fin de ofrecernos una imagen única de la Europa de la primera mitad del siglo XX. El destino de Frey, a cuyo “Solneman, el invisible” dedicamos ya una entrada aquí, aparece entrelazado con el de otros muchos nombres y obras, amigos y conocidos, compañeros de miserias y colegas de profesión, sombras beligerantes y presencias de amenaza.

Frey inicia su carrera literaria en 1905, fecha en la que se traslada a Munich y donde residiría hasta 1933. Se integra en los círculos literarios de la ciudad y participa en revistas satíricas y de corte fantástico como Simplicissimus, Licht und Schatten yOrchideengarten. Son años en los que no sólo la literatura especulativa, sino también las corrientes místicas, teosóficas y ocultistas desempeñan un rol esencial en la formación y argumentación de ciertas tendencias nacionalistas durante el imperio y la posterior república de Weimar. Las utopías socialistas se dan la mano con las teorías racistas y  raciales, la energía Vril y la cosmogonía glacial de Hörbiger se alternan con presuntos saberes secretos custodiados en Asia central, junto a un sinfín de leyendas, mitos y mensajes, muchos de ellos cristalizados en publicaciones de extrema derecha como la revista Ostara, encaminadas a ensalzar la grandeza perdida de Alemania. El vilipendiado “poder de las runas”, un desaparecido y oculto saber germánico, se habría perdido a causa de la mezcla racial. No en vano:

“La mezcla de darwinismo social, superstición y racismo fue bien acogida por todo el mundo en Alemania y Austria como un nuevo tipo de fe” (Ernsting, p. 44; traducción de Couto)

El núcleo de este estudio biográfico, sin embargo, se centra en un cierto y cruel determinismo histórico que uniría en paralelo los destinos de Adolf Hitler y del propio Frey. Su primer encuentro se remonta a la I Guerra Mundial, donde Frey presta servicio como miembro del personal sanitario. A través de un excepcional manuscrito inédito titulado “El cabo desconocido” (Der unbekannte Gefreite), de 1946, en el que Frey describe sus impresiones del por entonces cabo raso Adolf, Ernsting proporciona un retrato personal y, en gran medida, cercano, del hombre que marcaría de forma trágica el devenir de la Europa del siglo XX: una figura taciturna de perfil rapaz y rostro rubicundo, poco amistoso y sin sentido del humor que se tomaba la guerra como una afrenta personal, y cuyos camaradas habían apodado “der Spinner” (lit. “el tejedor”, pero también “chiflado”). Pero Hitler no es el único protagonista del recuerdo autobiográfico de Frey: Max Amann, miembro del mismo regimiento de Hitler y Frey, y quien en los años 20 se convertiría en director de propaganda del régimen, se retrata como un ávido buitre interesado principalmente en ganar dinero (de hecho, trabajó en la banca antes de dedicarse a lucir el uniforme nazi). Acabada la guerra y de regreso a Munich, Amann habría ofrecido insistentemente a A. M. Frey la posibilidad de unirse al ascendente poder nazi poniendo su escritura al servicio del periódico Völkischen Beobachter (“El observador del pueblo”), propuesta que Frey siempre rechazaría con contundencia.

Hitler aparecería mutado en el personaje de Severin de la novela compuesta en el exilio Hölle und Himmel (“Cielo e infierno”), así como en otras novelas y escritos antibelicistas de Frey. La experiencia directa de la guerra marcaría profunda e indeleblemente la producción literaria del escritor, comenzando por su Die Pflasterkästen : ein Feldsanitätsroman (lit. “Las cajas de emplastos. Una novela sobre la medicina de guerra”), escrita en 1929, y pasto de las llamas en 1933. Sus obras se incluirían en la lista de “Literatura basura” (“Schund- und Schmutz-Literatur”), y, en consecuencia, copias de sus libros serían devoradas por las piras a las que estudiantes nazistas habrían prendido fuego con incontenible alborozo.

El ascenso del Nacionalsocialismo, de hecho, significa para Frey el aumento de las presiones para que este sostenga al movimiento, y las repetidas negativas del autor no hacen sino desencadenar una persecución que lo llevaría al exilio en 1933, primero en Austria, y más tarde en Suiza. Sus experiencias en el exilio aparecen marcadas por la extrema pobreza, las dificultades para publicar sus obras, y los continuados obstáculos burocráticos. En estos momentos de penuria, Thomas Mann y su familia, amigos personales de Frey, le prestarían ayuda económica y apoyo moral a partes iguales.

En su destierro, A. M. Frey intentará ganarse el respaldo de otro autores en la tarea de denunciar el ascenso del totalitarismo en Centroeuropa. Al término de la II Guerra Mundial, también se esforzará por hacer público el apoyo que muchos intelectuales dieran a Hitler con la firma del llamado Gelöbnis treuester Gefolgschaft (“Juramento de lealtad incondicional”), pero estas ansias de justicia ética no darán fruto alguno. El escritor Stefan Zweig, en una carta enviada a Frey durante el ascenso del nazismo, le confiesa que:

“La evolución [de los hechos] nos da más y más la razón de que un idealismo desorganizado es un poder perdido” (Ernsting, p. 136; traducción de Couto).

El periplo de Frey, quien nunca regresaría a Alemania, probablemente refleja la historia de muchos autores y artistas que abominaron de Hitler y su mensaje. Este libro, que recupera y redimensiona la obra de A. M. Frey, desvela la naturaleza de un régimen de hierro que no sólo pasó factura a sus opositores, sino que, además, igualó en gran medida a partidarios y a detractores en los anales de la historia. A pesar de su magnífico trabajo literario y de su personal lucha contra el totalitarismo y la violencia, Frey sigue siendo una sombra más, un nombre consumido por las llamas y el silencio.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Ernsting, S. Der phantastische Rebell Alexander Moritz Frey, oder Hitler schießt dramatisch in die Luft. Zürich: Atrium Verlag, 2007.*

Noticias de prensa sobre Der phantastische Rebell Alexander Moritz Frey (en inglés)

Recensión publicada el 30 de Abril de 2007 en Spiegel Online International (en inglés)

Gelöbnis treuester Gefolgschaft (“Juramento de lealtad incondicional”) en Wikipedia

Página personal de Stefan Ernsting

*Edición usada en la preparación de esta entrada.

Franz Spunda, Devachan. De la Lemuria perdida a la Austria de entreguerras

Dios puede nacer cada día, ya sea en un pesebre o en la algarabía ruidosa de días feroces. También tú puedes darle a luz, pobre, vencido ser humano.

Franz Spunda (1890-1963), escritor austríaco que ejerció como profesor de instituto casi toda su vida, fue un apasionado de Grecia y del Oriente que escribió no pocas obras de poesía, prosa y ensayo. Pero, aparte de estas generalidades, pocos son los datos biográficos concretos disponibles para el lector curioso. Su legado literario revela, sin embargo, su interés profundo por la historia, la religión y la mística, y el Devachan que nos ocupa esta semana abre una puerta al pensamiento de este desconocido autor.

Devachan, escrita en 1921, es su primera novela y quizás por ello resulte inclasificable. Descrita como una pieza ocultista de trasfondo místico en la línea prosística de Gustav Meyrink, apuesta por la mezcolanza de casi todo lo religiosamente imaginable, del cristianismo a la cábala judía pasando por el budismo y el hinduismo, para acabar desembocando en consideraciones raciales sobre la amenaza que ciertos grupos étnicos suponen para el hombre blanco. La historia da comienzo cuando el monje Irenäus, acuciado por un obsesivo deseo religioso, abandona el monasterio para llevar a cabo la misión que una fuerza superior le ha encomedado. La reflexión y la plegaria le han revelado que ha de actuar como vocero del creador en el proyecto de reunificar a dios. “La unidad de dios hace tiempo que se ha perdido”, declara el monje ante la mirada atónita del abad que lo cree loco herético. Abandonado el monasterio, Irenäus encontrará su destino unido al del escritor Meinrad, quien le revelará información esencial para el desarrollo del gran plan religioso del monje: la hablará de su exposición a la fuerza Rmoahal, de su violento encuentro con Elvers (experimentador inglés, aparentemente el malo de esta historia, que juega con esta fuerza originaria venida de Madagascar), del nombre de una tal Basilissa que se le ha quedado grabado a fuego en la mente, y que muchas páginas después se erigirá como madre del Adam Kadmon[1].

¿Les parece confuso? Esperen a escuchar lo siguiente. Elvers es el descubridor de la fuerza Rmoahal, que se manifiesta especialmente a través de Mpongwu, personaje a menudo referido como “el negro” (der Neger) traído de Madagascar por el inglés para mejor investigación de su naturaleza y propiedades. Elvers (quien, por cierto, resulta ser el marido de Basilissa) estudia y manipula la Rmoahal, provocando con ello, entre otras cosas, la muerte de una joven, y funda un centro (Kamaloka) en el que experimentar con ella impunemente. En Kamaloka se ofrecerá un servicio único a las personas que puedan pagárselo: una cura de lujo y placer que desembocará en Devachan (más información a continuación). Entremedias, ¿qué sucede? Irenäus y Meinrad aúnan fuerzas para oponerse a las malvadas intenciones de Elvers. Tal unión se traduce en bien poco, por cierto. Seraphita (hermana de Basilissa), convertida a la religión a causa de la piedad del monje, los seguirá. Elvers se dedica a sus experimentos, manipula a Rmoahal, y logra convertir el metal en oro. Seraphita muere, Meinrad se traslada a Devachan, no hay rastro del monje. Basilissa está encinta y convive con la fuerza Rmoahal en la misma habitación hasta que da a luz, una misteriosas figuras se llevan al bebé-dios, Rmoahal mata a Elvers y Mpongwu se hace con el poder.

Ah, pero qué curiosa inversión del orden se produce cuando Mpongwu asume la capitanía del mal, puesto que liderará una fuerza humana compuesta por africanos, chinos, indios americanos, aunados en lucha contra el hombre blanco. Spunda pone en boca del infeliz (infeliz, puesto que su destino no es otro que la muerte final) el siguiente discurso:

Mpongwu ser gran señor, poder todo. Hombre blanco deber abandonar el mundo. Sólo hombre negro gobernar en Europa y América. Blanco deber ser servidor de negro. A mí pertenecer todo el oro del mundo. Con el oro yo hacer todo. Tú debes servir o yo hacer bolu-bolu maléfico[2] (F. Spunda, Devachan, p. 175; traducción de Couto).

Todos los opositores blancos que se enfrentarán a esta fuerza humana morirán: es, en palabras del narrador, “la ruina de todos los países europeos”, “la muerte del hombre blanco”.

Hay dos aspectos del Devachan de Spunda que merecen atención. El primero, el ya citado binomio hombre blanco versus resto de la humanidad (o viceversa) en el contexto de la Mitteleuropa del período de entreguerras. El segundo, la fortísima impronta teosófica que trufa cada página de la historia.

En la novela de Spunda se hace evidente la influencia de la antroposofía, ese peculiar maritaje de ciencia y misticismo finisecular que demuestra una fuerte tendencia a combinar elementos y referencias de las más variopintas tradiciones religiosas del oriente y del occidente en un tentativo de sincretismo, y que cae a menudo en una hibridación incomprensible de filosofías y líneas de pensamiento. Devachan es, en la teosofía de Blavatsky[3] que inspira a Spunda:

Literalmente, la ‘tierra de los dioses’; una condición, un estado de beatitud mental. Desde un punto de vista filosófico, un estado mental análogo, pero mucho más vívido y real, que el sueño más vivo. Es el estado post-mortem para la mayoría de los mortales. (H. Petrovna Blavastky, The Key to Teosophy, p. 100; traducción de Couto).

Por otro lado, Franz Spunda maneja la teoría teosófica de las siete razas base (lit. root races), la cual sostiene que estos siete grupos humanos se habrían sucedido y expandido desde la prehistoria, partiendo de los continentes perdidos de Atlántida y Lemuria, hasta llegar a la raza del presente, la quinta en la cadena de sucesión: la ariana. Rmoahal, de hecho, es un término usado en la teosofía para designar la primera de las subrazas de los atlántides o cuarta raza que habría ocupado Madagascar, justamente el lugar de donde procede la fuerza homónima descrita en la novela. Ergo, Mpongwu, el antagonista de la historia, debe ser interpretado como el representante de los atlantes. El mensaje de Devachan, por tanto, parece querer narrar una lucha interracial en la que la cuarta raza se rebela al nuevo eslabón ariano de poder, en el deseo de revertir la “normal” consecución de la evolución de lo creado.

Curiosa novela este Devachan, sin duda, que reincide en ciertas taras (o marcas de estilo, quién sabe) a menudo comunes a la ficción de tintes esotéricos: narración entrecortada, sobrecarga de terminología esotérica, manierismo argumental, abruptos cambios de trama. Es decir, los pilares de lo que podríamos bautizar (sigamos la línea místico-religiosa que marca el libro) como un “pulp ocultista” que, en este caso, se transforma en máquina del tiempo, puesto que nos descubre ideologías, fes, creencias, y posturas intelectuales de una Europa ya desaparecida.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Blavatsky, H.P. The Key to Teosophy. London: The Theosophy Company, 1889. Edición electrónica: http://www.theosophy.org/Blavatsky/Key%20to%20Theosophy/aKEY.htm

Spunda, F. Devachan: magischer Roman.Wien, Prag, Leipzig: Strache, 1921. Ilustrado por Axl Leskoschek.*

Nota biográfica de Franz Spunda en la página “Ostdeutsche Biographie“

*Edición usada en la preparación de esta entrada.


[1] “Hombre primigenio” en el pensamiento cabalístico.

[2] Es digno de mención el hecho de que Spunda intente reproducir lo que él considera el habla imperfecta de un no alemán mediante el uso principalmente de verbos en infinitivo, mientras respeta con escrúpulo desmedido la declinación de los casos y la concordancia entre adjetivo y sustantivo.

[3] El autor sigue claramente su filosofía. El nombre de Helena Petrovna llega a citarse en una de las páginas, en boca del personaje Kornjakow.