Skoptsy: castración y pureza en la Rusia zarista

Skoptsy_man_and_woman

Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba (Mateo 19, 12).

Aunque ellos y ellas se llamaban a sí mismos corderos de Dios, palomas blancas, y cristianos verdaderos, se les conoce con el término despectivo “skoptsy”, castrados, término que la propia secta acabaría por abrazar. Para ellos la castración voluntaria representaba un medio, una vía a la salvación mediante la remoción de los órganos que inducían a la tentación y al pecado. Para sus perseguidores y críticos, sin embargo, el foco de su religiosidad abominable residía allí, en los espacios vacíos dejados sobre el pecho y entre los muslos, en esa naturaleza rota voluntariamente.

Fundada por el campesino Kondratii Selivanov en la década de los 60 del siglo XVIII como escisión de otro grupo sectario (los klysty), al marcado ascetismo previo se unen la proclama del Cristo único reencarnado en la figura de Selivanov (frente a los klysty, entre los que el líder de cada pequeña comunidad era considerado Cristo), y la práctica de la castración. En un contexto general de inconformismo, cisma y sectarismo derivado de las reformas que la iglesia ortodoxa introduce a partir del siglo XVII, los skoptsy adoptan la castración como forma última de obtener la salvación, situándose por encima y al margen de la vida mortal: con la remoción de los testículos o del aparato genital en su totalidad, la eliminación de pezones y/o pechos, los labios de la vulva, o la ablación del clítoris, se procede a la práctica voluntaria del martirio. Lavando los pecados en la sangre vertida, los skoptsy se convierten en ángeles en la tierra.

Castration

Estudio monográfico sobre los skoptsy firmado por Laura Engelstein.

La secta de los skoptsy representa, probablemente, la forma extrema de una tendencia común a todas las religiones (y, por qué no, también habitual en las formas de vida ateas y laicas): la transformación del individuo a través de la intervención directa y del remodelado del propio cuerpo. Modificado, mortificado, o embellecido, el cuerpo permite acercarse al ideal superando la mera expresión del credo, la manifestación hablada de la fe, su expresión en las actitudes y comportamientos. De repente el cuerpo ES la fe, es lo divino, es la aspiración sublimada. Se obvian las palabras, los símbolos, las representaciones, siempre sujetas a la exégesis y, por tanto, a la desviación y al sesgo, para actuar de modo concreto y total. A través de la erradicación de la carne peligrosa (esas piezas de tejido que portan el pecado, que son en sí mismas el pecado), las líneas, las curvas, los ángulos del cuerpo terminan por reflejar, y aún más, adoptar y cumplir en la materia sentiente ese ideal deseado, ese anhelo total de comunión con la divinidad. Como afirma Laura Engelstein, estudiosa del sectarismo ruso en época zarista y autora de La castración y el reino de los cielos: Un cuento popular ruso, “el extremismo pertenece al repertorio de la experiencia religiosa” (Engelstein, Castration, p.5). Cuanto más extremo el acto y el gesto, más intensa la comunión con lo sagrado. En el cuerpo está la clave.

Este libro trata sobre una comunidad de místicos cristianos que surgió en las provincias centrales del Imperio ruso durante el reinado de Catalina la Grande, y que continuó hasta bien entrada la era soviética. Siendo similares sus prácticas ascéticas y su terror por la procreación a las de los Agitadores, que surgieron más o menos al mismo tiempo en un contexto muy diferente, los místicos rusos, en su búsqueda de pureza y vida eterna, llegaron a adoptar la práctica de la autocastración ritual. Siguiendo la llamada de un vagabundo carismático que aseguraba personificar al Jesucristo reencarnado, los creyentes se sometieron al dolor y a la mutilación en la esperanza de obtener la redención (Engelstein, Castration, p. xi; traducción de Couto).

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Engelstein, L. Castration and the Heavenly Kingdom: A Russian Folktale. 1999.

Engelstein, L. “From Heresy to Harm: Self-Castrators in the Civic Discourse of Late Tsarist Russia”. En H. Teruyuki, K. Matsuzato (eds), Empire and Society: New Approaches to Russian History, pp. 1-21. Sapporo: Slavic Research Center, Hokkaido University, 1997.

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