Los otros fantasmas: muertos y ultratumba de la Mesopotamia antigua

Tú, difunto que me sales al encuentro, (…) cuando te acerques a mi cama, que las espinas de baltu te detengan, que las espinas de ašāgu te detengan, que el círculo te detenga (Scurlock (2006), 214-215, texto n° 18, líneas 3-6; fragmento; traducción de Couto).

A lo largo de estos casi dos años de recorrido, EnLaListaNegra les hemos presentado variados fantasmas literarios. Hoy, que es día de difuntos, les hablaremos de otros fantasmas, esos que tienen mucho de histórico y de arqueológico, los fantasmas que habitan las prácticas religiosas, la vida cotidiana, la experiencia individual y el tejido colectivo. Será una presentación breve y, por tanto, no exhaustiva, que dejará fuera de la puerta, voluntariamente, problemáticas de método e interpretación, sutilezas semánticas, y jerga académica, por el bien de todxs.

Ur_insitu_headdress

Lo que queda de una gran dama: oro, lapislázuli y calavera. Tumbas reales de Ur.

En el país de Sumer y Akkad, el infierno es el cielo, el cielo es el infierno. No hay distinciones para buenos ni malos, comparten los muertos el mismo espacio, idéntico rancho de tierra y fango. Conducen una existencia sombría, suspendida, en ese lugar que los textos denominan “la tierra”, “la montaña”, “el lugar donde se pone el sol”, “el país del no retorno”, o mi expresión favorita, “la casa de la oscuridad”.

La hija del dios Sîn tomó su decisión:

A la casa de la oscuridad, la residencia de Irkalla,

A la casa en la que, quien entra, ya no puede abandonarla,

Al camino cuyo recorrido no tiene retorno,

A la casa en la que, quien entra, es privado de la luz,

El lugar donde el polvo es su hambre, el fango su alimento.

No ven la luz, viven en la oscuridad,

Como los pájaros se cubren con un vestido de alas (Descenso de Ištar a los Infiernos, 3-10; traducción de Couto)

Quien entre en esta singular morada ya no saldrá jamás, la luz del sol le será vetada, ni la puerta ni el cerrojo resonarán al ser abiertos, se arrastrará en la penumbra. Eso es la muerte, eso es el infierno. Incluso los dioses se ven abocados a ese destino: ahí tienen a Nergal como ejemplo, aunque al menos con su descenso gana un reino y una infernal consorte, Ereškigal. Solamente Inana / Ištar, la diosa de los umbrales, de los opuestos, de los intersticios, logrará hacer, no sin penurias y dificultades, un viaje de ida y vuelta a la ultratumba.

British_Museum_Burney_relief Híbridos alados. Relieve Burney © Trustees of the British Museum

En el buen morir, el fantasma ingresa en los infiernos. En el mal morir, sin embargo, el espectro permanece en el mundo de los vivos, donde los perseguirá y azotará con su presencia terrible y sus chillidos funestos. Muere mal quien perece violentamente o no recibe sepultura, quien no es objeto de honras fúnebres, quien fallece en el momento equivocado de su recorrido vital.

Ya seas alguien que cayó en el desierto,

O alguien que murió en la estepa,

O el que (yace) en la estepa sin estar cubierto de tierra,

Ya seas el hombre muerto por arma,

O el hombre destruido en la orilla,

O aquel a quien el león despedazó,

O aquel a quien un perro devoró,

O bien seas el hombre que murió en el agua,

O aquel que se cayó del tejado,

O el que se cayó de una palmera,

O aquel cuyo barco se hundió (Udug-hul IV 315-325, en Geller (1985); traducción de Couto).

Y sumen aquel que pereció en el vientre materno, y quien murió en la juventud, y quien no engendró descendencia…

Ardat-lilî se desliza por del ventana del hombre,

La muchacha (que) no ha conocido un destino.

La joven hija que, aun siendo mujer, no copuló,

La misma que, siendo una mujer, no fue desflorada (…),

La joven que, como un viento, fue obligada a salir por la ventana,

La joven cuyo fantasma no fue expulsado por la boca,

La joven llevada a la tierra por la enfermedad de su vientre (Lackenbacher (1971), 131, grupo 2: i 1-7, i 5’-11’; traducción de Couto)

Podrá entonces el espectro furioso (el gidim o eemmu) aparecerse ante los vivos, hostigarlos, enfermarlos, hasta que estos mueran o aquel logre traspasar el umbral para integrarse en la quietud umbrosa de los infiernos. Y de remedios para apaciguar fantasmas, guiarlos en su descenso al ultramundo y curar los males que producen se conocen muchos ejemplos en Mesopotamia, tantos como para que se hayan escrito numerosos artículos y hasta una monografía (véase Scurlock en la sección bibliográfica final), desde lociones, pócimas y amuletos a rituales funerarios pasando por casamientos espectrales entre fantasmas.

Si los ojos de una persona dan vueltas, (si) dice: “¡Ay, mi vientre!”; si su vientre ruge, la parte superior de su barriga se abulta constantemente, si no come ni bebe, antes de que se debilite y muera, matarás un pollo(?)/ganso(?) sobre su vientre. Mientras se arrancan las entrañas del pollo(?)/ganso(?) y se ponen sobre su vientre, el āšipu[1] impondrá sus manos sobre él (i.e. el paciente) y dirá lo siguiente: Encantamiento. Elimina al fantasma maligno, elimina al fantasma maligno, que no se acerque al cuerpo del hombre. Que (las entrañas) expulsen cualquiera (que sea) su mal (fragmento del ritual LKA 85 editado en Scurlock (2006, 477, texto 199, 1-11).

Dirán que la muerte nos iguala, pero líbrenos el destino de un mal morir. Que no les persigan los espectros, y feliz día de difuntos.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Bottéro, J.; Kramer, S. N. Lorsque les dieux faisaient l’homme. Paris: Gallimard; 1989. [Disponible en traducción al español].

Geller, M. J. Forerunners to Udug-hul. Sumerian Exorcistic Incantations. Stuttgart: Steiner-Verlag; 1985.

George, A. The Epic of Gilgamesh: the Babylonian Epic Poem and Other Texts in Akkadian and Sumerian. London: Allen Lane Penguin Press; 1999. [Disponible en traducción al español].

Katz, D. The Image of the Netherworld in the Sumerian Sources. Bethesda CDL: Press; 2003.

Lackenbacher, S. (1971). ‘Note sur l’ardat-lilî’. Revue d’Assyriologie et d’archéologie orientale 65 (1971), 119-154.

Scurlock, J. Magico-medical Means of Treating Ghost-induced Illnesses in Ancient Mesopotamia. Leiden: Brill; 2006.


[1] Figura profesional harto compleja de definir, puede considerarse un operador ritual, además de estudioso, copista y archivero de textos, experto en letras y consejero.

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