Piero Camporesi, El jugo de la vida. Simbolismo y magia de la sangre

Darla por quien se ama y hacerla correr por quien se odia. De los culpables se dice que se manchan las manos con ella, y de aquellos que no se mezclan con miembros de casta distinta o inferior, que la tienen pura. Elixir rubí que vivifica, sana, y rejuvenece, la sangre, el preciado líquido que riega el campo de nuestra carne, es la protagonista de la entrada de este viernes.

Piero Camporesi (1926-1997), filólogo, historiador y prolífico ensayista italiano, le dedicó un libro que, en apenas un centenar de páginas, descubre las maravillas alquímicas, mágicas y religiosas asociadas a tan fascinante sustancia. “El jugo de la vida. Simbolismo y magia de la sangre” (Il sugo della vita. Simbolismo e magia del sangue) recurre fundamentalmente a evidencias escritas tomadas de fuentes  italianas de época moderna (s. XVI-XVIII), a través de las cuales reconstruye un mundo (la antesala de nuestro presente) en el que  la realidad cotidiana de la enfermedad, la plaga, el ajusticiamiento y la tortura hicieron del cuerpo sangrante, desmembrado y sufriente un hecho tangible.

La sangre se presenta como el más esencial de los humores, capaz de sanar y revivir, ya sea consumido en una suerte de canibalismo terapéutico, ya sea encomendándose a las llagas de Cristo y a su poder taumatúrgico. Camporesi compone su discurso en torno a tres ejes que se unen y entremezclan entre sí: la sangre en la medicina y en la terapéutica, en la filosofía (con la teoría de los humores ocupando un papel central), y en la religión y la mística.

Que “la sangre es la vida” se hace evidente en el siguiente fragmento publicado en 1653 por Nicolò Serpetro en su colección de maravillas de historia natural, filosofía, y vida cotidiana, y a quien Camporesi cita en su obra:

Dicen que de la sangre humana suele hacerse una lámpara que se llama la ‘lucerna de la vida y de la muerte’, que yo tengo por fabulosa. De esta escribe Ernesto Burgravio: ‘Esta lámpara o lucerna, una vez encendida, arde constantemente hasta que el hombre de cuya sangre se fabrica porta consigo el espíritu vital. Y en el exacto momento en el que expira el alma, la lámpara se extingue en el mismo punto. Debes saber que si la llama está erguida y llena de luz, tranquila e inmutable, ese hombre no sufrirá de cosa alguna que le agrave ni el cuerpo ni el alma. Pero si se observa que se eleva y brilla hundida o nebulosa o lánguida, indica tristeza, ansiedad u otros sentimientos similares en él” (N. Serpetro, Il mercato delle maraviglie della natura, p. 15; traducción de Couto).

Y si la sangre es vida, ¿cómo sorprenderse ante la descripción de recetas que descubren cómo preparar destilados de sangre y “quintaesencia humana”?

Se pondrá [la sangre] sobre un trozo de tabla que sea plana y lisa y de madera dulce, y con un cuchillo se cortará en lonchas finas, dejando que suelte la serosidad que le es propia, y cuando ya no fluya, se pondrá sobre una estufa, siempre sobre el mismo trozo de tabla, y allí se le dará vueltas repetidamente con el cuchillo. Y verificando que se haya secado perfectamente, se pondrá inmediatamente en un mortero de bronce que esté bien caliente y se machacará y se pasará por un cedazo de seda lo más fino posible, y al terminar de filtrar todo, se sellará en un recipiente de vidrio y cada año, en primavera, se renovará (F. Sirena, L’arte dello spetiale, p. 86; traducción de Couto).

Son justamente estos fragmentos los que hacen de la obra de Camporesi un magnífico y en ocasiones grotesco gabinete de curiosidades históricas, vestigios de lo que ha fundamentado lo que hoy llamamos ciencia, cultura, saber. El jugo de la vida despliega, además, formas más literarias que puramente ensayísticas, si bien no hay que llevarse a engaño: es un estudio docto hecho por un académico conocedor de las fuentes históricas que, sin embargo, por la riqueza de un anecdotario literario sorprendente y una capacidad prosística encomiable, despierta el hambre caníbal en el lector.Sólo resta, pues, alimentarse de sus páginas como otros se alimentaron de la sangre humana para procurarse la vida eterna.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Camporesi, P. Il sugo della vita. Simbolismo e magia del sangue, Milano: Mondadori, 1988.*

Serpetro, N. Il mercato delle maraviglie della natura, Venezia: Tomasini, 1653.

Sirena, F. L’arte dello spetiale, Gio. Ghidini, 1679.

*Para la preparación de esta entrada se ha utilizado la reedición de 1993.

    • Pato
    • 17/02/12

    Pero si somos todos vampiros, en fin. Nada de extraño en reponer la sangre de uno con la sangre de otro. Ojalá pudiese prescindir de ella, dársela toda a quién la quiera, o, mejor aún, tenerla guardada donde pudiese verla, haciendo nada, malgastándola, por joder.

    • De nacer noutra época, o teu desexo podería terse cumplido, parrula! De tódo-los xeitos, o sangue continua a serche útil: na emoción dun concerto ou dunha viaxe ou dunha lectura, por exemplo!

    • Llosef
    • 17/02/12

    ¡Este blog es un sufrir! Daría parte de mi sangre por ver estos libros traducidos al español. Bueno, mejor daría la sangre del vecino o la de Pato, pero si hubiere de ser la mía, en fin, así lo hiciere.

    Las palabras de Burgravio son esclarecedoras para comprender de dónde proceden algunas ideas o imágenes recurrentes en los relatos fantásticos: la llama de una vela como símbolo de la vida. Me encanta ver cómo muchas de estas ideas proceden de la cultura popular, de conocimientos ancestrales que se han ido heredando y son recogidos en dichos cuentos. Es lo mismo que me pasó al leer tu artículo sobre los espectros furiosos mesopotámicos: ¡todas las historias de fantasmas ya estaban allí!

    • El sufrimiento que os procuro es totalmente involuntario, lo juro! Sólo espero que algún/a director/a de una editorial o un/a mecenas millonari@ dé con este blog y se convenza de que alguna de estas obras merecen ser traducidas (lo sé, gran plan de vida).
      Por otro lado, existen al menos dos libros de Camporesi traducidos al español con los que consolarse: El pan salvaje, y El país del hambre.
      ¿Y qué puedo decir de la cita de Serpetro/ Burgravio? Es imposible no continuar leyendo a Camporesi después de un inicio semejante!

    • Pato
    • 17/02/12

    La mía no es tuya para darla…¬¬

    • Paco
    • 20/02/12

    Como complemento, os resumo unas citas de “El pan salvaje”, que Camporesi apoya en Campanella: “el lóbrego y negro humor mezclado con la sangre genera espíritus horribles y, si no se purga la sangre, origina licantropía y miedos y pensamientos malvados… porque el espíritu infecto desea cosas semejantes a él.”

    Camporesi:
    “Vista desde esta perspectiva, se perfila la imagen de una sociedad febril e insomne, que intentaba contrarrestar las apariciones nocturnas, la presencia de los habitantes de la noche (íncubos, trasgos, vampiros, brujas y licántropos)… por medio de una farmacología apotropaica que indujera al olvido y la tranquilidad… el viaje colectivo hacia el sueño, perseguido con la con ayuda de las semillas y las hierbas alucinógenas, nacido de un trasfondo de subalimentación crónica y a menudo de hambre”.

    El mundo primigenio de los terribles cuentos de hadas, vamos.

  1. Bienvenido, Paco, y muchas gracias por estos fragmentos de “El pan salvaje”! Ese mundo primigenio del que hablas existió hasta hace muy poco, y sólo el devenir contemporáneo lo ha convertido en una carnicería velada de una brutalidad sin precedentes.

    • Paco
    • 21/02/12

    Hola, gracias por la bienvenida. Es un placer leer tus blogs.

    Tienes toda la razón en lo de “brutalidad sin precedentes” y por supuesto en lo de “velada”. A mí lo que me desespera es que siguen soltando el rollo de las “leyes del comercio” con el mismo cinismo con que sustituyeron la mano invisible de la Providencia por la del mercado. Hay una frase de Edmund Burke ¡en 1795! que ya lo resumía todo:

    “Nosotros, el pueblo, deberíamos ser conscientes de que no es en la ruptura de las leyes del comercio, que son las leyes de la naturaleza y por tanto las leyes de Dios, donde debemos depositar nuestras esperanzas de dulcificar el Divino disfavor”

    Nosotros, el pueblo; o sea, la “multitud porcina” de que hablaba en sus Reflections, y señalando de paso –lo que enlaza con Camporesi- que:

    “La sociedad requiere no sólo que las pasiones de los individuos estén sometidas, sino que en la propia masa y el cuerpo social, además de en los individuos, las inclinaciones de los hombres sean reprimidas, sus deseos controlados, y sus pasiones refrenadas. Esto sólo puede llevarse a cabo mediante un poder exterior a ellos, que, en el ejercicio de su función, no esté sujeto a esos deseos y pasiones cuya misión es refrenar y someter. En este sentido, las restricciones impuestas a los hombres han de contarse, junto a sus libertades, entre sus derechos”

    En fin, perdona tanto rollo. Supongo que hice la tesis sobre Blake porque fue de los pocos que lo vio venir, y que se preocupó por lo que hoy llamamos “el tercer mundo”. Así que pongo la última cita, en este caso de Blake, sobre esa “carnicería” que tan bien señalas. Seguiré aprendiendo de tus blogs.

    “ (Urizen) Construyó primero las corporaciones,
    navíos comerciales y buques armados
    para surcar los mares, mientras en tierra
    los niños se venden a la industria
    en las más penosas condiciones, trabajando día y noche,
    hasta que su vida extinguen, y espectrales formas
    adoptan en su sombría desesperación.
    A miles los esclavos, amontonados en las bodegas,
    cruzan el bronco mar, rechinantes sus cadenas:
    el Imperio Universal gime.”

    • Ángel
    • 26/04/12

    Sobre la llama de una vela como símbolo de la vida,he visto hace pocos meses la película de Fritz Lang de 1921 “Der müde tod (Las tres luces)” donde la muerte tenía velas encendidas que representaban la vida de cada ser humano que moría al extinguirse ésta.
    Y sobre la sangre ¿para que sirve la receta de Serpetro?.¿Es una salsa,un condimento,un filete ahumado…?.¿Tal vez un veneno o un mal de ojo?.Me he quedado con la duda.

  2. Esa “vela de la vida y de la muerte” la describe Serpetro en una sección de su obra en la que recoge curiosidades varias relacionadas con la sangre (leyendas, anécdotas, etc), pero sin especificar una finalidad concreta. Leyendo el fragmento me vino la imagen de un marinero que deja en tierra una vela hecha con su sangre, para que, si muere devorado por el mar, los suyos puedan saberlo. Esto, por suspuesto, sólo son imaginaciones literarias mías y no cuentan con ninguna base documental.

    En cuanto a la receta de Sirena, creo recordar que se trata de un tónico para asegurarse la juventud y la lozanía. El vampirismo antes del vampirismo, vaya.

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