Terror urbano: los monstruos nocturnos de Fritz Leiber

Estoy cansada de los autores que “reinventan” o “trascienden el género”, de las escritoras que son las “Murakamis femeninas”, de los “Chicotes del grimdark” y los “Gaimans de los libros de autoayuda” (por cierto, si te apasionan este tipo de frases publicitarias, el amigo y editor de GasMask Miguel Ángel Wolfville es un especialista de lo que se denomina “fajas from hell”). Esas frases manidas o, peor, aleatorias, rimbombantes y desprovistas de sentido, solo buscan colárnosla sin ofrecernos, como lectores, pistas sobre el valor real, por cuanto subjetivo, de una obra o una autora. No dudo que alguno habrá que reinvente y trascienda, sin duda, incluso me tienta pensar que la gran mayoría hace lo posible para añadir un algo personal y único a su obra. Pero ¿reinventar el género? ¿En serio? Si eso fuese cierto viviríamos en una revolución literaria perpetua. Es más, ¿realmente es necesario “trascender el género” cuando lo que nos gusta es, en realidad, leer y escribir género?

Fritz Leiber
Fritz Leiber, su esposa y su gato.

First things first: Leiber y la mirada hambrienta

Hay un autor cuyos relatos, sin embargo, me parece que rozan esa idea de reinvención y trascendencia sin abandonar nunca el género fantástico. Sí, si has leído el título del post ya sabrás que se trata de Fritz Leiber. Ya comenté en esta otra entrada que los vampiros son para el verano y que, por eso, he dedicado los meses estivales a leer ficción vampírica. En mi caótico programa de lectura volví a disfrutar de “La muchacha de ojos hambrientos”, un relato que Leiber publicó originalmente en 1949, y que yo leí en la antología de 1974 Night monsters. “La muchacha” es un cuento que me atrapa siempre, que me produce una fascinación sin límites, que me hipnotiza y me vence de la misma forma que los protagonistas de la historia caen víctimas de esa misteriosa muchacha de mirada famélica. Y, por encima, es una historia en la que Leiber (id preparando los tomates) sí reinventó el mito del vampiro.

Son varios los elementos que funcionan en el relato:

  • El tema: la publicidad y la mercadotecnia como una nueva forma de vampirismo que se nutre de deseos y expectativas. En este nuevo status quo, la víctima desea y aspira activamente a caer en la trampa del malo. Llámalo terror, llámalo capitalismo.
  • Los protagonistas: una muchacha sin nombre, escuálida y poco sofisticada que, cuando el objetivo de la cámara capta su imagen, consigue atraer y concentrar los deseos de toda una ciudad.
  • La voz narrativa: una narración en primera persona, en este caso la de un fotógrafo que cuenta su encuentro y posterior relación profesional con esa misteriosa muchacha anónima que se convierte en su modelo de referencia. La versión de los hechos que nos proporciona el fotógrafo, su mirada personal, en la que intenta poner orden y explicar sus experiencias, es lo que dota de fuerza y valor a la historia.
  • El monstruo: la muchacha del anuncio, la joven de la revista a la que Leiber, no dándole un nombre, convierte en universal. Es la chica fascinante que solo conocemos por su fotografía, la que, con su imagen, atrae la mirada de los otros, pues ella se alimenta de eso, de los recuerdos, de los deseos y apetitos de los hombres y mujeres que observan su imagen multiplicada en los escaparates, los catálogos de moda y los carteles publicitarios. Fritz Leiber crea así una nueva figura en el panteón mitológico del terror, un vampiro para los nuevos tiempos que corren, un monstruo que es más que un vampiro, porque “La muchacha de ojos hambrientos” es una amenaza de nuestro tiempo. ¡Toma reinvención!

Night-Monsters-Ace-Double

La ciudad, ese lugar extraño

Una vez hube terminado “La muchacha de ojos hambrientos”, me faltó tiempo para leerme del tirón los otros 6 relatos incluidos en la antología Night monsters. Algunos echan mano de escenarios y motivos clásicos dentro del fantástico, como el sobrecogedor “Medianoche en el mundo de los espejos”, del que hablaré en un próximo post (aunque no olvidemos que lo clásico en Leiber nunca es convencional). Otros, como “Alas negras”, son cuentos deliciosos, retorcidos y freudnianos con algo de incestuoso. En “Alas negras”, dos hermanas gemelas que acaban de descubrir su parentesco por casualidad, se confiesan sus vidas mientras están encerradas en una casa sobre la que se abate una imprecisa amenaza exterior. “La luz fantasma”, por su parte, combina un argumento basado en el binomio desintegración-integración familiar con ideas basadas en la centralidad de la arquitectura doméstica como sede de la existencia, y el riesgo de que una amenaza del exterior, encarnado aquí en un diluvio capaz de provocar un monumental corrimiento de tierra que devore la casa familiar por completo, pueda aniquilar ese lugar de la vida y los recuerdos que es el propio hogar.

Los más, sin embargo, recurren a escenarios y personajes urbanos. ¿Dónde se esconde el monstruo en las ciudades abarrotadas de gente? ¿Cómo se crean los fantasmas de las grandes urbes, dónde se ocultan, cómo se manifiestan? Fritz Leiber se cuestiona sobre las grandes amenazas cuya acción y presencia a gran escala se manifiestan en lo particular. Si Goya hablaba de los sueños de la razón y sus monstruos, Leiber explora los sueños del capitalismo, las visiones oscuras que generan las ciudades y megalópolis, y nos trae sus espectros maléficos. En “El gondolero negro” (cuento que, según Tercera Fundación, no ha sido traducido al español), Leiber es capaz de imaginar las grandes masas de petróleo como una única entidad dotada de inteligencia y voluntad que, agazapada bajo la corteza terrestre, ha complotado durante milenios para guiarnos hacia la industrialización y el capitalismo necesarios para convertirla en fuerza dominante. El único en formular esta teoría del complot es el pobre Daloway, un tipo que vive en una roulotte en el barrio de Venice, Los Ángeles, muy cerca de los pozos de extracción petrolífera cuyo ronroneo mecánico no se calla nunca. Pero Daloway solo es un hombre y, cuando desaparece, nadie lo echa en falta. Las bombas de varilla siguen extrayendo petróleo, día y noche, y solo la voz de su único amigo le recuerda. La soledad e impotencia del individuo ante estos nuevos monstruos es total: agigantados, informes, globales, no hay estaca ni bala de plata que puedan acabar con ellos. Algo similar sucede con “Smoke ghost”, relato publicado en otra antología (Espectros de la noche), que se pregunta sobre el modo en que nacen los fantasmas en las grandes ciudades anónimas, y los lugares que infestan con su presencia en los paisajes dominados por el cemento y el carbón.

metropolis
Ciudades peligrosas, como la Metrópolis de Fritz Lang.

“Estoy buscando a Jeff” juega con la idea de un fantasma femenino que frecuenta un bar con la intención de encontrar al tal Jeff, el responsable de su muerte. Los castillos y viejas mansiones familiares dejan paso a esos reductos urbanos que son el refugio de los solitarios: bares de mala muerte, pensiones, diminutos apartamentos en edificios altísimos. También “El soldado más anciano” bebe de esta imaginería nocturna. Leiber crea, en este caso, el personaje de Max, un soldado que se mueve en el espacio-tiempo para combatir una guerra infinita dentro y fuera del planeta Tierra. Mientras está de permiso en cualquier gran ciudad americana, bebiendo con un grupo de hombres aficionados a contar historias de guerra, se encuentra con que debe deshacerse de una amenaza monstruosa que lo ha seguido hasta allí.

En los cuentos de Leiber, el hombre de la calle, el trabajador normal que sobrevive en la ciudad atisba ese otro mundo sobrenatural que se superpone al tejido urbano sin llegar a entenderlo del todo y, sobre todo, sin poder hacer nada para mitigar sus efectos. Como ya hiciese Arthur Machen con su velo finísimo que comunica lo cotidiano con lo extraordinario, Fritz Leiber también explora los mecanismos de implantación de lo sobrenatural en las ciudades. El resultado es, a mi modo de ver, mucho más perturbador que en otros autores interesados en explorar el terror urbano. La escala a la que operan los agentes sobrenaturales en las ciudades que imagina Leiber es gigantesca, de proporciones cthululianas (de hecho, hay muchos elementos en su ficción que traen a la mente a Lovecraft). Y, como sucede en gran parte de la obra del Maestro de Providence, también en los cuentos urbanos de Fritz Leiber, la grandeza de ese poder extrahumano aplasta por completo al individuo, lo paraliza o, si este es afortunado, simplemente lo ignora. Así que, recuerda: eso que consideras vida anodina y rutina trivial quizás sea lo que te esté salvando de la amenaza cósmica.

Algunas notas bibliográficas

LEIBER, F. Creature del male. Traducción de Giuseppe Lippi. Milán: Mondadori, 1989.


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10 comentarios

    • ¡Hola, Poecraft! Leiber escribió ciencia-ficción, terror y fantasía de espada y brujería, así que tienes mucho donde elegir. “Nuestra señora de las tinieblas” es una de sus novelas de terror más famosas, pero yo prefiero, con diferencia, sus relatos. Aquí puedes consultar la bibliografía de Leiber disponible en español: http://www.tercerafundacion.net/biblioteca/ver/persona/323
      Un saludo, y muchas gracias por comentar.

  1. A mí me encantan los relatos de Leiber de los mitos de Cthulhu. Leí “Nuestra señora de las tinieblas” y me pareció interesante pero mal rematado.

    Podía haberle sacado mucho más partido al argumento.

    Los relatos que mencionas me han intrigado.

    ¡Saludos!

    • Me han hablado muy bien de relatos cthulhianos de Leiber como “El terror de las profundidades”, que todavía no he leído (espero ponerle remedio muy pronto). Los que comento aquí también tienen, en su mayoría, claros ecos lovecraftianos: poderes ancestrales que superan las capacidades de comprensión humana, la impotencia del ser humano ante ellos, el personaje solitario que vislumbra apenas la grandeza terrible de esas fuerzas…
      En cuanto a “Nuestra señora de las tinieblas”, también a mí me dejó algo fría (muy a mi pesar). Imagino que la culpa la tiene el “hype” y las altas expectativas. Espero que te animes a leer estos cuentos de Leiber. Si lo haces, ya me contarás qué te han parecido.
      ¡Un abrazo, y gracias por tu comentario!

  2. Nuestra señora de las Tinieblas me dio la misma impresión. En su primer momento la leí demasiado joven y no llegue a entender lo que querían contar. En la segunda, los años , y algo más de trasfondo lector ayudarona entenderla, pero me quedó la sensación de un final mal aprovechado.
    La chica de los ojos hambrientos la leí en una antología hace ya tanto que voy a tener que animarme con los demás relatos de Leiber.

    • Yo espero animarme pronto a leer alguno de los libros de ciencia-ficción que escribió. Tengo varios en la pila pero ¡no acabo de encontrar el momento!
      No me canso de leer “La chica de ojos hambrientos”, ma parece una maravilla.

  3. Alejado de la abstracción de los terrores cósmicos lovecraftianos, pero concebido como espejo mental inverso de esos infinitos aberrantes, atraigo ahora un relato esperpéntico de Jean-François Elslander, titulado “Rabia carnal” (1890), publicado por Valdemar-Club Diógenes. Narración brutal en contenido y forma, recreada en las miasmas deletéreas de un naturalismo patológico y decadente, en el terror pánico de la una mente humana desquiciada, obsesiva, tortuosa, que se revela en sus aspectos más salvajes, inhóspitos y anormales. Perdida en ese laberinto perturbado de la psique, la locura pasional desciende a la necrofilia más primaria…

    Y a su vez esto me lleva a otro relato delirante de Rachilde, de similar temática y época (1899), “La tour d’amour”. Un farero demenciado que esconde y mantiene en su torre un amoroso idilio con los restos de náufragas muertas… “la podredumbre también puede brillar de vez en cuando, y todos los cadáveres que el mar esconde en sus entrañas azules, le prestan a veces sus ardientes pupilas, cuando las olas son mansas y la brisa es más dulce…”. Creo que hay alguna versiòn en español de los años veinte por la editorial Renacimiento.

    http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=538

    http://cielam.univ-amu.fr/node/1135

    • ¡Esa novela de Elslander es una locura! La comentamos en el programa número 8 de Todo Tranquilo en Dunwich (puede escucharse aquí: https://bit.ly/2CW5ys9).
      De Rachilde no he leído nada, pero ¿cómo resistirse al fragmento que has compartido? Buscaré esta novela sin dudarlo (he visto que existe una versión digital en francés alojada en la página archive.org). También me llama la atención su texto “El animal”.
      Un abrazo, y muchas gracias por tus sugerencias.

  4. Veo que te ha cundido el verano vampírico.Yo no he leído nada de éso este verano aunque reconozco que leerte a tí me da muchas ganas de hacerlo,de releer muchos de los que ya he leído sobre el tema.De Fritz Lieber tengo los cuentos de Fahfrd y el ratonero gris, aún no los he leido y el resto que dices me los apunto.
    Muchas gracias.

    • ¡Hola, Angeluco! El verano ha sido bastante productivo en cuanto a lecturas, sí. El ciclo de Lankhmar figura entre lo mejor que ha escrito Leiber, aunque yo tampoco he leído nada con Fafhrd y el ratonero gris como protagonistas.
      Un abrazo.

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