Ch-ch-ch-ch-changes en En La Lista Negra

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EnLaListaNegra: llaves y secretos

Si tres meses para, pongamos por caso, escribir una novela (máxime si se trata de una buena novela) se nos antoja un período de tiempo breve, para la vida de un blog, tres meses de silencio equivalen a una lenta agonía de olvido. Aun así, a pesar de esos más de 90 días de ausencia, este su modesto blog sigue recibiendo visitas: algún interés debe despertar en la humana especie si las moiras todavía no han cortado los hilos que lo mantienen unido a la red.

Es por esto, y también porque amamos (o, más bien, porque yo amo) En La Lista Negra, por lo que no nos resistimos a dejarla morir. Por ello, en un intento por salvar lo salvable, cambiaremos tanto la periodicidad de publicación como el contenido (al menos parcialmente) de las entradas. Fue hermoso mientras duró, un tiempo de actualizaciones semanales en el que nos dedicábamos a canibalizar libros curiosos, monstruosos, malditos, olvidados. ¿Cuáles son nuestras intenciones a partir de ahora? Nos proponemos publicar dos entradas mensuales: una de ellas servirá para continuar cultivando nuestras perversiones bibliófilas, es decir, habrá más de lo mismo (más autores no traducidos, más 13, más píldoras de biblioconcentrado en la hispánica lengua). La segunda servirá para presentarles una panorámica de los libros que, a lo largo del mes, pasan por nuestras manos o que terminan engrosando los fondos de nuestras estanterías.

Más que esto, me temo, no podemos ofrecerles.

Y si necesitan una dosis mayor de estímulos, no se olviden de seguirnos en la máquina maldita de Facebook.

En píldora: George y Weedon Grossmith, Diario de un don nadie

Diary_of_a_Nobody_2Lupin, como el señor Huttle, tenía ideas originales y a veces maravillosas, pero precisamente esas ideas son muy peligrosas. Convierten a los hombres en extremadamente ricos o extremadamente pobres. Construyen hombres o los destruyen. Siempre he sentido que la gente que vive una vida simple y poco sofisticada es más feliz. Creo que yo soy feliz porque no soy ambicioso. De alguna manera, siento que Lupin, desde que está con el señor Perkupp, se ha contentado con sentar la cabeza y con seguir los pasos de su padre. Esto es un alivio. (Diario de un don nadie; traducción de Couto).

Diary of a nobody (1892), escrito por George Grossmith, ilustrado por su hermano Weedon y originalmente publicado en entregas en la revista Punch durante los años 1888 y 1889, es nuestra lectura humorística recomendada para el verano. A través del diario de Charles Pooter, el “don nadie” que representa la clase media decimonónica inglesa, Grossmith dibuja un panorama social entre lo hilarante y lo embarazoso.

Weedon-and-George-GrossmithDos Grossmith por el precio de uno.

Los Pooter son un matrimonio de mediana edad que conduce una vida acomodada pero comedida basada en el ahorro, la rutina, y los gustos simples. Su incapacidad empachada de moverse en lo que ellos consideran las “altas esferas” de la metrópolis, sin embargo, hace que sus escasos intentos de codearse con la flor y nata de la sociedad londinense terminen en sonoro bochorno. En su diario, con la flema que ya es marca británica, Charles Pooter nos cuenta las peripecias de su vida cotidiana, su trabajo como empleado en la firma Perkupp, la vida doméstica con su esposa Carrie, con la servidumbre y con sus amigos Cummings and Gowing, los encontronazos con personajes del vecindario, su incursión en experimentos espiritistas, y la relación con su hijo Lupin, quien representa una nueva generación cuyos valores se basan en las ganancias rápidas, el riesgo en la inversión, la vida frenética, y los gustos caros.

Diario de un don nadie: su dosis veraniega de humor en píldora. Eficacia probada.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Grossmith, G.; Grossmith, W. Diary of a Nobody. London: J. W. Arrowsmith; 1892.

Grossmith, G.; Grossmith, W. Diario de un don nadie. Traducción de Eduardo Iriarte. Barcelona: Edhasa; 2002.

Grossmith, G.; Grossmith, W. Diario de un don nadie. Traducción de Íñigo Jáuregui. Madrid: Nórdica; 2012.

Perfil de George Grossmith (1847-1912) en Wikipedia.

Perfil de Weedon Grossmith (1854-1919) en Wikipedia.

Sangre en lo profundo: breve venografía bibliófila

Oppenheimer Der BlutendeMax Oppenheimer, El hombre que sangra (Der Blutende, 1911). Spencer Museum of Art, The University of Kansas.

Esta sangre es un vino que embriaga el alma, del cual cuanto más se bebe, más se querría beber; y uno no se sacia nunca (…) (Carta 208 de Caterina de Siena a Fray Bartolomeo Dominici de la Orden de los Predicadores en Asciano).

No lo duden: también la sangre tiene su historia, una historia rica, compleja, y embriagadora. De la sangre les hablamos en el post dedicado a Piero Camporesi y su Il sugo della vita. Simbolismo e magia del sangue, y ha salpicado muchas otras entradas de este blog, tan predispuesto a flirtear con vampiros, caníbales y petrificadores. En esta ocasión, y como ya hiciésemos en aquel Viaje in utero, en el que EnLaListaNegra ejerció de maltrecho e improvisado cicerone por los misterios de esta oculta pieza de anatomía femenina, les proponemos un recorrido bibliófilo por corrientes purpúreas, calientes y ferrosas.

Blut Kunst Macht Politik PathologieCoinciden autores, artistas y estudiosos en enfatizar la naturaleza maleable de la sangre, la riqueza de valores y significados que transporta, y su capacidad de aunar vida, muerte y resurrección, sublimación y fisicidad, crimen, castigo y redención. “Sangre. Arte, poder, política, patología” (Blut. Kunst, Macht, Politik, Pathologie), catálogo de la exposición homónima celebrada en el Schirn Kunsthalle Frankfurt entre 2001 y 2002, explora a través de textos e imágenes las múltiples valencias de este zumo vital. Un vagabundeo que toca las asociaciones herméticas, el simbolismo, el mundo bíblico (“la sangre es la vida”), el sacrificio (Maya), el arte (crear usando la sangre como materia prima), la guerra, la venesección, la medicina (apuntes históricos sobre las técnicas de transfusión), las teorías fisiológicas (Harvey y la circulación), la política, la raza, los humores, la religión (la sangre de Cristo como instrumento de salvación), los perturbadores efectos de la pureza de sangre sobre los rasgos físicos de los miembros de la realeza, la infección (SIDA, hepatitis), la genética, la clonación.

Y qué decir del cristianismo, religión cuyos basamentos se establecen sobre el canibalismo (no en vano la comunión de la sangre y el cuerpo de Cristo constituye su sacramento principal) y la visceralidad. ¿Qué sería del panteón cristiano sin el glorioso martirio? ¿Y las místicas, que, como Caterina da Siena, saboreaban la sangre del Cristo en cada hostia consagrada y sentían sus bocas inundadas del sabor ferroso de tan precioso don? ¿No se asemejan ellas a las novias del vampiro, amantes de un placer que, por elevado, se presenta sólo en apariencia menos lujurioso y obsceno que aquel perseguido por las criaturas de la noche? Deseos de un baño de sangre…

Bellegambe tryptique bain detalleDetalle del Tryptique du bain mystique, Jean Bellegambe, Palais des beaux-arts de Lille.

Uno de los muchos tratamientos académicos del fenómeno del culto a la sangre de Cristo lo proporciona el volumen “Sangre maravillosa. Teología y práctica en Alemania del Norte tardomedieval y más allá” (Wonderful Blood. Theology and Practice in Late Medieval Northern Germany and Beyond, 2007) de Catherine Bynum. En este estudio, que se centra en material histórico procedente del norte germánico, la medievalista explora los poderes salvíficos atribuidos a la sangre de Cristo, el culto y la devoción a las heridas del mesías, y las rutas de peregrinación creadas alrededor de los lugares que albergaban reliquias y objetos asociados al martirio y a la lluvia púrpura.

Códice Tudela 21Página del Códice Tudela, siglo XVI. Museo de América, Madrid.

Otro libro rubí, colección de artículos sobre el hemático líquido, es “Sangre en la historia e historias de sangre” (Blood in History and Blood Histories, 2005). Entre las contribuciones más interesantes figuran “El uso terapéutico de la sangre en el occidente medieval” (Der therapeutische Gebrauch von Blut im mittelalterlichen Abendland), de Hartmut Bettin; “Las virtudes magnéticas de la sangre en la tradición médica de Paracelso” (Les Vertus Magnétiques du Sang dans la Tradition Médicale Paracelsienne), de Roberto Poma; “La sangre del vampiro” (Das Blut der Vampire), de Anja Lauper; y “Sangre tóxica: menstruación y menotoxina en los años 20” (Giftiges Blut: Menstruation und Menotoxin in den 1920er Jahren), de Myriam Spörri, autora del también sanguíneo “Sangre pura y sangre mixta. Para una historia cultural de la investigación de los grupos sanguíneos, 1900-1933” (Reines und gemischtes Blut. Zur Kulturgeschichte der Blutgruppenforschung, 1900-1933). El tema expuesto por Spörri merece un brevísimo comentario. Las teorías médicas sobre las menotoxinas sostienen la existencia de una toxina en la sangre menstrual que habría producido efectos de corruptibilidad en las plantas y flores, en la fermentación del vino y del pan, en la preparación de conservas y salmueras. Este constructo científico, pues, habría dotado de un discurso teórico-científico y, por tanto, justificado, muchas de esas ideas y actitudes sociales y religiosas hacia las mujeres, sus cuerpos, y el supuesto peligro que suponía la menstruación para el desarrollo de la vida cotidiana.

Carpignano_Sesia_Immagine_Chiesa_Caterina_da_SienaSanta Caterina da Siena, fresco del siglo XV, iglesia de San Pietro en Carpignano Sesia.

A este respecto (mujeres, cuerpos, menstruación), el volumen Blood Magic: The Anthropology of Menstruation, a pesar de haber sido publicado hace casi tres décadas, todavía mantiene vigencia. En su introducción, Buckley y Gottlieb ofrecen un repaso crítico a todas esas visiones unificadoras que han entendido, explicado e incluso justificado la percepción de la sangre menstrual como fluido sometido a tabúes generalizados y universales. Los casos presentados en Blood Magic desmitifican muchas de esas consideraciones y demuestran, una vez más, que toda generalización es limitativa, parcial e inexacta.

Y los títulos siguen y se multiplican. Cuántos libros de sangre en las bibliotecas propias y ajenas, y cuántas historias que circulan en la nuestra propia. Cuéntennos la suya, si la tienen o si la recuerdan, y si prefieren el silencio, limítense a dibujar un mapa venoso y maravíllense.

Amelia B. Edwards, Una noche en los límites de la Selva Negra

“Creo, mi adorada” dijo el caballero mientras miraba la querida cabeza que se apoyaba en su mano, “creo que, en una hora como esta, contigo junto a mí, me encantaría morir” (La víspera de Todos los Santos; traducción de Couto).

Amelia B EdwardsHace tan solo una semana se cumplían 183 años del nacimiento de Amelia B. Edwards (1831-1892), exploradora del Nilo, conversa a la Egiptología, y gran dama de la literatura victoriana de corte gótico y ambientación funesta. Poco conocida en traducción al español a pesar de que su “The phantom coach” se haya incluido en diversas antologías de relatos de fantasmas, hemos decidido dedicarle espacio y atención a “Una noche en los límites de la Selva Negra” (A Night on the Borders of the Black Forest, 1874), colección de estampas fantasmagóricas que prepara el camino a las lecturas veraniegas.

Abre el volumen el relato que da título al volumen. “Una noche en los límites de la Selva Negra” está ambientado en el sur de Alemania (Heidelberg y alrededores, para más señas, primera señal de peligro). Dos gayos muchachos, el uno inglés decimonónico que recorre a pie las Europas del Grand Tour, el otro, alemán enamorado que va a visitar a su novieta, se encuentran en los caminos boscosos y deciden hacer parte del recorrido en compañía. Llegada la noche y encontrando únicamente para su reposo una solitaria granja en medio de la nada, deciden pernoctar en ella, para lo que pedirán asilo a los campesinos que la habitan. Pero ¡ay! esos labriegos malvados y avariciosos les tienen preparada una buena sorpresa. Esta primera historia provoca escasos escalofríos, me temo, pero afortunadamente Edwards nos proporciona un crescendo de fantasmales presencias en los relatos sucesivos.

HeidelbergHeidelberg = peligro.

“La historia de Salomé” despliega una potencia atmosférica digna de su tiempo. En Venecia, durante un viaje, Coventry Turnour confiesa estar enamorado de la hija de un comerciante de objetos orientales judío a su amigo Harcourt Blunt. Esa infatuación dura bien poco, y pasado un año, y encontrándose Bluntde nuevo en Venecia, decide regresar a la tienda del judío para, una vez más, arañar con la mirada los encantos de Salomé. Pero su búsqueda resulta infructuosa: el negocio ya no existe, por lo que no le queda más remedio que pasar los días de solaz recorriendo los canales de Venecia en una góndola. Cierto día el gondoliere propone llevarlo al cementerio judío. Recorriendo las bellezas melancólicas de la ciudad de los muertos, se encuentra con ella, con Salomé, quien, pálida y hermosa en su traje negro, permanece erguida junto a una tumba en la que figura una inscripción hebrea. Blunt regresará al lugar en días sucesivos hasta que la exangüe muchacha se decida a hablarle y le pida, oh misterio, rezar una plegaria cristiana y poner una cruz en la misteriosa tumba.

“¡Depositado en la tierra sin una plegaria cristiana, con ritos hebreos, en un santuario hebreo!” (La historia de Salomé; traducción de Couto)

“En el confesionario” despliega toques sensacionalistas nada despreciables. En Rheinfelden (Suiza), un (otro) viajero fisgón merodea por el pueblo y decide entrar en la iglesia. Curioseando, abre la puerta de un antiguo confesionario que cree vacío, y se da de bruces con un cura, pálido, animalesco, perturbado, que lo mira fijamente sin mediar palabra. Balbuceando una disculpa, sale corriendo como perro apaleado (¿y quién no lo haría ante semejante visión?). A continuación busca alojamiento, el dueño de la fonda le recomienda la casa del cura, pero el sacerdote con el que se encuentra no es el joven del confesionario, sino un anciano amable que le desvelará extraños sucesos acaecidos 30 años atrás que incluyen cornificaciones, suplantación de persona y crímenes de sangre (¿no lo sospechan?) en el confesionario.

“La tragedia en el Palazzo Badello” nos traslada a la Roma papal de mediados del siglo XIX: Edwards demuestra, una vez más, su gusto apasionado por la Italia de ruinas y misterios. Hugh Girdlestone se encuentra de luna de miel con su esposa, con la que ocupa las estancias del cuarto piso del Palazzo Bardello. La muerte inesperada y en extrañas circunstancia de su consorte, sin embargo, hace que Girdlestone inicie una investigación personal para descubrir a su asesino (pues se trata de homicidio).

Dio!” balbuceó. “¿Qué es esto?”

Había tirado hacia atrás el cuello del camisón, dejando al descubierto el bello pecho blanco; y allí, justo sobre la región del corazón, como una simple mancha sobre la superficie de mármol puro, se hizo visible un pinchazo minúsculo, un punto tan pequeño, tan insignificante, que si no hubiese sido por la decoloración de un violeta pálido que se extendía alrededor como un halo, probablemente habría pasado desapercibido al ojo.

“¿Qué es esto?” repitió. “¿Qué significa?”

Hugh Girdlestone no medió palabra, sino que, en un pétreo silencio, permaneció con la mirada fija en el punto fatal. Se agachó, lo examinó con más detenimiento, se estremeció, se levantó de nuevo en toda su altura, y más con el movimiento de sus labios que con su aliento, pronunció una única palabra:

“Asesinada”. (La tragedia en el Palazzo Bardello; traducción de Couto)

Foro romanoRoma, ciudad criminal.

“El tren exprés de las cuatro y cuarto” narra otra historia protagonizada por aparecidos. En un vagón de tren, William Langford se topa con John Dwerrihouse, familiar de la casa de los Jelfs a la que curiosamente se dirige el tal William para celebrar la fiesta de Navidad. Dwerrihouse, dirigente de la compañía ferroviaria East Anglia, le informa con detalle sobre sus negocios, proyectos y transacciones. Cuando Langford llega al manor de los Jelfs y cuenta despreocupadamente su encuentro con Dwerrihouse, observa el desconcierto en los presentes: Dwerrihouse lleva meses desaparecido, y se le acusa de haber robado 75000 libras de la compañía ferroviaria.

Las dos historias que cierran el volumen retoman el tema de los amores traicionados. En “La historia de la hermana Johanna”, la narradora, Johanna cuenta en primera persona el compromiso de su hermana Katrina con Ulrich, y la infidelidad que se produce cuanto el hermano de éste, Alois, pintor de profesión, regresa al pueblo y propone a su cuñada que pose para un cuadro religioso. El último relato, “La víspera de Todos los Santos”, echa mano de la ambientación gótica. 1710, región de Auvernia. La joven condesa Marguerite se vio obligada a contraer matrimonio con el decrépito conde de Peyrelade, abandonando para ello a su amor y prometido Chevalier de Fontane, que desapareció poco después y se cree despeñado y muerto. Ahora, con 25 años y ya viuda, Marguerite comparte castillo con su hermano, el Monsieur de Pradines, jugador, calavera y mal tipo que espera poder hacerse con los bienes de su hermana. Un día, un forastero que se ha caído del caballo en una noche de tormenta es trasladado al castillo: oh, destino, el jinete no es sino el Chevalier de Fontane. Monsieur de Pradines, ante la amenaza que este reencuentro supone para su ambicioso proyecto, y habiendo hecho jurar a su hermana de que esta nunca se casaría una segunda vez, hará lo posible por poner trabas a ese posible futuro matrimonio.

Resumiendo: “Una noche en los límites de la Selva Negra” recoge historias marcadas por la noción de viaje, la extrañeza del otro, el paisaje, los encuentros fortuitos, los fantasmas, las traiciones, los amores truncados, los asesinatos, los crímenes. Las narraciones echan mano mayormente de la primera persona, lo que dota de un halo de veracidad a lo contado y a menudo crea una atmósfera de intimidad con el lector. En definitiva, puro siglo XIX victoriano para el degustador de licores y venenos de áspera confección.

Relatos contenidos en el volumen

“Una noche en los límites de la Selva Negra” (A Night on the Borders of the Black Forest)

“La historia de Salomé” (The Story of Salome)

“En el confesionario” (In the Confessional)

“La tragedia en el Palazzo Bordello” (The Tragedy in the Palazzo Bordello)

“El tren exprés de las cuatro y cuarto” (The Four-Fifteen Express)

“La historia de la hermana Johanna” (Sister Johanna’s Story)

“La víspera de Todos los Santos” (All-Saint’s Eve)

Algunos datos editoriales y bibliográficos

Perfil biográfico de Amelia B. Edwards en Wikipedia.

Amelia B. Edwards en Tercera Fundación.

Edwards, A. B. A Night on the Borders of the Black Forest. New York: Frederick A. Stokes Company; 1890 [1a ed. 1874].

En La Lista Negra: señales de vida

Books

Queridxs lectorxs, seguidorxs, simpatizantes, moradorxs y visitantes de este humilde blog:

Seguimos vivos, aunque hayan pasado semanas desde que actualizamos contenidos por última vez. En este tiempo en el que no han sabido de nosotros, hemos viajado y comprado libros (ejemplos en las fotos), hemos aprendido a hacer Cthulhus de fieltro y a engendrar homúnculos, nos ha tocado escribir artículos y montar un blog de historia de la medicina antigua (proyecto todavía en construcción).

Pero En La Lista Negra tiene vocación de continuidad, faltaría más. Entre lo que nos traemos entre manos figuran la traducción de un relato de una autora británica; una entrada sobre ese Líquido Rubí, licor vivificador y ubicuo objeto literario llamado sangre; y la recensión de un viejo volumen de relatos de fantasmal y victoriana aureola.

No nos pierdan de vista, les necesitamos. Por ello, les invitamos a que nos sigan en nuestro Facebook, donde puntualmente les informaremos sobre libros raros, bonitos y curiosos.

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Allan Fea, Cámaras secretas y escondrijos. Historias y tradiciones históricas, románticas y legendarias sobre refugios, cámaras secretas, etc.

En la cámara secreta, sin embargo, tenemos algo tangible de lo que ocuparnos: un tema que no sólo es interesante desde una perspectiva anticuaria, sino que también merece la atención del lector no especializado, puesto que, al explorar los tétricos escondrijos, las dependencias, pasillos y escaleras ocultas de nuestras viejas salas y casas solariegas, penetramos, de hecho, en la mismísima antesala de lo novelesco (Secret chambers and hiding places; traducción de Couto)

Secret chambers - Compton Winyates Compton Wynyates, Warwickshire.

Secret chambers and hiding places. Historic, Romantic, & Legendary Stories & Traditions About Hiding-Holes, Secret Chambers, Etc. (1904) es un librito que, a pesar de su extensión modesta y de sus reducidas pretensiones, merece la pena desempolvar. Escrito por Allan Fea, empleado retirado del Banco de Inglaterra, este catálogo geográfico de curiosidades constructivas explora principalmente los llamados “priest-holes” o “agujeros sacerdotales”, cámaras (cuando no infames ratoneras) que, hábilmente ocultas en la arquitectura solariega, en iglesias, castillos y casas de campo, sirvieron para ocultar a curas y papistas ingleses durante las persecuciones anticatólicas instigadas por Elizabeth I (1533-1603). Su invención se atribuye al jesuita Nicholas Owen, luego mártir canonizado, de quien se dice que construyó un sinfín de estos dispositivos a lo largo y ancho del territorio de Albión.

HITACHI HDC-1061EPriest-hole, Boscobel.

Secret chambers and hiding places conforma un elenco singular de escondrijos bajo chimeneas, aleros, y tramos de escalera, de estrechos espacios entre dos paredes u ocultos tras paneles de madera, de claustrofóbicos ambientes sin ventilación cuyo ocupante a menudo no podía ni extenderse sobre el suelo para echar una cabezada, de cuadros que se convierten en puertas, y de trampillas, pasadizos y otros ingenios pensados para proteger, camuflar, liberar y, en ocasiones, también asesinar a sus infaustos inquilinos. La víctima católica de turno se veía abocada a esperar durante días o incluso semanas, a menudo sin agua ni víveres, a que los perseguidores protestantes terminasen la inspección de la casa, augurándose que ningún sirviente ni criado traidor denunciase su real paradero. Esos mismos “priest-holes” servirían posteriormente para dar refugio a los participantes en la Conspiración de la Pólvora (1605) y a los detractores de la monarquía protestante, se reutilizarían en la guerra civil (1642-1651), ayudarían en la huida de Charles II, y también desempeñarían su función en los alzamientos jacobitas (1715-1745). Los agujeros, pues, sirvieron fielmente a anglicanos y a romanos, a antimonárquicos y a los fieles a la corona, demostrando sabiamente no reconocer la autoridad de fe o patrón alguno.

Secret chambers - HIDING-PLACE SALFORD PRIOR 2Salford Prior. Nada es lo que parece.

En este fenómeno histórico-constructivo, pues, parece encontrarse el origen de las galerías y habitaciones secretas sobre las que la mejor literatura gótica ha cimentado su marca de estilo. De hecho, Allan Fea saca a colación nombres de la literatura británica (Bulwer-Lytton, Walter Scott, E. A. Poe, Mary Elizabeth Braddon) que encontraron en estos escondrijos motivo de inspiración. Si bien este Secret chambers and hiding places se pierde a menudo en minucias, divaga y se repite, revela singularidades de valor para el/la amante de la literatura gótica, de la historia británica, y de las curiosidades en general, y el hecho de que se incluyan abundantes ilustraciones de esas viejas arquitecturas británicas contribuye a incrementar su interés.

Secret chambers - Knebworth HouseKnebworth House, casa familiar de Edward Bulwer-Lytton

Allan Fea escribió otras obras sobre espacios y construcciones arquitectónicas pintorescas y peculiares (Picturesque Old Houses, Nooks and Corners of Old England, Rooms of Mystery and Romance). Guías para espectros a precios populares: no se las pierdan.

Bulwer Lytton confiesa sinceramente que el espíritu romancesco de sus novelas “se debe en gran medida a que fueron escritas en mi antiquísimo hogar, Knebworth, Herts. ¿Cómo podría haber evitado escribir novelas”, dice él, “después de haber vivido entre los paneles secretos y los escondrijos de nuestra querida y vieja casa? ¡Cuántas veces he temblado de miedo ante el sonido de mis propios pasos al aventurarme en la galería de los cuadros! ¡Con qué terror he observado los rostros de mis antepasados mientras escudriñaba en los abismos sombríos de la ‘cámara secreta’! Pasaron años antes de que pudiese aventurarme dentro sin que mi cabello se erizase, literalmente, de miedo”. (Secret chambers and hiding places; traducción de Couto)

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Fea, A. Secret Chambers and Hiding Places. London: S. H. Bousfield & Co.; 1904.

Breve perfil biográfico de Allan Fea.

Esta maravillosa muerte: Robert W. Chambers y El rastreador de personas perdidas

La enfermedad de Lamour; la más rara de todas las enfermedades conocidas; descubierta y descrita por primera vez por Ero S. Lamour, M.D., M.S., F.B.A., M.F.H., en 1861. Sólo se ha observado un único caso. Este caso se describe al completo en el magnífico y monumental trabajo en 16 volúmenes del Dr. Lamour. En pocas palabras, la enfermedad se manifiesta sin causa aparente, y en último caso, se supone fatal. El primer síntoma se manifiesta con la aparición de un débil círculo azulado bajo los ojos, como si en ocasiones el paciente estuviese acostumbrado a fijar demasiado los ojos. A veces, una leve fiebre acompaña dicha manifestación; el pulso y la temperatura varían. El paciente parece gozar de salud excelente, pero tiende a la pérdida de apetito, a la inquietud, y a un repentino sonrojo del rostro. Estos síntomas son seguidos por otros inconfundibles: el paciente se vuelve silencioso a veces; otras, muestra debilidad por las expresiones sentimentales; se sonroja fácilmente; se deprime fácilmente; se sienta durante horas observando a la misma persona; y, si no se le controla, dará muestras de afecto por el sexo opuesto. El síntoma más extraño de todos, sin embargo, es el cambio físico en el paciente, cuyos rasgos y figura, cuando son seguidos por el ojo entrenado del observador, asumne gradualmente la simetría y el encanto de una belleza casi sobrenatural, acompañada a veces por una palidez espiritual que confirma de forma inconfundible la diagnosis y que, cree el Dr. Lamour, presagia la inexorable aproximación de la inmortalidad. (El rastreador de personas perdidas, capítulo 21; traducción de Couto)

ChambersAprovechando el tirón mediático que el sobrecogedor El rey de amarillo está experimentando, no está de más recordar a su autor, Robert W. Chambers (1865-1933), por una obra perteneciente a otro género bien distinto que le valió fama y reconocimiento en su día: la ficción romántica. “El rastreador de personas perdidas” (The Tracer of Lost Persons, 1906) bascula entre la novela y el conjunto de relatos. Aúna casos protagonizados principalmente por personajes vinculados entre sí por lazos de amistad, y acomunados en torno a la figura del Rastreador, Mr. Keen, un detective cómplice, hábil en el disfraz y la charada, y capaz de localizar a cualquier persona en cualquier lugar del mundo.

KEEN & CO.

RASTREADOR DE PERSONAS PERDIDAS

Keen & Co. están preparados para localizar el paradero de cualquier persona sobre la tierra. No se cobrarán honorarios a menos que la persona que se busca sea hallada.

Se compilará formulario con la solicitud.

WESTREL KEEN, Mánager. (El rastreador de personas perdidas, capítulo 1; traducción de Couto)

Las cinco historias entrelazadas muestran amores diversos, siempre protagonizadas por hombres de recursos, en las que las mujeres responden a construcciones idealizadas de ciertos tipos de feminidad. La narración que abre el volumen enfatiza el amor romántico, cuyo tono, argumento y ejecución recuerdan poderosamente a las comedias americanas de los años 30 y 40. De hecho, el personaje de Gatewood, soltero de oro que busca en el sexo opuesto un modelo ideal, bien podría considerarse la versión literaria de un James Stewart o un Cary Grant. La segunda de las historias aboga por los amores de tintes sobrenaturales y atmósferas mistéricas. En ella, el capitán Kenneth Harren muestra síntomas de haberse enamorado de la silueta de una bellísima mujer que se le aparece cual fantasma en los momentos más inesperados. A partir de una fotografía en la que, misteriosa e inexplicablemente, los rasgos de la espectral figura han quedado fijados, el señor Keen conseguirá decodificar, con la ayuda de sus conocimientos criptográficos, un mensaje crucial para la felicidad de Harren[1].

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También hay espacio para los amores de alcahueta, con Mr. Keen transformado en un diestro celestino capaz de urdir una complicada trama de malentendidos para conseguir que el soltero Kerns (amigo de Gatewood) se reencuentre con su amor de juventud. Y, conociendo a Chambers, tampoco podían faltar los amores de ultratumba, exóticos y arrebatadores.

‘Esta maravillosa muerte, este triunfo de la belleza sobre la muerte, era mía. Ella ya nunca volvería a yacer allí sin compañía a través de las soledades del día y de la noche; jamás la dignidad de la Muerte volvería a faltar al tributo exigido por la Vida. Aquí estaba el vigilante designado: yo, que la había encontrado sola en los yermos del mundo, completamente sola en los límites más remotos del mundo, una muchacha, muerta y desprotegida. Y allí, de pie junto a ella, supe que jamás volvería a amar’. (El rastreador de personas perdidas, capítulo 18; traducción de Couto)

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Ambientada en los desiertos de la antigua ciudad egipcia de Sais, la cuarta historia narra el fatídico encuentro de John Templeton Burke con una joven cuyo cuerpo yace incorrupto desde hace milenios en las profundidades de una tumba bajo la arena. ¿Cómo no amar la belleza muerta, cuando el último suspiro ha sido suspendido en labios escarlata que imitan a la perfección la cálida carne? Ah, pero dos desalmados criminales roban el cuerpo de la muchacha, y Burke recurrirá a Keen para localizarles y así poder darles caza. También en este caso, será la pericia egiptológica del Rastreador en el desciframiento de jeroglíficos lo que revelará la verdadera historia de la muchacha muerta, una historia en la que se entremezclan el hipnotismo, la suspensión de la vida, y un puñado de intrigas de faraónica antigüedad.

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La quinta y última historia tiene como protagonista a Victor Carden, el pintor creador de la llamada Carden Girl, modelo femenino de elegancia, belleza, principios morales y resolución vital de la que aspira a enamorarse en su versión de carne y hueso. ¿Quién mejor que el Rastreador para encontrar en la vida real a su personal Chica Carden? Imposible en este caso no tomar a la Carden Girl como una trasposición literaria de la más conocida Gibson Girl.

“El rastreador de personas perdidas”, pues, combina elementos humorísticos, a veces incluso esperpénticos, con componentes misteriosos, un orientalismo de vago regusto decadente, y cierta ligereza alternada con toques oscuros. Es lectura recomendable tanto para el corazón delator y el pecho suspirante, como para el apetito insaciable que haya sido azuzado por el Rey de Amarillo y sus signos funestos.

Algunas notas editoriales y bibliográficas

Chambers, R. W. The Tracer of Lost Persons. Ilustraciones de Edmund Frederick. New York: D. Appleton; 1906.

Perfil biográfico de Robert W. Chambers, Miskatonic University.

 

[1] Este caso se tradujo con el título “El rastreador de personas pedidas y el sello cifrado de Salomón” en la antología Historias de lo oculto.

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